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31 de Julio 2007

Hace fuego 2

Anoche dormí en esa especie de secadora colectiva y gigante que es Vecindario, donde sopla una ventanía constante y ardiente, todas las ventanas se abren en gritos desesperados hacia la noche, el perro alarma ataca sobre las tres de la madrugada a pesar de las condiciones meteorológicas adversas y el resplador del sol que se oculta tras las montañas se enturbia de humo. Por el camino, pensé que hasta olía el quemado de los montes al tiempo que el ocaso incendiaba doblemente en perfil de las montañas. A lo lejos, un helicóptero con un depósito de agua prendido a un cable sobrevolaba la silueta dentada del interior de Gran Canaria.

En el pueblo, la gente estaba botada en la calle a las tantas, casi en ropa interior, mientras el Hombre y yo nos embarcábamos en la búsqueda inútil de todas las corrientes posibles en la casa a fuerza de abrir puertas, ventanas y pasillos. Me pegué dos duchas antes de la cama y un nuevo enchumbe con toalla, en agua helada, de madrugada. Y supe, en mi duermevela quemona, que nos quedaba otro día de fuego por delante. De ventolera, llamas, calores y desgracias.

El informativo de la mañana me daba la razón: en la televisión, los talibanes se cargaban a otro evangelista surcoreano, los etarras tramaban nuevos atentados y el incendio se extendía, fuera de control, por toda la cumbre.

Así que me fui de paseo a Las Canteras, a buscarle algo de luz al día. Aparqué, de madrugada, junto al Auditorio y a la orilla del mar me encaminé, con Billie Holiday susurrándome al oído y el arrullo del mar haciéndole los coros.

En La Cícer, fecalismo animal y un paquete de papas vacío que me adelantó con un tirabuzón alocado, contra un fondo de botellas de plástico vacías y basuras de adolescente machango; cerca de la Playa Chica, tufo a seba y huellas de maquinaria de limpieza en forma de extraños pentagramas; pasado el Meliá, una convención de gaviotas que apenas rebullían junto a los viejitos que hacían estiramientos y en La Puntilla, bañistas chillones y barcas a colorines, palomas bobilinas, colillas huérfanas, más basura.

La vuelta al Auditorio la hice por el paseo y con Kultur Shock de banda sonora, algo más animosa a pesar del lunar de piche que me llevé de recuerdo en el talón derecho.

Ahora, en la redacción, mi corazón se encoge de pensar en Fataga y Arteara, en El Chorrillo de Tejeda todavía a salvo y en Antonioni, siguiéndole los pasos funerarios a Ingmar Bergman.

Recuerdo esta mañana los raukar de Götland, sus corderos lanudos y los muros rosados de Visby, aunque ni Bergman (ni Antonioni) estén entre mis personales obsesiones. Con esa imagen bucólica de una isla sueca que es casi mediterránea, medieval y luminosa, intento aislarme de las noticias que siguen llegando de un paisaje hecho pura llama incontrolada. Y espero, como todos, el milagro.

Raukar en la costa de Fårö, en Götland. El refugio de Bergman y mis mejores vacaciones.

30 de Julio 2007

Hace fuego

Llegó el verano de golpe y a sangre y fuego a la isla. A sangre que estamos todos sudando bajo este cielo limpio y este sol aplastante, que te envuelve en tus propios fluidos y reseca por dentro como si te chupara, vía pajita imaginaria, el 70 % acuático que se supone que forma parte de nuestro organismo.

A fuego, de horno a más de 35 grados (capital) o 40 (sur) y de llamas que están arrasando la parte más pura de esta isla, la que quedaba sin azulejear y donde se esperaba que cantaran los pinzones azules y se preservara nuestro frágil y único patrimonio medioambiental para las generaciones futuras.

- Adiós reserva de la Biosfera, adiós parque rural del Nublo y bienvenidos al infierno -es el pensamiento sombrío que le golpea a una frente a las fotos del cataclismo, presagio de una visión que nos acompañará durante mucho tiempo y que incluye cenizas y calvas negras en la zona más asilvestrada de Gran Canaria.

En la redacción digital, Esther y su equipo siguen las noticias al segundo, contradictorias y atropelladas; reciben los comentarios de los lectores; cuelgan galerías de fotos y, en general, intentan ofrecer la información más completa, veraz e instantánea sobre esta tragedia que vivimos desde el viernes en la cumbre.

La redacción de papel es un hervidero de datos, un reubicarse de puestos para cubrir la información de manera efectiva e incluso un olor a asadero procedente de la persona de Victoriano Suárez, requemado por el sol de Ayacata, a mi derecha, mientras escribe lo que ha sido su odisea personal de hoy con los operarios heroicos que combaten la fogalera en el interior de la isla.

Pensando en la clase de individuos que pueden conformar los retenes de verano en el monte y en la pacífica blancura de El Chorrillo bajo el solajero, tan vulnerable como hermoso, me voy a casa. Como todos, con un nudo de vergüenza, indignación y tristeza negra, cual humareda visible desde los satélites y la enorme luna llena que ilumina nuestras noches incendiarias, en el estómago.

27 de Julio 2007

El periodismo es un cuento

La Escuela de Escritores vuelve al ataque y lo hace creando ficción desde la realidad. 'El periodismo es un cuento' se llama su último concurso. Consiste en escribir microrrelatos basados en noticias. Y aquí están las bases:

Ya hemos elegido a los primeros seleccionados del nuevo certamen que organizamos con "Hoy por hoy" de la Cadena Ser: "El periodismo es un cuento". ¿Quieres un cuento tuyo sea leído en el programa de mayor audiencia de la radio española? Todos los martes, a las 10:30, daremos tres noticias que podréis escuchar en esta página. A partir de ellas debes crear un pequeño relato. Las historias deben enviarse desde este enlace, en donde podréis leer los relatos finalistas.

Yo también era Óscar

Hubo una época de mi vida en que yo también era como Óscar: visita que hacía a una habitación de enfermo, enfermo que fallecía.

El momento coincidió con mis 18 años, la marcha a Madrid a estudiar y el fallecimiento de mis dos abuelos maternos (conmigo en la habitación) en el plazo de menos de un año. Empecé a traumatizarme y mi padre me repetía -medio en serio, medio en broma- que, si alguna vez pasaba por un hospital, prefería que me quedara en casa a que le visitase.

Total, que me solidarizo con ese felino con olfato para el agonizante y también, con los pobres inquilinos forzosos de ese hospital, que deben temerle más que a la aparición de Jessica Fletcher , indicio seguro de una muerte violenta por las cercanías.

Eso sí. Mientras miro de reojo a Michael Wilding, en ceñida malla y bailando con Leslie Caron en TCM, propongo al personal sanitario de ese centro que reduzca el estrés de los pacientes evitando las visitas de Óscar a sus habitaciones.

Es sólo una sugerencia, antes de que alguna muerte se les adelante vía infarto.



Leslie y Michael o Cenicienta y el Príncipe.

26 de Julio 2007

Blanco y negro y blanco y negro

Leo en el Canarias7 que la escultural Beyoncé dio un traspiés en un escenario de Orlando (Florida) durante un concierto, al intentar sacudir la melena al viento sensualmente y atrapada por sus tacones de vértigo y un flamante traje largo.

Igualmente leo, admirada, que esa superheroína del espectáculo rodó por los escalones y, contusionada, mas sin mostrar confusión alguna, se puso en pie de golpe, como si el piso rebotara y ella estuviera hecha de goma. Los cronistas dicen que retomó el micro, veloz, y siguió cantando cual si, en vez de encadenar pinopuentes por una escalera, no le hubiese pasado nada más grave que un ligero e inofensivo descoloque de zarcillo (o cualquier otro nimio complemento).

También leo que el vídeo está colgado en Youtube.

Presa de un ataque de curiosidad morbosa casi incontrolable, tecleo las palabras claves, porque después de lo de Lindsay Lohan y Britney Spears, me temo que también la morenaza de piernas más largas se esté echando la camisa por fuera y barrunto que los pizcos pueden tener algo que ver con su caída de diosa.

Sin embargo, toda mi premura no es suficiente: Sony BMG ya ha censurado el vídeo en cuestión y si no lo viste en su momento, sin verlo te quedaste o lo vas a ver borrosito y de lejos.

Elucubro que ya quisieran Conde-Pumpido y Del Olmo esos poderes para sí y que probablemente le pedirán a Sony que les ayude en el próximo secuestro, mientras lamento que fuera la pobre Beyonce, tan curvilínea y modosita ella, la que tuvo el accidente.

