Asignatura mundialista: Un día de escapismo
Llegué a la redacción este lunes sin poder mover los brazos, después de cuatro trasluchadas y cinco pino-puentes sobre una tabla de windsurf y de rebotar contra mi vela con la elegancia de un Miguel Ángel Ramírez saltando en calzoncillos al interior de un jacuzzi.
Por fortuna, pude ignorar durante el fin de semana que hay un mundial parpadeando hipnóticamente en todas las cadenas de televisión. Gracias a mi personal Pacuco Rosales, de nombre Orlando y que ejerce del profesor de windsurf más paciente de Salinas, con sus escarpines enterrados en el reboso y la coleta rizada tremolando al viento del noroeste.
Sin embargo, también tengo que confesar que he pecado y, aparte de embostarme a tarta de profiteroles de Neketan y requintar mi neopreno, he visto algo de fútbol estos días.
Básicamente, cómo Ghana le ponía la bota encima a los Estados Unidos, el intento de homicidio por ahogamiento de un periodista en el vestuario de la Unión Deportiva y la triste eliminación de la gamla och fria Suecia y de mi dulce Australia.
En el primer caso, reconozco que disfruté de la jaladita de los africanos a los matones geopolíticos del planeta. En el segundo, que todavía no me he repuesto de la visión de los D&G del señor Ramírez, talmente como un azzurro cualquiera, correteando por ese manglar de testosterona, euforia y vandalismo que fue el Estadio de Gran Canaria el sábado. Y en tercer lugar, que pienso condolerme con escandinavos y y antípodas a base de consumo sin tino de tortitas con nata y cafelitos aguados en la Casa de Suecia. Servidos -a ser posible- por ese camarero rubiales de boquita golosa y adusta, que me pone al borde de la tormenta endrocrina detrás de la vitrina con tarta de zanahoria.
Por si se llama Gurb y acaba de llegar de otro planeta, le informo de que hoy se disputa el partido que enfrenta a España contra Francia.
Expertos como Juan El Taxista, mi vecino Floro o Antonio Sánchez, jefe de Deportes de éste su periódico, me tienen al borde de la taquicardia con predicciones y comentarios contradictorios, amén de arranques de pesimismo y chulería alternantes y casi que esquizofrénicos.
Así que creo que aprovecharé que el mundo se detiene a las ocho de esta tarde para ejercer de única asistente a la presentación del último libro de Dolores Campos-Herrero. Y pongo por testigo a los casi cuatro metros de virilidad y carne que son los Mendoza -esta vez sin tanga- de que no habrá poder humano o divino que me acerque a una televisión en este día de ansiolíticos, ronqueras e infartos.
27 de junio de 2006



Comentarios
¡Qué tiempos aquéllos en que la Isla se convertía en una marea humana camino de la Plaza de la Victoria! ¡Y pensar que este año hay que celebrar un no-descenso por los pelos! De pena :(
Publicado por: Ruymán | 19 de Junio 2007 a las 12:29 AM