« Abril 2007 | Inicio | Junio 2007 »

31 de Mayo 2007

Como leche para el arroz

"Señorita, está usted más buena que el arroz con leche", me espetó un taxista defensor del piropo esta mañana. Hubo una pausa. "Aunque a mí no me gusta el arroz con leche", remató, clavándome sus sinceros ojos azules como con pena y dejándome la moral arrastrada bajo las ruedas del vehículo motor.

La situación se producía por culpa del cruce de semáforo, en Primero de Mayo, de una muchacha peliteñida y de perfil joliesco (bembas monumentales y un escote que le llegaba casi al punto G y mostraba generosamente mama hasta rayar con los pezones). Ella parecía irresoluta y no se le ocurrió otra cosa que colocarse bajo una obra con toda aquella carne rebosándosele de la escueta camiseta.

El taxista por poco se empotra con algo siguiéndole los andares felinos a la Loba, que se paró en el otro lado de la calle dispuesta, parece ser, a volver sobre sus pasos y quizás provocar una colisión y el caos circulatorio en la avenida.

"Colombiana", paladeó el taxista, lujurioso. "Siempre van superprovocativas".

Concedí con un gesto.

"Es probable que sea latinoamericana, tiene el estilo", dije yo, tapada como una monja. "Pero hay de todo".

"Sí", admitió él. "Yo no es que tenga mucha experiencia, pero las que van así son luego menos fogosas que las que van más tapaditas". Y me lanzó dos ojos como garfios de kryptonita paralizante por el retrovisor.

Le sonreí, pensando que no conocía a mi amiga exhuberante y pasional por excelencia, Elsa, aquella que donde pone el ojo pícaro pone el tacón de la bota de cuero de caña alta.

"De todas formas -continuó él- Creo que aquí deberíamos aprender de algunos sitios de Latinoamérica, donde la gente usa más el piropo y es más melosita al hablar ¿A usted le molestaría un piropo?".

Y aquí paró el coche en mi destino y me soltó lo del arroz con leche.

Lo cierto es que eso de la galantería masculina a mí no me da frío ni calor y creo que tengo pasado ya el arroz con leche del piropo. Sin embargo, lo del taxista me retrotrajo a una conversación con el Hombre, que bordeó el terreno de la bronca conyugal hace poco.

Empezó todo cuando le comenté que tengo una amiga que no puede quitarle ojo a sus nalgas de mármol, tan bien puestas ellas, y él se me echó a reír. "Creí que sólo los hombres mirábamos ahí a las mujeres", me dijo. Comenzó a preguntarme entonces por lo que me había llamado la atención de su persona cuando nos conocimos y le confesé que no vi su pétrea retaguardia hasta que esa amiga me la señaló y que lo primero que me impresionó fueron sus ojos oscuros como pensamientos negros, que diría Gerald Durrell.

Cuando le pedí reciprocidad, el Hombre se me puso a la defensiva y aseguró que fue un todo: que le puso desde el primer segundo mi persona al completo, mi forma de ser y el que fuera una muchacha viajada y abierta.

Se me quedó la cara como cuando le pregunté qué aspecto pensaba que tendrían nuestros hijos y me respondió que "narices grandes". O cuando propuso invitar a nuestro San Valentín a la Elsa de las minifaldas vertiginosas y la lencería de lujo.

O como si me hubiera abrazado, amoroso, para susurrarme al oído: "estás más buena que el arroz con leche ... pero el arroz con leche no me gusta":


28 de Mayo 2007

Tribulaciones de una bloguera: postdata (?)

Tecleo una breve entrada para proclamar la felicidad arrítmica que me provocó el Granca ayer, al bajarle los humos a los de Rudy Fernández y arrancar un quinto partido de play off a esas malas bestias del DKV. Lambusearía ahora a Savané (y al resto del equipo, por supuestísimo) de arriba a abajo, hagan lo que hagan mañana y a pesar de que por poco muero en el último cuarto de partido de ayer, enchumbada en mis propios fluidos y con el corazón pugnando por salírseme de la boca.

Después de esta minúscula exaltación al orgullo amarillo y de mandar un beso adrenalínico y lujurioso a Héctor y Sergio, también tecleo que le daría una jaladita del pelo a Esther Pérez Verdú, atareca y amiga, por añadirle otro motivo de estrés a mi vida bloguera.

Por si no tenía bastante con la falta de comentarios, la montaña rusa inexplicable de las visitas y las dudas existenciales sobre la frencuencia de las entradas, ahora además me meten en un ránking de blogs a nivel Canarias y nacional y entro, una vez más, en modo pánico.

Para olvidar, por un momento, que existe otro ojo que vigila mi azarosa vida bloguera y que 350 personas votaron a Democracia Nacional a Tenerife, me decido por el Matasombras esta tarde. La sala Cuasquías acoge la presentación de Los ensueños del tiempo, el primer libro de Judith Bosch Molina, quien estará acompañada por los escritores y periodistas Dolores Campos-Herrero y Santiago Gil. A las 20.30 horas.

Judith publicó dos novelas juntas en esta ocasión y pronto publicará otros textos propios. Aparte de ser buena gente y compañera en talleres literarios, tiene sólo 24 años, hambre de escritura y creo que talento ... o eso me confirma Santiago Gil, porque confieso que todavía no me leí nada de ella, con tanto texto atrasado en mente y en las estanterías.

Pues eso ... a vitaminarnos y mineralizarnos con tropicales fresquitas y literatura esta tarde.


"Ha ganado la alcaldeza el psoe"

La frase anterior es la que pude leer en el último SMS que me mandó el Hombre ayer por la noche, en su español creativo y algo magullado. Supongo que lo de "alcaldeza" viene a ser alcaldía, españolizado a su manera. Y que no tiene nada que ver con una posible confusión suya de extranjero entre Jerónimo Saavedra y Sonsoles Artigas, por ejemplo.

Hoy amanecimos con resaca electoral.

Esta redacción parece medio desmantelada tras la histeria de ayer por la noche, con unas poquitas voces débiles sonando tímidamente y casi sin teléfonos arañando la claridad de las blancas paredes. Hasta la obra está un pizco más apagada que de costumbre, cosa que se agradece cuando duermes poco y mal, arrumbada en el sofá familiar y con el DVD de La batalla de las colinas del whisky de fondo.

A la resaca electoral se suma un cielo nublado y tristón, que amula y te deja cuerpo de José Carlos Mauricio, esperando infructuosamente por una llamada anoche. Y que quizás me levanté algo revuelta, porque soñé que amanecía en Mogán, convertido en una especie de Pueblo de los Malditos, donde el lugar de los niños rubiancones y añurgantes lo ocupaban tipos de amplia sonrisa esmaltada, mirada turbia y carcajeo fácil.