Puestos a que alguien tuviera que caerse por unas escaleras, habría preferido que fuera Jennifer López la afectada, también confieso. Y puntualizo que no es que me parezca bien eso de que alguien ruede por unos escalones, solo o delante de miles de personas, pero confieso de nuevo que esa mujer me pone enferma con sus historias de conexión con su lado hispano y orígenes humildes en el Bronx, su sonrisa de almíbar y sus aires de Victoria Beckham puertorriqueña.

Pd. Explico que el título de esta entrada se refiere a un chiste de una película de Woody Allen, a saber: "¿qué es algo que es blanco y negro y blanco y negro y blanco y negro? Una monja rodando por unas escaleras". Chiste tonto, sí, pero que me hace muchísima gracia.



Beyoncé.

25 de Julio 2007

Brasileñas y otras sin tanga

Pensando estaba esta madrugada en las setenta inmigrantes sin papeles a las que cogieron camino de La Isleta, achocolataditas, voluptuosas y recluidas en un espacio mínimo en el que volaban, en confusión de extremidades temblonas, desde algún punto de Latinoamérica hasta el Central Park isleño.

Y me costaba quedarme embelesada, de imaginar lo que esa especie de Smithers en tendón y vello denominado Paulino Rivero haría con ellas si pudiera. Sobre todo, ahora que se dedica a llorar la tragedia de los inmigrantes de Madrid a Bruselas, armado con sus cupos como un George W. Bush cualquiera, dadivoso con las green cards al tiempo que inflexible con el muro.

En la televisión, mientras tanto, ponían La verdad sobre Charlie, con Mark Wahlberg y Thandie Newton intentando mutarse en palidísimos reflejos de Cary Grant y Audrey Hepburn en Charada. Ajena a sus baldíos esfuerzos, yo me concentraba en la banda sonora, con rap francés, raï y otras músicas francófonas mestizas. Cosas que suenan a Khaled o Rachid Taha, que me retrotraen a días felices pateando los bulevares mientras Zebda, Natacha Atlas y Mano Negra sonaban en mi cabeza, por ejemplo.

Total: que entre visualizaciones de lagartos australianos hambrientos y Paulinos humanitarios me acosté a las tantas y vine a despertar en un mundo mucho peor, porque en él ya no está ese pedazo de actor que es Ulrich Mühe, a quien descubrí tarde ya con La vida de los otros. Tocado de muerte, supongo.

En este mundo de hoy, Lindsay Lohan y Britney Spears compiten para convertirse en la nueva Kate Moss y relanzar sus respectivas carreras, los Beckham triunfan en la meca de la superficialidad y la tontería denominada también Los Angeles y el peluquín del Trump alcanza nuevas cotas de horror y espeluse.

Total, que no puedo esperar a que lleguen mañana, los Simpson y alguna cosa positiva que llevarse a los ojos. A mi duff y mi donut pongo por testigos.


Elixir del amor

Un teletipo de Efe informaba esta tarde de que "el famoso elixir del amor, que buscaron muchos enamorados durante muchos siglos para superar las penas, podrá ser próximamente una realidad gracias a la ciencia que estudia los mecanismos bioquímicos del enamoramiento y el desamor".

La información continuaba explicando:

"En un futuro se podrán resolver por medio de la química los problemas del amor y desamor", aseguró a Efe el médico y escritor Federico Ortiz Quezada en una entrevista sobre su último libro, "Amor y desamor".

En su obra, el autor asegura que "cuando dos personas se atraen sexualmente una cascada de neurotransmisores recorre su cerebro y su cuerpo. Tales agentes son oxitocina, fenilenetilamina, adrenalina, noradrenalina, serotonina, dopamina, vasopresina, endorfina, así como las hormonas sexuales testosterona y estrógenos".

Ortiz, de 72 años, es médico cirujano de la Universidad Nacional Autónoma de México, con posgrado en Urología en la Universidad de Cornell de Nueva York, y es autor de 34 libros sobre diversos temas, entre ellos de sexualidad y tanatología.

El especialista indicó que la ciencia ha comenzado a conocer los mecanismos biológicos del amor y del odio y que existe "toda una serie de hormonas que están relacionadas con el enamoramiento que se están investigando, las cuales contribuyen a que determinado tipo de animales sean fieles -como la vasopresina la oxitocina- que son evidentes en el caso del ratón de la pradera que tiene una gran cantidad de secreciones de estas sustancias".

"Entonces sí podría inducirse ese tipo de situaciones amorosas y se podrían arreglar en el hombre; pero todavía falta mucho", afirmó Ortiz.

Para el experto, como ejemplo de que la química puede contribuir a solucionar problemas vinculados con la sexualidad está el uso actual de los fármacos para solucionar los problemas de disfunción eréctil y de la "misma manera muchos problemas de la menopausia, entre estos la disminución del deseo sexual, son arreglados con testosterona".

"Puede haber un elixir del enamoramiento, de la atracción, pero el amor es algo más cerebral, y apenas comenzamos a entenderlo", dijo el autor y precisó que el amor se encuentra en el nivel de la conciencia humana.

El amor es una construcción intelectual por el que desarrollamos "toda nuestra capacidad multisensorial, todos nuestros sentidos, nuestra inteligencia y nuestra ética".

Aseguró que su libro "Amor y desamor" deja claro que la sexualidad y el amor son cosas diferentes, que la primera tiene una base biológica y el segundo es intelectual, está en la conciencia.

El especialista precisó que los mexicanos son "un pueblo muy querendón" pero no saben amar, porque actualmente se enseña más sobre el sexo y la sexualidad que sobre el amor.

"Nosotros los hombres vivimos con una mujer y damos por hecho que ella tiene la obligación de tener relaciones sexuales cuando nosotros queramos; es un error, hay que conquistarla en cada momento porque la mujer está más orientada a la ternura, a las emociones y al respeto", aseguró el autor.

Explicó que uno de los problemas de los mexicanos es su carácter producto del subdesarrollo histórico de sometimiento y eso les ha hecho muy mentirosos. "Somos conquistadores, seductores, pero no sabemos amar, ya que en el amor, como en la política, se requiere de libertad", dijo.

Agregó que la vida moderna con el exceso de trabajo, tanto hombres como mujeres se preocupan más por el aspecto sexual que por el desarrollo del amor, "se toma el sexo como si fuera un fast food, y se olvida que el amor debe disfrutarse como un banquete que debe ser bien elaborado".

Ortiz explicó también que por naturaleza el hombre es polígamo, pero que la cultura lo ha convertido en monógamo, y explicó que las mujeres desarrollaron el amor como un mecanismo para la protección de la especie.

Señaló que la liberación de la mujer la ha llevado a copiar lo peor de los patrones masculinos, incluso en la política, pues cuando llegan al poder actúan igual que cualquier hombre y "no están trayendo a la política la riqueza de su género".

Indicó que el mundo vive en una etapa de transición para delimitar cuales serán las formas de supervivencia de la humanidad y el tipo de relaciones entre hombres y mujeres, pero aseguró que el amor continuará siendo un vínculo esencial en la pareja humana.

"El amor es una cosa más seria que escoger una profesión", sentenció.



El desamor o la bifurcación de un camino común.

24 de Julio 2007

El mundo sabe a carne de cochino

Ingenio sabe a carne de cochino, tomates aliñados y papas fritas con sal gorda. Es pura cuesta empinada, colores amables, iglesia blanquísima y un viento heladito que corta todas las esquinas en las noches de julio. También es un encuentro gastronómico intercultural en la fundación Blas Sánchez y un idem que te besa la mano en cuanto traspasas la puerta y entras a su patio hundido bajo una parra.

Ayer había cocina comunal en Ingenio y comedor abierto al público, precisamente en la fundación del genial músico del Sureste. CEAR, la organización del Festival de Folclore de Ingenio y la fundación Blas Sánchez se implicaban en una original iniciativa de conocimiento entre culturas: proporcionar cocina e ingredientes a dos cocineros para que intercambiaran recetas. Uno de los cocineros, extranjero, y el otro, canario, se enseñarían mutuamente su herencia gastronómica y nos harían degustar sus platos.

El plan se perpetró sobre varios fogones y, al final, sobre el mantel se expusieron sopa de Ingenio y papas arrugadas con mojo junto a comida portuguesa, alemana, eslovena y hasta nepalí.

Nosotros llegamos de la capital casi a las ocho y media y sufríamos olfateando el cruce de aromas, agazapados como buitres por los alrededores de la mesa, después de golisnear entre los instrumentos del señor Sánchez y fotografiar todos y cada uno de los rincones.

