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Hace fuego

Llegó el verano de golpe y a sangre y fuego a la isla. A sangre que estamos todos sudando bajo este cielo limpio y este sol aplastante, que te envuelve en tus propios fluidos y reseca por dentro como si te chupara, vía pajita imaginaria, el 70 % acuático que se supone que forma parte de nuestro organismo.

A fuego, de horno a más de 35 grados (capital) o 40 (sur) y de llamas que están arrasando la parte más pura de esta isla, la que quedaba sin azulejear y donde se esperaba que cantaran los pinzones azules y se preservara nuestro frágil y único patrimonio medioambiental para las generaciones futuras.

- Adiós reserva de la Biosfera, adiós parque rural del Nublo y bienvenidos al infierno -es el pensamiento sombrío que le golpea a una frente a las fotos del cataclismo, presagio de una visión que nos acompañará durante mucho tiempo y que incluye cenizas y calvas negras en la zona más asilvestrada de Gran Canaria.

En la redacción digital, Esther y su equipo siguen las noticias al segundo, contradictorias y atropelladas; reciben los comentarios de los lectores; cuelgan galerías de fotos y, en general, intentan ofrecer la información más completa, veraz e instantánea sobre esta tragedia que vivimos desde el viernes en la cumbre.

La redacción de papel es un hervidero de datos, un reubicarse de puestos para cubrir la información de manera efectiva e incluso un olor a asadero procedente de la persona de Victoriano Suárez, requemado por el sol de Ayacata, a mi derecha, mientras escribe lo que ha sido su odisea personal de hoy con los operarios heroicos que combaten la fogalera en el interior de la isla.

Pensando en la clase de individuos que pueden conformar los retenes de verano en el monte y en la pacífica blancura de El Chorrillo bajo el solajero, tan vulnerable como hermoso, me voy a casa. Como todos, con un nudo de vergüenza, indignación y tristeza negra, cual humareda visible desde los satélites y la enorme luna llena que ilumina nuestras noches incendiarias, en el estómago.

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Comentarios

  • Tengo ganas de llorar. Esta tarde le dije a mi jefe que no pensaba chequear ni un sólo teletipo más, porque junto a los económicos nos entran todos los nacionales y casi la mitad eran de la Isla.

    En momentos como éste la impotencia, vivirlo desde la distancia, pegado a las ediciones digitales, es imposible de soportar. Imagino que desde la Isla la sensación será todavía peor.

    Casi doy gracias por no estar ahí. Sólo puedo decir: ¡Qué se apague ya!