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Fetichista a mi pesar

Llego a casa pensando en la gente que bebe de los zapatos de otra gente y en operarme las amígdalas a mí misma, con un bolígrafo por bisturí y convirtiendo este sofá en escenario de una carnicería. Llego agotada al hogar un día más, sin ganas de nada y con un dolor sordo y constante trepándome hacia el oído desde la garganta. Maldita sea mi infancia a inyecciones y sin quirófano, mascullo.

Dolorida y miserable, sigo recomendando el texto de Muriel Streep sobre el fetichismo, con algunas claves laborales para el futuro, véase el/la busurera, y algunos datos interesantes, como la obsesión compulsiva de mucho macho occidental por la mama generosa.

Lo cierto es que me reconozco algo fetichista, aunque no lo suficiente como para frotarme -posesa- con la mayoría de los objetos o partes anatómicas de alguien que me provoque taquicardias y ternuras. Si me pongo las cholas del Hombre es para no tocar un piso de higiene dudosa y cuando él me compra zapatos creo que lo hace porque se harta de verme las mismas sandalias siempre y porque siente curiosidad por saber si podría sobrevivir a unos taconazos.

Lo cierto es que desarrollo un lazo afectivo con los objetos o los estímulos sensoriales que me recuerdan a determinadas personas y punto. Con la curva feliz de la tripa de Ulises, con el pelo de perro que se queda pegado a la ropa de Esther, con el frasquito de colonia que el Hombre se dejó en mi baño, con las tartas de Neketan, con el despeluse asilvestrado de Nenito, con el pelo de gato que se queda pegado a la ropa de Pachi ...

Igual que hay música que me recuerda a gente, como sucede con 50 Cents y Darriba, Phil Collins y Alberto, Antonio Machín y Yeya o John Lee Hooker y el Mendoza Chico. Y por supuesto que hay olores, como el arroz con leche de mi madre o la tortilla de verduras de Hermano o el aliento a fruta de Diego, que me reblandecen por dentro.

Pero no de manera obsesiva, me digo, mientras preparo las cholas y los anillos en los dedos de los pies para ir al concierto de Jonah Smith en un rato. Hoy toca programa doble, con Gritos en el pasillo tras Jonah, y preveo una tropical post cine a la vera de la frikipanda, meneando ñoño a la intemperie y traduciendo mi hipoteca en bragas.

Si regreso con la cordura intacta, quizás escriba otra entrada. Si no, ¡hasta mañana, manises del mundo!

Un día de pedicura.

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Comentarios

  • ¿Todavíaa tienes amígdalas? Oooohhhh...

    Y sí, desarrollar lazos afectivos con las tartas de Neketan creo que ocurre a menudo, yo también tengo un fetiche con eso... ;)

    (¿lo de Antonio Machín es una ingeniosa referencia gritopasillera al manisero? ;)

  • Con una tarta de Neketan podría sorroballarme sin problema ;)

    Lo de Antonio Machín viene porque lleva tres días cantando "Tengo una debilidad" y dentro de poco la garrapiño por el balcón ;)