Lo siento, mi amor
Ayer leía en mi coche Crónicas del salitre, de Emilio González-Déniz. Esperaba por el Hombre, enredado en una conversación casi interminable con sus paisanos, y mientras, me informaba sobre ese Valbanera del que me habla Pachi con frecuencia, sobre los submarinos nazis en Fuerteventura, sobre la instauración de la República y la huída precipitada de Alfonso XIII, sobre la Pampanini y sobre el comienzo de las aparcerías del tomate. Entre otras cosas.
De momento, el capítulo que más me gusta es el del piano de la Pampanini, tan mitómano él e impregando de feromona. Sin embargo, también descubrí una pequeña delicia que creo que le encantaría leer a mi héroe y muso favorito, Viggo Mortensen: el capítulo titulado La jornada más gloriosa.
González-Déniz habla del club de los amores de mi Pampanini particular, el San Lorenzo de Almagro. Al parecer, los porteños estuvieron de gira triunfal por Europa hasta el momento en que recalaron en esta isla diminuta y un combinado de jugadores canarios, embrión de lo que sería después la Unión Deportiva, les torpedeó con cuatro goles como cuatro soles sólo en la primera mitad del partido.
Cuenta González-Déniz que los argentinos se atrincheraron en sus vestuarios y que exigieron que no les metieran más goles para continuar el partido.
Mitómana yo también, declaro que Viggo Mortensen no desaprovecha ocasión para lucir calzas o corbata o camiseta con los colores del San Lorenzo, casualmente blaugrana, como el Barça. Y que tampoco deja pasar oportunidades si se trata de sentarse en las gradas del Nuevo Gasómetro, a jalear a los suyos, campeones de liga este año en Argentina, por cierto.
Y quería aprovechar para decirle a mi rey que, si de una vez paran los incendios que están reduciendo esta islita aplatanada aunque épica a carbonera, aquí podría conocer a alguno de los jugadores que redujeron a su San Lorenzo a un Aquiles destalonado. Y a otros seres humanos fascinantes, tal que mi hechicera y singular persona ... (estoy (felizmente) casada, estoy (felizmente) casada, estoy (felizmente) casada).


