Por Neketan, compañero de trabajo y sin embargo amigo, me entero de que tengo una fans o lectora enganchada. Me informa de que se llama Violeta, vive en Zárate, no pasa mañana sin consultar este blog y es mujer guerrera donde las haya. Así que la saludo con fervor casi, que no conozco a gente que lea esta bitácora sin ser amigo, pariente o Sinaja Bui Simunovic y me llega al alma el saber que existe su persona.
La mañana de hoy fue agradable gracias a una visita a Antonio Bordón, colega y conversador ameno, y a una rueda de prensa con Elio Quiroga y Julio Perillán, que mañana presentan La hora fría en el Monopol.
Antonio propuso que entrevistara para el blog a Perillán, porque mañana no estará quizás en el estreno. Una experiencia nueva para mí ... y para él, supongo.
Acepté la propuesta sin saber, antes de meterme en un despachito coqueto y vacío con el muchacho, que Perillán tiene un pasado como galán en Frágil, de Juanma Bajo Ulloa. Ni que a Yeya le provoca deseos inconfesables, secreciones múltiples e incontroladas y un sentido viraje de sus globos oculares hacia dentro, que elimina el castaño intenso de sus pupilas y lo transforma en un blanco desmayado.
A mí me pareció tremendamente joven, repeinadito, con ojos inquisitivos y muy amable, sentado frente a mí con las gafas bien puestas. En cualquier caso, no un licenciado en Física treintañero, nacido en Estados Unidos, bilingüe y con un morbo inapelable para la cámara.
Fuera, el sol rajaba los adoquines de San Telmo cuando empezó a hablar suavemente:
"El trabajo de artista provoca inseguridades importantes. Siempre corres el riesgo de que te digan lo malo que eres. Anoche no dormí. Siempre me pasa cuando estreno", y sonrió.
"Hace dos años casi que rodamos La hora fría -continuó- Cinco semanas de rodaje, en un espacio militar que no se utilizaba en Campamento, en Madrid. Todos los días, durante ese tiempo, cogía el metro a las seis de la mañana para ir al rodaje y hacía mis siete u ocho horas, como en una oficina, antes de volver a casa. Fueron meses intensos, pero bien. Todos los actores tenemos el mismo representante y cobramos el mínimo".
Supongo que el caché de Julio Perillán ha subido este verano, después de participar en el último rodaje de Woody Allen. También espera estreno de película italiana, ambientada en los setenta, en octubre. Sin embargo, ahora está centrado en su momento con Elio Quiroga.
"Me encanta ir de festival en festival representando a La hora fría. Veo la película una y otra vez y se crece cada vez que la veo. Sobre todo, por cómo reacciona el público. Se está presentando en festivales especializados en cine fantástico y gore, así que sorprende a los espectadores, que no se esperan una película normal, que les hace pensar y que tiene una profundidad diferente. Además, tiene un final bestial y ese toque español: no es limpia ni deja todos los cabos atados. Elio también es muy trabajador. Me mandó el primer borrador y, dos semanas después, el segundo con 40 páginas reescritas para hacer mi personaje más interesante. Creo que no he trabajado con alguien tan currante como él".
Julio Perillán concluyó afirmando que su personaje es el positivo, el que se enfrenta con la violencia de manera optimista y tiene una relación más profunda con los niños. Y al salir, pidió que le cambiaran el vuelo, si era posible, para poder disfrutar del estreno en la ciudad de Elio.
Así que puede que mañana se vire en su butaca, fascinadito como Amélie, hacia los demás espectadores del estreno en el Monopol. Que la película se le haga inabarcable. Que le hagamos feliz al decirle lo bueno que es. Que Yeya sufra un colapso.