Creo sinceramente que deberían retirar la cartelería electoral antes de que mi cordura escape por la ventana en dirección a los contenedores del Puerto. Y sólo me anima el saber que muchos tuvieron hoy una peor amanecida que la mía ... Larry Álvarez, libre como el viento, por ejemplo.


Salvapantallas. Todos somos Gwyneth

Me parece normal que Gwyneth Paltrow sea inconsecuente: que critique a Brad Pitt y Jennifer Aniston por airear públicamente su vida privada y después ella haga lo propio con su perfecta y rubia familia.

Después de todo, de humanos es contradecir palabra con acto y viceversa y el que esté libre de pecado, que tire el primer melón -cargadito de rony zumo- públicamente.

Que la inconsecuencia es el estado natural del hombre lo demuestra un vistazo a una sesión del Congreso de los Diputados. O poniendo distancia con los obvios ejemplos patrios, el caso del político estadounidense que ejercía de «bestia negra» del activismo homosexual, mientras se dedicaba a perseguir jovencitos en los chat de internet. O todas esas personas que sufren una violenta alergia con sólo mirar una iglesia y acaban casándose de blanco, con bendición papal y rodeados de otros alérgicos.

Particularmente, me reconozco una persona muy inconsencuente. Probablemente porque tengo ideas muy rígidas sobre cómo tienen que ser las cosas.

Por eso mismo, sé que acabaré aprobando una oposición, convirtiéndome en funcionaria, mudándome a Estados Unidos, casándome con Pat Robertson, teniendo quince hijos con nombre de fruta y operándome la nariz.

Y lo sé porque tampoco quería casa ni coche y aquí estoy, motorizada, hipotecada y sometida a los caprichos de un albañil.

Ya que es ley de vida que todo lo que siempre has dicho no querer, te acabará alcanzando en el futuro. Como a Gwyneth le alcanza su exBrad; al político norteamericano, un alegre chapero y a casi todos mis amigos anticlericales, un cura.

Canarias7.es - 01/09/2005

25 de Mayo 2007

Si Han Solo volviera al Halcón Milenario

Quiero convertirme, lo juro, pero no sabía yo que la friki fuera una especie tan informal ... además de una profesión de riesgo. Esto viene porque, a estas horas, debería estar en la puerta del Monopol, toalla a la cabeza y haciendo cola con Raptor, el Nenito, Yeya, Avatareño Mayor, Ivana y toda la frikipanda. Y porque, obviamente, no estoy.

Nenito me llamó esta tarde para informarme de que en el Monopol no saben nada de Gritos en el pasillo, el Día del Orgullo Friki y temas similares. Sobresaltada con el naufragio de mi frikibautizo, contacto con Juanjo Ramírez, director de la película del mani-comio lleno de manises, y, efectivamente, el hombre me explica amablemente por teléfono que el estreno se aplaza. Al parecer, se estrenará en varios cines canarios al mismo tiempo, como el Monopol, el Víctor y algunos más.

Me alegro por ellos, pero el que seas friki no quiere decir -supongo- que quieras ser un desinformado y un toreado por las circunstancias de la vida. Juanjo Ramírez pedía en su blog ayer que invadiéramos el Monopol y nadie avisó de la cancelación de la cosa.

Digo yo que el friki tendrá un corazoncito sensible (ó 42) bajo su camiseta de Naranjito y que, sólo porque sea raro, no hay que maltratarlo. Así que pediría un poquito más de cariño con los frikis y un respetito, además de que le corten la cabeza con una espada láser al responsable del cambio sin aviso.

Y me preparo -esta vez, sin toalla- para unos pizcos y unos manises con Nenito y su club friki en San Telmo, sin gritos ni pasillo ni cordura en este día en el que la Fuerza parece que se nos resiste.

pd. Por cierto, gracias al Avatareño por la noticia del friki australiano detenido por llevar la pistola de Han Solo en la mochila. Si el pobre Han volviera al Halcón Milenario ...

24 de Mayo 2007

Friki en proceso de conversión busca patera

Menos mal que llegué hoy a ese pedazo de bochorno subsahariano en que se ha convertido la sección de Cultura sin haber desayunado. Porque anuncio que si abro el periódico con el estómago lleno y me tropiezo con la foto de Paulino Rivero dándole un beso a una inmigrante (en la brillante piel del color del wengé de su cara y sin mascarilla), me arrojo toda y me embarco en una patera rumbo a la costa de Senegal. Ontopofebrizin, esta mañana me enteré de que el anticristo de la no canariedad (entendida a su manera) y paladín del ladrido electoral (combinado con el beso de Judas) se pasa mañana por esta su redacción para el encuentro digital. Y ahí sí que me puse a la busca desesperada de patera o, en su defecto, de rueda de prensa a la misma hora. Lejos del Sebadal, a ser posible.

Reconozco que se me ocurren otras formas mucho más placenteras de celebrar el Día del Orgullo Friki que tener un encuentro online con Paulino Rivero. Como por ejemplo quedar con Nenito, el Avatareño Mayor, Ulises y otros amiguetes entoallados para echarle un ojo bajo la cintura a los manises de Juanjo Ramírez y trasegar tropicales sin tino. Algo que no sé si es adecuado para celebrar la efeméride, pero espero sirva para detener el catarro que se gesta entre mi garganta y mis riñones, enquistado en mi espalda como un pequeño alienígena cargadito de huevos.

También anuncio que gracias a la falta de alimento anteriormente mencionada y esta mañana igualmente, no se me desarretó el pomo del todo cuando vi las fotos de la llegada de Johnny Depp y Orlando Bloom a Japón ... aunque la decepción se me pintó en la cara. Tiene razón esta Yeya amante del madurito interesante y la carne bien puesta en el macho: Johnny, el que fuera una vez el gitano de mis refajos y entretelas y la mirada más turbadora de la pantalla, capaz de derretirme hasta las pestañas, se me está quedando en los huesitos. Ella va más allá: "parece que está enfermo y los tatuajes, puaf". Y se le pone carita de asco.

Lo cierto es que el hombre, que estrena película mañana en España, parece un secopalo, que diría mi abuela, y tiene un aspecto de lo más poco saludable y apagado.

Como lo mío con él trasciende el físico y me cae bien y me parece un tipo inteligente, sólo me amulo un poquito, sin dudar de mi amor festivo por su persona. Igual que no dudo en repetir la búsqueda de patera si Paulino vuelve a asomar el flequillo Tintín por la puerta de la redacción antes del domingo y tampoco dudo en la elección de toalla friki para mañana.

