Cáspita, animal de bellota
Me levanté hoy pensando en Enid Blyton, esa mujer que marcó mi infancia con sus emparedados de pepino y sus civilizados clubes de jóvenes en anorak, acompañados por perros superinteligentes, que desentrañaban misterios por la campiña inglesa. Probablemente eso me pasó por recordar a Iznogoud y, por extensión, a otros personajes "literarios" de mi infancia, desde Esther y Puck hasta John Silver El Largo, el capitán Nemo y Filemón.
A estas horas regreso a casa de mis padres, tomada por un pintor, Tillo, al que familiarmente denominamos Trillo y que nos corresponde con un sonoro mandagüevos repentino, brocha en mano, desde el salón o la cocina. Tillo no está ya aquí y dejó colgada esa brocha seca, tintada de blanco, en la ex-habitación de mi hermano. Sin embargo, planea regresar mañana, con los primeros y tibios rayos de sol del nuevo día, así que yo debería deslizarme inmediatamente entre las sábanas para dormir todo lo posible ...
Sin embargo otra vez, Barrera me ha clavado en la frente un pastillera encubierto, preguntándome a gritos a través de la redacción qué tomo para escribir tanto ... y de Esther sólo puedo decir que la rueda trasera izquierda de mi utilitario se desinflaba una vez más esta noche -como una investigación parlamentaria de corrupción política- sobre el asfalto de la calle Alceste. Así que me fajo con ellos vía blog, dispuesta a batir algún record mientras tecleo un cáspita blytoniano y lo acompaño con un animal de bellota del doctor Bacterio.
Y en eso estoy, algo rebenque mas prolífica, como hembra de Alien después de verle los ojos a Gary Dourdan y pensarse el cambio de raza. He dicho.


