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23 de Octubre 2007

Sin título

El domingo me desperté en una cama ajena, con el Hombre amarrado a las willendorfianas caderas y el sol radiante de Madrid colándose por una ventana. Mi móvil vibraba suavemente sobre una mesita extraña. Era tarde, pero nos habíamos ido a la cama a las tres de la madrugada, recién llegados de la ínsula para una brevísima escapada relámpago a la capital. Así que no nos decidíamos a abandonar el colchón que nos dejó Serafine en su apartamentito desangelado, castigado con una hipoteca millonaria, a diez minutos de la parada de metro de Urgel.

Mi móvil vibraba porque me llamaba Victoriano, compañero de trabajo y responsable del Pleamar, un suplemento cultural del periódico donde -entre otras cosas- se habla de y se hace literatura. Él me despertó con toda la suavidad posible, me avisó de que tenía malas noticias cuando empecé a coger tino, me preparó con delicadeza y me soltó un balde de agua helada: que Lola había muerto.

Esta mañana regresé a Gando, todavía confusa. Dejé la bolsa de viaje en casa, me duché y enfilé hacia la Cadena Ser casi sobre la marcha.

Kiko Barroso me anunciaba en directo que habían detenido a medio ayuntamiento de Santa Brígida, antes de que pudiera hablar un poquito de Lola en la tertulia que cerraba el Hoy por hoy. Lo cierto es que podrían haber detenido también a media Conferencia Episcopal y me habría dado igual, porque yo sólo podía pensar en todo lo que se me quedó en el tintero con ella: películas en el Monopol, amaneceres africanos en la Tetería, libros, cruces de comentarios y entradas de blog, cafés entibiados por la ventolera de Las Canteras, ...

Supongo que sólo dije obviedades en antena. Es difícil resumir todo lo que una persona puede significar para otra en cuatro frases frente a un micrófono y sin tiempo para que te barra el dolor todo el organismo, te vacíe las reservas de sal y se te aposente dentro.

Ahora no sé qué hacer con su número de teléfono, al que me gustaría llamar como en un cuento de Millás para que ella me consolara. Ni con su correo electrónico, sin saber si leyó mi último mensaje. Ni con el último libro suyo que compré, de poesía, que no sé dónde he traspapelado ni si tengo moral para abrir en estos momentos. Ni con unas fotos de viaje que debía devolverle desde hace semanas y donde sonreía feliz a la cámara, entre ruinas sicilianas. Ni con amigos que no supieron que estaba enferma hasta que se fue por la puerta de atrás, sin molestar ni inspirar lástima, armada con su timidez amable y su cargamento de proyectos a medias almacenado en el portátil.

Las cosas más importantes son, para mí, las que apenas puedes vocalizar, las que no encuentran palabras en el teclado.

Yo, todavía, no puedo hablar ni escribir de Lola.

17 de Octubre 2007

¡Mueran, Karmeles!

Gracias a una pequeña pulmonía vacacional, llevo unos días haciendo poco más que doparme con jalea real, equinácea y otros productos farmacológicos mientras me trago la parrilla entera de La Sexta, con la dolorida y febril cabeza apoyada sobre el muslo de piedra del Hombre.

Y he descubierto un programa del que ya hablaba Txema en su blog: Sé lo que hicisteis la última semana, una revelación para mí y pura frescura e irreverencia para cualquiera con dos dedos de frente. Una categoría en la que no entran sus principales víctimas: los honrados y dignos "profesionales" de la prensa del corazón.

Aparte de disfrutar del Gran Wyoming en plena racha, dominando El Intermedio, y de las ironías de Buenafuente en cruzando la madrugada, tuve el gustazo de observar cómo Patricia Conde, Miki Nadal, Pepe Macías, Pilar Rubio y Ángel Martín ponían a caer de un burro a toda la crema del absurdo televisivo, desde Sardá en la distancia a Cristina Tárrega, musa en Telemadrid de la basura catódica, pasando por Cantizano, Mariñas y Patiño o el Trío del Apocalipsis y, sobre todo, el infame Tomate. Y eso, al contrario que el oponente, hecho con clase, con mucho humor, con desparpajo, con finura y con balas de plata.