Transcurrió una hora, el jilorio se hizo insoportable, pasaban las nueve y media, veíamos poca comida y la cosa no terminaba de arrancar. Así que acabamos desafiando la ventanía, encaminándonos a un bar y pidiendo unas medias tapitas de ropa vieja y callos y dos enormes raciones de carne de cochino, que sustituyeron a nuestra comida intercultural. Mientras degustábamos la cena, venga a preguntarnos por ingredientes, tradiciones y procedencias de los platos que no llegamos a catar, con magua apasionada.

En fin, que otro año será y con los cocineros foráneos en nuestras cocinas (clamamos). Y al Stradivarius de Blas Sánchez pusimos por testigo.




Aceitunas multiculturales.

23 de Julio 2007

Anoche soñé que volvía a Söder

Pues enlazando otra vez con la última portada del Jueves y con la última entrada de este blog, anoche soñé que viajaba a Suecia.

Sé que era Suecia porque los hombres eran altos y turbadores; el paisaje, verde y líquido; el metro, puntual y mi estado de ánimo, confuso. Y aunque hacía cinco años que no pisaba ese país, lo reconocí al instante, con un nudo de sentimientos encontrados en la tripa y mientras se evaporaban en el aire límpido los rastrojos de mil promesas rotas a Elisabeth Malmgren e Ingela Lundman (entre otros).

El sueño se me cortó exactamente a las cinco y media de la madrugada, cuando el despertador me soltó cuatro toletiazos (min mamman säger) y tanteé el móvil para llamar al Hombre, pues ahora ejerzo (además de taxista, fotógrafa oficial, cocinera a ratos, ...) de despertador para mañanas de urgencia.

Al cerrar los ojos otra vez, algo que no era la gamla och fria Sverige ocupó mis sueños y los parques con teatro al aire libre, las florecillas, los serenos lagos de fondos inquietantes, las muchachas pálidas en top less y el olor a kebab y curry escaparon hacia otro durmiente. Como Pachi hacia Noruega, Yeya hacia Holanda, Chals y Maby hacia Tailandia o Alberto hacia Police.

Ahora, la chiquillería ruge de nuevo en la cancha y mi madre descuartiza verduras en la cocina, guiada en el manejo del cuchillo por la inefable Cope. Yo -arrumbada en mi sofá paraplejizante, con el pelo revuelto por el sueño- sé que lo de anoche es el único tipo de visita a Suecia que me puedo permitir en otros cuantos años, que -por desgracia- no me adoptará el jubilado multimillonario del barrio y que es definitivo, que el día que firmé la hipoteca, cavé una tumba y enterré mi vida.



Snif.

No ser, ... ésa es la cuestión

Ayer terminó el Festival del Sur, pero esta semana tenemos el de folclore de Ingenio. Yeya se está pensando lo de privar de su obnubilante presencia al club de fans que tiene en El Sebadal durante unos días y Pachi me llamó anoche para explicarme que está mirando billetes, que quiere irse de ruta a la prohibitiva Noruega y que su partida hacia la tierra de los balleneros rebenques, ese yogurazo de Morten Harket, los teniques con forma humana de Vigeland y los gritos de Edvard Munch es prácticamente inminente.

Y aquí es donde surge el tema mencionado anteriormente en otras entradas y relacionado directamente con la última portada del Jueves, me coge por los tobillos, me pega al suelo mientras comienza a excavar un boquete e intenta, posteriormente, arrastrarme por ese mismo boquete hasta el centro mismito de la Tierra o núcleo.

Los diez deditos malignos que me alejan de Gando e intentan hundirme en las entrañas del planeta pertenecen a mi hipoteca, ese ente que más que "mochila de ladrillos" (Carolina del Toro dixit) es un bloque de cemento con el que me boto más allá de La Barra y en marea alta.

Si no fuera por el maldito papel que firmé hace ya dos años y gracias al que me sustraen una cantidad creciente de euros de la cuenta cada mes, ya estaría yo auxiliando a Pachi. O, lo que es lo mismo, escarbando en mis recuerdos de pateos por Oslo y preparando mi hombro para la cabeza de un soldado de permiso en el trenecito que va desde Myrdal hasta Flam, a través de un paisaje de cascadas y bosques luminosos.

Peeero ... la vida es complicada, las obligaciones del endeudado son múltiples, no me llamo Letizia y el triste sino del hipotecado pasa por la reclusión en casa durante el verano, mientras los no hipotecados o los hipotecados con más suerte, mayores ingresos o compañeros de yugo se escapan a Croacia, por ejemplo.

Suspiro, resignada, una vez más, a quedarme en tierra con la maldita hipoteca mientras recomiendo al resto del universo que jamás se deje atrapar por una, que viva la vida loca y que nunca mire atrás, so pena de tornarse en estatua de sal y arder en el infierno.



Obra de Vigeland. Los modelos pensaban, probablemente, en su hipoteca.

22 de Julio 2007

I'm a woman, I can make love to a crocodile

La frase que titula esta entrada (soy una mujer, puedo hacer el amor a un cocodrilo) fue la que más me impactó de la noche del sábado. La cantaba Natalie Cole a medio camino de un blues arrastrado, sensual y casi eterno, con el que creo que logró que a todo el Auditorio Alfredo Kraus se le convirtiera la sangre en lava.

Esa pedazo de voz, que debe tener un pacto con el diablo para llevar los 57 años de esa manera, empezó con un Fever muy sugerente casi en susurros y terminó el concierto en zapatillas, brincando sobre la moqueta del escenario con una versión desatada del When love comes to town de U2.

Desde un comienzo un poco frío, esa mujer de voz camaleónica y potente se fue dosificando hasta llegar al blues. Un grito desgarrador en medio de sus devaneos con el cocodrilo me puso en pie todos los vellos del cuerpo e hizo dar tres volveretas mortales a mi aparato digestivo en pleno, además de marcar el momento en que subió la temperatura de Natalie y de todo el personal y empezó realmente la fiesta.

Al terminar el concierto, Miguel nos acompañó al escenario y los camerinos.

En el primero, saqué una foto a la letra del blues, impresa en folios y pegada al piso. En los segundos, el Hombre utilizó su habilidad casi mágica para situarse ante una cámara con un famoso adosado y lo inmortalicé enlazando la cintura de Natalie Cole, mientras ella sonreía al objetivo, accesible y abriendo mucho sus ojos de gato.

Sencillo a la par que elegante, el Hombre ya se me ha colado con toda la profesionalidad del mundo en instantáneas con Paco Sery, Sami Nair, Mbuyi Kabunda y Fidèle Toé. Así que me resigno a ser fotógrafa oficial de groupie intelectual mientras musito, lujuriosa, que soy una mujer y puedo hacer cosas peores.



Natalie Cole también es una mujer y puede amansar a los cocodrilos.

21 de Julio 2007

Bienvenido, Harry Potter

Llevándole la contraria a Nenito hoy, me pongo Abuelito Cebolleta de nuevo y exclamo que está bien eso de que se lea, que por eso hay que felicitar efusivamente a una de las pocas autoras que se ganan los garbanzos con las letras ... y que sigo prefiriendo a Astrid Lindgren, Gerald Durrell o Roald Dahl antes que a J.K. Rowling.

Lo cierto es que sólo me he leído uno de los libros de la señora Rowling, el de la cámara secreta. Fue un regalo de cumpleaños de Silvia y confieso que lo pasé bien con su lectura. Sin embargo ...

Sin embargo, me resulta ajeno el fenómeno de la histeria que despierta Harry, no comprendo el enganche que provoca entre la gente y sólo me parece un producto bien hecho y mejor publicitado que convierte a su autora en una rara excepción a la regla dolorosa del escritor muerto de hambre o que sobrevive con otros trabajos alimenticios mientras espera un éxito que nunca llega.

Vivir de escribir es una utopía, un sueño que pocos logran convertir en una realidad. Son excepcionales quienes se enriquecen como esta mujer y menos pueden cambiar las reglas, como Alberto Vázquez-Figueroa. La historia de la literatura universal está llena de genios que murieron despreciados por las editoriales, locos dementes, torturados por sus propios fantasmas e inseguridades, suicidas o en la más absoluta pobreza.

Por eso, lo de Harry me provoca un sentimiento agridulce. Por Kennedy Toole, Kafka, Ajmatova, Pavese, Woolf, Hemingway, etc. etc. etc.



Harry Potter crece.

