Ra-ta-tui
Acabo de llegar a casa y devorar un platito de verdura sancochada en honor a Remy, la rata chef de Gusteau's. Aunque admito que aterrizaba con las papilas clamando por un poquito de fromage, una pizca de romero, un rayo electrificante de setas, un menú de deliciosos crêpes rellenos, ... Y, sobre todo, echando de menos al luminoso, romántico y embriagador Paguí de mis refajos y entretelas.
Nenito tuvo más suerte que yo con la cena: me smsea que le esperaba la lasaña de su cuñado al salir del cine, de ver Ratatouille. Los dos irrumpíamos en nuestras respectivas no-casas con el sistema digestivo preparado para mil y una delicias, rugiendo como fiera salvaje y exigente cual Anton Ego rabioso ... A mí me tocó la cosa dietética y a él, el festín perfumado y délicieux.
Nenito también me manda un correo electrónico para explicarme que -a través del IMDB- se acaba de enterar de que los cartuchos de la viejita sicópata a la par que frágil del principio son de la marca R. B. Cheney, en honor al ex vicepresidente de los Estados Unidos, y de que Ferrán Adriá pone la voz a un cliente en el doblaje a español de la película.
La susodicha me encantó, por cierto.
El malo tenía una onda Gollum parisino irresistible. El bueno, la torpeza desaliñada y el pelo rojizo de mi primer romance sueco, Måns. La buena, el tono violín que me encantaría localizar en una estantería de peluquería para cambiar de imagen. La comida podía hasta olerse y casi palparse. París relucía, cautivador. La música era un poco jazz y un poco chanson. Las texturas, perfectas. El mensaje, esperanzador.
Antes de eso, finiquité a Punset y, en mi camino hacia el niño con el pijama de rayas, me tropecé con el primer libro de relatos breves de Eduvigis Hernández, que llevo a medias (lo siento, Ruymán y gracias, Edu).
Las moralejas de Punset: a) Los hombres no son como niños, sino que son niños hasta la tumba; b) El desamor llega cuando se separan cerebro/corazón y sexo o cuando nos hartamos del que nos manipula y c) No existe el libre albedrío y estamos programados para encontrar el amor y perpetuarnos. La posdata: que tengo mis días negativos en los que la falta de autoestima me hunde en los abismos, pero que soy capaz de amar a pesar de la Liga.



Comentarios
Ey, que era una lasaña congelada del Spar, tampoco se vayan a creer.... ;)
Publicado por: Netito | 4 de Septiembre 2007 a las 09:51 AM