El tema de la semana era la boda del masivo Borja Thyssen y su novia embarazada, con negativa materna y madrina paparazzi incluidas. Lo mejorcito: el panel en el que explicaban las teorías de los diferentes programas chismosos sobre el lugar, el día y la forma en que se casaron (sin dar ni una, por cierto) y un instructivo vídeo de Miki Nadal sobre cómo se consiguen las exclusivas en la televisión de la víscera y el improperio.

Recomendabilísimo.



El tema "rosa" de la semana.

11 de Octubre 2007

Alegando con Lalit

Lalit Mohan Joshi es un entrañable señor hindú de grandes ojos color avellana parapetados tras unas gafas, sonrisa amable bajo el bigote y cámara sempiterna con la que lo encuadra e inmortaliza todo. Cineasta y experto en Bollywood, pasó el martes por el Monopol para presentar su documental sobre la división de la India y el nacimiento de Paquistán. Se llama Beyond partition y lo muestra hoy en el Cine Víctor de Santa Cruz de Tenerife.

Hablamos por teléfono esta mañana. Él, en un inglés perfectamente claro y correcto, aunque lastrado suavemente por ese acento que me trae ecos de escenas de East is east o Last kiss.

Me pareció una persona comunicativa, afable y optimista sobre el futuro del cine hindú. Dice que la fascinación de Occidente con Bollywood se debe a los valores positivos que trasmite -el triunfo del amor y la bondad, la familia- y a la música y los vibrantes números de baile cargados de saris multicolores y lentejuelas.

"Para ser honestos, Bollywood siempre ha aprendido cosas de Hollywood y de occidente, donde hay muy buenas películas. Se toman ideas y se crean productos nuevos. Si el director es bueno, la película es algo diferente. Si es malo, es una mala copia. Ahora hay una nueva generación de jóvenes creadores y escuelas como el FTII, en Pune. Tenemos muy buenos profesionales en la industria del cine",
apunta.

Lalit Mohan Joshi también comenta que la tendencia de inspirarse en occidente continuará. "Los cineastas de la India mantendrán su originalidad y se inspirarán en las películas de Hollywood y occidente. Es una tendencia que se fortalecerá. Mi opinión personal es que también crecerá la fascinación de Occidente y Hollywood por el cine hindú y que en cinco o diez años, muchos directores de mi país irán a Hollywood y triunfarán allí. Los directores hindúes mantendrán su idiosincrasia y Occidente también".

El mal llamado Bollywood produce una media de 900 ó 1.000 películas al año.

"Son películas muy emocionales, con el alimento básico del amor. El amor es lo más importante y lo que hace girar al mundo. También defienden los valores familiares y el respeto a los mayores, la humanidad. Dan un mensaje positivo, de paz. Son montañas rusas de emociones, violencia y todo, no muy creíbles, pero muy poderosas. Creo que la razón del éxito de Bollywood es ese sustrato de valores, que el espectador sale del cine sintiéndose bien. El cine occidental es más realista, más como la vida misma y no siempre tiene un final feliz. También el villano puede ser el personaje principal y resultar simpático. Eso no podría pasar nunca en Bollywood. Nunca se podría imaginar. El bueno siempre triunfa y alguien que asesina a otra persona, un villano, siempre tendrá su castigo. Además, las películas de Bollywood están llenas de música y de grandes números musicales, muy imaginativos, que están técnicamente avanzados a pesar de tener medios muy limitados. No tenemos mucho dinero. Probablemente, una película española con un buen presupuesto tiene cincuenta veces más dinero que una hindú, pero la calidad es excelente",
continúa.

El cineasta también explicó que su documental pretende ser imparcial y desapasionado, sin comentarios propios pero con la opinión sobre la traumática partición de la India en boca de sus realizadores.

"Creo que cada uno tiene que formarse su propia opinión. Pero me gustaría que nos preguntáramos por qué nos matamos los unos a los otros y por qué nos dividimos. Debería quedar el amor de vecinos y hermanos, no el odio ni la división".

Sobre Black, la película de la Filmoteca Canaria de la semana que viene, informa de que es una película "fuerte, poderosa". "Es la historia de una chica discapacitada que está contada de una forma muy Bollywood. Es impresionante y no tiene números musicales tan típicos ni la historia de amor es tan convencional para el estandar de Bollywood. Es una película sobresaliente, con premios y una temática diferente. Tienen que verla", concluyó.

Aviso para navegantes: la película, del año 2005 y dirigida por Sanjay Leela Bhansali, dura 122 minutos. Exactamente 45 minutos menos que la que cierra el ciclo, Chalte Chalte, más tradicional, rodada en el 2003 y dirigida por Aziz Mirza.


