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Emergiendo del diluvio

Anoche llovió en Las Palmas de Gran Canaria. En las pausas que dejaba el diluvio, se activó el perro alarma, ladrando de punta a punta de la calle Alceste con su mala leche habitual. En la televisión, House planeaba destripar a un coreano en un avión, entre comentarios ácidos. Supongo que Nenito estuvo en casa, enganchado. Yo también, abandonada por el Hombre en favor del Barça y con el cuello medio roto en el sofá semidestripado del salón familiar.

La lluvia convirtió la rotonda de Belén María, esta mañana, en medio cenagal en proceso de descomposición y lavó el coche, desde los raspones de todas sus esquinas al espejo retrovisor del acompañante, donde el Hombre escribió nuestras iniciales con su dedo roturando el polvo.

Hoy me duele la cabeza, creo que por principio de catarro traicionero debido a la recaída en el maldito invierno. Y esa garganta cruzada a alfilerazos incómodos se me junta con el escote quemado en el parque de La Mayordomía, ayer, a mediodía, ... inaugurando, que es gerundio electoral.

La lluvia lambuseó toditos los recovecos de la ciudad tras un fin de semana en el que acabo de descubrir que no hice nada. Excepto ver el final de la Copa de Inglaterra con el Hombre, que tiene la curiosa costumbre de subir a tope el volumen del televisor y correr por la casa gritándole "¡toma!" a todas las esquinas cuando marca su equipo. Intenté apaciguarle, por el bien de mi vecina sedada y del taxista resabiado de enfrente, pero Drojba le vuelve loco y no atendía a razones.

Durante un momento anoche, mientras escuchaba al perro alarma diabólico, deseé que lloviera en serio. No como en Macondo, durante casi cinco años, pero sí unos cuantos días: que se cortaran las comunicaciones y acabara encerrada en casa, con Lucio Falcón y compañía, bajo una mantita fina y con Earl como alternativa, a ratos.

En mi incomunicación me acompañaría también el ADSL, funcionando a todo trapo, para responderle a Noemi, vía blog, que al Marutegui iremos cuando el Marutegui nos invite o nos atropelle una primitiva y que lo de las memes sigue siendo un misterio para mi persona. Y a Ultraviolet que los jovencitos tienen su interés, como demostró en su época
George Sand, que el color violín de su cabello es una oda a las mujeres de bandera y que un comentario suyo es raro y valioso como un dodo vivo, fértil y en buen estado de salud.

A Nenito, que Elsa necesita a alguien como él, pequeño, peludo, suave y tan blando que se diría de algodón de azúcar. A Yago, que aproveche la espuma de la Guinness y la amigabilidad de los dublineses, que se tumbe en St. Stephen's Green a buscar formas en las nubes y que le dé un beso en el escote a Molly Malone de mi parte. A Diego, que me encantan sus contorsionismos de rodillo de carne parlante. Al Hombre, que echo de menos sus carreras en alpargatas por la casa. A Víctor Ramírez, que gracias por Nos dejaron el muerto.

Etc. etc. etc.

Molly Malone, el escote más generoso de Irlanda.

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