Así que un poco perjudicada por esta tormenta y estas bajas presiones que se huelen en el aire y con los pies hechos dos carambanitos, me meto en la cama.

Que la fuerza nos acompañe a todos para sobrevivir estas elecciones ... ¡au!¡au!¡au!


Sinaja Bui Simunovic versus Cecilia Bolocco

Acabo de llegar al sofá de siempre, de meterme entre pecho y espalda un chai y una hamburguesa de seitán en el Ars Vivendi y de pasar un ratito hablando de política, de sexo y de música con la explosiva Elsa, la presidenta del club de fans también denominada Ivana y Alberto, ese hombre de lengua rauda e ideas aún más raudas navegando por el proceloso mar neuronal delimitado por su cráneo rasurado.

Al llegar a casa, tengo dos mensajes en el contestador de Sinaja Bui Simunonic, esa mujer que es mi musa y de la que no hablo lo suficiente en estas líneas, dedicadas en teoría a ella. Sin rencores, Sinaja me regala un par de frases grabadas con su voz grave, algo arrastrada, y en su inglés correcto de marcado acento balcánico. Sólo un gracias por el blog y un aviso: acaba de terminar su última novela, en la que cuenta su historia de amor real con Ante Gotovina, el huésped del TPI por el que por poco vuela al Tibet.

Lo cierto es que normalmente me distraen cosas como el contorsionismo de Cecilia Bolocco, amorosamente abrazada a las nalgas de un amigo italiano que le "recarga la entrepierna sobre el hombro". O los estudios que me confirman que es normal que me frustre a veces por no poder pegar ojo junto al Hombre, mientras él ronca a pierna suelta sin sentir mi mirada fija, tirando a desesperanzada, en la oscuridad. O esos carteles electorales que ya algunos empiezan a despedazar y botar por las calles, apuradas entre obras, asfaltados y brochazos de última hora y que miran de reojo a un cielo traicionero.

O el temblor de las flores de frangipani en las calles soñolientas de Ibo, el rumor de los canales de Estocolmo, la cinta de agua sucia a la par que extrañamente literaria del Liffey o todas esas otras ofertas de viaje que no puedo permitirme y que me tientan desde diferentes páginas web.

Pensando en Dubrovnik y en Sinaja, me decido a abandonar el portátil por Víctor Ramírez, no sin antes imaginar por un segundo que una bonoloto me rescata de la rutina y me propulsa hasta la terraza de esa mujer croata, vital y excéntrica, que me deja mensajes en el contestador con olor a mar limpio, pimiento y brea.



Ante Gotovina, recién detenido en Tenerife.

Salvapantallas. Mi nueva heroína

Antes pensaba que quería envejecer como George Sand, esa escritora independiente y apasionada que acabó sus días liada con un galletón que habría podido ser su nieto.

Sin embargo, he cambiado de idea y ahora he decidido que mi modelo de vida futura va a ser Sinaja Bui Simunovic.

Sexagenaria, croata y colgada, Sinaja es la autora de El amor del general, una novela basada en sus fantasías más tórridas con un criminal de guerra balcánico, masacrador de civiles serbios y prófugo del Tribunal Penal Internacional por más señas.

Con fe enternecedora, Sinaja afirma que todo lo que escribe acontece y pronostica que, sin duda, el futuro le deparará que ese «buen mozo» de Ante Gotovina se revuelque con ella por medio África huyendo de la justicia.

Animada por el ejemplo de Sinaja, me he puesto manos sobre teclas a escribir mi propia novela.

Armada con el Kamasutra y un atlas, pienso detallar todas mis fantasías con Viggo Mortensen: todas las posturas eróticas posibles en todos mis escenarios favoritos, desde las Maldivas a Alaska. Y como Sinaja, esperaré pacientemente a que Viggo se pegue un salto al Sebadal, con la intención de comerme la boca a pie de fax y con los bolsillos rebosando tarjetas de embarque.

Puedo esperar: entre novela y novela, me quedan los bailes afrocubanos. Y si Viggo se retrasara, como mi gurú Sinaja hizo con dos jóvenes oficiales, yo me consolaría con Ayose, mi profesor de bachata. Ése que me distrae a mitad de un titanic con un perturbador meneo de caderas y cuyos pezones bajo la camisa ajustada podrían incitarme a cometer crímenes de guerra.

Canarias7.es - 12/08/2005

pd. Retiro lo de colgada, por cierto :)

23 de Mayo 2007

Entrada 200 o el Test Sinajo (tachaaaaaan)

Hoy, 23 de mayo del 2007, con una amenaza de lluvia furiosa todavía flotando en el aire diáfano (y siete puntos de bajada de presión en la zona Triana), escribo la entrada número 200 en este blog. Dejé a mi padre hiperactivo, jugando con los enchufes de la casa, y a mi madre suspirando en la cocina ante la titánica tarea de limpiar un hogar pasado por obra para venirme a la redacción y pedirle consejo a Nenito. Él propone una rueda de reconocimiento para poner nombre a cachos de personajes del blog ... idea fascinante ... que pondré en práctica esta tarde, creo.

Sigo, sin embargo, emperrada en una serie de preguntas sencillas, accesibles para cualquier blogadicto y que pasaportarán a un/una afortunado/afortunada (o no) ganador/ganadora hacia una barra de bar con manises y cañas junto a personajes de este blog aún sin determinar (*consúltense las bases al final de esta entrada).

Para opositar a tan tentador premio, sólo debe contestar correctamente al siguiente cuestionario:


  1. Todo el mundo sabe que los niños vienen de:
    1. Francia
    2. La China Milenaria
    3. Perú
  2. Los protagonistas de la debacle de San Valentín son:
    1. Dos grupos mafiosos
    2. Tres partidos políticos
    3. Elsa y el Hombre
  3. A amigos de Diego opositan:
    1. Nenito, el Avatareño Mayor y Ulises "Dos Velas Negras"
    2. Raúl García y Vicente Mora
    3. La Vaca Armanda, la Rana Mendoza y el Oso Mutuo
  4. Palabra clave a gritar en circulando entre energúmenos motorizados:
    1. ¡Taxista!
    2. ¡Tolete!
    3. ¡Aznar!
  5. Ordénese, de mayor a menor y por grado de antipatía:
    1. La Loba Jolie
    2. Ratzinger
    3. ShinChan
  6. Algunos temas de discusión con Yeya son:
    1. Los problemas de Zara con los judíos ortodoxos
    2. La abstinencia sexual, el tantrismo y el Supermanager
    3. Los programas políticos de los candidatos a la alcaldía de Telde
  7. El paraíso está en:
    1. Vecindario, do moran Neketan y el Hombre
    2. La Isleta, futuro Central Park
    3. Esa calle Alceste con perro alarma incorporado
  8. ¿Cuál es la respuesta a la vida, el Universo y todo lo demás?
    1. 300
    2. 42
    3. 1984
  9. Si yo te dijera "au, au, au", tú contestarías:
    1. "No es a mi látigo a lo que temen"
    2. "Elegí un mal día para dejar de esnifar pegamento"
    3. "Me encanta que los planes salgan bien"
  10. * Cada uno se paga sus copas, que las hipotecas aprietan y la vida está ya, no por las nubes, sino por los anillos de Saturno. En caso de que no exista participación alguna, como en la encuesta sobre el Sakura IV y porque los designios del blogadicto son inescrutables, quedamos en la terraza del Monopol, el Día del Orgullo Friqui para unos pizcos y unos manises.