20 de Julio 2007

No sin mi libro (película, CD o 'Jueves')

Tuve una discusión hace algún tiempo con alguien sobre la mal llamada piratería. Ese alguien me decía que no necesito leer, escuchar música o ver películas para sobrevivir, que no son necesidades básicas humanas. Igual que Alberto Vázquez-Figueroa o Prince, yo discrepo de ese enunciado. Es más, a mí me parece que no vale la pena sobrevivir en un mundo sin cine, literatura o música y que esos estímulos son alimento para el alma, tan fundamentales como la comida, la bebida y el sueño para nuestro cuerpo.

La industria cultural de este país pretende que el melómano, lector o cinéfilo pague una cantidad desorbitante de euros por disfrutar de todos y cada uno de sus pequeños placeres o vicios.

El cine ya cuesta 6 euros, los CDs pueden pasar de los 20 y los libros se convierten en un lujo en toda regla. Si deseas seguir las idem y comprar todo lo que deseas leer, oír y ver, tu presupuesto alcanza el PIB de un país pequeño y las cifras de tu cuenta (de la que ya te sustrae amorosamente el banco el importe creciente de la hipoteca, más agua, luz, teléfono y otras lindezas) adquieren una hermosa tonalidad púrpura, como la de la rosa del Cairo. El sueldo de una es decente, pero de mileuristas y sueldos mínimos, facturas perentorias y demás está el país lleno.

O sea, que sólo la familia real y cuatro más se pueden permitir pagar la cultura, además de tener hijos, estudiar carreras absurdas, tomar años sabáticos, viajar con los gastos pagos, etc.

Mientras, una industria que se interesa sólo por la vertiente de negocio de la cultura, que pretende no renunciar a multiplicar sus beneficios por mil y a la que no le importan un tuno los derechos del autor, la calidad de la obra o la difusión no comercial de la misma se niega a dar el brazo a torcer y arremete contra la piratería, con la colaboración de algún que otro machango pejiguera como Ramoncín.

Yo entiendo que la piratería, practicada a nivel de consumo individual o de difusión entre amigos y sin ánimo de lucro, es pura autodefensa.

Es más, como escritora, lo que me hace feliz es que se lea lo que escribo, no obtener beneficio personal ni enriquecer a una editorial. Como melómana y cinéfila me veo incapacitada para cumplir con las exigencias económicas de productoras y discográficas. Y como lectora, intento evitar Canaima para que no me sangre la visa y sufro en cada presentación de un nuevo libro que deseo leer, como el de relato breve de Eduvigis Hernández, tributo a Robert Louis Stevenson y seguro que una joyita.

En un mundo así, la decisión de Alberto Vázquez-Figueroa de poner al alcance de todo cristo su obra, gratuitamente, en internet me parece no sólo coherente si no a imitar, defender y exigir. Todos los creadores deberían ser Alberto Vázquez-Figueroa, clamo, antes de manifestarme también indignada por la decisión del juez Del Olmo de secuestrar una publicación satírica independiente en plena democracia del siglo XXI.

- Vaya libertad de expresión más triste la nuestra -musito- Sin posibilidad de hacer bromas sobre la familia real ni criticar a la santa SGAE.



El Jueves, adalid de la libertad de expresión.

Igui Pop an De Stuch

Nunca veo los informativos (o la gran mayoría de la programación, ya puestos) de Antena 3. A menos que esté en casa ajena, la televisión del propietario esté encendida y sintonizada en esa cadena y un rayo fulminante no se apiade de mi persona y carbonice la pantalla. Ése fue el caso esta madrugada.

En Vecindario, el huracán rugía, despelusando las palmeras. El olor punzante del estiércol se extendía entre los invernaderos y los molinos que cubren el terreno que va de Pozo a Salinas. El mar amanecía del color de los ojos de Diego.

En la casa del Hombre, él desayunaba con el televisor radiando las noticias de Antena 3. Morbo con los tres segundos de pista de aterrizaje de Brasil, amarillismo en general, cotilleo en forma de Jessica Alba, Iván López poniendo el toque de humanidad con la información sobre los desaparecidos de la patera que ayer naufragó cerca de Tenerife y ... la pincelada cultural con el FIB que comenzaba.

Precisamente aquí se me abrieron ojos como platos y lancé un "Diosantobendito" sentido, nada más leer el rótulo de la información.

Me vino de golpe a la mente el recuerdo de Julio, un muchacho de Valladolid con el salí (brevemente) en la universidad y que adoraba el chirrido escalofriante del violín eléctrico de la Velvet Underground. Él me grabó una cinta de música australiana, con gente como Easybeats, The Saints y Hoodoo Gurus. También perpetró un recopilatorio de lo mejor de la música alternativa española del momento, con Enemigos, Pleasure Fuckers y Lagartija Nick a la cabeza. Y, finalmente, me regaló -preso de su afán culturizante- una colección de canciones enloquecidas de Bo Diddley, New York Dolls, MC5 y The Stooges, entre otros.

Eso pasó hace unos catorce o quince años, igual que mis clases con Mbuyi Kabunda, mi facultad abandonada por el Retiro o el Prado o mis paseos sonámbulos por la zona alta de Aurrerá, dándome al kalimotxo con María mientras Kortatu o La Polla Records o Negu Gorriak o The Clash o AC/DC sonaban de fondo.

Retomo el hilo y repito que esta mañana recordé a Julio, precisamente, mientras veía el informativo de Antena 3 y leía ese rótulo.

Alguien que sabe de música tanto como yo del mecanismo para triunfar en rotonda había escrito sin complejos IGUI POP Y THE STUCH para ilustrar la información del FIB. Sobre el rótulo de la pantalla, brincaba un Iggy Pop correoso. Los dos únicos supervivientes de su banda de toda la vida, los clásicos Stooges, también estaban presentes en Benicàssim, a la vera de la Iguana.

Lo lamenté por el rotulador ... por ese periodista que no gozó mañanas vagabundeando por el Prado ni noches adormilándose en El Búho, a ritmo de rock vasco. Por ese gran infeliz, que diría un gavilán cualquiera, que no tuvo a Julio en su vida, enviándole cartas kilométricas desde Pucela que contenían varios folios de desvaríos sobre la historia del punk y el rock y cintas grabadas con anárquica ternura. Por esa falta de interés, conocimiento o wikipedia y por esa probable juventud desperdiciada con OT y lo más rancio y comercial de los Cuarenta Insoportables y la radiofórmula más prescindible que llene de basura sonora las ondas.



Iggy Pop aka Igui Pop, 'drogadista' para el Hombre y sexsymbol para mí.

19 de Julio 2007

Obama y la vuelta del macho

Siguiendo el exitoso ejemplo de Sonsoles Artigas, una muchacha norteamericana ha colgado un vídeo musical en Youtube en el que se dedica a recorrer el metro de Nueva York, con una camiseta que más parece una mamografía, pidiendo el voto para Obama. Ni corta ni perezosa, otra galletona gringa le ha replicado con un clip en el que se declara devota de Hillary Clinton. La campaña electoral en el país de los McGuevara y los CheDonalds se pone lo más folclórico y erótico-festivo.

En el primer vídeo, Obama aparece surgiendo de las olas, en bañador y con una sonrisa resplandeciente que compite con los destellos de la espuma. La cantante, a la que Vito prometió esta tarde pedir la green card y falsificar su voto, se abraza los pectorales y lambusea otra instantánea del político, explicando que está loca por él. Lucha con otra muchacha por sobar el plotter con Obama, todo besos. Marea a sus colegas de oficina repitiendo que le tiene sorbida la neurona. Enseña diferentes prendas ceñidas con la palabra Obama, en letras de molde, cruzándolas de parte a parte.

El vídeo me recordó algo, pero no tenía claro el qué, hasta que repasé mi galería Flickr y vi las fotos de Yeya. O, lo que es lo mismo, de Obama trasmutado en mujer y con la piel blanca y los labios rojo pasión.

Aquí hago un inciso para explicar que Yeya tiene, como mínimo, tres pretendientes que la persiguen en celo por este Sebadal hundido bajo un edredón de polvo en suspensión. Y que provoca urgencias en intelectuales que se vuelven fieras hechizados por un pestañeo lánguido de sus ojos, empresarios de brazos tatuados y hasta -ocasionalmente- algún compañero de redacción que se ofrece a quitarle el hipo con una striptease improvisado en un andamio.

