Ratzinger en campaña
Parece que Ratzinger faltó a catequesis el día en que se comentaba lo de "A Dios, lo que es de Dios y al César, lo que es del César" y que el hombre no se conforma con explicarle a la gente cómo y con quién tiene que usar sus partes pudendas ... También tiene que opinar sobre el color del gobierno que más conviene a un país.
No sé de qué me extraño, porque la afición vaticana a empantanarse en política y otros temas mundanos data de siglos y los líderes católicos españoles se apuntan a ello con menor o mayor sutileza de cara al 27-M. Sin embargo, a los tres les recordaría que los pueblos son soberanos para elegir a sus mandatarios, les remitiría a una noticia que publica El País y les comentaría -antes de que definan tanto sus preferencias por el lado diestro del espectro partidario- que los estudios científicos aclaran que
El lado derecho de la cara tiende a reflejar felicidad (cerebro izquierdo), mientras que el lado izquierdo, malestar (cerebro derecho).
Aunque supongo que una iglesia como la católica, experta en pasos procesionales sanguinolentos y en recordar que el mundo es un camino de amargura y hay que esperar a fenecido para llevarte -o no- una alegría, debe forzosamente encontrarse más a gusto en ese lado derecho do moran el miedo, la tendencia a la jullona y la depresión.
Dejo aparte lo que comenta Esther de la demonización de Internet por parte de Ratzinger para centrarme en un texto hermoso a la vez que tremendamente triste sobre Marilyn. Una mujer tan sugerente como frágil e infeliz y que creo que al resto de las mujeres nos inspira más ternura y compasión que envidia, al tiempo que enciende una bilirrubina inextinguible en los hombres.
Supongo que ese texto me parece especialmente apropiado para esta mañana, porque es una de esas mañanas tristonas, nubosas y deprimentes, en las que entiendes que alguien se emboste a pastillas o se olvide de las líneas que debe recitar en su escena. Y como sólo tengo ganas de teclear tristezas, prefiero encaminarme al Multi-ruedas, a naufragar en un salpicón de atún, y mandar mensajes sms al Hombre llenos de lambuseos.