Felicidades, Doris Lessing

Casi acabo de llegar de una mañana fructífera e interesante en la Filmoteca Canaria, con Antonio Bordón. Allí hablamos de Viggo y Cronenberg, de Anna Politkovskaya y de Putin, de los candidatos al Nobel de Literatura y de Bollywood. Los dos nos felicitamos, satisfechos como si fuera pariente nuestra, cuando el premio de la Academia sueca fue a parar a una mujer, Doris Lessing. Un milagro: no estaba en las quinielas; no procede de un país recóndito y olvidado de nombre impronunciable y tiene que bajarse los pantalones para hacer sus necesidades.

Respecto a Viggo y Cronenberg, me decía Antonio que ve moderado al segundo, especialista el volar cabezas humanas a lo gore en sus primeras películas, y valiente al primero, que -si llega a ser Tom Cruise u otra estrellita ridícula y sin talento de Hollywood- no se queda sin toalla ni despedazado por cuatro elefantes.

Antonio también me confesó que deseaba que le dieran el Nobel a Doris Lessing y cruzamos una apuesta con nuestros favoritos poco antes de que dieran la noticia de la concesión del premio. Coincidimos en Philip Roth y Doris y diferimos en el tercero: él, Vargas Llosa, y yo, Amos Oz. Luego pusimos en nuestras respectivas quinielas de nobelibles a autores que sabemos que no tienen oportunidad de visitar el ayuntamiento estocolmense todavía, pero a los que nos gustaría ver reconocidos. En su caso, Yasmina Khadra y Haruki Murakami. En el mío, el mozambiqueño Mia Couto y el italo-portugués Antonio Tabucchi.

Lo cierto es que no he tenido el gusto de leer a Doris Lessing ... todavía, pero tiene una biografía muy sugerente y parece muy humana, en constante batalla consigo misma y con el mundo. Me interesa.

Así que pido en Canaima tres libros suyos en su versión más barata: La buena terrorista, El viento se llevará nuestras palabras y Diario de una buena vecina. A modo de introducción en su universo y también para proceder a un bookcrossing rudimentario con Antonio, la semana que viene, antes de disfrutar de Black, una rareza de Bollywood que se proyectará en la Filmoteca.

Muy feliz con el ejemplo de Doris, Anna y otras mujeres guerreras (Virginia, Carson, Jane, Dolores, ...), me dejo resbalar en el sofá mientras el sol derrite las aceras y las campanas de la iglesia tañen lejanas. Mario Lanza canta en la televisión. Tengo que ponerme a escribir sobre Lalit, un simpático cineasta hindú que hoy presenta su documental Beyond partition en Tenerife. Un bostezo detiene mis dedos sobre el teclado, así que prefiero sumergirme en la siesta un rato.

Y entre bostezo y bostezo, antes de caer en coma, maldigo a Antonio Bordón, que interpuso a Firmin (de Sam Savage), entre Tierra sonámbula y mi persona y me tiene alterado el programa de lecturas ... tan alterado como mi sistema psicomotriz cuando el Hombre avanza, en gayumbos rojos, hacia el agua de Las Canteras, prometiéndome tácitamente el salvavidas de sus hombros para anclarme en mi desmayo de amor loco.



Más Politkovskaya, con admiración.

Viggo al desnudo

Aquí estoy, en pijama, recuperándome en el sofá paterno de la escena de la sauna en Promesas del Este, con un Nikolai Luzhin sin nada encima salvo unos tatuajes y despedazando a dos sicópatas rusos contra los azulejos. El momento fue amenizado por los comentarios (nada respetuosos) de Nenito sobre el tamaño de los atributos sexuales de Viggo Mortensen, casi indistinguibles entre tanto hematí suelto.

También por las cosas de Alberto, que me sugirió que me olvidara de ese hombre, cuando se retorció en el piso -desnudito, carnifirme, pálido- sobre uno de los sicarios y le metió un cuchillo por el ojo. "Imagínate si un día llega a casa y no le gustan tus macarrones", apuntó, haciendo que una carcajada irreverente se escapara de las bocas de Ruymán, Nenito y yo misma, en la oscuridad del cine.