Ella los ignora, displicente, mientras se apuntala en la pared del Multi Ruedas con la mirada perdida en la máquina de tabaco. Ellos se retan entre cortados. Ella suspira, a medio camino de una lipotimia, al tiempo que escarba en su café. Ellos le lanzan requiebros aventureros. Ella, con la tensión empezando a hundirse en la marea más baja que lamer pueda las arenas de Las Alcaravaneras, se sacude la melena roja, prende un pitillo y se larga, dejando detrás un reguero de corazones quebrados que pisa, a un paso de la tontura sobre asfalto y bajo camionero.

Un día de estos espero que le monten un karaoke y bailen sobre la barra del bar, con la cara de ella estampada en alguna prenda íntima. Probablemente, ella ni se dé cuenta, arrumbada en una esquina, con el rimmel clausurándole la mirada adormilada y mientras se inyecta coca cola en vena por medio de pajita.

pd. Por cierto y aunque no tiene nada que ver, Alberto Vázquez-Figueroa ha decidido denunciar al gobierno de Bush Junior y a Halliburton por medio de una novela, que se puede descargar gratuitamente en internet. El escritor ha renunciado a sus derechos de autor y autoriza a todo ciberpaseante a bajársela y a todo medio de comunicación que así lo desee a publicarla sin pagar un euro. Como George Clooney diría: "¡magnífico!".




El oscuro objeto de deseo.

Si Jane Austen levantara su moño cardado y difunto ...

Jane Austen es una de mis escritoras favoritas, a pesar de lo que el Maligno Darriba diga ... a saber, que los libros de Austen son un ladrillo por separado y en conjunto, un mamotreto indigesto. A mí me parece ingeniosa, entretenida y deliciosa. Orgullo y prejuicio es uno de mis libros preferidos y La abadía Northanger, del mejor humor inglés. Sé que su estilo no es vendible hoy, porque no es cinematográfico ni simple, a pesar de ser carne de adaptación. Pero también me parece que la noticia que transcribo a continuación demuestra que lo que es hoy vendible no sobrevivirá más allá de una temporada en la memoria de lectores y las páginas de la crítica, que la calidad no es el criterio por el que se rige el negocio editorial y, ya en plan abuelito Cebolleta, que cualquier tiempo pasado fue mejor para las letras.

Efe publicaba hoy:

Que el mundo editorial se ha vuelto cada vez más complicado para los escritores noveles no extraña a nadie, pero que clásicos de la literatura como "Orgullo y Prejuicio", de la británica Jane Austen, hoy no serían publicados es una probabilidad que no dejaría de sorprender a los entendidos.

Así lo ha podido constatar un frustrado escritor británico, David Lassman, que sufrió en carne propia el rechazo de las editoriales al manuscrito de su novela "El templo de la libertad", y quien, para resarcirse, decidió desafiar a las empresas editoras y demostrar que ni siquiera los libros más populares de la historia de la literatura inglesa serían publicados hoy en día.

Lassman, que se considera un "vengador de los escritores noveles" que se han quedado por el camino, acudió a 18 editoriales con una versión "disfrazada" de tres novelas de Jane Austen: "Orgullo y Prejuicio", "La abadía de Northanger" y "Persuasión".

El escritor cambió los nombres de los personajes y presentó las novelas con el seudónimo de "Alison Laydee", modificaciones que parecieron pasar desapercibidas para los responsables de selección de manuscritos en las editoriales, ya que 17 de 18 a las que Lassman los presentó desestimaron la publicación de las obras sin advertir la "trampa".

La editorial Penguin, quien paradójicamente hace sólo un año publicó una reedición de "Orgullo y Prejuicio", describía esta "revisión" disfrazada del clásico como "realmente original y de interesante lectura", aunque no adecuada a sus intereses.

Por su parte, el agente literario Christopher Little, que representa a la autora de la saga Harry Potter, JK Rowling, dijo que la nueva versión de "Orgullo y Prejuicio" no ofrecía ninguna garantía como para que llegara a las manos de un editor.

Con respecto a "La abadía de Northanger", la editorial de las aventuras de Harry Potter, Bloomsbury, también desestimó su publicación por no "adecuarse a su lista" de títulos.

Ante esto, según Lassman, cabe preguntarse cuántos posibles clásicos del futuro se han quedado ya por el camino.
"Me gustaría ver cómo le habría ido a Jane (Austen) en el mundo editorial de hoy día, ya que parece que no es tan popular", apunta el escritor en declaraciones a la agencia local de noticias PA.

La única editorial que se dio cuenta del "engaño" de "Primeras Impresiones", la copia disfrazada de "Orgullo y prejuicio", fue Jonathan Cape, cuyo editor adjunto, Alex Bowler, sugirió al escritor que se leyera la obra original de Austen para asegurarse de que su "cercano parecido" no llegaba a ser una copia casi literal.

Sin embargo, Liz Foley, directora editorial de Random House, la propietaria de Jonathan Cape, precisó que "lo que ha pasado no es sólo propio de las modernas editoriales, ya que 'Orgullo y prejuicio' fue también rechazada cuando se envió por primera vez en 1797 (a una editora) y no fue publicada hasta 16 años después".

Jane Austen.

Brasileñízate, brasileñízame

Como no puede ser de otra manera en este verano calimoso, me desperté con la bulla constante de los chiquillos en la cancha García San Román para meterme en una ducha marcada por un rastrojo de hormigas voladoras muertas. Salí a la calle polvorienta y subtropical mientras mi madre encendía la radio, sintonizada permanentemente en la Cope. Por suerte, en el momento en que Jiménez Losantos se concentraba en buscar nuevos agravios y rugir invectivas venenosas sin un micrófono delante. Me dijo después el Avatareño que la fiera corrupia está de vacaciones

Al llegar al trabajo, un comienzo de día muy agradable, con cafelito con los de Internet y Mbuyi Kabunda frente al ordenador.

Kabunda fue profesor mío en un curso de iniciación a la realidad del África Subsahariana hace ya catorce años. Yo estudiaba en Madrid y solía pasarme por la sede del Club de Amigos de la Unesco en la placita de Tirso de Molina. Si la memoria no me naufraga en el proceloso mar de esos catorce años, la Asociación Pro Derechos Humanos estaba en el mismo local y también la frecuentaba, en busca de cursos, conferencias, amigos, ... quizás un trabajo.

Kabunda ejerció de ponente en el Simposio Alianza de Civilizaciones: Una Mirada al África Negra que se celebró ayer en Agüimes y en el seno del Festival del Sur. Con él, Sami Nair, Enrique Barón, José Monleón y Fidèle Toé.

Me gusta escuchar a Mbuyi Kabunda porque es una persona sincera, directa, crítica, a veces tirando a radical y siempre interesante. Además de un intelectual preparado, provocador y necesario para el el planeta. Perfecto para unas jornadas como las de Agüimes, que ayer intentaban hacer Política, con mayúsculas. O lo que es lo mismo, crear una sociedad justa y capaz de generar convivencia armoniosa y cultura desde su propio seno civil y laico. Algo que no tiene nada que ver con la política de tercera regional del Parlamento de Canarias, por ejemplo.

Ayer también se habló del papel del intelectual y del artista en la creación de esa sociedad justa y Kabunda insistió en la brasileñización del Norte: en crear vínculos culturales y biológicos entre diferentes razas para forjar una sociedad mestiza y fuerte, en la que no quepan racismos ni xenofobias ni la utilización alarmista e irresponsable que hacen los partidos políticos de la miseria embarcada en patera.

En fin, que fue un día perfecto para soñar con un mundo mejor, a pesar de superar los treinta grados en ese pueblito entrañable, donde espero algún día comprarme una casita de colorines, en pleno casco histórico. Fundamentalmente, para pasarme las tardes ensanchando mi perímetro en la Tartería a ritmo de Diana Krall y varar por las mañanas en la plaza del Rosario, leyendo a la sombra de un árbol.

Ay (suspiro).

18 de Julio 2007

Me enamoré en la playa de Arinaga

Es tarde, Josh Holloway sacude torso desnudo y mojado en la televisión y yo me empiezo a quedar traspuesta sobre el portátil, después de colgar en el Flickr las fotos de la tarde en el cruce de Arinaga.

Ayer bajamos en tromba al Festival del Sur, a disfrutar del espectáculo de Imprebis en Agüimes. Garrapateamos en nuestros papelitos frases, sugerencias o conceptos para que dos actores, Carles los dos, improvisaran sobre el escenario, con un director de escena y un músico repentista armado con una guitarra eléctrica que podía sonar como un piano.

