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Descalzos por el Parque

Terminaré escribiendo entradas sobre la agenda que pude tener y no tuve. Ergo, sobre los actos a los que no acudo, aunque me parezcan fascinantes, porque salgo tarde o de mala gana (o las dos cosas) del trabajo. Y aquí explico, compungida, que me dan las ocho y pico frente a una pantalla de ordenador jurásica y sólo me pone las pilas el correr hacia Diego, por ejemplo, a observar el movimiento seductor de cejas sobre sus pupilas cambiantes y las arruguitas de concentración que se le forman en la frente mientras chapurrea sus primeros monólogos incomprensibles.

O llevarme El antropólogo inocente, recomendado y prestado por Nenito, hasta mi cama de Vecindario y sumergirme en sus páginas con la sonrisa puesta, mientras el Hombre se dedica a analizar clips del presidente de su país en internet, a cuarto de hora la pieza, entre carcajadas repentinas que me turban los puntos y las comas.

Hoy la cosa pinta como para salir en unos diez minutos, revocar mi fachada en desmorone tras varias horas encerrada en esta redacción sembrada de fluorescentes y recoger al Hombre para que pueda escuchar los ritmos africanos de Joe Zawinul y Paco Sery en el parque de Santa Catalina. Con Yeya meneando cadera al lado y Nenito persiguiéndola, cámara en ristre, por supuestísimo. Y sin bajar del coche, no sea que me venzan el aplatanamiento o el cansancio en ruta y acabe escorada en mi segunda cama, roncando a pierna suelta.

Me empiezo a embelesar mientras tecleo, al tiempo que el maligno Javier Darriba silba, lúgubre, El lago de los cisnes y me acusa, en las pausas, de jibarismo en los titulares. Entre invectiva e invectiva (que si reduces titulares para no romperte la cabeza, que si en La Isleta no pasan esas cosas y yo jamás baje ni medio cícero un tipo, que si los contenedores verdes son de vidrio para ser más exactos), vuelan los minutos y cala aún más en mi persona la somnolencia.

Mejor me voy y le pido a Velas Negras un conjuro para reventarle las cuatro gomas al coche de Darriba como por accidente. O en el colmo de la buena fortuna, para provocarle una de esas revolturas de intestino que te botan cuatro días en cama, sin otra vocación que arrojar o licuarte en un excusado mientras la familia intenta echar la puerta del baño abajo.

Paco Sery, de Zawinul Syndicate.

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Comentarios

  • No hubo instantánea de Yeya medio traspuesta a cervezas, que yo sepa :)

    Ella iba danzando con el colectivo periodístico por un lado, hecha un sexapil, y Nenito estaba en la zona de venta de discos y bochinche Fataga, con su cerveza, su cámara y "cazando" a sus miles de conocidos y amigos en circulación por los alrededores.

    Ayer vi a mucha gente pero poco rato, confieso :(

  • Pues no hubo ayer muchas instantáneas en general, que con un Nacho González dando vueltas por los alrededores, uno se siente indigno de sacar su cámara. Y desmiento categóricamente esa persecución de la que se me acusa, aunque perseguir mujeres hermosas en conciertos de jazz me parece una actividad de lo más artística.

    (y mis conocidos no son tantos, pero es que van casi tod@s a este tipo de eventos, y de hecho hay gente a la que desde hace años sólo veo en el Festival de Jazz y en el Womad ;).