Antes de disfrutar de Promesas del Este (en mi opinión, una violenta pero excelente película), nos jincamos unos kebabs con salsa de eneldo en la terraza del Muelle. Y aun antes, nos encontramos en el Mumbai, para tomarnos un roibos frío y discutir las excelencias de los pijamas de rayas.

A fin de seguir este espontáneo a la par que completo programa, nos compinchamos para la velada el martes, en la presentación de Salvapantallas, un evento en el que eché especialmente de menos a Violeta la de Zárate, a Noemi, a Elsa y, sobre todo, a Lola , pero en el que conté con el arrope de familia, amigos, ex compañeros y compañeros de trabajo. E incluso del Hombre en persona, todo músculo bruñido y rizo prieto.

Para concluir con el análisis de la presentación, agradecer la improvisación fluida de Paco Suárez (promesa pública de entrevista a Viggo Mortensen incluída) y la lectura reposada de Eduvigis Hernández, esa mujer que consiguió que el Hombre entendiera, por una vez, lo que escribo. Y mandar besos a todos los presentes, a los que se disculparon por no poder asistir, a los que pidieron firma, a los que se rieron, a los que no les hace ninguna gracia, etc. etc. etc.

Finalmente, anuncio que ahora procederé a terminarme La deshonra rusa en la cama y a embelesarme pensando todavía en el misterioso, magnético y complejo Nikolai, en la forma en que fuma enlazando columnas de humo entre su boca y su nariz, atormentado, y en ese hoyuelo de la barbilla llenándosele de nubarrones de tormenta. En cómo la interpretación de Viggo oscila entre la fragilidad tierna y lo sombrío. Y, finalmente, en varios minutos de desnudo integral en una sauna encharcada en sangre, esquivando navajazos y a usuarios en toalla y poniéndome al borde de la taquicardia.

Spasiva, David Cronenberg.

pd. Antonio, me creo que Viggo destrozara a un regimiento, en pelota picada y sólo con las manos, si ejerce de miembro de la FSB. Lee a Anna Politkovskaya y teme lo peor.


9 de Octubre 2007

Jesse Palacios, para servir al Lado Oscuro y a usted

Jesús Palacios acaba de sacar libro nuevo: Katanas, mentiras y cintas de vídeo (Espasa). Le hice una entrevista vía correo electrónico hace un par de semanas y hoy descubrí, sentada en la barra de La Fábrica, que Mario Alonso, mi jefe, la sacaba en la segunda página de Cultura ... además de sacarme a mí en foto en la tercera, junto con una mención a Viggo Mortensen en la que intuyo los deditos amables de Yeya.

Jesús Palacios es un erudito de la cultura pop, abogado del diablo o Lado Oscuro, escritor prolífico y divertido, ser humano de lo más interesante, cinéfilo, cinéfago, carne de blog ... además de responsable de La Noche Más Freak, del Festival de Cine de Las Palmas de Gran Canaria.

En su nuevo libro, explica cómo se ha culpado al rock satánico, los juegos de rol y la violencia cinematográfica de actos individuales de pura barbarie, cómo se les ha demonizado en los medios de comunicación y cómo se pierde el norte, en ocasiones, en el análisis de la realidad (por culpa del morboso sensacionalismo que se pone de moda, especialmente en la televisión, en estos tiempos, añado).

Aquí proclamo que los AC/DC jamás me dieron ganas de escacharle la cabeza a alguien, por más que hablaran de autopistas al infierno, mientras que este mediodía, en la parada de guagua de Primero de Mayo, estuve a punto de empujar a la carretara a un adolescente engominado, con zarcillos de cristal y un móvil que no dejaba de emitir incordiantes ritmillos maquineros. Que me ponen más agresiva Bisbal, Ana Rosa y Angelina Jolie que Danko Jones, Tarantino o Blade. Que vivimos en un mundo que cada vez es más mojigato, más absurdo y más retorcido, precisamente por la manía de ocultar y deformar la realidad. Que me parece más violento el trato dado a los inmigrantes, ver un informativo o las relaciones de poder en una empresa que una Uma Thurman en mono amarillo haciendo molinetes con una katana.

Y aquí dejo tres preguntas (con respuesta) que no tuvieron sitio en la página de hoy y que tenían vocación de despiece informativo.

- Como prologuista de Rojo sobre negro y experto en género negro, ¿cómo ves la salud del sector?