Fran, Esther, Ulises, Yeya, Mónica, Neketan, Aitor, Gwen, Sergio, el Hombre y yo nos apilamos con varias decenas de espectadores más, sudando como pollos en la Casa de la Cultura del Cruce de Arinaga. Aforo completo y entusiasta e improvisaciones locas, tiernas, inspiradas, amables, surrealistas, un poco crueles, eróticas, ... Con majas de pechos penduleantes y turistas violadores; sirenas que buscan pareja revolcadas por el oleaje del Sureste; mujeres que se dejan colgar de las lámparas (las cosas y las personas); hombres que salen del armario (¡uh!); padres que viven la derrota anclados a su piano y parejas que cantan a los 2.500 euros por maternidad del gobierno en clave de ópera, ... entre otras cosas.

Una obra excepcional, hilarante y llena de matices a la que sólo le faltó, en mi opinión, que hubieran sacado el papelito de Ulises, lo leyeran en alto despacito dos veces, le pusieran música a su deseo y comenzaran a improvisar.



Carles y Carles.

16 de Julio 2007

Esperando en la redacción (un rayo fulminante)

El sábado telefoneé a Nenito y a Ulises para irnos de concierto, a ver a Kevin Johansen en poco más que una guitarra. El viernes había cambiado a Lenine por Diego, el niño más lindo del universo, abandonado por padres de celebración nupcial. Ayer, domingo, acabé con las nalgas hipodérmicas sobre la arena de Las Alcaravaneras y más bien confusa gracias al espectáculo acuático de Ilotopie.

Sin embargo, lo fundamental del fin de semana fue la puñalada trapera del sector Internet más Yeya, que huyó rastreramente después del concierto del Johansen y en la ruta hacia una bolera. Lo cual me hace pensar que Nenito te rasca la espalda hábilmente para exfoliarla, a fin de que penetre mejor la puñalada trapera que practica con arte y refocile. Pues temo que él sea el cerebro de la fuga, que no mi tierna Yeya, con su ondulante falda y el pelo hecho una llamarada en el aire nocturno de la Alameda.

No me resisto, en las primeras líneas de esta mañana semitraspuesta, a transcribir en el seno de esta entrada la crítica que escuché de una amiga -llamémosla la cumbierita intelectual- que estuvo presente en el concierto del viernes, bailando el sirtaki sentada y viajando en hamaca con Kevin Johansen:

"¿Kevin Johansen? Es el típico cantautor plasta que usa la guitarra para ligar con las chicas. Pero no le hace falta guitarra, está buenísimo. Con mucho humor a lo Les Luthiers, mucho cuento típico argentino, mucho encanto, inteligencia en las letras y conocimiento de lenguaje musical, ... pero un cantautor plasta", sentenció.

Como crítica también incluyo la opinión de Yeya (santa y proveedora de bombones hoy) sobre el espectáculo de Ilotopie que casi nos manda al otro mundo anoche, haciendo constar que coincido plenamente con ella y que escuché cosas parecidas entre los espectadores que se apelotonaban a los pies de un tapón de carne humana que no dejaba ver a los de atrás.

"Estéticamente muy bien. Muy bien preparado, sincronizado, pensado ... Muchos medios para no contar ninguna historia. Postales nocturnas", dijo ella.

Esta noche pretendo llegarme hasta Agüimes, a ver a La Fanfarria, en compañía del Velas Negras (ex extirpada por ser parte de la colgadera del sábado). E intentar superar así la visión del smiley que le pusieron por ombligo a Héctor, la visita a Urgencias con el Hombre del domingo (tiene la costumbre de llevarme a sitios pintorescos, como cuartelillos de la guardia civil, en nuestras citas) o ese entrañable Día sin Bañador que perpetró uno de los actores de Ilotopie, sin nada encima salvo zapatos de mujer y corona, ayer de noche cerrada y entre fumatas rojas.

Escena cotidiana: un coche se estrella con una cama (Imagen cortesía de Ernesto Rodríguez Ageitos).

14 de Julio 2007

El contrariado amor del dulce Guillermo y la firme Catalina

Hoy me levanté preocupada por el corazón del heredero de la corona británica, ese Guillermo de aspecto dulce y noviazgo intermitente. Y también por tener que enfrentarme, de nuevo, a la funcionaria de Correos de mi barrio, esa mujer con catadura de rottweiler y parentela segura entre los Borgia, que se niega a cambiar el teléfono de aviso en el resguardo de un paquete, aunque dicho paquete esté condenado irremediablemente a mes y medio de vagar hasta su destino.

El otro día comentaba con Yeya mi inquietud por Guillermo y Catalina, esa pareja que intenta resistir los embates de prensa sensacionalista, obligaciones reales e interferencias varias y llevar una relación sentimental lo más normal posible, dentro de los cánones que marca Buckingham ... bastante excéntricos y laxos ellos.

Yeya me lanzó una mirada indiferente desde debajo de su fleco color violín y me espetó que le daba igual el romance real y que, en todo caso, no le causaba pena. "No me acabo de creer los líos entre famosos. Es todo muy público", manifestó, dura como si por corazón tuviera a la piedra Zanata, antes de volver al velocísimo tecleo en su página.

Ahí cambiamos de tema y Yeya mostró más simpatía por mi conflicto con Correos que por la vida amorosa del heredero de la corona británica. Hasta me sentí alentada a confesarle que deseaba mandar a la funcionaria bobilina en paquete (y sin teléfono correcto para avisar a la hora de la recogida) a la bucólica Groenlandia, por ejemplo. Especialmente porque sabía que no me regañaría, como el Hombre, y que además me daría ideas para refinar la tortura.

Yeya es más terrestre que yo y creo que menos romanticona. "A mí no me afecta la vida de los famosos, me importa un pito", modula ella con sus labios pintados de rojo resaca, aunque sea capaz de emocionarse con una lámpara de hielo.

Yo, sin embargo, me pongo bobona con las rupturas de la crónica rosa, a menos que las perpetre gente que me pone de los nervios, como la Loba Jolie o el guineo de Tom Cruise. Si afecta a famosos que son de mi devoción o simplemente me caen bien, me deprimo, empiezo a pensar que la vida es una serie de rupturas hasta la ruptura final con la Muerte y gruño a mi teclado mientras el cielo se oscurece detrás del cristal de la ventana.

Y todo, porque me ponen un nudo en la garganta las parejas que tienen que aparcar romance por culpa de circunstancias externas, llámense Romeo y Julieta, Carlos y Camilla o Josema y Millán.

Lo de Guillermo de Inglaterra y Kate Middleton, en concreto, me dio pena en su momento, aunque ella parezca un poco pija y mandona y ponga cara de Mariah Carey a veces y aunque él me enternezca menos que su hermano el pelirrojo. Pero ahora, que dicen que están intentando retomar la cosa, vivo sin vivir en mí con esto de rastrear la web de People y los teletipos, con el alma en vilo. Y necesito saber si el mundo es un lugar de miserias que se cae, quebrado en mil pedazos, o si se despejará la panza de burro, brillarán las buganvillas de colores y enmudecerán los coches tuneados.



Kate y Henry, Henry y Kate.

11 de Julio 2007

La noche de la marabunta

Me gustaría que alguien me explicara por qué todos los niños de la ciudad se concentran en la cancha García San Román todas estas mañanas y qué he hecho yo para merecer que sus gritos me despierten, invariablemente, cerca de las ocho y media. Agradezco, sin embargo, que no pongan reaggaton a un volumen infernal y que prescindan de un animador que me desquicie por la megafonía. La bulla, viendo lo que puede llegar a ser esa cancha, donde las duchas nocturnas de deportistas parece que tengan lugar contigo dentro del vestuario y sin perderte chascarrillo, punto o coma, es soportable. Además de que, puestos a destrozarle a una el sistema nervioso con escandaleras, nada supera a las fiestas de los Dolores, que se viven como si Manolo Escobar preguntara por su carro en tu propio salón con una sonrisa fluorada y antigua atornillada en la cara.

Todavía siento el hormigueo muscular de la pateada de ayer desde la Feria hasta la cancha, al finalizar un concierto de Maná en el que la marea humana daba miedo. La gente aguantaba apuntaladita, sin poderse mover, como sardinillas en lata. Algunos saltos al principio y un titánico elevar "mujercitas" sobre los hombros de los "hombrecitos" al final, pero para el resto, sólo un agónico menearse de brazos, ante la imposibilidad de un mínimo de acción con tanta concentración humana.

A la salida, oía a una pobre mujer quejándose del muro de carne que la aprisionó, de alguien con un pulover picón que la estaba enchumbando en sudor y de la tóxica humareda de cigarros en la fosa de hueso y tendón en la que acabó varada.

A mí la cosa no me fue tan mal.

