Siempre nos quedará Tejeda
Ya no hay niños en la cancha García San Román, como cada mañana durante julio y la mitad de agosto. Sin embargo, el silencio del recinto deportivo saca a la luz el sustrato de ruidos matinales que la bulla de la chiquillería ocultaba. Esta mañana descubrí, consternada, que tenemos obra cerca. Además, tras la pausa tejedense de este fin de semana, hoy recordé que los días de verano amanecen grisones y majaderos en mi barrio capitalino.
Todavía estoy de vacaciones mentales. Voy pensando en mil cosas, con la cabecita volada mientras conduzco por la autovía y lanzo esperridos con Bersuit, a medio baifo presente.
Por ejemplo, pienso en que tengo que agradecer a algún retraso del quirófano del Hospital Doctor Negrín y a las charlas del Hombre con sus paisanos el haber leído mucho y bien en estos días absurdos que acabo de gastar de mis vacaciones. Terminé Crónicas del Salitre y Reincidencias y ahora arranco con La muerte de Venus (Care Santos), aunque realmente estoy deseando iniciarme en las maravillas (cantadas por Victoriano Suárez) de El niño con el pijama a rayas.
También voy pensando en el cielo luminoso y pacífico de agosto sobre los barrios de Tejeda, en las quemaduras acusadoras de los alrededores de La Plata y en las formas bulbosas, acribilladas a cuevas y coloradas de las montañas que se levantan en el paso desde La Plata a Ayacata. En la filigrana de verde y blanco que trepa por el barranco desde la extranjería de Maspalomas y hacia el palmeral de Arteara y la mágica Fataga. En tuneras y pitas derretidas por el sol y por el fuego que provoca la mano humana, en los manchones de negro en las laderas, en el dulce descenso desde El Chorrillo hasta Vecindario, pasando por Santa Lucía y Rosiana. En ese Ratatouille que cambié por la humillación al Madrid en la Recopa de ayer.
De las fiestas del Chorrillo de Tejeda disfruté poco, salvo el sancocho demoledor del mediodía del sábado. Y la previa, con castillo hinchable en el que brincar, desmadejada, sujetando a Diego sobre la falda.
Por la noche, parientes, amigos, curiosos, conocidos, vecinos y demás fauna se amazacotaron en la nueva plaza, sobre el local social. Antes, bailaban en pareja apuntalándose el uno al otro como las patas de un compás, cuesta arriba y abajo en La Orilleta, y cargados de paella y ron.
Ahora, Manolo y sus teclados (o el músico de turno) se asocan bajo una lona sacudida por la ventanía, entre liñas a las que se traban banderitas y lucecitas. La paella se sustituye por un bochinche sólo alcohol. Antes, ese bochinche servía de murito entre el viento más o menos raspón que subía por la carretera y los bailarines, pero ahora se mudó al interior del local, más curiosito y protegido.
En la segunda planta, el cura de Tejeda, pequeño y miope como un topillo, intentó perpetrar una misa para las cuatro beatas de turno. Sobre su cabeza se probaba el sonido, la cantina se encrespaba bajo sus pies y, en La Solana, atronaba otra verbena.
Diego tardó en dormirse.
Ésa fue la excusa perfecta para saltarnos la verbena chorrillera, estar de charla íntima con Noe y Edu y acabar la madrugada prendida a las páginas de un libro, tras la preceptiva charla telefónica con el Hombre.
El domingo estuvo marcado por el baño en palangana de Diego. Mientras el chiquillo se alongaba sobre el borde para coger a su pescado de plástico, Rosadito, mi padre le cortaba el pelo a tijeretazos dudosos en lo momentos en que apenas paraba su cuerpito amasado y blanco. Y por el fútbol, con el Hombre encamado y sancochándose a mi lado en los calores santaluceños. Y por el soplo de una brisa cálida que bajaba conmigo desde la cumbre al sureste (Taidía, Ciudad de Lima, ...), de camino hacia la recién inaugurada (tras vacaciones) Neketan.
Este lunes desangelado está marcado por la magua del cielo claro sobre el Bentayga y por el soniquete de los limoneros arañando las paredes de la casa en la hora quieta de la siesta.
Hoy y, por una vez, el mar me sobra.
El Chorrillo de Tejeda.



Comentarios
¡Voy a dejar de leerte de la envidia que me das! Corriendito me cambiaba yo por estar en cualquier lugar de la Isla -da igual Tejeda que Las Canteras o la playa de Las Nieves- armado con tres o cuatro libros...
Por cierto, tendrás que hacerme una reseña de El niño con el pijama a rayas, porque me lo han recomendado, pero no acabo de decidirme.
Publicado por: Ruymán | 21 de Agosto 2007 a las 12:38 AM
Ruyman: Espero empezar con "El niño del pijama a rayas" a finales de semana o la próxima semana. Es muy cortito y según Victoriano, engancha y te lo acabas rapidito.
Lo bueno es que sepas lo mínimo posible de él antes de empezarlo, para que te sorprenda, pero creo que ya es tarde para eso en tu caso y en el mío :(
Publicado por: Angie | 21 de Agosto 2007 a las 09:31 AM
Me empecé "El niño con el pijama de rayas" esta mañana en el metro, de camino a la redacción, y ya me he leído 60 páginas.
Al final, conseguí, por los pelos, que no me "contaminaran" demasiado. Por lo poco que llevo leído, me parece apasionante. Si aún no lo has empezado: ¡hazlo ya! ;)
Publicado por: Ruymán | 28 de Agosto 2007 a las 10:31 AM
No puedooooo. Estoy enganchada con la parte romana de "La muerte de Venus" y acaban de enviarnos el último de Punset, .... Esto es un sinvivir ;)
Publicado por: Angie | 28 de Agosto 2007 a las 07:00 PM