J. P.: Yo creo que la novela negra es un género eterno, porque está escrito a fuego en la propia psique humana. Lo que ocurre es que ya no es posible establecer fronteras o delimitaciones genéricas más o menos puras (nunca lo fue, pero hoy menos todavía). Precisamente en eso se basa, creo yo, la pervivencia del género: en su adaptabilidad, su capacidad para mutar, permaneciendo sin embargo fiel a una serie de características propias, que permiten que, bajo una forma u otra, siga siendo reconocible como "negro".


- Como responsable de la Noche más Freak ... ¿puedes adelantar algo?

J. P.: Todavía queda mucho para la próxima, y están por llegar festivales que suelen ser fundamentales para elegir la programación de la Noche, como Sitges o la Semana de Terror de Donosti. Lo que sí está claro es que esta año hay una gran cosecha de cine fantástico y de terror, con lo que parece que habrá bastante donde elegir. Pero, además, tengo intención de dar alguna sorpresilla, recuperando algún título emblemático que mucha gente de las nuevas generaciones puede no haber visto todavía.

- Como escritor compulsivo, ¿qué tenemos que esperarnos de tu parte en este fin de año y el 2008, aparte del final de esta trilogía? ¿Proyectos?

J. P.: Como siempre, ando con algún libro de cine, destinado al Festival de Las Palmas, pero también tengo entre manos otro ensayo que, sin embargo, será bastante diferente al último, más en la línea de "Hanussen", "Desde el Infierno" o "Satán en Hollywood", y que tratará de personalidades curiosas, excéntricas y excesivas del mundo del Ocultismo y lo paranormal. Una suerte de Liga de los Hombres Extraordinarios, pero de la vida real.

Un ramito de Violeta

Este sábado fue un día especial. Primero, porque lo inicié con bonitas premoniciones a cuenta del fin de semana anterior, en el que usé al Hombre como tabla de surf inesperada y estrené madrugada en una pista de bolera, poniendo tenso al susodicho con mis insospechadas habilidades a lo Jesús Quintana. Después, porque disfruté de un Richard Bona en estado de gracia poco antes de echarme el sábado a la espalda. Y finalmente, porque celebramos el cumpleaños de Neketan en su casa, en Ingenio, y porque conocí a mi fans namberguán, Violeta de Zárate, en la comuna que Pimpa y Jose, el Micólogo Aficionado, tienen montada con Neke.

Violeta es una mujer de bandera, como siempre supe. Entusiasta, exhuberante, con un escote que da vértigo y una mata de pelo negro, como de leona asilvestrada, cayéndole sobre los hombros.

Me increpa porque no escribo todos los días, aunque me disculpa si me cuelgo de la espalda del Hombre, en la maresía de Las Canteras, en vez de colgarme de un teclado. Me recita fragmentos de entrada, babea con Viggo Mortensen y, además y en el colmo de los paralelismos, tiene hombre que se llama como el mío y también es futbolista.

Me infla el ego como zepelín en cancha del Granca al aceptar mis recomendaciones de exposición y me enternece al sobar, cariñosamente, los hombros de una Yeya armada con una chuleta y que cada día está más estupenda. Me abruma al decirme que imprimió el cacho de blog en el que se le menciona y que lo transporta, orgullosamente, a bordo de su vehículo motor.

Violeta promete venir a la presentación de Salvapantallas, esta tarde, a las 20.00 horas, en Ámbito Cultural. Y sólo por eso y por la tarde del sábado, se gana un beso especial. Como Lola, que no estará en cuerpo pero sí en palabra y espíritu, y como Eduvigis, que va a servirme de voz pública otra vez.

Además, esta mañana, Violeta se gana otra entrada. Personajizada de nuevo, feliz, despampanante y espero que todavía embostada a tarta especial de Neketan, la mejor que pueda devorarse en el Sureste y parte del extranjero.



Violeta no es sólo una flor.

8 de Octubre 2007

Lecturas de otoño

Gracias a Binter y a octubre, ya finiquité la semana pasada la recomendación de Clara y Antonio Bordón para disfrutar de una buena, absorbente e irónica lectura vacacional: Las ovejas de Glennkill. Ambos defendieron ferozmente a los lanudos personajes de Leonie Swann frente a Bruno y el niño del pijama con rayas ... y me dejé guiar por sus buenos criterios.

En esta primera semana de octubre también tuve tiempo de acabarme Los hijos de Anansi, de Neil Gaiman, y este lunes me encuentra atrapada en las primeras páginas de mi primer libro de la mártir de la defensa de los derechos humanos en Rusia denominada Anna Politkovskaya.

