The look of love
El amor es lo que tiene ... Hace ocho meses, el Hombre me miraba con sus grandes ojos románticos llenos de mi persona, sentados los dos en mi coche y a su puerta. Mientras me inmovilizaba con su mirada hipnótica de puro azúcar, hacía presa de mi mano, algo guineoso, para preguntarme hacia dónde iba nuestra relación.
Yo me caía de sueño y tenía que volver desde Vecindario a la capital, así que intentaba responder algo coherente a medio camino entre el bostezo y el ronquido y meditaba la posibilidad de instalar un asiento que propulsara al copiloto fuera del vehículo motor a través de una trampilla hábilmente camuflada en el techo.
Hace ocho meses, el Hombre no me podía quitar sus diez dedos juguetones de encima y me mandaba mensajes SMS todos los días. Hace ocho meses, me compraba ropa que me quedaba chica y se maravillaba cuando me veía incapacitada para colarme en unos vaqueros fashion, repitiendo con su fuerte acento francés: "No lo entiendo, no estás gogda, pego la gopa no te entga".
Ya estamos en agosto y yo soy la que le mira, toda grandes ojos románticos llenos de su persona, en las ventolerientas, claras y breves noches de Vecindario. Él ronca en su enorme cama, feliz y ajeno a mi mirada devota, y apenas rebulle un poco, a veces, de madrugada, para agarrarse a mi cintura acogedora en expansión y retomar el ronquido.
Ya no se asombra cuando algo no me entra y el otro día, llegó a mirarme con ojo crítico y proponer una hora de ejercicio físico intenso (no sexual) para los domingos, como rutina para cuando vivamos juntos ...
Sin embargo, comprendí realmente que la venda del amor cegante, que me reducía tres tallas a sus ojos, se le había caído de la cabeza rizada el pasado domingo, cuando bajábamos juntos a Vecindario en coche. Le estaba explicando que quería cogerme unos días libres para terminar el curso de windsurf que empecé el verano pasado y se me quedó mirando con sorpresa.
- ¿Te dejan hacer windsurf con tu peso?, me espetó, maravillado.
Sentí que se me encendían las orejas.
- Bjorn Dunckerbeck pesa más que yo, casi tartamudeé, venenosa, y viéndome en sus grandes ojos oscuros como una especie de Moby Dick peluda, capaz de quebrar tablas con sólo mirarlas o de provocar maremotos por un remojarme de pantorrillas en una orilla cualquiera.
El amor es lo que tiene ... Hace ocho meses imaginé un asiento propulsable y una trampilla en el techo del vehículo motor para lanzar al Hombre fuera de mi noche y el domingo me sorprendí deseándola de nuevo.
Hermana Ballena y primos Delfín.



Comentarios
El Hombre debería de tener un blog propio!!! Ese hombre se merece un espacio! Viva el Hombre!!!
Sus comentarios desafortunados me hacen el lunes más llevadero. Yo creo que tú no le tienes paciencia.
Publicado por: Vaneska | 6 de Agosto 2007 a las 01:12 PM
Como diría la tonada: "La viiida te da sorpresas, sorpresas te da la vidaaa".... pero qué aburrida sería sin sorpresas.. jajajaj
Por cierto, creo que el gadgetocoche podría irte bien... o eso, o atarcar a El Hombre con la quilla de la tabla de wind entre ronquido y ronquido y recordarle que quien mejor navega en esas aguas, eres tú jajajajja
Y mira lo positivo... has descubierto que a El Hombre le gusta el deporte de riesgo, porque decirle eso a quien comparte tu cama es como mínimo arriesgado jajajajaj
Publicado por: Sergio (avatareño mayor) | 6 de Agosto 2007 a las 01:43 PM
Tienes razón, Vaneska, se merece un blog ;)
Pero paciencia sí que le tengo, que me llama foca vacaburra y ahí seguimos ;)
Y Sergio, sí que es cierto que le gustan los deportes de riesgo, porque las tentaciones de abrirle la puerta y botarle en medio de la autovía con el coche en marcha crecen ;)
Publicado por: Angie | 6 de Agosto 2007 a las 01:43 PM