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Blogs de cabecera (y II)

Son las cuatro de la mañana y no puedo dormir. Los grillos se desgañitan bajo la ventana por la que no entra ni un soplito de aire. Mis padres roncan, alto y claro, algún tema de Bisbal. Me duele el cuello como si El Enterrador se hubiera pasado la noche sentado sobre él, perpetrando alguna llave distraída sobre mis riñones de vez en cuando. Lara no ha mandado cuatro letras desde Pekín todavía.

Reviso los comentarios y los apruebo (saluditos a la sevillana Reyes y a la expatriada Reena, al canario en Madrid y a los incomprensibles Luis, Víctor y Raptor), tras comprobar que tengo los pulmones operativos aunque no exista aire que respirar. Echo de menos a Nenito ... sobre todo a sus sabias manos desanudándome el cuello o cortándomelo, para acabar con mi agonía.

También echo de menos a Diego, con su manía de masticarme la cara para después reírse como un leprenchaun diminuto y pícaro, sin zapatitos en punta ni gorro verde. Y al Hombre, llamándome guinea bajito en sueños para que me calle y me duerma.

Creo que me desperté pensando en escribir sobre el Ensamble Gurrufío y la muerte de diez personas en la costa de Arinaga, cuando intentaban llegar a su particular Dorado. Sobre todo, para insultar a la clase política que sufrimos en Canarias. En peso. Por oportunista, insensible, racista y mediocre. Y a la política migratoria de este país y a todos los que se benefician de la desgracia del prójimo.

O que pensé en escribir sobre la muerte de Joe Zawinul, al que pudimos disfrutar en el Canarias Jazz & Más Heineken de este año, en la que fue su última gira.

Descarté ambas entradas con un quejido por el cuello y me dediqué a golisnear, por si alguien andaba despierto y escribía algo ahí fuera. Sin embargo, la gofioesfera me devolvió una mirada vacía, así que me decidí a concluir el tema este de los blogs de cabecera para tumbarme en el frío piso a seguir durmiendo.

Antes de que ayer me aturullara con la página de Machango Studio en El Perinqué y tuviera que dejar a medias la última entrada, pretendía quejarme de la falta de voces femeninas en la blogocosa. Leo a tres o cuatro mujeres sólo y desearía poder disfrutar ahora del verbo de Amélie Nothomb, Arundathi Roy, Elvira Lindo, Maruja Torres, Cristina Morató o Susan Sarandon, por ejemplo. O, si nos acercamos un poquito, de Yeya, Eduvigis Hernández, Berbel, Alicia Llarena o Marisol Llano Azcárate.

Sé que hay vida fuera del blogomundo y la gente tiene otros proyectos y aficiones. Que sólo estoy despierta yo en esta madrugada abochornante. Que debería estar durmiendo, leyendo o dándome a la bebida en un bar del Puerto, en vez de anclarme a un teclado. Que necesito vacaciones.

Pero también sé que mis blogueros favoritos duermen y que la mitad del mundo está despierta. Que sobra la testosterona en el ciberespacio. Que quizás alguna bloguera australiana puede animarme la madrugada. O que quizás El Enterrador tenga blog e insomnio.

Quizás, quizás, quizás.

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Comentarios

  • Un poco tarde en el tiempo (es lo que tiene este panel anárquico de la blogosfera)te escribo este comentario para agradecerte los saludos , aunque ahora ya tengan fecha de noviembre y empiecen a estar aturullados de frío.espero que no te haya vuelto a pasar lo del insomnio, suele ser bastante molesto ,aunque también inevitable.yo suelo encender la tele pero no te lo recomiendo;acabas enganchada a canales que no sabías ni que existían y que alteran un poco más la salud mental que por otra parte , nos mantiene en el sitio el resto de las horas del día.
    Lo mejor es lo que hiciste , escribir.
    Y hablando de escribir, a ver si me animo y te pongo en un comentario una experiencia relacionada con la inmigración , personal y directa , que tuve en el 99 en una carretera entre Cádiz y Sevilla , en relación tanto con las palabras de Antonio Lozano que ya te he leído , de hoy , y el breve apunte que hacías en esta página acerca de este tema .
    Creo que , aunque siempre tuve claro que eran personas ,
    de carne , hueso y sueños, no se llega a entender hasta que no llevas a uno de ellos en el coche , con el olor a miedo y desesperación a pocos cms de la naricilla .Nada que ver con lo que se ve en las noticias y mucho menos lo que se siente , puesto que cuando ves la tele, no se siente nada.
    Vivirlo es otra cosa.
    ye te lo escribiré, aun brevemente.
    Besos miles de una lectora apasionada ,
    Reyes