Yendo por partes, como un Jack El Destripador cualquiera, disfruté de las ovejas de Leonie, aunque creo que extendió la trama demasiados párrafos y, personalmente, habría recortado el libro unas cuantas páginas. Me gustaron el humor, la imaginación e Irlanda, pero los pensamientos de Melmoth y Othello, en ocasiones, se me hicieron un poco cuesta arriba. Si hubiera que elegir entre las ovejas y los pijamas ... diría que son diferentes. Que quizás se tache de simplón o fácil al pijama, pero que a mí me encantó y lo disfruté, de primera a última palabra, en toda su simplicidad.

Los hijos de Anansi me sorprendieron agradablemente, casi me hipnotizaron y me abrieron el apetito de más Gaiman, un tipo polifacético por demás que también está metido en cine, cómic y otras artes.

Finalmente, La deshonra rusa, de Politkovskaya, es todo un testimonio de humanidad, de genuina indignación por las tropelías de Putin y su ejército en Chechenia, de periodismo comprometido y valiente, de defensa del débil y de la verdad. Un auténtico manual de periodismo y un grito en el desierto ... porque nadie llama dictador, sicópata y genocida a Putin y ahí sigue, haciendo lo que le parece en su coto privado de Grozni y alrededores, sin que ni un líder mundial le levante un dedo.



Imagen de una guerra sucia donde las haya.

Todas somos Medea

Tengo una amiga, llamémosla Medea, que es tan escultural como una Oshun de ébano, tan tropical como una marimba y tan sensual como el sabor del mango. Tiene apenas nueve meses menos que yo y pasaba por una mala racha en tema de amores ... hasta hace unas semanas.

Medea sale ahora con un cantautor, uno de esos seres humanos teóricamente sensibles, cuando no tirando a místicos, que pasa su vida profesional y personal amarrado a una guitarra ... intentando ocultar -a veces- el hecho de que sigue siendo macho bajo un barniz de aparente fragilidad y, por tanto, que tiene más peligro que el común de los mortales de género masculino.

Personalmente (y creo que se me nota), no me gustan los cantautores.

Ya sé que hay todo tipo de estos especímenes en la viña del Señor, pero me resultan -así, en bloque- un tanto sensibileros y absolutamente carentes de interés. En privado les llamo llorones y me considero por ello benévola, ya que tengo otra amiga, llamémosla Desdémona, que los bautiza directamente como cagalástimas y no les tiene ni un resquicio de paciencia.

Admito que si Alberto o Neketan o Mario me recomiendan un cantautor, a menos que se llame Bob Dylan o Albert Pla, pongo cara de poca confianza y le subo el volumen a The Hives. En castigo por mi mala voluntad hacia la raza de Silvio y Pablo, supongo que salgo con un futbolista, veo partidos de Primera Regional los viernes por la noche, disfruto de Minuto y Resultado cada fin de semana y sufro otras mil pequeñas torturas relacionadas con el balompié.

Aunque también admito que esas pequeñas torturas me parecen llevaderas si pienso en Medea, peregrinando por el circuito de cantautores canarios de la mano de su nuevo amor. Algo que yo no aceptaría ... creo ... ni aunque el llorón de mis refajos y entretelas fuera un calquito de Naveen Andrews, con la voz de Springsteen y la conversación de Javier Reverte.

Creo que Desdémona anda caliente últimamente. Y supongo que es por las cosas de Medea, mis cosas y, en general, lo que somos capaces de hacer las mujeres por amor o calentura. O sea, que ya se trate de fútbol o canción de autor o la conquista del universo, tendemos a sumir el proyecto vital del Hombre en cuestión y nos olvidamos del nuestro.

A Medea la botó Jasón como a un trapo sucio, después de que ella asesinara, traicionara, se exiliara y pariera a sus hijos. A Desdémona, la estranguló un tipo inseguro y acomplejado, con las orejas perforadas y llenitas de veneno.

Todas tenemos nuestra cruz y nuestro sino ... ligados a quien nos roba el seso y sube la bilirrubina en demasiados casos. Sólo espero que mi destino se vaya apartando de La Sexta los domingos y bajando a pie de Canteras o Burrero, en este verano atrasado, calenturiento y nublado mío.

Imagen de Medea. Madre, vengadora, asesina, mujer despechada, ...