Salvapantallas. Moss, Kate Moss

La campaña moral de los virtuosos tabloides británicos contra Kate Moss roza la histeria cuando pasa del consumo de cocaína a virulentas denuncias de participación en tríos y orgías semilésbicas.

Y cuanto más intentan hundirla, más ganas me dan de regalarle un planchorno, mandarle una foto autografiada de Julio Cruz o animarla de alguna otra manera. Aunque me parezca patético que pida disculpas sólo porque la cogieron in fraganti a una raya adosada y dé la impresión de que anuncia rehabilitaciones por simple temor a cargarse su carrera.

Debe ser duro comprender que todos esperan tu caída para hacer leña con tus huesos. Sobre todo, cuando comentan que la afición a la cocaína está extendida entre las modelos y parece que lo único que Kate hizo mal fue dejarse sorprender por un fotógrafo.

Sin embargo y en el corazón del escándalo, lo que en realidad me duele del caso Moss es comprender que no es tan importante el hecho de que los costillares marcados de una supermodelo traumaticen a una niña de por vida como el número de veces que ha pasado por la cama de otro ser humano. O lo que es lo mismo, que en esta Norteamérica global en la que vivimos, la anorexia es un buen ejemplo para las adolescentes del mundo y tener una vida sexual activa, no.

Y lo que provoca deseos de apuntarse al primer viaje tripulado a Marte es que una modelo esquelética sea un ejemplo para alguien, cuando deberían meritar a ejemplo Diane Fosey, Marie Curie, Elvira Lindo, Maruja Torres, Camille Claudel, Cristina Morató, Frida Kahlo, Isabel Coixet, Kenia Wangari Maathai, Arundhati Roy, Hipatia, etcétera.

Canarias7.es - 30/09/2005

FP_ARUNDHATI_ROY7.jpg

Arundathi Roy, escritora y activista.

22 de Mayo 2007

Bonito día (II)

A veces, la realidad supera a la ficción. Lo confirmo al escuchar en M80 Radio que un candidato a una alcaldía española empadronó a dieciséis parientes en su casa (o piso patera) justo después de enterarse de que era alcaldable. Por la misma fuente, también me entero de que denuncian empadronamientos en estaciones de tren, polideportivos y hasta iglesias. En El Intermedio del Gran Wyoming, me dicen que dos flamencos homosexuales acaban de adoptar huevo, que la lucha contra la homofobia llega al fascinante mundo de las sevillanas y que Antonia San Juan cumple años hoy, rompe piñata malamente y estrena La Caja el Día del Orgullo Friki.

Me retrepo en el sofá desconchabado de mis padres, contenta tras asimilar tanta información, porque por fin pude ver el programa del Wyoming entero, una vez abierta boca con fracciones de la cosa en Youtube.

Además, esta tarde también pude aprovechar un par de horas para leer varias páginas de Nos dejaron el muerto tranquilamente y sobo, majaderamente insomne, una copia de Pesadilla en Springfield en este momento, dispuesta a atravesar la madrugada de la mano de Los Simpson.

En resumen, que no quepo en el pijama de dicha porque hoy tuve un día productivo culturalmente.

Esther me escupe, viperina, de vez en cuando, que tengo una vida social variada y fascinante. Nada más lejos de la realidad: me levanto tarde y traspuesta, me ducho a la carrera, me seco el pelo con las ventanas del coche abiertas y de camino al trabajo, llego al Sebadal tarde y no encuentro aparcamiento, me libro de la muerte en la rotonda por nanosegundos y maldigo a los camioneros y los femepos, trabajo, como, trabajo y regreso al sofá tetrapléjico este a ver series, escribir a veces compulsivamente, leer de vez en cuando y poco más.

Reconozco que los fines de semana pueden ser -de vez en cuando- de una actividad turbulenta y frenética, entre visitas a Diego, teatro, cine, concierto o terraza, arrastrando al pobre Hombre de Barricada a un sancocho en la cumbre o la Noche más Freak sin que se le mude la color. Acaba tan sorroballado un domingo, que me ruega que el fin de semana siguiente nos quedemos en casa, viendo el fútbol y espiando por la mirilla al taxista sicópata que es mi temible vecino.

Admito que, a estas alturas, ni siquiera he conseguido perpetrar un par de ahogadillas en su persona, entre las barquitas de colorines de La Puntilla y mientras las viejitas carbonizadas chillan sus líneas y sus bingos a la marea. Y eso que me depilo cada par de semanas con la vana esperanza de que pisemos Las Canteras un ratito en algún momento.

Pero repito que hoy hice algo más que circular de casa al trabajo, escribiendo mentalmente mis propias leyes ineludibles de la vía pública, como la lapidaria "el que tenga la peor música tendrá el volumen más alto en el vehículo motor".

Y espero que mañana se presente igual, con un poquito de Animayo y sin alarmas climáticas. Y que el jueves me encamine con la toalla a modo de refajo a ver Gritos en el pasillo o a celebrar el friquismo a cervezas y canapeses con uno de la raza, como por ejemplo Nenito ...

O con una cuadrilla de bomberos intelectuales a la par que macizos, en su defecto.


Bomberos en lucha, ya

Esta campaña electoral me está atacando especialmente. Será porque acabo de regresar de almorzar en casa de mis padres, tras un atasco de diez minutos en la Autovía calenturienta, mirándole las cejas a Mauricio.

Protesto porque ya no sólo te chilla algún tolete por una megafonía itinerante, en mitad de la siesta, para convocarte a un mitin o exigirte el voto. Ni simplemente te envían SMS absurdos o te tupen el buzón con propaganda electoral, te empapelan la ciudad con caretos que te provocan tirria o indiferencia y te agreden con entrevistas, anuncios y declaraciones absurdas por radio, televisión, prensa escrita e internet.

Ahora, hasta abres el correo electrónico del trabajo y sale el chorro de voz viril de Larry Álvarez cantándole nada menos que a la libertad. O Sonsoles Artiga se desbikina en Interviú para pedir apoyo electoral a Jerónimo Saavedra.

