Resucitando, que es gerundio
Me incorporo en el sofá con el pelo revuelto, dos manchas de rimmel a lo oso panda por ojos y un punto de dolor sobre la ceja derecha. Moqueo de nuevo y noto raspera en la garganta, probablemente por haberme fumado como cinco cigarrillos con Paco Sery ayer, en su balcón de madera del Hotel Santa Catalina, abierto a la paz de un Pueblo Canario cercado por palmeras.
Ayer estuve en el concierto de Joe Zawinul, sí, pero fue como si no estuviera. Y mira que me lo recomendó Alberto fervientemente y que hablé por teléfono con el propio Zawinul y me puso dientes largos, como de Bebo Valdés risueño zumbón, con su proyecto multicultural y sus sonidos del mundo.
Y eso a pesar de que había buen ambiente en Santa Catalina, con la plaza hasta la bandera de gente, y de que me tropecé con conocidos y amigos, desde los Mendoza a un Thioune, pasando por Nenito sonriendo beatífico a su cerveza en modo Cartier-Bresson relajado, Pedro con su saxo chiquitito reluciendo en la solapa de la chaqueta y junto a Dora, Anna cambiando calçots por percusión brasileña, Pachi recordando viejos tiempos bajo la sombrilla de Heineken y, por supuestísimo, los Colorados en acción.
Básicamente, escuché las tres primeras canciones y la última, confieso, porque me fui a repostar al Lanzarote con el Hombre y nuestro bocadillo a la catalana se estiró más de lo previsto.
Después nos fuimos al backstage, porque el Hombre quería ver a Paco Sery y se metió resueltamente en el camerino artístico sin encomendarse a dios o diablo. Se me liaron los dos a hablar en francés y acabé ejerciendo de chófer hasta el hotel y embelesándome en el balcón de Paco Sery, con vistas al Parque Doramas, Ciudad Alta y el Pueblo Canario y con un rumor de palmas de fondo, mientras continuaban la conversación entre cigarrillos y buches de coca cola y zumo.
Lo mismito, reflexiono, que si yo me fuera a Costa de Marfil y hubiera concierto de La Oreja de Van Gogh, por ejemplo. O de cualquier otro "grande" de la música hispana, prosigo, segurita de que acabaría en su balcón de hotel de lujo trasegando zumitos y debatiendo la situación política internacional.
Total, que hoy planeo agarrarme a Pachi en un bochinche, aferrarme a una cerveza y escuchar de cabo a rabo el repertorio de Kevin Mahogany, con big band de fondo, de nuevo en el parque. Sin distracción en forma de baguette, conocido u ovni que me perturbe, salvo quizás un flasheo de cámara inopinado hacia el bulterío que me rodee.
Vista desde el balcón de Paco Sery, de madrugada.


