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30 de Junio 2007

Blue Moon

Me comenta Esther que mañana tenemos blue moon. O, lo que es lo mismo, una luna llena extra para junio, el mágico mes de las hogueras de San Juan, el solsticio de verano y el Festivalito, entre otras cosas. Ayer por la noche miré al cielo despejado, camino de Vecindario, y me pareció ver esa luna llena de más, escondiéndose tras una leve nube, algo tímida, y apenas reluciendo sobre el mar.

Para mí, el mes de junio es un mes con olor a papaya fresca y brasa y con sabor a ciruela cogida del árbol, todavía algo prematura aunque sabrosa en su albornoz de fino polvo blanco. También es el mes en el que mi madre libera el fli del fondo del ropero para enfrentarse a la plaga recurrente de hormigas de la cocina y a los mosquitos que nos cosen a ronchas en las noches de ventanas abiertas que intentan mitigar la calufa con algo de corriente.

Precisamente intuyo que estamos en junio porque las hormigas se colaron en el bote de miel de mi padre, suicidándose en masa estos días, y porque una turba de moscas furiosas nos vuelve locos en la redacción especialmente esta semana.

Sin embargo, todavía no siento que haya penetrado el estío bajo mi epidermis y me noto destemplada y tirando a otoñal, además de reblanquía, a pesar de la rama chica de Agaete y de que mañana lleguen ya julio y el cumpleaños de Noemi, fiel lectora y amiga.

El tiempo vuela, ya traspasamos el ecuador de 2007, Diego parlotea incansable mientras intenta comerse sus propios ñoños con los ojitos azules brillantes, Mario e Ivana se fueron de vacaciones, empieza el Canarias Jazz & Más Heineken, mañana trabajo con blue moon resplandeciendo sobre la bahía y hoy cierra la exposición de fotógrafos de la Naturaleza de CajaCanarias, no sin antes recibir visita de Nenito, Hombre y mi persona.

Dentro de nada nos meteremos en pleno agosto quemón y subiremos al Chorrillo a menear la rama y beber ron barranco arriba hacia La Solana. Un poquito más y subiremos al Pino, a ver los fuegos artificiales y comer un bocadillo después del pateo. Cumplirá su primer añito Diego y se nos cerrará el año con el tiempo consumista y desquiciante de la Navidad.

Más que volar, el tiempo se teletrasporta y atraviesa agujeros negros, maldigo.




Imagen de Fotógrafos de la Naturaleza 2006.

27 de Junio 2007

Hasta luego, Festivalito

'Lástima que terminó el Festivalito de hoy', canturreo por lo bajo frente al disputadísimo ordenador único, como el Anillo, del vestíbulo del Hotel Marítimo. En apenas dos horas subo en el Binter que me devuelve a la Isla Redonda y me acabo de despedir de la Isla Bonita con un tanganazo de quesillo casi mortal de puro delicioso orgásmico en la acogedora arepera El Encuentro, situada en la Alameda de Santa Cruz.

Me despedí también, pero con un rezado faltón impertinente del dueño de los perros-alarma, en pasando frente a su puerta; compré dos bolsas de dulces típicos a repartir entre Internet y Cultura; eché dos postales al buzón del hotel y ahora me repantigo en uno de los sillones del hall con Ácido sulfúrico y la cámara a la vera, a esperar por alguien que me lleve al aeropuerto.

Antes ya me despedí de Aitor, Quique y Rebeca, de Anu, de Lorena, Virginia y Pepe Julio, de Laura, Mercedes, Ainhoa y Alvar, de Jaume, de la organización, de los pasillos propicios a la emboscada fílmica, de la Avenida Marítima oscura bajo los nubarrones y el mar azul tenebroso, de la lluvia repentina, de las fiestas que nunca gozaré y del papel que nadie me dio ... si exceptuamos a Saray Domínguez, que me dejó ejercer de muerta sobre el capó de un seat 127 aparcado a la puerta del hotel, con un cadáver cubano al lado.

Lo cierto es que me voy con una sensación agridulce.

Aun siendo pequeño y familiar, el Festivalito es una explosión de actividades, un pulpo de celuloide que extiende sus tentáculos dementes sobre toda la isla. Es una tarea homérica la de centrarse y entra en la categoría de lo imposible el disfrutarlo plenamente o, para empezar, el deshacerse de la molesta impresión de que te pierdes mil cosas y no estás donde debieras en ningún momento.

Lo cierto es que durante mi breve corresponsalía palmera me centré en presentaciones, entrevistas en vídeo y películas de la sección oficial, así que las proyecciones en otros lugares que no sean el Teatro Chico o la plaza de Santo Domingo, las copas en el Sputnik, la mayoría de los rodajes, las excursiones a otros municipios y el Tour Edad Dorada se convierten en mi personal imaginario en realidad paralela y mito.

A pesar de eso y de gastar suela entre Correos y la Alameda durante todo el día, agradezco a este viaje el descubrimiento de los crepes de El Encuentro, rellenos con carne mechada y queso amarillo; los helados caseros exquisitos cerca del Teatro Chico; los alaridos nocturnos y las carreras por los pasillos; el fin de semana más o menos silencioso; el tiempo para la lectura y la escritura; mis pocas películas visualizadas y las menos aún cañas nocturnas hablando de cine (chico, pobre, átomo, de guerrilla) y periodismo.

A ver si es posible repetir ... y si es posible salir de Santa Cruz y saber lo que esconde esta isla misteriosa, plegada en mil dobleces e intensamente verde, en muchas ocasiones futuras.



Quesillo en la arepera El Encuentro.

Insomnio

Un día más en La Palma y no lo cuento. Siseo, demente venenosa, por el balcón al maldito perro alarma cuando descubro que no hay uno sino dos en la azotea vecina, ladrando por turnos ya sea en una siesta reparadora previa al estreno de las ocho o cuando intento pegar párpados entre estampidos de puertas y carreras por los pasillos. Toso, carraspeo, moqueo y siento el latir de la amídgala, inclemente, en mi cuello.

Acabo de salir de una habitación del segundo piso del Hotel Marítimo que aspiraba a camarote de los Hermanos Marx, enclaustrada con un hombre desnudo en toalla, una yonqui ficticia, la maquilladora, el guionista, la Muerte, un par de actrices, la novia de otro guionista, dos tercios del gabinete de prensa del Festivalito y alguien más que pasaba por allí. Nos atrapaba en el interior de la habitación el rodaje del corto de Juan Padrón en el pasillo, con Rebeca botada por los pisos con los tacones apuntando al techo y Juanfer en modo jeque, enrollado un pareo a la frente.

Al salir, insomnio. Tentar las teclas. Leer fragmentos de Ácido sulfúrico. Comer las nueces que me dejó el Hombre. Gastar un rollo de papel higiénico en sonarme. Maldecir al perro alarma enano e insomne también.

Se impone el descenso al vestíbulo del hotel, a intentar meter mi crónica en el especial del Festivalito. Pero hay dos individuos ocupando el único ordenador con conexión a internet al que puedo tener acceso esta madrugada. Malditos guionistas o similares. Juan Padrón y su equipo también están en el vestíbulo, rodando más escenas ante la mirada que ya no se sorprende por nada del recepcionista y entre alaridos.

Se impone el regreso a la 415 y el perro alarma 2 ladra, demente venenoso, en cuanto traspongo mi puerta, en solidaridad con mi insomnio.

¡Arg!



El diabólico perro alarma I desde mi balcón.

25 de Junio 2007

Palmero sube a La Palma

La Palma es puro barranco megalítico, puro verdor y puro bancal cargado de plataneras. La carretera sube y baja desde la costa santacrucera hacia Barlovento como una lombriz mareada bajo el solajero y la mar muerde con fuerza, furiosa, una orilla negra y difícil. Mi habitación de hotel da a una azotea donde un perro enorme ladra de madrugada, pejiguera. El son del océano es un arrorró contínuo, que entra a través del balcón donde ondean las cortinas. Entre las cortinas también se cuela un calor pegajoso y torturador, que licua ideas y cuerpos sobre las sábanas blancas.

Llevo tres días en La Palma, enviada especial para el Festivalito y con dificultad de acceso a ordenador, a pesar de toda la buena voluntad de prensa (Rebeca, Aitor y Quique, gracias). El primer fin de semana, de mini escapada con Hombre al tiempo que de trabajo, con lo cual ni estaba centrada en la escapada ni en el Festivalito en sí. Ahora, ya sola y acechando el ordenador del hall del hotel, husmeando el cogote del que ocupa su conexión al cibermundo, a ver si escribo algo para la blogosfera y para el especial del Festivalito.

El domingo intenté cruzar la isla por la cintura y llegar a Tazacorte desde Santa Cruz. Sin mapa, a la deriva, sin música y con el Hombre en modo guineo sentado al lado. Acabamos comiendo paella y pulpo en el Mesón del Mar, cerca de un balcón azul que daba al mar, en Puerto Espíndola. Después, bajamos al Charco Azul a mirar el agua con desconsuelo, perseguidos por un revuelo de lagartos, mientras el Hombre protestaba que no teníamos toalla y que no podíamos bañarnos y que fuéramos a otra playa donde se vendieran toallas. Antes ya había protestado porque no había carne en la carta del restaurante, porque mis fotos no eran tan buenas como las de Nenito, porque no quería ir a la playa, porque el planeta es redondo y porque La Palma es una isla.