3 de Octubre 2007

Cazadores de imágenes

Aprovecho las vacaciones para invertir tiempo en cafés con amigos como Delia, coger la guagua por puro placer, quemarme bajo el solajero, enchumbarme con la lluvia, dejarme babear por Diego, roncarle al oído al Hombre y perderme en el azul de Casa África, a disfrutar de la exposición Mbini. Cazadores de imágenes en la Guinea colonial.

Coincidí allí, esta mañana, con los comisarios de la muestra, Pere Ortín y Vic Pereiró, además de con Blanca, una muchacha que trabaja en la cuestión cultural en la institución. El patio estaba lambuseado por un chispeo caliente, las paredes azulonas acogían al visitante y las salas se llenaban de ritmos percutidos hace sesenta años en lo más profundo del África Occidental, mientras fuera quedaba un cielo grisón por un momento y lloroso.

Cuando conocí a Pere y Vic, estaba fascinada con la obra de Manuel Hernández Sanjuán y compañía: cientos de imágenes en blanco y negro que siestean en tres salas alrededor del patio de Casa África.

La historia que cuentan esas imágenes es la de Hernández Sanjuán y otros tres profesionales de Hermic Films, que vagaron por la ex colonia española de Guinea Ecuatorial durante dos años, abrumados por el color, el calor y la magia de África. Corrían los años cuarenta y en España imperaba la tristeza asfixiante de la postguerra. La experiencia de la inmersión en el Continente Negro les cambiaría la vida.

Los cuatro aventureros grabaron 31 películas documentales y tomaron más de 5.000 fotografías, en las que desplazaron el objetivo desde la impostura de los trajes occidentales, las procesiones religiosas y el alzamiento de brazo franquista de los escolares hacia el puro misterio de escarificaciones, tatuajes, enormes caracolas pendientes de tocados de plumas y hoja y cuerpos que servían de lienzo para pinturas rituales. Retrataron artes, paisajes, oficios, músicas, selvas pobladas por árboles de 50 metros, ríos rumorosos, cascadas perfectas y, sobre todo, una semidesnudez simple e integrada en el paisaje y una mirada hermética en muchos retratados.

Lo hicieron desde el respeto y el embrujo, mostrando de paso al colonizador blanco como un extraño añadido casi grotesco: normalmente un tipo obeso, de blanco y con un casco ridículo sobre el bigote, rodeado de nativos mucho más interesantes.

Dicen Pere y Vic que se trata de documentos gráficos únicos, parte de la historia contemporánea de Guinea Ecuatorial. Que su idea es llevarlos hasta Malabo y Bata el año que viene. Que no fueron muy vistos en la época: las fotos se convirtieron en una colección privada, apenas reproducida en un par de revistas, y sólo se proyectó una vez la parte documental.

"Muestran un mundo de incomprensión. Dos mundos paralelos", explicó Pere, que también apunta que se diferencia de otros trabajos pro-coloniales del momento en un "sincero inerés por el retratado negro".

Mbini habla de la mutua extrañeza de dos mundos, pero también del sortilegio, del respeto, de la emoción de un descubrimiento.


1 de Octubre 2007

Viggo Mortensen que estás en Donosti

Por cierto, que Estefanía Morán estuvo en el Festival de Cine de San Sebastián y me confirma que, por más desastrado que se plante Viggo Mortensen ante una mujer heterosexual, tiene un morbo que traspasa lo físico y te derrite hasta las conexiones neuronales. También me comenta, por lo bajini, que los de la organización le echaron un rasque por la pinta poco glamurosa que se trajo desde su Nueva York natal ... comentario que me indigna y por el que ya tengo media gresca montada con Yeya.

Ella dice que cómo debería ir él para que le lavaran la cara por su falta de acomodo al estereotipo del sex symbol hollywoodense. Yo digo que, si saben que se deja romper dientes en el fragor de un rodaje para pegárselos con poxipol y si además saben que ha dormido con caballos para mejorar su compenetración con sus compañeros favoritos de rodaje, tienen que saber que lo suyo no es el estereotipo ni el sex appeal al uso.

Tengo otro raro favorito, Johnny Depp, al que echan de los sitios porque le confunden con un mendigo. Y aunque me dé pena que no aproveche mejor esa planta de pirata, esa sonrisita a medias y la mirada golfa y misteriosa, creo que el hombre puede ir como mejor le parezca por el mundo y que un portero de hotel -por ejemplo- no es nadie para juzgar a otra persona por su ropa.