Ni los rorcuales se salvan de la quema y a sus aguas se llegan las barcas de Coalición Canaria para plantar banderas en el mar y montar una romería acuática. Los de CCN publican burdos panfletos fascistoides sobre la inmigración. Todos prometen sin tino y se prodigan en asociaciones de vecinos, mercados, guaguas ... los sitios que jamás pisan ni por equivocación en los cuatro años que median entre elección y elección ... Y venga a dejarse el brazo en estrechamientos de mano y las bembas en besuqueos a niños, señoras y paseantes despistados en inauguraciones, aperturas y bochinches varios.

Total, que ganas me dan de liarme a piñas con los alevosos repartidores de propaganda electoral y con el santo cartero, aunque no tienen la culpa. Que no veo el momento de que llegue el próximo lunes. Y que espero que los bomberos se sumen al guirigay electoral con un par de buenas protestas, a ser posible en tanga y en esta sección de Cultura sin aire acondicionado. Aunque una apoplejía me tumbe sobre el teléfono nuevo y la foto de Danyssel y no alcance a patear la ciudad desokupada por los políticos más nunca.


21 de Mayo 2007

Emergiendo del diluvio

Anoche llovió en Las Palmas de Gran Canaria. En las pausas que dejaba el diluvio, se activó el perro alarma, ladrando de punta a punta de la calle Alceste con su mala leche habitual. En la televisión, House planeaba destripar a un coreano en un avión, entre comentarios ácidos. Supongo que Nenito estuvo en casa, enganchado. Yo también, abandonada por el Hombre en favor del Barça y con el cuello medio roto en el sofá semidestripado del salón familiar.

La lluvia convirtió la rotonda de Belén María, esta mañana, en medio cenagal en proceso de descomposición y lavó el coche, desde los raspones de todas sus esquinas al espejo retrovisor del acompañante, donde el Hombre escribió nuestras iniciales con su dedo roturando el polvo.

Hoy me duele la cabeza, creo que por principio de catarro traicionero debido a la recaída en el maldito invierno. Y esa garganta cruzada a alfilerazos incómodos se me junta con el escote quemado en el parque de La Mayordomía, ayer, a mediodía, ... inaugurando, que es gerundio electoral.

La lluvia lambuseó toditos los recovecos de la ciudad tras un fin de semana en el que acabo de descubrir que no hice nada. Excepto ver el final de la Copa de Inglaterra con el Hombre, que tiene la curiosa costumbre de subir a tope el volumen del televisor y correr por la casa gritándole "¡toma!" a todas las esquinas cuando marca su equipo. Intenté apaciguarle, por el bien de mi vecina sedada y del taxista resabiado de enfrente, pero Drojba le vuelve loco y no atendía a razones.

Durante un momento anoche, mientras escuchaba al perro alarma diabólico, deseé que lloviera en serio. No como en Macondo, durante casi cinco años, pero sí unos cuantos días: que se cortaran las comunicaciones y acabara encerrada en casa, con Lucio Falcón y compañía, bajo una mantita fina y con Earl como alternativa, a ratos.

En mi incomunicación me acompañaría también el ADSL, funcionando a todo trapo, para responderle a Noemi, vía blog, que al Marutegui iremos cuando el Marutegui nos invite o nos atropelle una primitiva y que lo de las memes sigue siendo un misterio para mi persona. Y a Ultraviolet que los jovencitos tienen su interés, como demostró en su época
George Sand, que el color violín de su cabello es una oda a las mujeres de bandera y que un comentario suyo es raro y valioso como un dodo vivo, fértil y en buen estado de salud.

A Nenito, que Elsa necesita a alguien como él, pequeño, peludo, suave y tan blando que se diría de algodón de azúcar. A Yago, que aproveche la espuma de la Guinness y la amigabilidad de los dublineses, que se tumbe en St. Stephen's Green a buscar formas en las nubes y que le dé un beso en el escote a Molly Malone de mi parte. A Diego, que me encantan sus contorsionismos de rodillo de carne parlante. Al Hombre, que echo de menos sus carreras en alpargatas por la casa. A Víctor Ramírez, que gracias por Nos dejaron el muerto.

Etc. etc. etc.

Molly Malone, el escote más generoso de Irlanda.

18 de Mayo 2007

Por un Parque Temático croata

Medito alguna forma de celebrar doscientas entradas en este blog dentro de nada y pido consejo a Nenito, ese experto del cibermundo. Le propongo un test un tanto surrealista sobre las Cartas a Sinaja, que fue mi primera idea, pero me aplasta el "¡ombliguista!" que me suelta Yeya y dudo "¿Meme?", le pregunto a mi sabio, pero él ya se ha embarcado en el diseño de un premio para lector avanzado: una cena con protagonistas de este-su-blog, como Yeya, Elsa, el Hombre y él mismo. Los ojos se le iluminan, dementes, tras sus gafitas y se le eriza esa cabellera espelusada que tiene.

La cosa es que me acabo de dar un paseíto por el mundo meme según lo entiende Wikipedia y me recuerda a aquellos dos párrafos incomprensibles de Castells, Manuel que tuve que leerme hace diez años. Tenía que escribir un ensayito en la JMK, mi escuela en la Universidad de Estocolmo, sobre las quince primeras páginas de su The Rise of the Network Society.

Acabé empantanada en la primera línea y deseando escacharle todas las falanges al tal Castells para que jamás volviera a garrapatear una letra.

Me dice Nenito que el meme tiene un significado algo menos trascendente en la blogocosa, aunque lo que le pone es el test y salir de cañas con Elsa, esa mujer subtropical de cadera fácil y ojos lascivos. Por otro lado, Esther afirma que odia las memes y si se me ocurre, me borra de la agenda.

Dudo y hace calor.

Parece ser que si intentamos encender el aire acondicionado en Cultura hay posibilidades de que produzcamos una humareda que deje chicos a los últimos días de Pompeya.

La cabeza la tengo un poco de aquella manera, entre las obras, los dos teléfonos por cabeza más móvil de esta redacción y la huelga de los de Televisión Canaria, que resuenan como un espectáculo de Mayumaná bajo el balcón apuntalado durante toda la tarde.

Hay una mosca pejiguera que hace acrobacias junto a mi oreja y se estampa de vez en cuando contra la pantalla. No sé si el DKV está pasándole por encima al Granca como una apisonadora. El Hombre me deja por el fútbol y Diego está tecloso por teléfono por culpa de una vacuna.

Así que creo que me marcho ya de este Sebadal tristón de viernes por la noche, dejando a Yeya con su historia de las campanas de Vegueta, y seguiré meditando sobre la celebración de las doscientas entradas entre párrafos de Nos dejaron el muerto (¡empezado hoy! ;) este fin de semana.