Norte arriba, acabamos en plena ruta de las fuentes, donde corría la brisa más fresca, y viramos hacia la capital de nuevo, ante la expectativa de darle la vuelta al borde de la ínsula hasta Tazacorte y cruzarla por su ecuador para volvernos a Santa Cruz. De regreso, el Hombre adormilado por culpa del vino blanco Teneguía, elaborado a base de listán, autóctono y guineoso en los ratos en que estaba despierto.Y al llegar al Hotel Marítimo, Mario Iglesias rodando en el vestíbulo, un poco de trabajo de prensa en el Festivalito y final definitiva de la Liga ACB en la tele de la habitación 415 ... ¡Maldito Real Madrid!

Hoy, el Hombre cogió su vuelo retrasado de Binter para volver a Vecindario y yo me pasé el día entre ruedas de prensa, estrenos y rodajes improvisados. Cuatro presentaciones veloces, el estreno de Habitaciones para turistas y Los amigos de Jesús en ese diminuto y coqueto Teatro Chico y, entre ambos y en plena cena, que Juan Padrón reclutara a mi vecino de mesa para aparecer desnudo correteando por un pasillo en su proyecto (coguionizado por Aitor Guezuraga), que Pedro Rodríguez Carballido no soltara prenda del corto que prepara con Chedey Reyes y que Luifer Rodríguez comentara que participará en el corto de Ayoze O'Shanahan y en el de Juan Padrón, además de ejercer de maestro de ceremonias para bodas fingidas.

Javier Albalá también prepara corto, igual que Antonio Muñoz de Mesa, con Guacimara de Elizaga. Andrés Koppel bromea sobre un casting para hombre invisible. Piden actores para figurar en un corto, bailando en la terraza del Sputnik. Las ideas bullen, entras en escena sin querer queriendo y votas entre cañas por películas que, de momento, no dejan indiferente.

Todos los trabajos deberían ser así, me digo, y sólo echo de menos a Viggo Mortensen como parte del casting y a mí de guionista en un corto cualquiera, para que también corra por un pasillo en cueros o le abandonen a pie de volcán ... siempre que yo pueda recogerle en mi bañera cargadita de hielo y solidaria.



Gambas al ajillo en el Mesón del Mar, Puerto Espíndola.

22 de Junio 2007

Kamasutra no, vibradores tampoco

Parece mentira que en la India se escribiera ese tratado del erotismo total (desde el arañazo y la miradita lasciva a la penetración) que es el Kamasutra y que dedicaran frisos de sus templos a cuerpos enlazados sensualmente en la consecución del orgasmo.

Con el paso de los siglos y en vez de instruirnos a todos en la exploración del placer lujurioso, la tierra de Gandhi, Kipling y Tagore se me vuelve más puritana que la Inglaterra victoriana y se dedica a denunciar a Richard Gere por darle un inocente beso en la cara a una muchacha en público, por ejemplo. O se pone al borde de la revolución por un concurso de misses.

Lo último es lo de los condones con vibrador, algo que algunos consideran pecaminoso porque se busca la potenciación de placer y que meten en el terreno del juguete sexual y sacan del de los anticonceptivos.

Debo tener la neurona bastante soñolienta a estas horas de la tarde, víspera de viaje a La Palma para cubrir el Festivalito, pero digo yo que, desde el momento en que te calzas un condón en los bajos, es porque la procreación no está entre tus objetivos. Y si no quieres tener niños y tienes televisión en casa, digo yo que lo que pretendes con la condonización de tu sexo es practicar el coito con carácter recreativo.

Vamos, que el placer es lo que te mueve a lanzarte sobre otro ser humano con un preservativo puesto.

Entonces ... no entiendo que las autoridades morales indias permitan el preservativo para que te lo pases bien aunque con límites. Que les preocupe eso de que te emociones demasiado y el placer sobrepase alguna medida.

Total, que me dejan hablando sola esas mojigaterías y que recomendaría a la India en peso una lectura a los sesudos, a la par que hedonistas, comentarios de Muriel Streep. Para que regresaran a los tiempos del Kamasutra como lectura de cabecera y a echarle un ojo cargadito de picardía a unas caderas bajo la sensual línea de la cintura de un sari.

Salvapantallas: Cásate y verás, Angelina Jolie

Visto lo visto en internet, una podría pensar que la fama lleva aparejada una incapacidad casi congénita para esperar a que la muerte te separe de alguien. O así lo demuestran Billy Bob Thornton, por ejemplo, casado y divorciado cuatro veces en menos de dos años; los dos maridos de Drew Barrymore o los cien días que se aguantaron mutuamente Lisa Marie Presley y Nicholas Cage.

Sin embargo y aún con esos ejemplos bien fresquitos en las hemerotecas, todavía hay quien -como Katie Holmes- aspira a cambiarse el nombre por el de Cruise, plantada en el centro de una enorme coliflor de tela blanca. Y hay otra gente a la que casan a la fuerza, sin haber dicho esta relación es mía, como sucede con la Loba Jolie y el Carita de Guanche.

La verdad es que no entiendo esas prisas por correr hacia el altar entre los famosos.
Personalmente, llevaría muy mal eso de que medio mundo cruzara apuestas sobre lo que me va a durar el apéndice denominado marido, la rumorología y el acoso paparazzi. Aunque la ceremonia tuviera lugar en una playa de Isla Mauricio y el novio fuera Keanu Reeves.

Y me parece normal que con tantos ojos fijos en ellos, a los famosos se les rompa el amor con más frecuencia que al resto de los mortales.

Así que mi conclusión final es que jamás aceptaría una proposición de matrimonio de, pongamos por caso, Viggo Mortensen. Porque imagino que la dicha (o desdicha) sería pública y breve y, al final, a él le quedarían Brego, el hijo adolescente y la loba de turno y a mí poco más que una úlcera. O, lo que es lo mismo, que va a ser que no, Vigo, el de la Costa da Morten, que diría Mercedes, una amiga gallega.

Canarias7.es - 2/10/2005

21 de Junio 2007

Si yo fuera Harry

La madrugada me sorprende valorando mis posibilidades de ubicuidad para esta noche y a punto de presentar mi candidatura a beata si logro disfrutar de Antonio Lozano, Maximiano Trapero, un colectivo de escritoras canarias y marroquíes y el broche de oro del Docusur a partir de las ocho.

Por no hablar de que prometí subir a Ivana a Las Mesas, antes de que se vuelva temporalmente a Argentina, para que pueda mordisquear las carnes blancas de Diego y proponerle matrimonio, mientras él le tironea las rubias greñas, encadena suspiros y le babea hasta el bazo. Y de que también el Hombre espera amarrarse a mi cintura de ánfora tripuda esta noche; de que acabo de estrenar libro, A un tiro de piedra, de El Hadj Amadou Ndoye, y de que quiero leerle cachitos mientras hace rodar por mi espalda desnuda granos de cacao ásperos y negros.

Clint Eastwood desenfunda con facilidad pasmosa su magnum en Canal Hollywood y, por un momento, le pongo velo sobre la moña y modelito de boda entallado y acabado en escote palabra de honor.

Ayer escuché en la radio, justo antes de colarme en la casa de mis padres con mi nuevo libro (*), que detuvieron a un tipo que simuló su boda para no tener que decirle a la novia que todavía no está divorciado. Como en una comedia romántica absurda de Hollywood.

Y subiendo la calle Cádiz, mientras evitaba a motoristas y gatos esquivos, pensé en esa pobre mujer engañada y humillada y en ese pobre hombre tan asustado o cobarde o inconsciente o enamorado como para sacarla en todos los noticiarios con su falso matrimonio. En todas mis recreaciones de la cosa, ella acababa como Harry, con el rimmel corrido transformándola en la caricatura de un mapache de Happy Tree Friends y desenredando el magnum, sedienta de venganza, de la liga blanca.


(*) Nuevos son también Ácido Sulfúrico, de Amélie Nothomb, La guía del autoestopista galáctico y Anatomía del deseo, de José Lobillo, con vistas a discusión literaria frente a un príncipe Alberto.

20 de Junio 2007

Luisa sigue estando

Llego a casa indignada con el caso de Luisa del Rosario. Aquello que empezara por un quítame allá ese Javier Moreno y ponme tres cuartos de Larry Álvarez en el certificado matrimonial. Por lo menos, a la hora de buscar empleo en el Teatro Pérez Galdós.

Ahora resulta que Luisa del Rosario pretende que no se politice el cargo de jefe de prensa del Pérez Galdós y en el colmo de los despropósitos, renuncia a su puesto soñado y se niega a seguir siendo un juguete de la fortuna, que diría Shakespeare, o juguete del político de turno en su defecto.

Ahora resulta que esa mujer, obsesionada con su buen nombre, pretendía ocupar su ahora ex-trabajo en base a su profesionalidad, sus conocimientos y su excelente reputación. Que ella no quería ser cargo de confianza de nadie, expuesta a las zancadillas de las que son víctimas o beneficiarios seres humanos como Teresa Cruz. Resulta, finalmente, que esa loca de Luisa no quiso que la tomaran por arma arrojadiza contra una alcaldía y parte del curriculum de otra, ni depender de la súplica de un alcalde saliente y la buena disposición de uno entrante para conservar su empleo frente a futuros cambios electorales.

Indignante esa obsesión por un poquito de respeto. Indignante que renuncie al puesto que se ganó a pulso porque -quizás- pensó que la convertían en otra Teresa Cruz. Indignante que deje a los generosos que le tendieron una mano virtuosa y la readmitieron con un palmo de narices, igual que deja con un palmo de narices a los que la contrataron y despidieron por la cara. Indignante que no quiera trabajar en un entorno que más semeja un nido de mambas negras que un centro cultural.

Indignante.



