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Bonito día (II)

A veces, la realidad supera a la ficción. Lo confirmo al escuchar en M80 Radio que un candidato a una alcaldía española empadronó a dieciséis parientes en su casa (o piso patera) justo después de enterarse de que era alcaldable. Por la misma fuente, también me entero de que denuncian empadronamientos en estaciones de tren, polideportivos y hasta iglesias. En El Intermedio del Gran Wyoming, me dicen que dos flamencos homosexuales acaban de adoptar huevo, que la lucha contra la homofobia llega al fascinante mundo de las sevillanas y que Antonia San Juan cumple años hoy, rompe piñata malamente y estrena La Caja el Día del Orgullo Friki.

Me retrepo en el sofá desconchabado de mis padres, contenta tras asimilar tanta información, porque por fin pude ver el programa del Wyoming entero, una vez abierta boca con fracciones de la cosa en Youtube.

Además, esta tarde también pude aprovechar un par de horas para leer varias páginas de Nos dejaron el muerto tranquilamente y sobo, majaderamente insomne, una copia de Pesadilla en Springfield en este momento, dispuesta a atravesar la madrugada de la mano de Los Simpson.

En resumen, que no quepo en el pijama de dicha porque hoy tuve un día productivo culturalmente.

Esther me escupe, viperina, de vez en cuando, que tengo una vida social variada y fascinante. Nada más lejos de la realidad: me levanto tarde y traspuesta, me ducho a la carrera, me seco el pelo con las ventanas del coche abiertas y de camino al trabajo, llego al Sebadal tarde y no encuentro aparcamiento, me libro de la muerte en la rotonda por nanosegundos y maldigo a los camioneros y los femepos, trabajo, como, trabajo y regreso al sofá tetrapléjico este a ver series, escribir a veces compulsivamente, leer de vez en cuando y poco más.

Reconozco que los fines de semana pueden ser -de vez en cuando- de una actividad turbulenta y frenética, entre visitas a Diego, teatro, cine, concierto o terraza, arrastrando al pobre Hombre de Barricada a un sancocho en la cumbre o la Noche más Freak sin que se le mude la color. Acaba tan sorroballado un domingo, que me ruega que el fin de semana siguiente nos quedemos en casa, viendo el fútbol y espiando por la mirilla al taxista sicópata que es mi temible vecino.

Admito que, a estas alturas, ni siquiera he conseguido perpetrar un par de ahogadillas en su persona, entre las barquitas de colorines de La Puntilla y mientras las viejitas carbonizadas chillan sus líneas y sus bingos a la marea. Y eso que me depilo cada par de semanas con la vana esperanza de que pisemos Las Canteras un ratito en algún momento.

Pero repito que hoy hice algo más que circular de casa al trabajo, escribiendo mentalmente mis propias leyes ineludibles de la vía pública, como la lapidaria "el que tenga la peor música tendrá el volumen más alto en el vehículo motor".

Y espero que mañana se presente igual, con un poquito de Animayo y sin alarmas climáticas. Y que el jueves me encamine con la toalla a modo de refajo a ver Gritos en el pasillo o a celebrar el friquismo a cervezas y canapeses con uno de la raza, como por ejemplo Nenito ...

O con una cuadrilla de bomberos intelectuales a la par que macizos, en su defecto.


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Comentarios

  • ¡Me apunto pues! :) (pero es el viernes, ojo). Y advierto que ese día mi nombre es Legión, pues somos muchos.

    Ulises, por ejemplo, que también se apunta.

  • Tiene un fallo tipográfico. No es "Esther me escupe, viperina, de vez en cuando". En realidad es "Esther me escupe, viperina de vez en cuando" :)

    ¿Lo arreglo o no cuela?