Se admiten propuestas.

Imagen de Gerardo Montesdeoca del concierto de campanas del Día del Museo en Las Palmas de Gran Canaria.

Salvapantallas: Por una paella cósmica

Todos los hombres interesantes que conozco están casados y/o tienen relación estable de algún tipo. Incluso muchos hombres que me parecen unos indeseables -véase Cruise- han conseguido quien les soporte.

Me dice el Mendoza Chico que hay machos que valen la pena y están disponibles, pero yo creo que son las pocas excepciones que confirman una regla dolorosa.

Se dice que, en esta sociedad en que vivimos, a cada hombre le corresponden siete mujeres.

Si eso es cierto, sé que el mío anda por ahí con las otras seis de pachanga mientras a mí se me oxidan hasta los pensamientos y me come la hipoteca. Y lo peor es que también sé que, en caso de que se cruzaran nuestros caminos, mi hombre resultaría ser el de Kate Moss: un cretino con el cerebro fundido a pastillas, melopeas y rayas y ganas de yoyar a medio mundo.

Así que, si de mí dependiera, existiría una redistribución periódica del afecto.

Propongo que, cada cierto tiempo, todos los humanos juguemos a una especie de paella universal, como hacíamos en las clases de latín del instituto. Kofi Annan, por poner a alguien al mando, pronunciaría la mágica palabra paella a nivel planetario a través de la tele, por ejemplo, y todos nos sumergiríamos en un gran rebumbio sentimental.

En caso de que se acepte mi iniciativa, abrumadoramente como la resolución anti-bloqueo norteamericano a Cuba, sólo pediría dos cosas: que en el reparto no me toque el señor del piscolabis que me ayuda a aparcar algunas noches y no verme convertida en un despojo humano tras una pelea con las seis copropietarias de mi hombre, al estilo Mamba Negra haciendo amigas, si mi hombre es Viggo.

Canarias7.es - 11/11/2005

17 de Mayo 2007

¡Mujeres!

Me advierte el Pocoyo con gafas que ser un informático espelusadito tampoco es lo mejor para llevarse algo de carne viva al catre. Afirma, todo circunspecto, que seres como él también podrían enredarse en un burka y arrojarse a la marfea, con las Venus de Willendorf del mundo.

Por un lado, pienso que tiene razón y que las mujeres parece que tenemos un chip dentro que nos empuja hacia el malo de la película, al tiempo que nos aleja del simpático, el friqui, el cachopan y otros especímenes de macho menos agresivo y más convenientes para nuestra paz mental.

Pero también opino que las féminas somos más realistas que los hombres ... además de desenvolvernos en un mercado más competitivo. O lo que es lo mismo, que el informático espelusadito siempre tiene las de ganar frente a la Venus entrada en blandas carnes.

A los hechos me remito: si por cada hombre hay siete mujeres (aproximadamente) buscando pareja, Nenito convendrá conmigo en que el mercado es limitado y difícil. Si además descontamos a homosexuales, raros, casados y comprometidos del censo, convendrá también que tenemos que aprender a no ser muy exigentes o encontrarle gusto a la vida sáfica o las órdenes monacales de clausura.

Durante años me he imaginado liada con una camionera en la idílica Lesbos o ensanchándome con dulces de chocolate artesano en un monasterio hasta no poder abandonar la clausura por la puerta. Lo de encontrarme al Hombre lo considero un accidente y todas las mañanas me temo que una nave espacial me lo abdujera mientras dormía, como le sucedió al famoso carro.

A Viggo Mortensen pongo por testigo de que comprendo lo de Nenito, pero sé que -antes de enrejillarse las gafas con el burka y coger la guagua para Las Canteras- sus siete mujeres se le echarán encima en cualquier esquina y le comerán hasta las pelusitas de camisa que se le acumulan en el ombligo.

Profetizo.

Paul Giamatti, típico informático espelusadito.

¡Hombres!

Lindsay Lohan, actriz estadounidense de ojos de gato, jovencísima, ex alcohólica y unineuronal por más señas, ha sido elegida por Maxim la mujer más apetecible del planeta. Ella, que quiso emular a Marilyn en Irak, aunque un terrorista suicida le volara el tanga en el proceso. Parece que el prototipo cabezudita esquelética y post-púber por nanosegundo es lo que le va a la publicación y, por extensión, a una gran parte del hemisferio masculino.

Digo yo que lo de Maxim tiene delito, habiendo tanta mujer apetitosa suelta por el mundo, desde Susan Sarandon a la rubísima Scarlett Johansson y pasando por Monica Bellucci, Charlize Theron o Uma Thurman.

También digo que hay hombres que consideran que apetecible incluye carne, curva y grasa, gracias sean dadas a Odín y sus walkirias macizas. Y hasta existen algunos que añaden en lo apetecible factores como las neuronas, el sentido del humor, la conversación, el buen corazón y otras variables.

Pero constato con tristeza que a estas alturas del siglo, todavía las gemelas Olsen o las hermanas Hilton ejercen de fantasía erótica de algunos, mientras que las que tiramos a fondonas podríamos calzarnos un burka fijo o arrojarnos al marisco. Y que, si la anorexia y el aire de decorativo florero no forman parte de tu persona, tienes tantas posibilidades en el mundo de las relaciones como un político honesto en una corporación local española.

Empiezo a rasgarme el pulóver y crujir los dientes, pero me detiene el informático -Bentahor- cuando empieza a revolver entre los libros tras los que nos parapetamos en Cultura para colocar los teléfonos nuevos.

Ays.


Y amando a Pepe Viyuela

Pues Pepe Viyuela, ese Chema del barrio de Aída y lastre Filemón, resultó ser poeta. Y además, de los buenos y tirando a romanticón ... sin pasarse. La gente a veces te sorprende. No esperas mucho de alguien y aspira a caja de sorpresas. O imaginas un universo en unas pupilas y se quedan en algo bastante más simplón.

Para afirmar lo precedente, no tengo más que mirar a ejemplos cercanos como Yeya, con esa cara de intelectual despistada y un arsenal de conocimientos eróticos que ya quisieran para sí Casanova, Shiva y Afrodita. O Nenito, con aspecto de un Pocoyó peludo y sedado, pero el rey del sarao donde los haya.