¿Teatro Pérez Galdós o Mordor?


Asignatura mundialista: Aficionado Bridget Jones

Mi padre anda un poco amulado últimamente. En primer lugar, supongo que porque lo exploto como hombre de la casa, que lo mismo encaja una vitrocerámica en el hueco de mi granito mal cortado que repara los escapes de agua de mi termo. Y en segundo lugar, porque España ya no juega en el Mundial y no tiene gracia eso de plantarse delante de la tele, con el vinito tinto y la tapita de nueces mediada a la vera, sin la posibilidad de una sesión de sado catódico en la Cuatro o en la Sexta.

Viendo la magua de mi padre, creo que podría trazar un paralelismo entre la vida sentimental de cualquier treintañera soltera a lo Bridget Jones y la cosa futbolera nacional. Porque he llegado a la conclusión de que La Roja es como la mayoría de los hombres por los que perdemos la neurona a mis años y en estos tiempos: no esperas nada bueno de ellos, pero te ilusionan y se las arreglan para hacerte creer que las cosas serán diferentes esta vez ... hasta que te dejan botada nuevamente, como colilla en la arena.

Ello me impulsa a recomendar, igual a mi padre que a las solteras y enteras, que pongan la fe en cosas que no decepcionan, al tiempo que propongo opciones como la brutalidad del estado israelí, una tangana en el Congreso o el placer culpable que proporciona Lindt.

Lo cierto es que opino que lo peor del regreso de La Furia es que los taxistas ya dejaron de hablar de falsos penaltis y andan sintonizando la COPE y murmurando sobre turbias estrategias electorales del babieca de Zapatero y complots para sacarles perras a golpe de sillitas de niño y cursos viales.

Y lo mejor de estos Mundiales para una descreída como yo es que los portugueses, capitaneados por ese morenazo de nalgas de piedra que es Figo, patearon al pijo malcriado de Beckham y a su huesuda señora fuera de Alemania.

Escucho a algunos que, aburridos con estos mundiales desespañolizados, ya tienen la mente puesta en los próximos e insisten en el futuro glorioso de la selección. Yo admito que, tanto en cuestiones de fútbol como en temas románticos, tiendo al pesimismo.

Así que, en vísperas de finales, prefiero practicar el resbale digno de lomo de tabla de windsurf, con un lastre de agua salada embarazándome el neopreno.

Y proclamo que, a falta de Figo fibroso y aceitunado, espero recrearme en la imagen del tandem Mendoza -sudoroso y espatarrado entre los teniques de Salinas-, mientras oscile un mástil que amenace con quebrarme el totizo. Gloriosa visión, a Santo Cristiano Ronaldo en cuesta de Funchal pongo por testigo, antes de una fractura craneoencefálica e incluso la muerte.

4 de julio de 2006.

Delicias francesas

Recién llegada de Vecindario, de la parcela donde instaura su imperio de placer para las papilas y brillantes gelatinas tentadoras para el ojo la familia Neketan. Había degustación tras jornada gastronómica y Ulises y yo nos bajamos, sin persigne previo ni rosario rodante, hasta ese Sureste azotado por la ventanía. De vuelta hacia la capital, paramos para ver al Hombre y llenarle las manos con granos tostaditos de cacao, que le recuerdan a su tierra.

Por otra parte, hoy celebramos el Día del Refugiado, por desgracia.

CEAR denuncia, una vez más, el sistemático cierre de puertas en España, en concreto, y en Europa, en general, a los solicitantes de asilo. También pide al gobierno de Canarias que deje de hacer política con vidas humanas (entendiendo por política lo más rastrero y sucio que se pueda perpetrar desde medio de comunicación o cargo público) y que evite crispar a la población, apelando a lo peor que cada uno lleva dentro.

Hoy me gustaría un ejercicio de empatía colectivo, para ponernos en la piel de alguien diferente, de un pasajero de cayuco, de un refugiado o de un IDP. Y ya que no hay diez mandamientos para las fábricas de armas, como bien apunta el ex Velas Negras, desearía que -en un paso previo a la ilegalización de todas las guerras desde cualquier púlpito- las altas jerarquías de todos los credos empiecen a pensarse un decálogo para ejercer la política de manera responsable ... a saber: dejar de culpar al extranjero de todos los males, negarse a fomentar la xenofobia y practicar la solidaridad real con el vecino de continente.

Finalmente, desear que el mundo se pueda parecer, cada día más, a una bandeja inabarcable de pasteles franceses sobre una mesa del obrador Neketan. A puertas abiertas, por supuestísimo. Y esperar que alguien le pase el decálogo vaticano del volante a Aznar, el machito a una caja de cambios y una botella de vino adosado.

Amén.


19 de Junio 2007

A modo de epílogo: Yo, IDP (*)

Mi padre se dedica ahora a arrastrarme por las empinadas callejuelas de Tejeda presentándome como "la Sueca" y explicando, desde el restaurante Sombra del Nublo a la piscina municipal y la Avenida Alfredo Kraus, que he pasado año y medio en el Norte por mi insania mental transitoria, mi pasión por los viajes, mi extranjeridad a esta isla... En resumen, algún tornillo que anda flojo en la zona donde supuestamente bullen mis sesos.

Lo siguiente son las preguntas bienintencionadas de los recién-conocidos sobre la duración de mi estancia en Gran Canaria y que a mi padre se le tuerza el bigote canoso y se le ponga cara de circunstancias. Si estuviera mi madre de cuerpo presente por las cercanías, sonriente y como sardónica, apretaría los finos labios, se enderezaría las gafas y menearía la cabeza con desaprobación cuando yo respondiera "no se todavía".

A veces creo que esto de enviarme al Chorrillo, con las judías a la vinagreta, el sempiterno melón y la papaya, es una cura de desintoxicación que mis padres planean para que se me quite la manía de los viajes. Como si fuera una extraña toxicómana, una adicta a los pasillos de Gando y las aduanas, chutándose a base de tarjetas de embarque, con el pasaporte tranquilizador que acariciar durante el mono y las normas de seguridad de cuatro compañías aéreas diferentes prendidas a los refajos para salvar los momentos de crisis.

Sólo una semana encarada con el Bentayga, llevando una vida simple, primitiva, sintiendo el aire caliente que baja por el barranco para erizarme las carnes, escuchando cómo las ramas de ciruelos y naranjos raspan contra los muros encalados y dejándome vencer por un bloque de calor compacto, como una manta de cemento invisible y ardiente que le cubre a una la epidermis y la aplana, puede restituirme la cordura. Quizás lobotomizarme. Apegarme a la tradición y al terruño.

Al llegar al Chorrillo, con el libro del Clan Ya-Ya bajo el brazo, busco algo de sombra en el corredor con baranda que pasa por delante de la Finca El Corral, mientras escucho La Habanera de Carmen.

Me aguarda un estanque que podría parecer un pantano de Luisiana. Sin caimanes. Sin la humedad putrefacta y corrupta que se cierne sobre los pantanos de Luisiana. Sin la sensualidad salvaje e irreverente, algo alcoholizada, de las Ya-Yas. Sin violines cajun. Sin cangrejos de río.

La primera tarea de la cura es limpiarlo con Joni -vadeándolo, con las piernas enterradas en el agua verdosa donde flotan las cáscaras de las libélulas que se metamorfosean entre los escarabajos nadadores y los huevos de mosquitos- a fin de que los chiquillos del barrio puedan bañarse en el agosto quemón que ya arrasa la Cumbre.

El fin de semana pasado disfruté una misa en honor a Santa Maria Goretti, a mayor gloria de la castidad y el suicidio antes que caer en las tentaciones de la carne. El próximo fin de semana, el programa incluye un baile de taifa travestida de típica.

Por las tardes, son de rigor las charlas con las septuagenarias Marina y Guadalupe, bajo el parpadeo hipnotizante de la televisión: deplorar las miserias del mundo exterior, asombrarse de las oleadas de violencia que bañan el mundo, criticar la frivolidad y el desmelone (más que destape) de las imágenes que llegan y que son el reflejo de una realidad amenazante lejos de las fronteras del barranco. Hasta Las Palmas de Gran Canaria se transforma en una Sodoma inhabitable para los ojos miopes de Guadalupe, repantigada en el sofá en combinación negra, cuando los calores aprietan.

El mensaje subliminal es que no hay mejor sitio para estar que la casa, con los padres y el hermano. Los viajes no traen nada bueno. Ningún sitio es más apropiado que el islote, el barrio, la casa.

Los concordes se prenden en llamas, los trenes se descarrilan. La gente mata y muere sin razón. Así que no hay nada fuera de las fronteras patrias que justifique una salida.

Pero...

Pero ¿por qué será que como la Sirenita, yo quiero más, ver mucho más, aunque me cueste la voz y pierda mi cola de pescado? ¿Por qué las fronteras patrias se me quedan chicas? Y ¿por qué, donde otros ven horrores, yo veo aventuras?

Se cierne la noche -estrellada y suave- sobre Tejeda. Y, al mirar al cielo que se derrite entre los roques rojizos, no puedo evitar pensar en el cielo claro todavía de Estocolmo o las noches heladas de Mpumalanga en invierno o las luces de París desde la noria de las Tullerías.

Y de pensar en no viajar nunca más me siento pez que se ahoga fuera del agua.

Preferiría autoinmolarme como Goretti, antes de sucumbir a los peligros de la comodidad, el miedo, el ostracismo. Antes de la lobotomía que me vuelva cuerda.

