Insumisas
Critican en estos días a Cécilia Sarkozy por llevarle la contraria a su hombre. Por no ir a votarle y poner cara de paisaje cuando le ascienden a primera dama gala, por tirar a independiente y, además, por darle plantón a los Bush pretextando unas anginas fulminantes y efímeras.
De todo su curriculum, lo que más me gusta de Madame Sarkozy es la falta de pelos en la lengua, además de que la apoden La Insumisa y, sobre todo, que dejara como un pescado sin espinas a la pánfila de Laura Bush, muñequita almidonada que debe tener tanta conversación como un jarrón de la dinastía Ming y muchísimo menos interés.
Que Cécilia reconozca abiertamente que no le va el rol de primera dama y que lo rechace radicalmente, prefiriendo el anonimato, me parece valiente. Tanto como no ejercer de pareja perfecta de cara a la galería, por un puñado de votos. Su privacidad es suya, sí, pero hipocresías, las justas, considero.
Creo que todas las primeras damas deberían ser insumisas. Negarse a ejercer el papel de comparsa de un hombre o florero presidencial, parte del decorado de una casa blanca o rosada. Para eso, ya está la realeza, considero de nuevo.
Nunca he comprendido por qué la mujer del presidente de un país tiene que realizar actos oficiales, normalmente con otras mujeres de otros presidentes, normalmente insulsos y normalmente caritativos, entendiéndose estos bajo la peor acepción de la palabra.
Por otra parte, jamás creo haber vislumbrado al marido de Angela Merkel o al de Tarja Halonen reuniéndose con Laura Bush para departir, a la vera de unos emparedados de pepino y un té, sobre obras benéficas políticamente correctas o los problemas de renovar las cortinas del Despacho Oval. Supongo que tanto el señor Merkel como el señor Halonen tienen sus respectivas y dignas carreras y que, a pesar de apoyar a sus mujeres, no ejercen de complemento del kit presidencial y sólo tratan de permanecer en un amable segundo plano. Supongo que hasta podrían votar a otros partidos o disentir de ellas cordialmente en materia de religión, educación o parrilla televisiva.
Opino que todas las mujeres de presidente deberían ser insumisas, como Cécilia. A menos que tengan valor político, como en el caso de la brillante y postergada por cuestión de género Hillary Clinton, y les interese la carrera de diputada, por ejemplo. En caso contrario, deberían dejar la vida pública a los floreros reales y a los profesionales del escaño y hacer algo más productivo en la vida.
Puedo estar equivocada, pero yo lo veo así.



Comentarios
Es una de las desventajas de que la poli(gamia|andria) no sea legal, porque así tendríamos un harén donde elegir qué concubino/a queda mejor en según qué acto oficial.
Publicado por: rvr | 14 de Agosto 2007 a las 10:51 PM
Estoy de acuerdo con lo que dice, el simple hecho de convertirse en consorte del presidente no tiene que hacer que una renuncia a su vida para estar preparando el té a las visitas, sobre todo si no es lo que acostumbraba hacer hasta el momento.
Publicado por: lola | 15 de Agosto 2007 a las 01:10 PM