Con un tapón de sillas de ruedas, discapacitados y acompañantes de discapacitados ocupando el filito con visibilidad de la rampa y un compacto muro de prensa, músicos, desconocidos, supuestos vips, algún político y otros que pasaban por allí detrás, tuve una excelente vista de dos espaldas con sus dos cogotes correspondientes durante todo el concierto.

Patri y Rebeca me fueron retransmitiendo lo que pasaba en el escenario (son más altas, estaban mejor situadas) y yo enviaba mensajes crípticos por móvil a Yeya, en la redacción. No tuvo que cambiar un guión de su crónica: mismo orden de canciones del resto de los conciertos de la gira española, mismos guiños, mismos efectos especiales y hasta un piropo que Fer con hache intercalada repite en casi todos los conciertos: "¡Los mejores pulmones del mundo!".

Total, un alivio porque no hubo que cambiar una letra, no hubo que lamentar desgracias y hasta pude intuir algo que parecía una cascada a lo lejos y una explosión de confetti entre los rugidos del público. El concierto se me hizo corto, el sonido era bueno y la espalda del señor mayor se tomó un descanso en silla (aunque la visibilidad siguió siendo inexistente) ... Sin embargo, la del colón de la camisa azul parecía parte del mobiliario urbano de Infecar, inamovible hasta frente a un tsunami.

Total otra vez, que ahora procedo a ducharme, vitaminarme, mineralizarme y salir a escape hacia el Sebadal, donde nos espera otro bonito día de trabajo intenso entre Perinqué y Cultura ... aunque si es a la vera de una Yeya que puede clavar un concierto de Maná sin verlo, como si llevara una bola de cristal en el bolso, e inasequible al desaliento de un encadene de apagones en la redacción, el placer es todo mío.

pd. Me precipité. Animador con megafonía y El Tiburón hacen acto de presencia pasadas las diez :(


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Mi concierto de Maná: Colón con acreditación al cuello; Señor Mayor, delante.

10 de Julio 2007

Lenguas creativas

Igual que Yeya se resiste a convertirse en la Musa Chunga, creo que el Hombre no se amaña con eso de devenir en personaje literario. Lo creo porque le noto un sobresalto y algo como irresoluto en la sonrisa cuando un compañero lo saluda con un solemne "¡ah! El Hombre" y porque ahora me interroga, desconfiado, sobre lo que escribo en este cachito de ciberespacio.

El hombre es carne de blog innata, yo opino. Igual que gente como Ramón Mendoza, Lulu, Diego o mi padre, por ejemplo.Y todo, por culpa otra vez de Gerald Durrell.

Mi infancia está marcada por dos personajes reales a la vez que literarios: Margo Durrell y su chófer corfiota, el inefable Spiros. Margo, con su mixtura de refranes populares, y Spiros, con sus eses y su inglés incomprensible, abrieron el camino para que mi corazón se prendara de Mia Couto, Cándida o el Hombre, entre otros amores.

Con héroes así en la recámara, se entenderá que sienta devoción por gente que innova el lenguaje y crea nuevas expresiones -despedirse a la portuguesa, estar de un amor de perros, atontar un chiquillo, buscar una media manzana o luchar como un pez panza arriba- o revoluciona el lenguaje con palabras nuevas (machete por malteser, cata-cata por taca-taca) o me sorprende con frases inesperadas ("no estás gorda, pero no sé por qué, no te entran los pantalones").

Y que vea literaria cualquier parrafada del Hombre, mi padre, Diego o la propia Yeya, cuando tiene un día tremendista; o los chascarrillos susurrados por Nenito o a Carlos, Darriba o Jesús cuando se ponen guanlainers y me arrancan una carcajada histérica en tres palabras por correo electrónico o en formato esperrido isletero.



Gerald Durrell con Roger, en Corfú.

¡Magnífico!

Esta madrugada, antes de meterme en la cama, tuve una visión fugaz de Dave Grohl, peludito como un cromañón, frente a un micrófono. Y como, a pesar de canijillo, Grohl me parece que tiene una erótica irresistible, ahí me paré, fascinada. Poco antes, George Clooney espetaba un "¡magnífico!" deslumbrado a una capadora de toros de hielo, meneando un bigote ficticio en un anuncio de Martini. Ese mismo George cuyos tatuajes en Abierto hasta el amanecer me inspiraron noches de sofoco insomne y deseos inconfesables.

Me parece que tras los Foo Fighters, un Lenny Kravitz de lo más apetecible se subió al escenario, por no hablar de los maduritos Police, a la vera de John Mayer y Kanye West. Y digo que me parece porque creo que ayer se retransmitía el Live Earth en la Cuatro, pero no podría asegurarlo, traspuesta como estaba con ese "¡magnífico!" sentido.

Un "¡magnífico!" que por poco me pone en pie con la sábada quemona en la mano y me arrastra a bailar fustigándome con un cacho de tela, como hizo Chucho Valdés en el Auditorio, el sábado, con un pedazo flamante de tela roja con la que danzó a lo yoruba, al compás de las congas.

Igual que Nigel Barley comparte podio en mi personal Olimpo de los escritores con Gerald Durrell desde que terminé El antropólogo inocente, confieso que George Clooney le está disputando huequito en su altar a Viggo Mortensen.

Porque me parece que a George le sobra el sentido del humor que a Viggo (perdona, amor) le falta o que ese sentido del humor es quizás más sutil o privado en el caso de Viggo. Y algo que me encanta en la gente es su capacidad de reírse de uno mismo, como hacen Barley y Clooney.

Y defiendo que la risa es, sin duda, el mejor afrodisíaco y que más encanto tienen los ojos saltones de Velas Negras y uno de sus chistes intelectuales que cuatro desnudos integrales del yogurín de moda o un abombe de besos de la Jolie con expresión hambrienta.

Amén.



Magnífico George Clooney.

Mi viaje al país dowayo

Ayer regresé al esplendor polvoriento del verano en Vecindario, con esas noches ventolerientas y cálidas sobando los cristales con las puntas de los dedos y esas mañanas de sol que es puro fuego martilleándote el colodrillo sin piedad. Llegaba de un exótico e hilarante viaje por lo más remoto del Camerún. Un viaje breve y delicioso del que una de las mejores partes fue arrebatarle la butaca a Esther, confieso malévolamente, ... ya que Nenito fue quien me pagó el billete.

Mi billete fue, en realidad, un libro: El antropólogo inocente, de Nigel Barley. Prestado, además, que a poco más se puede aspirar cuando un banco te chupa la sangre vía hipoteca, comisiones y otras lindezas. Mi vida es un continuo deseurarme por las esquinas y se agradece un pizquito de escapismo, a la espera de tiempos mejores y billetes reales que llevarse amorosamente a los labios y el refajo.

Barley me llevó con él al país dowayo, un rinconcito surrealista del planeta que él visitó en los setenta. Y lo hizo desenredándose trabajosamente de las trampas de la burocracia camerunesa y tratando con tipos pintorescos como dos maestros (uno empeñado en fundirse el sueldo en cerveza y poner a todo cristo a bailar antes de alcanzar el coma etílico y otro, profesional del lío con mujer casada) y un jefe de aldea dipsomaníaco y gandul. Narrándome su fiesta de despedida del sous-prefect; comentando sus problemas con el idioma dowayo; haciendo una breve incursión final en la Roma más desastrosa posible, sin pasaporte y ninguneado por la burocracia europea, y explicándome su lenta adaptación a la Gran Bretaña tras dos años en un limbo en forma de choza de barro.

Creo, por ejemplo, que escandalicé a los vecinos del Hombre riendo a mandíbula suelta, mientras leía cómo se disculpaba ante un brujo al que quería impresionar favorablemente explicándole que tenía que copular con un miembro de la odiada casta de los herreros ... en vez de decirle que se iba a cocinar un cacho de carne, como pretendía.

Disfruté cada segundo de humor inteligente, capacidad de observación, falta de prejuicios y curiosidades y elevé a Barley al altar donde tengo colocado a Gerald Durrell (otro visitante de Camerún, por cierto) y cachitos de las obras africanas de Tom Sharpe.

Tras agradecer nuevamente a Nenito el descubrimiento de Barley, me sumerjo en El autoestopista galáctico, otra recomendación de mi informático predilecto. E imagino que un día escribiré algo que se pueda aproximar a lo de Barley, como mínimo, tanto como el país dowayo a la heladita Alaska.