Agosto 2000


* Del libro Síndromes de Estocolmo

Entrada confusa cual derviche volteante

Inicio esta entrada con un ligero rebumbio mental. Por un lado, con la idea de una guía del autoestopista sinajo rondándome bajo el nuevo corte de pelo, sibilina. Por otro lado, con el menéame en acción y solidarizándome con los británicos ... pues yo también sé lo que es ver a tu móvil suicidarse en váter ajeno cuando vas a sentarte en él y te bajas los pantalones con demasiado entusiasmo. Por suerte, para margullar en agua todavía limpia y con el secador de Esther cerca para la reanimación de la cosa electrónica.

Una no está muy centrada últimamente y, para colmo de males, entra en la liza despistante Viggo Mortensen, en anuncio de Crimen perfecto en AXN y revolcándose sensual sobre una Gwyneth Paltrow escuchimizadita, aunque no tanto como la frágil Loba Jolie, acusada de anoréxica y con la mirada felina a la par que hambrienta clavada en sus niños.

También me distrae el recuerdo del cumpleaños de Yeya, de libanés y scrabble en el Txiki el pasado sábado y con Luis, Ulises, Nenito y el Hombre compartiendo rato. Nos dieron las tres cruzado al loado sexo con los ilusos y escuchando a medias la conversación literaria de Lara en la barra, tras una cortina de humo intoxicante que ocultó su huida rastrera en cuanto nos distrajimos un pizco. Con el trasnoche me pasé el domingo embelesándome en el coche, el sofá y casi cualquier punto donde me parara más de cuatro nanosegundos corridos, molida a la par que satisfecha.

Ahora se me va el baifo con el proyecto de bolos y karaoke en la zona Alcampo que ya pergreñamos. Y con el próximo y primer salto a La Palma, isla bonita y festivalitera, del brazo de José Lobillo y Binter y para encontrarme con Alvar, Aitor Guezuraga, Rebeca, Anu Jato, Enrique y más conversaciones fascinantes. Y con el bailoteo sincopado de Diego ayer por la tarde, ampliando su vocabulario mientras le silbaba desafinadamente canciones de los Beatles bajito al oído. Y con la perspectiva de viajar a Vecindario esta tarde, en busca de la tibia sonrisa del Hombre y los tibios pasteles franceses a degustar tras las jornadas gastronómicas de Neketan, que finalizan hoy. Y con Los Malditos (Vampiros del Desierto) comenzando ahora con un guitarreo pesado, igual que El Hombre Lobo de George Waggner.

Me gustó la semana pasada: pude combinar el placer de dejarme revolcar por las olas de Playa del Inglés a la vera del Hombre con el dulce trabajo de escribir algún microrrelato mientras esperaba por Hermano para el café quemón de Plantaciones una mañanita. Además, estoy a punto de finiquitar Nos dejaron el muerto y besar el suelo que pisa Víctor Ramírez. Así que transcribo, para finiquitar también esta entrada inconexa y feliz, uno de esos microrrelatos garrapateados en la libreta de entrevistas mientras Hermano se me hacía bucle humano al móvil y los coches desfilaban pesadamente frente a la puerta de su oficina.

El peligro del piropo

El hombre asomado en la puerta de la tienda examinó a la mujer que paseaba por la calle desde el moño cardado a la sandalia y dejó escapar un silbido admirativo, prolongado, serpenteante.

El silbido se estiró, cobró vida y se enredó entre los tobillos de la mujer, malicioso, haciéndole tropezar y casi derramarse sobre la acera.




Posdata:
Agradezco a Yeya una noche diferente y una buena crítica de Rojo sobre negro, después de colgar una imagen de Nenito de la noche del sábado y saludar a Luis, Lobillo, Judith y el Informático con Rizos, entre otros. Y con mi confusión, me dirijo hacia la sábana en que enredarme en esta cálida y terrorífica madrugada de martes. Hasta más tarde.

18 de Junio 2007

Asignatura mundialista: Un día de escapismo

Llegué a la redacción este lunes sin poder mover los brazos, después de cuatro trasluchadas y cinco pino-puentes sobre una tabla de windsurf y de rebotar contra mi vela con la elegancia de un Miguel Ángel Ramírez saltando en calzoncillos al interior de un jacuzzi.

Por fortuna, pude ignorar durante el fin de semana que hay un mundial parpadeando hipnóticamente en todas las cadenas de televisión. Gracias a mi personal Pacuco Rosales, de nombre Orlando y que ejerce del profesor de windsurf más paciente de Salinas, con sus escarpines enterrados en el reboso y la coleta rizada tremolando al viento del noroeste.

Sin embargo, también tengo que confesar que he pecado y, aparte de embostarme a tarta de profiteroles de Neketan y requintar mi neopreno, he visto algo de fútbol estos días.

Básicamente, cómo Ghana le ponía la bota encima a los Estados Unidos, el intento de homicidio por ahogamiento de un periodista en el vestuario de la Unión Deportiva y la triste eliminación de la gamla och fria Suecia y de mi dulce Australia.

En el primer caso, reconozco que disfruté de la jaladita de los africanos a los matones geopolíticos del planeta. En el segundo, que todavía no me he repuesto de la visión de los D&G del señor Ramírez, talmente como un azzurro cualquiera, correteando por ese manglar de testosterona, euforia y vandalismo que fue el Estadio de Gran Canaria el sábado. Y en tercer lugar, que pienso condolerme con escandinavos y y antípodas a base de consumo sin tino de tortitas con nata y cafelitos aguados en la Casa de Suecia. Servidos -a ser posible- por ese camarero rubiales de boquita golosa y adusta, que me pone al borde de la tormenta endrocrina detrás de la vitrina con tarta de zanahoria.

Por si se llama Gurb y acaba de llegar de otro planeta, le informo de que hoy se disputa el partido que enfrenta a España contra Francia.

Expertos como Juan El Taxista, mi vecino Floro o Antonio Sánchez, jefe de Deportes de éste su periódico, me tienen al borde de la taquicardia con predicciones y comentarios contradictorios, amén de arranques de pesimismo y chulería alternantes y casi que esquizofrénicos.

Así que creo que aprovecharé que el mundo se detiene a las ocho de esta tarde para ejercer de única asistente a la presentación del último libro de Dolores Campos-Herrero. Y pongo por testigo a los casi cuatro metros de virilidad y carne que son los Mendoza -esta vez sin tanga- de que no habrá poder humano o divino que me acerque a una televisión en este día de ansiolíticos, ronqueras e infartos.

27 de junio de 2006

15 de Junio 2007

Salvapantallas. La cara, espejo del sexo

Leo sobre la producción que Channel Four presentará acerca de la vida de la princesa Margarita, hermana menor de la horribilis reina británica. Se prevén escenas de lesbianismo, infidelidades, drogas y alcohol a mansalva y a mí no me parece extraño.

Pienso que la cara es un espejo en el que se pueden adivinar no sólo el alma si no comportamientos laborales y de dormitorio y hasta nuestro menú favorito. Y que precisamente las caras más inexpresivas, inocentes o aparentemente frías son las que esconden los secretos más interesantes.

No en vano, soy de las que opinan -por ejemplo- que Ross es el friend con más morbo, porque bajo esa cara algo simplona tiene que esconder su alter ego como una fiera a pie de sábana.

Me pasa sobre todo con las actrices: me da por leerles en la cara vicios ocultos, especialmente cuando parecen intachables.

Así que opino que no hay que temer a lobas declaradas como Angelina Jolie, porque a ella se le va toda la fuerza entre esas megabembas que tiene. Y, por contra, miro a Meg Ryan, con esos bucles delicados y esos ojitos enormes, y sé que debe ser la miembro más entusiasta de un club de amigos del sado.

Es por eso que la gente que casi huele a hormona dislocada y pone cara de vicio cuando menciona la palabra sexo no me impresiona. Pero confieso que despiertan mi curiosidad las caras ingenuas y las aparentemente indiferentes, como la de Margarita de Inglaterra, sospechosamente discreta bajo su corona. O la de mi informático favorito, espelusadito como un científico loco.

Canarias7.es - 25/08/2005



Meg Ryan.

14 de Junio 2007

Síndrome de Estocolmo: Sentada en un parque

Ahora es cuando Estocolmo me parece un hogar y el pensamiento de abandonarlo me duele como si una cuchilla se me clavara en las zonas más sensibles de mis entrañas: sé que el cielo de esta maldita ciudad -semejante a una extraña porcelana oriental de azules irrepetibles- me tiene envenenada el alma.

Lo sé cuando cruzo las piernas como un buda en vaqueros, estratégicamente posicionada en un banco de madera de Mariatorget con la cabeza en la línea de tiro de las bolas metálicas de los jugadores de petanca que se arremolinan junto a la fuente.

¿Cómo puede estar uno tan loco para abandonar Estocolmo durante el verano? - me digo, algo intranquila, mientras las bolas metálicas chocan a pocos pasos de mi persona y escucho las risas de los maduros "petanqueros", impecables en sus ternos de lino, bronceados y con canas y arrugas estéticamente dispuestas al estilo Sean Connery.

¿Cómo, si los parques bullen de insectos, carritos con niño, punkies, hojas en movimiento, gotas de agua, pajaritos y rajas de melón rezumando dulzor bajo el aleteo irritado de las avispas? ¿Por qué, cuando los canales relucen, tentadores y refrescantes, y los días se despiertan propicios para picnis, baños en los lagos, siestas bajo los árboles que esparcen generosamente polen, flores y semillas a su alrededor, conversaciones interminables en las terrazas de los cafés?

