Lenguas creativas
Igual que Yeya se resiste a convertirse en la Musa Chunga, creo que el Hombre no se amaña con eso de devenir en personaje literario. Lo creo porque le noto un sobresalto y algo como irresoluto en la sonrisa cuando un compañero lo saluda con un solemne "¡ah! El Hombre" y porque ahora me interroga, desconfiado, sobre lo que escribo en este cachito de ciberespacio.
El hombre es carne de blog innata, yo opino. Igual que gente como Ramón Mendoza, Lulu, Diego o mi padre, por ejemplo.Y todo, por culpa otra vez de Gerald Durrell.
Mi infancia está marcada por dos personajes reales a la vez que literarios: Margo Durrell y su chófer corfiota, el inefable Spiros. Margo, con su mixtura de refranes populares, y Spiros, con sus eses y su inglés incomprensible, abrieron el camino para que mi corazón se prendara de Mia Couto, Cándida o el Hombre, entre otros amores.
Con héroes así en la recámara, se entenderá que sienta devoción por gente que innova el lenguaje y crea nuevas expresiones -despedirse a la portuguesa, estar de un amor de perros, atontar un chiquillo, buscar una media manzana o luchar como un pez panza arriba- o revoluciona el lenguaje con palabras nuevas (machete por malteser, cata-cata por taca-taca) o me sorprende con frases inesperadas ("no estás gorda, pero no sé por qué, no te entran los pantalones").
Y que vea literaria cualquier parrafada del Hombre, mi padre, Diego o la propia Yeya, cuando tiene un día tremendista; o los chascarrillos susurrados por Nenito o a Carlos, Darriba o Jesús cuando se ponen guanlainers y me arrancan una carcajada histérica en tres palabras por correo electrónico o en formato esperrido isletero.



Comentarios
guau¡ pues si que he cambiado¡¡¡
Publicado por: roger | 11 de Julio 2007 a las 01:14 PM
El pelo yo lo veo igual ;)
Publicado por: Angie | 11 de Julio 2007 a las 01:31 PM