9 de Julio 2007

Obligación y devoción

La ciudad se despertó hoy bajo un cielo grisón y abochornado, que parecía que iba a lagrimear a ratos. En la cancha, un constante esperrido infantil y algún silbido. En las ventanas, el suave piar de los palmeros. Me desperecé a las puertas de un nuevo día, casi sin valor para salir de la cama y enfrentarme al ojo acusador de la pizarra chachi-chungo fijo sobre mí. Deseando unas vacaciones en algún lugar al que no llegue medio de comunicación alguno. Por ejemplo, un Abiyán sin discotecas.

Sin embargo, más dura que un chungo o una noche en The Swimm, con todas las lobas del lugar arrinconando al Hombre contra una pared, es la mirada reprobadora de Yeya, indignadita por no tener entrada de blog que echarse a la boca el domingo. O el comentario venenoso de la Atareca, tachándome de gandula por no redactar más "cartas a Sinaja", con una sonrisa maligna ladeándole la boca.

Protesto que tengo una vida, una agenda social ligada al Canarias Jazz & Más Heineken que expiró el sábado y un Hombre al que le van Dj Zulu y las pistas de baile maltratadas por los tacones de esculturales nigerianas.

- No puedo estar en misa y repicando -gruño, al tiempo que me meso los cabellos desgarrada entre la presentación de la reedición de Nos dejaron el muerto y el concierto de Maná que coinciden en la agenda de mañana.Y no por dudas, ya que tengo claro que Víctor Ramírez y Juan Carlos Falcón me interesan más que Fher y su panda, sino porque obligación y devoción no coinciden y soy juguete del destino, separado de Ámbito Cultural y propulsado hacia un Infecar a reventar.

Así no hay quien escriba.

6 de Julio 2007

La noche de Josh

Acabo de llegar a casa, de botar a Nenito en las proximidades de su guarida, tan secreta como la cueva de Batman y ligeramente más polvorienta. Antes de expulsarlo del vehículo, me grité a mí misma un "¡taxista!" afrentoso, por parar en un sitio inconveniente. Y aun antes de eso, chillé "¡taxista!" a un par de idem y a un guagüero faltones.

Incluso antes, escupí mi insulto motorizado favorito a la caja del aparcamiento del parque de Santa Catalina, prometiendo que la próxima vez que sienta la tentación de estacionar en ese subterráneo carero donde los haya, cederé amablemente el vehículo a los aparcacoches del Mercado del Puerto a fin de que me lo desguacen con sus propias manos.

Mucho antes de eso, disfruté del concierto de ayer de la Josh Dion Band, gente con un talento especial para funk y soul, entre otros ritmos, y para levantar nalgas de los asientos del público y provocar aplausos, vítores, pasiones y piropos encendidos.

Aun antes de que Sarah lanzara un Let's do it again lúbrico y casi suplicante al cielo cálido de la ciudad, rechacé unas ancas de rana escuchimizaditas, rodeada por una cohorte de camareros con acento brasileño y tocados con txapela negra. Comíamos en el Amazonas, en la calle General Vives.

Con anterioridad a ese momento, cafelito con Ainhoa y Aitor Guezuraga por avería general del Millenium y a mayor gloria del Festivalito.

La cama venía antes de ese cafelito y un sueño reparador sin Kevin Mahogany dejando un rastro tenue de tonos graves entre mis yunques y tímpanos. Ahora, carne de cama otra vez, se me cierran los ojos mientras subo los testimonios gráficos del día al Flickr.

"¡Taxista!", suspiro o bostezo.

La Josh Dion Band en plena descarga (foto: Ernesto Rodríguez Ageitos).

4 de Julio 2007

Resucitando, que es gerundio

Me incorporo en el sofá con el pelo revuelto, dos manchas de rimmel a lo oso panda por ojos y un punto de dolor sobre la ceja derecha. Moqueo de nuevo y noto raspera en la garganta, probablemente por haberme fumado como cinco cigarrillos con Paco Sery ayer, en su balcón de madera del Hotel Santa Catalina, abierto a la paz de un Pueblo Canario cercado por palmeras.

Ayer estuve en el concierto de Joe Zawinul, sí, pero fue como si no estuviera. Y mira que me lo recomendó Alberto fervientemente y que hablé por teléfono con el propio Zawinul y me puso dientes largos, como de Bebo Valdés risueño zumbón, con su proyecto multicultural y sus sonidos del mundo.

Y eso a pesar de que había buen ambiente en Santa Catalina, con la plaza hasta la bandera de gente, y de que me tropecé con conocidos y amigos, desde los Mendoza a un Thioune, pasando por Nenito sonriendo beatífico a su cerveza en modo Cartier-Bresson relajado, Pedro con su saxo chiquitito reluciendo en la solapa de la chaqueta y junto a Dora, Anna cambiando calçots por percusión brasileña, Pachi recordando viejos tiempos bajo la sombrilla de Heineken y, por supuestísimo, los Colorados en acción.

Básicamente, escuché las tres primeras canciones y la última, confieso, porque me fui a repostar al Lanzarote con el Hombre y nuestro bocadillo a la catalana se estiró más de lo previsto.

Después nos fuimos al backstage, porque el Hombre quería ver a Paco Sery y se metió resueltamente en el camerino artístico sin encomendarse a dios o diablo. Se me liaron los dos a hablar en francés y acabé ejerciendo de chófer hasta el hotel y embelesándome en el balcón de Paco Sery, con vistas al Parque Doramas, Ciudad Alta y el Pueblo Canario y con un rumor de palmas de fondo, mientras continuaban la conversación entre cigarrillos y buches de coca cola y zumo.

Lo mismito, reflexiono, que si yo me fuera a Costa de Marfil y hubiera concierto de La Oreja de Van Gogh, por ejemplo. O de cualquier otro "grande" de la música hispana, prosigo, segurita de que acabaría en su balcón de hotel de lujo trasegando zumitos y debatiendo la situación política internacional.

Total, que hoy planeo agarrarme a Pachi en un bochinche, aferrarme a una cerveza y escuchar de cabo a rabo el repertorio de Kevin Mahogany, con big band de fondo, de nuevo en el parque. Sin distracción en forma de baguette, conocido u ovni que me perturbe, salvo quizás un flasheo de cámara inopinado hacia el bulterío que me rodee.

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Vista desde el balcón de Paco Sery, de madrugada.

3 de Julio 2007

Descalzos por el Parque

Terminaré escribiendo entradas sobre la agenda que pude tener y no tuve. Ergo, sobre los actos a los que no acudo, aunque me parezcan fascinantes, porque salgo tarde o de mala gana (o las dos cosas) del trabajo. Y aquí explico, compungida, que me dan las ocho y pico frente a una pantalla de ordenador jurásica y sólo me pone las pilas el correr hacia Diego, por ejemplo, a observar el movimiento seductor de cejas sobre sus pupilas cambiantes y las arruguitas de concentración que se le forman en la frente mientras chapurrea sus primeros monólogos incomprensibles.

O llevarme El antropólogo inocente, recomendado y prestado por Nenito, hasta mi cama de Vecindario y sumergirme en sus páginas con la sonrisa puesta, mientras el Hombre se dedica a analizar clips del presidente de su país en internet, a cuarto de hora la pieza, entre carcajadas repentinas que me turban los puntos y las comas.

Hoy la cosa pinta como para salir en unos diez minutos, revocar mi fachada en desmorone tras varias horas encerrada en esta redacción sembrada de fluorescentes y recoger al Hombre para que pueda escuchar los ritmos africanos de Joe Zawinul y Paco Sery en el parque de Santa Catalina. Con Yeya meneando cadera al lado y Nenito persiguiéndola, cámara en ristre, por supuestísimo. Y sin bajar del coche, no sea que me venzan el aplatanamiento o el cansancio en ruta y acabe escorada en mi segunda cama, roncando a pierna suelta.

Me empiezo a embelesar mientras tecleo, al tiempo que el maligno Javier Darriba silba, lúgubre, El lago de los cisnes y me acusa, en las pausas, de jibarismo en los titulares. Entre invectiva e invectiva (que si reduces titulares para no romperte la cabeza, que si en La Isleta no pasan esas cosas y yo jamás baje ni medio cícero un tipo, que si los contenedores verdes son de vidrio para ser más exactos), vuelan los minutos y cala aún más en mi persona la somnolencia.

Mejor me voy y le pido a Velas Negras un conjuro para reventarle las cuatro gomas al coche de Darriba como por accidente. O en el colmo de la buena fortuna, para provocarle una de esas revolturas de intestino que te botan cuatro días en cama, sin otra vocación que arrojar o licuarte en un excusado mientras la familia intenta echar la puerta del baño abajo.

Paco Sery, de Zawinul Syndicate.