Observo que la hierba vibra bajo la invasión de miríadas de seres vivos -desde insectos a alcohólicos- cuando el sol se pone más picón y las fuentes riegan, con ubicuidad admirable, a quienes se acercan demasiado a sus fronteras de piedra.

Hoy el sol me abofetea entre las nubes que pasan y, como un girasol sediento de rayos uva, levanto mi cara -placa solar de carne, vello y piel- hacia él, siguiendo su lenta trayectoria oblicua mientras tarareo algo de Zebda. Una convención de hormigas se celebra entre mis sandalias, donde he dejado caer las pipas de mi ración de sandía formando extraños dibujos sobre la arena. Y se me pacifica el alma, sabiendo que probablemente éste es el sitio adecuado para estar en este momento.

La primavera estocolmense es tan brillante, se sufre tanto durante el temible invierno y los días del verano son tan largos y se llenan con tantas promesas... que parece una locura el pensar en estar en otra parte.

Se me paralizan los dedos cuando pienso en escribir algo, porque ahora no es el momento de encerrarse con el ordenador en la oscuridad de una habitación, si no el momento para salir a la calle y hacer el sueco: semidesnudarse en un parque y empaparse de sol, vivir durante las 24 horas del día y dejar la reflexión, el silencio y las obligaciones aparcadas, mientras el país se hunde en oleadas de pereza, emotividad y vino.

Me pregunto cómo no se produce una bancarrota total e irreversible en Suecia. Ahora que no hay cuerpo que resista la llamada salvaje del sol ni alma que aguante enganchada a una rutina, a un puesto de trabajo, a un aula. Y me pregunto cómo puedo aspirar a otra vida que un verano infinito en Estocolmo, observando el desperezarse de los magnolios bajo el influjo de los rayos solares.

Un día más, retraso la visita a la agencia de viajes y espero un milagro mientras leo mi libro en el parque.

Junio 2000

Me casé con un metrosexual

Esta mañana medito que si a) estuviera casada o cohabitara con un ser humano que no fuera el Hombre y b) viviera en pareja con ese ser humano en esta capital entregada a los calores y los gases pero además, c) mantuviera un lío con ese Hombre de cabeza rizada azotada por las ventanías de Vecindario, mi marido oficial detectaría mis infidelidades desde que traspusiera Ingenio o antes.

Y eso pasa porque estoy hablando con un metrosexual, después de afearle al colectivo los aceites, el baño en perfume y la depilación durante años. Algo que nunca pensé que me sucedería, igual que nunca imaginé que los fines de semana se me irían entre carruseles deportivos, fútboles con fatatas y maratones de scrabble. O que me despertaría en las mañanas de sábado un medley de Carlos Baute y música africana a todo volumen con el acompañamiento del Hombre cantando y meneándose en toalla por toda la casa.

Confieso aquí que el hombre se me ducha, frota, exflolia, hidrata y perfuma, como mínimo dos veces al día. Que me impregna con su colonia, Ivoire de Balmain, cada vez que me arrimo a sus pectorales de piedra. Que se me engomina y conjunta de ñoño a totizo para trasponer por la puerta y me calza zapatos de punta afilada como corneto de galleta, se me enfunda en pantalones de pinzas y hasta temo que combine los colores de los complementos con su ropa interior.

Lo cierto es que el Hombre me hace sentir masculina, peluda y blanda como Platero. O como la tripa de Ulises expuesta al solajero de Playa del Inglés en una tarde de mayo.

Y que también logra que pierda la paciencia en ocasiones, cuando espero por él un par de horas, dando cabezadas frente a su televisión, mientras la noche escapa con pasos atropellados de blesbuck fugitivo por la ventana y él se frota meticulosamente hasta el perineo.

Entro por su casa como Bush entra por Albania, feliz y en olor de multitudes sobajientas, y acabo botada en su cama, con la clara impresión de que sigo siendo Bush y un albanés espabilado me robó la cartera para traficar con las fotos de mis perros guardaespaldas en la frontera griega. Se me queda la cara estupefacta, como si me acabaran de anunciar que las fotos llegaron a Al Qaeda y ni reacciono quemándole los zapatos perforadores y botando sus cremas por su ventana cuando él llega al tercer aclarado y los sesenta minutos en la ducha y se nos pasa la hora de la cita con amigos, cine o salto de puenting nocturno.

En fin, cosas del matrimonio, supongo ... y que todo me pasa por no sucumbir ante el flequillo despelusado de Nenito, su dicción casi impecable (aunque susurrante), su habitación llena de polvo, su obsesión por la coca cola y sus chistes intelectuales.

Y tengo que aguantarme, también supongo, ... a ET de cumpleaños y a Viggo Mortensen sudado, sucio y vapuleado por la vida pongo por testigos.

13 de Junio 2007

Síndrome de Estocolmo: Diamantes o chocolate

Marilyn Monroe afirmaba que un diamante es el mejor amigo de una chica y no soy nadie para quitarle la razón, pero -personalmente y quizás porque carezco de su ambición o su buena suerte- la calidad de mejor amigo la reservo para el chocolate, que es más barato, fácil de encontrar e incluso cálido que las piedras preciosas.

En mi modesta opinión, no hay nada como un buen lingotazo de cacao para superar cualquier frustración, para espantar la tristeza, para llenar el vacío que produce la insatisfacción por la grisura de nuestra existencia. Así que no tengo empacho en reconocer que cualquier pequeño contratiempo de mi vida ha sido superado a golpe de bombón de moca desde que tengo uso de razón.

Un cuarto de siglo de vida guiada por esta premisa (repito, el chocolate es el mejor amigo de una chica) me ha conducido inexorablemente hasta mi situación actual, que podría definirse como de feliz esferidad.

Modestamente, considero que estoy alcanzando la perfección de la Saskia de Rembrandt remojándose las pantorrillas en el riachuelo junto al molino y sirviendo de musa, de paso, a cualquier artista hambriento de inspiración y éxito que circulara por los alrededores.

No me arrepiento.

Cuando observo el escuchimizamiento a la moda, los sufrimientos de las dietas hipocalóricas y las expresiones amargadas de los prototipos semihumanos al uso, esas clavículas que parecen frágiles agujas de ganchillo, esos hombros tercermundistas y esas espinas dorsales sáuricas, me congratulo por mis carnes festivas.

Incluso cuando el espejo en algún probador me devuelve una imagen de mí misma que a otros les parecerá patética o, cuando menos, totalmente antiestética, traumáticamente encorsetada en un bikini amarillo fosforescente de la talla XL.

Rubens encontraba fascinante la molicie en los michelines de las mujeres superlativas como yo: mi belleza podría ser apreciada en otra era más feliz, donde realmente se valorara el lado más placentero de la vida, la sana sensualidad de la carnalidad total. Soy una incomprendida, porque me imagino a mí misma raptada por sátiros en celo en algún bucólico tapiz del siglo XVI y comparo esta gloriosa imagen con el desaliento que en mí provoca la situación actual del obeso a las puertas del Tercer Milenio, cuando mi golosa silueta es rechazada, aborrecida, sometida a la crítica más contumaz y el escarnio más cruel.

Especialmente en la frontera del verano, en plena época de destape, mientras observo preocupada como muslos, corvas y hombros se desnudan en las calles, las palideces invernales se tornan apetecibles bronceados, las ropas se ciñen a las curvas para provocar admiración o espanto. Mientras observo, compungida y horrorizada, como el universo entero se vuelca en la celebración de la carne ... magra.

Procuro que la acepción moderna de la palabra belleza (inextricablemente unida al concepto delgadez extrema) no me afecte, pero me entristece saber que en cuanto asome a la puerta mi feliz esferidad en pantalón corto, todos los ojos se volverán hacia mí con la misma mezcla de repulsa, incredulidad y compasión con la que la presencia del jorobado de Notre Dame era saludada por sus coetáneos.

No soy un monstruo. Monstruo es Kate Moss. O cualquiera de las modelos anoréxicas que pasean su palmito de postal de Domund en las pasarelas de París, con una sombra violácea de maquillaje subrayando lo desorbitado de la mirada y lo consumido de los pómulos.

No entiendo que un esqueleto en movimiento, sin forma femenina y tristemente tapado por un pedazo de tela del tamaño de un pañuelo, sea capaz de despertar el deseo. O la admiración. O incluso la envidia. Si eso es normalidad, me digo, bienvenida sea la diferencia.

Brindo con un nuevo bombón de moca por las siluetas de violonchelo tripudo, por los escotes carnosos, por la pertinaz celulitis y las nalgas palpitantes de vida y grasa. Otro bombón más se lo dedico a Sweetie, a Divine, a Marianne Sagebrecht, ... Y para celebrar mi bucólica redondez y ampliarla y rebasar los limites de lo políticamente correcto, devoro una ambrosía a la salud de mis dulces arrobas, convencida de que en un futuro más justo, el universo se extasiará ante la belleza arrebatadora que hay en ellas.

Mayo 1999


Saskia en el arroyo.

12 de Junio 2007

Deja la sangre correr

Aparte de ser el nombre de una de mis series favoritas, australiana y enloquecida por más señas, el título de esta entrada hace referencia a uno de mis géneros predilectos, el vampiresco.

Y la inspiración vampírica llega porque estoy viendo en la televisión los últimos minutos de lo que parece la película perfecta, Blade Trinity: gabardinas de cuero, un chorbazo sin camisa torturado, duelo de katanas en mitad de la noche, artes marciales, tatuajes, Wesley Snipes pateando a todo cristo en el plexo solar, perros mutantes y más vampiros.