Saliendo de la redacción, está Diego, un pacífico y lindo bebito hasta que cae cerca del oso Virginio y se le despierta el tigre de colmillos de sable que lleva dentro. O Hermano, que parece que oposita a repeinado cachorro de Nuevas Generaciones hasta que le nombran una iglesia, le sale el poso anticlerical que otorga una buena educación religiosa, se le eriza el cuero cabelludo y huele a azufre. O Noe, toda dulzor de bienmesabe hasta que se echa la camisa por fuera y le da dos buchitos a la botella de vodkda, también conocida como suero de la verdad, con lo que se transmuta en un diablillo de lengua afilada.

Hasta el Hombre es una contínua sorpresa y no podía imaginar al verle hablando en público por primera vez sobre relaciones internacionales y explotación colonialista que guardaba el single de Dinio y una colección de zapatos de puntas afiladas y que ejercía de metrosexual exfoliado. Igual que él no pensó, al prendarse de mis encantos menguantes, que esos encantos volverían a expandirse en cuanto él los rozara y que yo fuera capaz de salir a la calle con ropa interior de mi hermano y la camisa al revés.

A estas alturas, pienso que sólo los carteles electorales dicen la verdad total de una persona: no hay capacidad para la sorpresa cuando anuncian despotismo, estulticia, absurdo o mediocridad. Lo que ves, es lo que hay.


16 de Mayo 2007

Salvapantallas: La erótica del sudor

Reconozco que, para que el deporte me enganche, necesito estimulación poco deportiva: descubrir a un yogurazo en alguna oscura selección asiática durante unos mundiales de fútbol; Bjorn Dunkerbeck plastificadito en su neopreno; el último striptease de Walter Hermann de camino a una canasta o Will McDonald subiéndose la camiseta para mostrar el prefijo de Nueva Orleáns tatuado en sus pectorales.

Y confieso que disfrutar una retransmisión deportiva se encuentra, en mi listado personal de torturas televisivas, casi a la par que una misa de canonización, una siesta de Don Francisco ante la cámara de Canal 25 y una trepanación en directo.

Lo cierto es que para interesarme en el deporte tengo que encontrarle alicientes extradeportivos. Tiene que provocarme un interés casi caníbal por sobar músculos en acción, sudados o en seco, para retenerme ante la pantalla. Y esa gula es algo que no me despiertan esos buchitos de bromuro humano que son los galácticos, conservados en laca, o el robot Amstrong, por ejemplo.

Por lo anteriormente expuesto y ya metida en competición con el SuperManager de la ACB, he decidido plantear mi revolucionaria estrategia basándome en el físico de los jugadores.

Así que anuncio la apropiación de McDonald por el prefijo, Splitter porque me recuerda a mi exmarido favorito y Hermann por su velocidad para quitarse la ropa y aviso que, con la tormenta endocrina que me paralizará durante 34 jornadas, no me importará que no gane un punto y tenga que sufrir lapidaciones verbales públicas a manos de la sección de Deportes y compañía.

Canarias7.es - 7/10/2005

Criterios morales

Después del trabajo y en la tarde-noche de ayer, pasé por la casa de Hermano a lambusear a Diego, ese chiquillo de ojazos azules que ya se pelea fieramente con el gateo sobre la colcha de sus padres, metido en un pijama estampado con bichos, babeando y con el pelo revuelto.

Por el camino a casa de mis padres, después de dejarme enchumbar por ese pequeño y desinquieto sobrino que tengo, escuchaba a The Killers con I got a soul but I'm not a soldier, una canción que me encanta, me pone de un humor excelente y además, cierra Matador, una película que a mí me resultó tierna y sorprendente, con un Pierce Brosnan fascinante y un Greg Kinnear que saca lo mejor de él.

Matador es la típica película que dudas en rescatar del videoclub y que alquilas sin saber bien qué esperar, para descubrir que te deja un buen sabor de boca y un rastrojo de sonrisas cómplices en la cara. De Matador me cautiva especialmente, además, que los criterios morales se desdibujan un poco: el mundo no es blanco y negro, como Bush proclama; deseas que maten a alguien y un sicario sin escrúpulos demuestra que tiene mejor corazón que algunos clérigos canonizados por la iglesia católica.

Eso de los criterios morales es algo que me llama la atención, sobre todo, en el día en que extraigo la primera propaganda electoral del buzón.

Porque -personalmente- sí que considero que hay que votar en base a algo tan rimbombante como los criterios morales, pero también pienso que ese término hace referencia -normalmente- a cosas que a mí no me parecen cuestión de moral.

A mí, por ejemplo, no me cuadran en la categoría de moral los matrimonios homosexuales, algo que creo una cuestión personal entre dos, y considero que algo realmente moral -en mi humilde opinión- es la actitud de un político frente a la inmigración, por ejemplo.

Hoy no puedo dejar de pensar en esos arzobispos que pidieron el voto veladamente para el PP (que se niega en redondo a más regularizaciones, condenando a la explotación y la ilegalidad a más seres humanos que están llegando a las Islas) y abiertamente para Democracia Nacional y la Falange (partidos racistas, xenófobos y contrarios a la dignidad de tres cuartas partes del mundo).

Hoy tampoco puedo dejar de advertir que lo que yo denomino criterios morales y lo que los demás entienden por ello, no coinciden. Y, finalmente, advierto que mi moral pasa por el respeto a los derechos humanos y la libertad de los otros y la de los arzobispos ... es un misterio para mí.


15 de Mayo 2007

Cáspita, animal de bellota

Me levanté hoy pensando en Enid Blyton, esa mujer que marcó mi infancia con sus emparedados de pepino y sus civilizados clubes de jóvenes en anorak, acompañados por perros superinteligentes, que desentrañaban misterios por la campiña inglesa. Probablemente eso me pasó por recordar a Iznogoud y, por extensión, a otros personajes "literarios" de mi infancia, desde Esther y Puck hasta John Silver El Largo, el capitán Nemo y Filemón.

A estas horas regreso a casa de mis padres, tomada por un pintor, Tillo, al que familiarmente denominamos Trillo y que nos corresponde con un sonoro mandagüevos repentino, brocha en mano, desde el salón o la cocina. Tillo no está ya aquí y dejó colgada esa brocha seca, tintada de blanco, en la ex-habitación de mi hermano. Sin embargo, planea regresar mañana, con los primeros y tibios rayos de sol del nuevo día, así que yo debería deslizarme inmediatamente entre las sábanas para dormir todo lo posible ...

Sin embargo otra vez, Barrera me ha clavado en la frente un pastillera encubierto, preguntándome a gritos a través de la redacción qué tomo para escribir tanto ... y de Esther sólo puedo decir que la rueda trasera izquierda de mi utilitario se desinflaba una vez más esta noche -como una investigación parlamentaria de corrupción política- sobre el asfalto de la calle Alceste. Así que me fajo con ellos vía blog, dispuesta a batir algún record mientras tecleo un cáspita blytoniano y lo acompaño con un animal de bellota del doctor Bacterio.