Me comenta la suertuda sin corazón de Estefanía que tuvo a Viggo a tiro de cóctel, en una fiesta. Dice que tiene aspecto accesible y llano. Que si no fuera por los flashes que lo iluminan y ciegan constantemente no sabrías que es famoso. Que parece un hombre interesantísimo, por más que el peluquero sicópata que lo desgracia de vez en cuando no le acabe de coger el punto a su belleza extraña e intensa.

Me entusiasmo y empiezo a recitarle los múltiples encantos de Viggo, desde su trabajo como editor a sus poesías, sus fotografías y sus pinturas. Pasando por su faceta punk-rock, su historia combativa contra las injusticias del mundo, su pasión con el San Lorenzo y con los caballos, ...

Estefanía me ignora, aunque yo ya voy lanzadita, sofocada y casi en crisis endocrina. Me dice que se perdió a Richard Gere, que le parece un poco simple por más partido que le saque a la cana, y que también se gozó a Eduardo Noriega, un muchacho que a mí me acelera el pulso cuando se pone inquietante, como en Tesis, y no le adivinas las intenciones tras la sonrisa perfecta.

La envidia me corroe y me voy a echarme un café por encima, antes de que se me nuble la vista, de que cometa una locura en la sección Local, de que me lance a lo jerónimo por el balcón de esta redacción con vistas a los contenedores del Puerto ...


¡Al turrón!

Ana Roger acaba de analizarme el menú del día en la camisa y los pantalones, meneando la cabeza como si se encontrara entre su chiquillo, recién salido del comedor de la guardería, y la lavadora. El Maligno Darriba también me critica en su rincón, malévolo, después de que estampara en mi escote cuatro huellas de manga y un beso de aceite de ensalada y de que otro pertinaz cachito de fruta se me resbalara con brinquitos húmedos y dulzones de muslo a muslo hasta el piso.

Devorado casi el tapergüer que hoy me traje de casa, me hice un centrifugado rápido en el baño de la redacción, feliz al comprobar que tengo la cara coloradita y que median apenas seis horas entre esta jornada laboral y las vacaciones. Me tiene un poco confusa lo de no pasar, en los treinta días que se me avecinan, por El Sebadal ... pero creo que me acostumbraré a a ese "pequeño contratiempo" pronto.

En otro orden de cosas, manifiesto que por fin, milagrosamente casi y con la colaboración de Ivana y Leandro, pude meter a ese cruce de Mazinger Z y vigilante de la playa que es mi Hombre, en el agua verdosa y fresquita de Las Canteras. Allí me subí al tablón salvavidas de su ancha espalda negra, me anclé con las manos a sus pectorales de hormigón armado y miré con ojo crítico la talla de sus bíceps, imaginando que le regalaba manguitos de colorines para que me acompañara a la Barra.

Precisamente ayer y en la Barra también me encontré a Antonio, sentadito como el Pensador, en bermudas y carne, sobre el reborde resbaladizo de ese cinturón de alga, charco de marea, roca, cangrejillo y erizo remolón que tiene la playa. Y también a Noe y Edu, en una pausa entre margullo y solaneo, con la vista puesta en una pizza.

Ahora fantaseo con la idea de volver a Las Canteras, con Hombre incorporado, a disfrutar de estos luminosos días de octubre, si me lo permite la lista de actividades y deberes que tengo por delante. Apunto que tengo que llevar el vehículo motor a la casa Toyota y a limpieza, que tengo una relación casi infinita de libros a tantear, que me esperan el dentista y la revisión médica general por el trabajo, que me acecha una dieta para quedar algo más rumbosita con el brazo de acero del Hombre sobre mis hombros, que tengo abandonados a amigos y parientes, que quiero escucharle todos los primeros discursos completos a Diego, etc. etc. etc.

Espero que se me disculpe la emoción de los primeros días de vacaciones y el más que probable silencio cibernáutico, con motivo de que el portátil está un poquito descalabrado, de que el tiempo escasea para tanta actividad atrasada y de que planeo una visita a una agencia de viajes ... por ponerme los dientes largos con Estocolmo o Dubrovnik, por ejemplo.

Como diría Tani, "¡Al turrón!" y esta noche, a cenar en el infierno del bar Los Amigos, sin liga y con zanga.

Las Canteras, ese paraíso doméstico.