Sólo necesitaría a los AC/DC en la banda sonora y que la historia transcurriera en Queensland, Australia, para que pudiera elevarla a un altar invisible en mi corazón sobre el resto de las cosas, incluidos el chocolate Lindt y los masajes en la Talasoterapia Las Canteras.

Lo cierto es que no recuerdo cuándo me enamoré de las películas del género, pero sí cuándo me enamoré de Blade: desenfundando su katana en una discoteca llena de vampiros ensangrentados y plagada de aspersores de hematocritos. New Order sonaba de fondo y mis amigos me insultaban en la oscuridad de la sala de cine, en lengua vampírica por supuesto, y prometían que no volvía a elegir película por ellos so pena de coserme a mordiscos.

Antes de Blade, vinieron un Bela Lugosi sardónico, Christopher Lee engominado, Gary Oldman con las gafas de John Lennon, Brad Pitt como vampiro sensible, Stuart Townsend de chupasangres roncanrolero y hasta el lindo David Boreanaz y el enclenque James Marsters. Por venir, vinieron hasta Starsky y Hutch pasados por colmillo.

Para apuntalar este amor, se situaron en las estanterías de mi biblioteca Bram Stoker, Le Fanu, Edgar Allan Poe y Anne Rice.

Lo cierto es que no soporto las películas de terror ... ni siquiera, cuando están protagonizadas por manises. Sin embargo, los vampiros me fascinan e intento no perderme el celuloide filmado a su mayor gloria, desde Underworld a Nosferatu. Para mí son como el scrabble, una tortura apasionante.

Eso sí, con un brazo ajeno que retorcer en las cercanías y con una mezcla de repulsión y deseo sancochándome por dentro a fuego lento.



Rueda de prensa de presentación de Gritos en el pasillo, en Canarias Cultura en Red.

11 de Junio 2007

Síndrome de Estocolmo: De la alteración de la sangre y otros demonios

La primavera ha llegado insidiosa, colándose entre los brotes nuevos de los olmos, que hace dos semanas eran apenas puntos luminosos de color guisante y se expandieron lentamente bajo las lloviznas de abril hasta adoptar la forma de hojas nuevas en parques, rotondas y jardines.

Los setos también empiezan a maquillarse de un verde amable, el césped se puebla de flores amarillas y azules y una cohorte de pájaros desconocidos, recién llegados del Sur, parlotea animosamente entre las ramas, convirtiéndolas en cajas de música vibrantes.

Los mirlos se lían a picotazos con las hojas muertas en sus vuelos rasantes en busca de insectos amodorrados, mientras las gaviotas rapiñan en los malecones de madera y las cornejas graznan en los bulevares. Los abejorros se desperezan bajo el sol tibio de la primavera, zumban y dan tumbos, como borrachos, de flor en flor.

Las excursiones escolares se desparraman por las diferentes islas de Estocolmo para que los niños puedan correr entre los patos, luchar con ramas secas y explorar la naturaleza que despierta.

Los alérgicos musitan sus plegarias. Los anacoretas dudan. La música tiraniza los labios más rebeldes. Las parejas se amordazan mutuamente a besos. Paseantes y ciclistas se apoderan de cada sendero, con la sonrisa surgiendo pausadamente bajo la caricia del sol y las emociones en proceso de descongelación conforme se calienta la sangre y se confirman los signos de la huída cobarde y rastrera del invierno.

La primavera es corta. La primavera es brillante. La primavera es puro sentimiento desbordándose en los canales, en Gamla Stan, en los estilizados cuellos de los cisnes y el vuelo errático de las urracas. La primavera tiene tácticas de gladiador romano: acostumbra a lanzar mazazos despiadados en el pecho de sus víctimas. Actúa como el detonador de los sentimientos reprimidos durante el larguísimo invierno.

Un rayo de sol prende la mecha de los deseos, impulsándonos a cometer locuras. Los sentidos se erotizan. El chisporroteo ondulante de una vela en una noche clara nos empuja a la confesión, a la ternura o al suicidio. Se adivina en el aire aun fresco el sensual aroma de las fresas salvajes que maduran en el Sur.

Desbordados por el sentimiento, casi explotando por la presión de la sed de aventura y vida, los suecos tiemblan de anticipación bajo el radiante cielo de principios de mayo.

Ya se han extinguido las hogueras de Valborg y ahora llegan las graduaciones de los estudiantes y el Carnaval. El verano se hará irrevocable, convocando a los turistas. Pasará la resaca de Midsommar, con sus postes cubiertos de flores y cintas en torno a los que se celebra la fecundidad de la naturaleza. El sol de medianoche no se pondrá desde Malmö hasta Laponia. Un tranvía de madera volverá a traquetear Strandvägen arriba y abajo. Acquavit, cangrejo y arenques se harán indispensables en los picnis a lo largo y ancho de Suecia. El Festival del Agua tomará por sorpresa las calles. Las ondas verdosas del Mälaren reflejarán las alegres siluetas de barcos, yates, botes y lanchas festoneados con banderitas gualdiazules. La naturaleza en pleno celebrará cuatro brevísimos e intensos meses de plenitud.

Hasta que un día a principios de septiembre lleguen los nubarrones con su cargamento de tristes presagios de otoño.

La primavera es corta. La primavera es brillante. Hay que saltar sobre ella y maniatarla con cadenas de flores. Hay que obligarla a quedarse y apurarla velozmente, intensamente, completamente.

Hay que enamorarse, porque enamorarse es una necesidad básica más. Como dorarse lentamente bajo el sol escandinavo. Como permanecer despierta durante las 24 horas del día para no perderse ni un segundo de vida. Como silbar en las escaleras. Como rondar por los puentes sobre una vieja bicicleta.

El cuerpo es una cárcel (placentera y atormentada) y el espíritu se transforma en vendaval, en presión de varias atmósferas pugnando por reventar la celda de carne en la que nos atrincheramos.

La primavera es breve y brillante como el chisporroteo de una bengala. Hay que ofrecer sacrificios al sol para que no se oculte y pedir a los dioses vikingos que nos sean propicios hasta la temida llegada de un nuevo invierno.

Mayo 1999



Un nuevo vicio

Llego por fin a este reducto denominado blog tras una mañana un poquito apurada entre la rueda de prensa que por poco olvido, la lavadora averiada, el rescate del cargador para el móvil casi expirante, el Hermano al que lambuseé por los pelos y ese Matasombras donde se presenta Rojo sobre negro y al que no sé si arribo a tiempo esta noche.

Llego descansada, con unas diez horas de sueño en el cuerpo, a pesar de que en los últimos minutos de descanso se me aparecieran los marcianos de H.G. Wells , despoblando -a rayos láser - de conejos, cabras y seres humanos todos los pliegues del barranco del Chorrillo de Tejeda. Y feliz, después de leer una bonita columna de Luis León Barreto, aunque haya provocado que Javier Darriba decidiera rebautizarme como gusano a partir de ahora, basándose en el hecho de que el susodicho Barreto me compara con una lombriz.

El mundo es hoy maravilloso, las nubes se apiñan sobre las montañas y tengo un nuevo vicio al que darme, en la cama, el sofá o la mesa del comedor: el Hombre acaba de iniciarme en los placeres del scrabble y en eso voy pensando cuando conduzco hacia una Belén María congestionada o la casa de Diego.

Con vergüenza informo de que ese ser humano creativo con el español y que patea tiempos verbales y géneros con el mismo entusiasmo con el que patea una pelota conoce todos los trucos para llevarse cuarenta puntos de calle con dos tristes fichas y dejarme en bragas y con cara estupefacta de paso.

Confieso con más vergüenza que la única vez que triunfé me inventé un tiempo verbal bajo su mirada desconfiada.

Yeya ya me fustigó un poquito con su lengua abrasiva a ratos. Y yo también tengo algo de resentimiento sordo y adictivo dentro por eso de escribir libros, teclear columnas en un periódico y, además, dejarme patear el diccionario por un extranjero.

Confieso también que empiezo la semana con un motivo extra para desear el fin de semana y que afilo mentalmente mis fichas de scrabble a la espera de una venganza total y definitiva sobre mis sábanas más frescas.

Esa noche cenaremos en el infierno, a Viggo Mortensen garrapateando poemas en las pausas de rodaje pongo por testigo.

8 de Junio 2007

Salvapantallas: Mi boda ideal

Un somero vistazo a la cosa del famoseo basta para comprobar que las celebridades son como las cucarachas del anuncio: nacen, crecen, se reproducen y mueren a la par que el resto de los mortales. Y eso es especialmente cierto en verano, cuando los refritos y la apatía estival reinan en los medios y las noticias cardíacas se nutren con bodas, bigamias y embarazos imaginarios o reales.

Entre tanta historia nupcial, debo ir contracorriente y confesar que las bodas me parecen innecesarias y estresantes. Estresantes, porque están ligadas a dietas, dispendios y todo tipo de sufrimientos. E innecesarias, porque papeles y autorizaciones divinas me parecen superfluos entre dos.

A pesar de eso, reconozco que Hollywood también ha hecho mella en mí y hay cosas que codicio de una boda.

Confieso sin recato que quisiera una luna de miel bajando el Nilo en falúa, aunque también afirme que desearía encarar la ceremonia en sí con un bailoteo al ritmo del Highway to hell y entre faralaes rojos .

Y también confieso que, si fuera famosa o Dolores McNamara, me arruinaría con una celebración de las que hacen historia.

Contrataría a Goran Bregovic y su banda de gitanos para que no quedara cadera sin fracturar ni mente clara a mi alrededor. Y mis invitados acabarían vagando por costas desconocidas, como «Piano Man», y atestando los hospitales mentales de medio Magreb, mientras los medios de comunicación del mundo entero se verían colapsados con miles de llamadas de identificación internacional sin respuesta.

