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Cortina de agua rasgada

Llueve sobre Las Palmas de Gran Canaria. Una lluvia constante, cantarina y sutil cae, lavando las aceras resbaladizas de Schamann, las palmas afiladas, los baches y socavones que se multiplican en Capitán López Orduña, mi coche polvoriento, los nidos de pájaro y las ventanas de mi casa. Bonito día para estar en la Feria del Libro, me digo. Y en ese momento justo, enmudece la lluvia y empiezan a piar los palmeros.

Isabel Pantoja aterrizó anoche en la cárcel, conmocionando a un país fascinado con la folclórica, y en todas las cadenas televisivas se habla del asunto, como si hubiera una tercera infanta en camino o Ratzinger hubiese perecido en un descenso de esquí por una loma y se le buscara sucesor entre nubes de incienso.

Escucho una alarma fuera, demasiado sensible al rumor de los coches que pasan, y las cortinas de agua que parten los neumáticos en la carretera enchumbada. Dentro, leo Reincidencias (Centro de Cultura Popular Canaria), mi primer contacto con Verónica García, Alicia Llarena, Teodoro Santana o Berbel, entre otros autores.

Sobre la mesa de la cocina reposa, calentita, mi primera crítica en papel, compartiendo hueco con Silvia Rodríguez y Eduvigis Hernández y a manos de Antonio Bordón, un ser humano al que considero inteligente y con criterio, además de una referencia a la puerta del cine, un lector contumaz y un escritor divertido. A su vera, mi madre exprime un zumo de naranja y en su pantalla chica, reluce hipnóticamente una faja reductora.

Me apetece seguir en la cama, con un libro, enroscada cual gato tiñoso y pachorriento bajo la manta, pero hay que pagar la hipoteca y me espera otra mañana en la Feria del Libro, esta vez con Pepa Aurora y Anu Jato. Sin café en el Kiosko Modernista, si no se entibia un poquito más el ambiente, y chapoteando entre las casetas.

Después, periódico y, a partir de las 17.00 horas, caseta de la ACE, con cadáver exquisito incluido. Y visitas constantes a Canaima, para fusilar a Clara a preguntas sobre el estado de las ventas y retorcerme las manos en pleno ataque de histeria de madre sueca que no ve a sus hijos salir del nido familiar hacia sus propios naufragios personales.

"Sol penétrame", clamo como Mafalda, e imagino que los ñoños no se me encogerán y entrarán en un letargo de oso sin Cruzcampo si me calzo cholas en esta mañana destemplada.

Maldiciendo al invierno, saco una pierna de la cama.

Foto: se titula Amor gótico y la saqué en un banco de San Telmo ayer, con sol y pasión en el aire.

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Comentarios

  • ajjajaja q curioso...me gusta mucho el txto...pero sobre todo, esas frases q un dia escirbi en ese banco ajjaja lo puse por mi y mi mejor amigo, m alegro d haber sido gran inspirazion para ti jajaj, un abrazo:)