Canarias7.es - 23/08/2005

¡Soy una avellana!

Magnífico programa doble el de ayer. Primero, Jonah Smith, con su pop-americana-country elegante y limpio y su batería serbio de brazos de gladiador, rubia cabeza rapada y ojazos claros. Después, Gritos en el pasillo, alineada con Ivana, Yeya, Nenito, Eddy y Armando pero sin manises que picar.

De Jonah, me impresionaron favorablemente su voz (que a mí me recordó de alguna manera a la de John Mayer), su aire alternativo, la contundencia rockera que le metía a las canciones del último disco y, de nuevo, el batería sensual.

De la película de Juanjo Ramírez, me encantaron las maquetas, los dibujitos, los créditos y toda la cosa artística. Me parece que sobraba algo de diálogo, pero el director de manises sabe cómo contar una historia, crear tensión, bordar escenas de acción trepidantes y lograr que tiente el brazo de Armando en la oscuridad, tensa y sobresaltada, ante una Marita cantora y la perspectiva de que alguien garrapiñe a otro alguien.

Después de la película nos fuimos al Herreño, a pinchar la burbuja inmobiliaria con nuestros tenedores y criticar todas las rotondas con escultura de la isla, mientras saboreábamos una tapa de pata algo seca.

A esta noche perfecta solo le faltaría un poco de Víctor Ramírez para embelesarme, pero se me quedó el libro en el coche.

Bostezo, presionando esa amígdala pejiguera mía, y voy cayendo en este sofá tollinado por la vida. Mañana, más, espero ... en forma de entrada sobre Paris Hilton o Lindsay Lohan, por ejemplo. O sobre los temibles 99. O sobre el déjà vu que experimento al pasar frente a los carteles de Ocean's 13 y detectar en George Clooney trazos del moreno encendido del cartel electoral de Soria.

Etc. etc. etc.

7 de Junio 2007

Fetichista a mi pesar

Llego a casa pensando en la gente que bebe de los zapatos de otra gente y en operarme las amígdalas a mí misma, con un bolígrafo por bisturí y convirtiendo este sofá en escenario de una carnicería. Llego agotada al hogar un día más, sin ganas de nada y con un dolor sordo y constante trepándome hacia el oído desde la garganta. Maldita sea mi infancia a inyecciones y sin quirófano, mascullo.

Dolorida y miserable, sigo recomendando el texto de Muriel Streep sobre el fetichismo, con algunas claves laborales para el futuro, véase el/la busurera, y algunos datos interesantes, como la obsesión compulsiva de mucho macho occidental por la mama generosa.

Lo cierto es que me reconozco algo fetichista, aunque no lo suficiente como para frotarme -posesa- con la mayoría de los objetos o partes anatómicas de alguien que me provoque taquicardias y ternuras. Si me pongo las cholas del Hombre es para no tocar un piso de higiene dudosa y cuando él me compra zapatos creo que lo hace porque se harta de verme las mismas sandalias siempre y porque siente curiosidad por saber si podría sobrevivir a unos taconazos.

Lo cierto es que desarrollo un lazo afectivo con los objetos o los estímulos sensoriales que me recuerdan a determinadas personas y punto. Con la curva feliz de la tripa de Ulises, con el pelo de perro que se queda pegado a la ropa de Esther, con el frasquito de colonia que el Hombre se dejó en mi baño, con las tartas de Neketan, con el despeluse asilvestrado de Nenito, con el pelo de gato que se queda pegado a la ropa de Pachi ...

Igual que hay música que me recuerda a gente, como sucede con 50 Cents y Darriba, Phil Collins y Alberto, Antonio Machín y Yeya o John Lee Hooker y el Mendoza Chico. Y por supuesto que hay olores, como el arroz con leche de mi madre o la tortilla de verduras de Hermano o el aliento a fruta de Diego, que me reblandecen por dentro.

Pero no de manera obsesiva, me digo, mientras preparo las cholas y los anillos en los dedos de los pies para ir al concierto de Jonah Smith en un rato. Hoy toca programa doble, con Gritos en el pasillo tras Jonah, y preveo una tropical post cine a la vera de la frikipanda, meneando ñoño a la intemperie y traduciendo mi hipoteca en bragas.

Si regreso con la cordura intacta, quizás escriba otra entrada. Si no, ¡hasta mañana, manises del mundo!

Un día de pedicura.

6 de Junio 2007

Gritando por el pasillo

Por fin. Tras el fiasco del 25 de mayo o Día del Orgullo Friki sin maní, parece que por fin llega Gritos en el pasillo de Juanjo Ramírez a Gran Canaria. Mañana, jueves, en el Monopol. Estamos haciendo legión para arrimarnos a las terrazas de las Ranas, trasegar tropicales y vigilar nuestras corduras en comunidad.

«En nuestro estreno mundial competíamos o más bien éramos aplastados por Piratas del Caribe –apuntó Ramírez hoy, en la presentación de su obra– Johnny Depp se pasa toda la película comiendo cacahuetes en una broma recurrente».

En una broma recurrente y sin toalla, espero disfrutar de la compañía de un platito de manises junto a Yeya, Nenito y su amigo Edi, el friki guaperas, a la puerta del mani-comio desquiciante en que mañana se transformará el Monopol.

Sólo echaré de menos a los frikis que no han confirmado asistencia, a saber: al Avatareño, al Dos Velas Negras y a Armando, en compañía de Zoe-Hop, su perra hiperactiva y diminuta con pasión por el seitán, los bares y los bolsos de las chicas hippies.

Y a Txema Santana, compañero de internet al que acaban de premiar por una crónica que escribió para La Prensa Gráfica sobre un asalto al transporte público donde viajaba en San Salvador. La mejor crónica del año en el país centroamericano según la Asociación de Periodistas salvadoreña. Algo de lo que nos enteramos casi de casualidad, porque Txema es un hombre tímido y modesto y no suelta prenda de la cosa.

En cualquier caso, felicidades a Txema y ¡manises para todos!

Salvapantallas. Los Beckham y la fábrica de chocolate

Victoria Beckham jamás ha leído un libro en sus 31 años de vida. Puesta a no leer, esta especie de Barbie Anorexia en hueso y hueso ni siquiera ha ojeado su propia autobiografía ni las dos de su Ken particular y afirma que cuando quiere entrenar la córnea en algo que no sea admirar el precio de un vaquero de lujo o los tatuajes de su marido, le echa el ojo a una revista de moda.

El Daily Mail ha pedido a unos cuantos personajes públicos que recomienden lecturas para mentes vírgenes a Victoria, pero no puedo creerme que, a estas alturas, esta mujer desee realmente dedicar parte de su tiempo a algo más que las compras, los saraos y esa familia suya tan bien conjuntada.

En la misma entrevista en que confiesa que el Cosmopolitan es lo más intelectual que conoce, la Sra. Beckham también declara que quiere seguir dándole trabajo a su sistema reproductor y parir una niña. Principalmente, para tener un pequeño clon al que maquillar, peinar y colocar diferentes complementos en sus (pocos) ratos libres.

Acabo de ver la última película de Tim Burton y se me ha ocurrido imaginar lo que sería una visita de Torrelodones Beckham a la fábrica de Willy Wonka. Con sus antecedentes familiares, me imagino a la chiquilla criticando a los «umpalumpas» por no ir a la moda y desafinar o intentando montar un trío con el Sr. Wonka y Charlie, para posteriormente desaparecer por un desagüe.

Y todo, me temo, porque su madre conoce a Gabbana pero no tiene ni idea de quién es Roald Dahl.

Ni falta que le importa.

Canarias7.es - 17/08/2005

5 de Junio 2007

Cataratas de pasión

Por recomendación de Neketan, me meto en youtube a ver algo de Chigüesque TV. Me decido por un culebrón en el que la heroína, murciélago-topo humano por más señas, tiene un romance encubierto con el capataz de su finca, hijo del criado negro y hermano del toletillo del lugar por más señas también. Ellos van descamisados y lucen melenas flotantes al viento. Ella tiene tirabuzones de niña insoportable de la Casa de la Pradera. No son los Power Guanches, ni el vampiro de Chigüesque ni El Señor de los Anillos, pero queda bastante aparente y mejora a cada capítulo.

Creo que es la mejor opción antes de sintonizar el Satélite, una vez salida tarde del trabajo y perdida la oportunidad de ver algo de Docusur en la Filmoteca Canaria ... una vez más. Por lo menos hasta que me doy cuenta de que dan Cayo Largo en TCM Clásico y le doy cambiazo a la pantalla del portátil por la del televisor.

Mi padre creo que está memorizando toda la sección de tema del día de Canarias 7, reconcentrado en su sofá. Mi madre sube a tope el volumen del típico seudodocumental oportunista y amarillo limón de Antena 3 en su televisión. O a eso suena, porque tengo tantas ganas de sintonizar esa cadena y enterarme de lo que dan como de electrocutarme con la batidora enchufada y botada en mi bañera llena. El perro alarma pasa bajo las persianas, faltón crispador, una noche más.

Si nos saltamos la ruptura de treguas y a Tejero liándose a balazos en Antena 3, el día de hoy fue agradable y lleno de promesas. Se presentaba el Canarias Jazz & Más Heineken en el Auditorio Alfredo Kraus y en el Auditorio de Tenerife simultáneamente. A mí me tocó Alfredo Kraus, con ese torrente incontrolable de información útil y entusiasmo que es Alberto, explicando las razones por las que no te puedes perder ni un sólo concierto y creándome una ansiedad loca.

Ahora afilo uñas, dientes y tarjeta para ver a Bebo y Chucho Valdés en el Alfredo Kraus ... y a Kevin Mahogany, esa mole humana de voz aterciopelada y profunda, y a la nueva edición de Reunion, lanzando fuegos artificiales en el escenario, y a Josh Dion, el blanco con voz de negro y batería descalzo más dicharachero de la escena de Nueva York, ... y para escuchar el repertorio de Billie Holiday en la voz de Charmin Michelle y para pasear por Las Canteras entre big bands arrebatadas, entregadas a una improvisación demente.

Mañana toca presentación de Gritos en el pasillo, película del Orgullo Friki que nunca fue. Mañana también estrenan cortos de Andrés Koppel en el Monopol y abren una ca' Manolín restaurada. Y este fin de semana llegan, junto con la romería de Mogán, Tideland y Memorias de Queens.

Ya se olfatean Aguaviva y Fuertemúsica en el ambiente ... y el Festivalito de La Palma, San Juan, las Fiestas Patronales, el equinoccio de verano, ... Se aproximan inexorablemente San Antonio y los cumpleaños de mi padre, Alberto, el Avatareño y Marcus Miller. También se intuye la voz rota de Joe Cocker y a Natalie Cole y todas las fiestas populares encadenadas.

Se me pone el espíritu festivo de pensar en el Carmen y Santiago, en los festivales, en las playas plagadas de windsurferos y submarinistas, en los paseos de atardecida por Agüimes y los nudistas de Maspalomas.

Hoy, por fin, poco después del mediodía, se me puso el cuerpo de verano.




Con la Josh Dion Band y Pachi, en Menorca, islita maravillosa.

Los rincones de un cuerpo

Tras la típica discusión postelectoral familiar del día (nada como la política o la religión para crear un cisma en la comunidad mejor avenida), decido relajarme leyendo cosas bonitas y caigo en un minitexto de Teresa Serván que entra en la categoría ... además de responder a las categorías de tierno y sutil también.

"Los rincones más hermosos de mi casa son los de tu cuerpo cuando la habitas" es el minirrelato ganador del II concurso literario de Hiperbreves Movistar: una simple frase que además comprendo cuando pienso en Diego bajo mi techo, por ejemplo, todo carnita amasada con olor a leche y fruta, ojazo azulón y risa sin dientes. O cuando imagino el cuerpo del Hombre en la oscuridad de mi habitación, tan suave como si estuviera hecho con espuma y tan macizo como si lo hubieran sacado del tronco de una teca, esperando a que yo me acople a sus huecos y ángulos como si nos trasmutáramos en dos piezas de puzzle vivas.

O cuando enchufo de nuevo una copia de cualquier película de Viggo Mortensen en mi salón y desenvuelve una de sus sonrisas lentas y como reluctantes y le pasa a un caballo la mano por un zigzagueo de crines y los ojos se le iluminan cual cachitos de mar índico en las playas de Broome.

Supongo que apuntaría a la frase de Teresa que hay cuerpos que son mi hogar estén donde estén, que me hacen sentir en casa y que me llaman a perderme por sus rincones.

Imagen de Broome (Australia Occidental), tomada por Zak Sherwood y expuesta en Flickr.com

4 de Junio 2007

Salvapantallas. Rizo mortal

Después de observar cómo David Bisbal, al girar, transforma el vuelo de sus tirabuzones en una imitación perfecta de una grotesca pamela de paja, sé que podría ser asesora de imagen de un famoso.

Personalmente, este hombre me parece de lo más antierótico. Me recuerda al Espantapájaros de El Mago de Oz y ganas me dan de arrancarle los rizos a puñados, pero el resto de las mujeres le mira con deseo.

Así que sospecho que todo lo que me mate la líbido tiene que ser, por fuerza, atractivo para el resto de la humanidad. Desde ese Bustamante garrulo y requemado a los raperos de medio pelo en chándal de marca, pasando por los metrosexuales clónicos recién salidos de un gimnasio y demás horteras a la moda.

Por lo que, si fuera asesora de imagen de un famoso, creo que sólo tendría que analizar lo que me repugna en un hombre y ponerlo en práctica con mi galateo ipso facto. Le cardaría una masa de rizos que superara a la suma de los pelucos de los Jackson Five en sus mejores tiempos. Le arrancaría el vello hasta de los pezones. Le embutiría en los pantalones prietos y la camisa abierta hasta el ombligo de rigor. Le daría rayos uva hasta quemarle los órganos internos y le alimentaría con tortillas de anabolizantes.

Luego, independientemente de cuál fuera su oficio y/o beneficio en la vida, le haría practicar el giro y el golpe de cadera y le adosaría la novia siliconada de rigor.

Si el invento fallara, a María Julia Montilla pongo por testigo de que un retoquito plástico de nada y me confecciono a mi Paulo Zulú en pareo personalizado. O mejor, a un Viggo Mortensen estupendo, acento porteño y espada élfica incluidos.

Canarias7.es - 25/06/2005

¡Calzas y bragas sin boquetes, ya!

Si mi madre fuera estadounidense y emparentada con Paul Wolfowitz y si mi susodicha cogiera al presidente dimitido del Banco Mundial en Turquía, le rompería el peine en los piños y hasta le soltaría algún alpargatazo. Y no por su nepotismo ni por su costumbre algo ordinaria de usar la saliva como Mary usaba el semen ... Eso son pecadillos tontos al lado de la exhibición de ñoños por perforación en la calza.

Mira que esa mujer tiene obsesión con la ropa interior curiosita y los calcetines impolutos y sin boquete, por si te viene un vahído en la calle o te atropella una de esas tanquetas todoterreno que ahora proliferan por el asfalto canario ... Yo ya tengo interiorizado, gracias a ella, que hay que asearse bien los bajos y ponerse una ropa interior casi de lujo por si un médico tiene el honor de echarle un tiento a tus refajos en Urgencias.

A veces me traspongo un poco ... como cuando Javier Darriba me jinca la lectura de las actas electorales de las 122 mesas del distrito 2 de Las Palmas de Gran Canaria, recién perpetrado el 27-M. Algo que me pone al borde de vahído y atropello; de calzarme por error un leotardo diferente en cada pierna, acribilladito a boquetes como una red; de echarme una camiseta al revés por encima; de equivocar la talla de ropa interior y acabar con media faja flotando como chicha extra sobre la cadera o con las nalgas comprimidas y robótica perdida en los andares, a punto de deflagración en cualquier despiste la entretela.

Sin embargo y salvo causa de fuerza mayor, como agresión electoral de Darriba y el que la visión de un acta electoral me confunda como a Dinio una mulata en la oscuridad de un garito, normalmente soy muy consciente de que hay que ir por la vida medio restaurada, si no quieres que el accidente o el camarógrafo te trinquen en un renuncio.

Estoy por mandar a mi madre a Turquía, a charlar con Paul. O a organizarle un recuento electoral a Darriba. Es lo que tiene mi madre: que es buena para un roto de Wolfowitz o un descosido de Local con distrito 2 por medio.

1 de Junio 2007

Un par de horas con Sonsoles

Hoy se huele algo extraño en el ambiente, algo casi surrealista y calimoso. O yo lo olía esta mañana al vadear el asfalto nuevo de Juan XXIII, traspasado un accidente en López Orduña y en recalando junto a un tipo con una enorme txapela negra y un perro descomunal metidos en su minúsculo utilitario blanco.

Poco después de que llegara a la redacción, Sonsoles Artigas sonreía frente a la pantalla del pentium de Txema sin que el elemento masculino de esta redacción se arremolinara en masa -hambriento como marea de salemas- en torno a su silueta alargada y firme.

Diría aun más: que creo que la razón definitiva por la que el día está raro es que comentamos más lo que Txema tecleó este mediodía por Sonsoles Artigas de lo que comentamos en su momento los planes de Mauricio para conquistar el mundo o el dribling de Paulino Rivero al elector canarión. Y diría también que eso nos pasa porque nos pesa la salsa rosa y todavía nos pesan más dos semanas electorales cogiendo el color de las paredes mientras, fuera, el día se dora, empolva y ensalitra.

Entrando en la tarde, Nenito amañaba complicidades con el Hombre que llama "pulpul" al pulpo, con su fleco despelusado y tirando a wagneriano electrificado y una mirada de locura presa en las gafas.

Yeya y yo pasamos un rato de la atardecida babeando ante fotos de Madagascar y otro rato babeando ante las imágenes en pantalón de cuero negro de Jeff Scott Soto, todo sudadito y con el pelo hecho un remolino medusino. El aliento nos falló un segundo al imaginarnos en primera fila del concierto de Talisman y con tanta testosterona salpicándonos. O en las románticas calles de Antananarivo, departiendo con lemures, camaleones y perinquenes de colorines a pie de Índico.

Tenemos el día tonto y como tirando a agotado y el fin de semana no acaba de llegar. Trabajo mañana, las ojeras me comen los ojos, Alberto me gritó esta tarde por teléfono y todavía no he perpetrado una compra en condiciones.

"Hjälp!!!! -grito, en sueco- Jag vill en resa nu!".

E imaginando mis bolsillos vacíos y mis tristes números bebeuveanos a estas alturas de mes y año, cierro el ordenador y me precipito a las pestilentes calles del Sebadal, deprimida. O cuando menos, rara como una luna tristona sobre la calima y echando de menos la mirada desquiciada de un camaleón enano arrastrándose por el perfil estrambótico de un baobab africano.



Baobabs en Madagascar.