Y en eso estoy, algo rebenque mas prolífica, como hembra de Alien después de verle los ojos a Gary Dourdan y pensarse el cambio de raza. He dicho.


Califa en vez del califa

A punto de irme a la cama, todavía emocionada con Un enemigo del pueblo, intento controlar mis deseos de arrancarme el pijama y salir a la calle a incendiar emisoras de televisión y romper carteles electorales con los dientes. Por inercia o por obsesión personal, me detengo un rato ante la pantalla del portátil a consultar Planeta Canarias, en mi ruta hacia el colchón. Así me entero de que Esther, amiga y colega de Atarecos, publica que planea rayarme el coche por superarle en visitas ... y yo ya encuentro a quién responsabilizar de tres ruedas accidentadas en menos de un año ... sorprendentemente, alguien que no tiene que ver con el entusiasmo demente de Pepa Luzardo por las obras.

Aprovecho el momento para agradecer las visitas y los comentarios de esos ciberseres que me hacen califa en vez del califa (incluida la propia Esther y su equipo) y para prometer que no se repetirá ... o, por lo menos, que no seguiré escribiendo como marqués de Sade poseso en su celda de Quills.

Sobre todo, porque a este paso el Hombre me abandona por alguna galletona del Sureste y se me para la vida que queda fuera de la blogocosa. Y, fundamentalmente, porque me doy cuenta de que lo mío llega a límites perniciosos para mi salud física y mental cuando Noe, amiga y lectora, me llama preocupada una mañana para saber si estoy enferma, porque no hay entradas que rastrear en el blog.

Así que gracias a otros blogueros, a amigos, a visitantes, a familiares, a Diego, a escritores, a supermanagers, a ex compañeros y compañeros de trabajos, a exiliados que así siguen algo de lo que pasa en la isla, a políticos, a Ratzinger y sus arzobispos, a gente que no me quiere bien y a la que me quiere demasiado, a Viggo y Sinaja, al Hombre y a todos los que quedan fuera de la lista.

Firma, un Iznogoud agradecido.

Salvapantallas: Celine Dion, la reina de mi mundo

Tras malvivir otro día a cuatro duchas diarias, disfrazada de Demis Roussos para que no se me pegue la ropa al cuerpo, empiezo a temerme que si Viggo Mortensen se llegara hasta mi teclado, una tarde de estas, con la sana intención de explorarme los empastes con su lengua, tendría que rechazar el puesto de reina elfa al que oposito desde hace años y mandarlo de vuelta a Nueva York sin mi persona adjunta a la suya.

Este calor mortal me tiene loca: el coche ha pasado de horno sobre ruedas a Auschwitz rodante, me tomo personalmente el que Danko Jones me grite desde el reproductor de cedés que quiere arder en el infierno conmigo y he aplazado las clases de bachata para no caer al piso entre chufla y yogur. Hasta llevo música de Mozart en el coche, en previsión de las explosiones de furor de otros conductores, armados con destornilladores o gatos y dispuestos a usarlos por un «quítame allá ese ceda el paso».

Confieso que, entre tanto calor y tanta desgana, lo único que hoy me reconcilia con el mundo son unas declaraciones de Celine Dion a propósito del Katrina.

La mujer, que me parecía una empalagosa hasta hace tres noticias, se pregunta con lucidez inesperada por qué es más fácil enviar helicópteros a masacrar iraquíes que a ayudar a los habitantes de Nueva Orleans.

Y he meditado que, aunque su música sea como una patada en mis trompas de Falopio, hoy le dedicaré un sentido «eres la reina de mi mundo» desde la ventana de mi cocina, mientras espero que por cada gramo de ayuda humanitaria externa a Estados Unidos, Bush tenga la decencia de derivar a uno de sus soldados en tierra extranjera a Luisiana.

Canarias7.es - 06/09/2005

14 de Mayo 2007

Síndrome de Estocolmo: Libre

Diluvia sobre el pueblo con millón y medio de habitantes que es Estocolmo. Una lluvia caliente y pegajosa, casi de trópico, cae en forma de tibios goterones sobre el parque del Arco Bofill: sobre el pelo aceitoso del alcohólico finlandés, sobre la yuppie en bikini, sobre el cabeza rapada que se descamisa en el césped, sobre el niño rubio practicando malabares con sus pelotas de trapo, sobre Ingela dormida.

El alcohólico me guiña el ojo insistente, saca su cerveza de la bolsa del systembolaget, brinda con los nubarrones, me pide el numero de teléfono, clava una sonrisa semilasciva sobre los diez dedos desnudos de mis pies mojados, brinda con la fuente en forma de racimo de uvas superlativo a nuestra derecha, comenta la magnificencia de Mika Waltari y los escritores clásicos finlandeses, brinda con la línea de árboles a nuestra espalda.

Ingela ronca levemente, roja como una langosta sancochada en agua con laurel, con la boca abierta. Una mariquita indecisa trepa por el respaldo de su silla de ruedas, sorteando el impacto de los misiles líquidos que se hunden en la tela azul.

Bryan Adams suena en mis auriculares mientras mastico indolentemente mi dulce, relleno de mazapán y chocolate negrísimo, y sigo el ritmo del Run to you con los diez dedos desnudos de mis pies mojados entre las flores amarillas. El mundo según Garp descansa en mi regazo, bajo la blusa-mumin, acogiéndose a la protección de mis blandas carnes frente al aguacero.

Un golpe de viento, brevísimo y casi sofocante, corre un telón de pelo sobre mi mirada antes de que acabe de chispar. Ingela despierta.

Pienso en que ayer me encontré a Lars-Erik en una "kebaberia" de Götgatan. Por casualidad, después de casi seis meses sin saber nada de él.

Simplemente pasaba de camino hacia el metro (línea verde a Hässelby Strand) para coger el tren a Flemingsberg y él estaba allí plantado, con medio kebab dentro de la boca y su coronilla inconfundible lanzándome señales de aviso.

Sigue igualito que en Navidades, pero mis ojos lo miraron de otra forma.

Tenía el pelo cortado al estilo Espinete, más rubio que nunca, engominadísimo. Estaba pálido como un fantasma, con los ojos casi traslúcidos y la boca rosa dibujados en una cara que me pareció ordinaria, excesivamente joven, casi desconocida. La camisa roja le quedaba muy justa y llevaba una de esas chaquetas blancas a la moda en Suecia que convierten a un ser aparentemente normal en un abyecto cruce de backstreetboy y Julio Iglesias indigno de una mirada. Como su madre señalaría, tenía una pinta de lo más gay y confrontado con mis recuerdos del luminoso verano pasado en Götland, defraudaba.

Le salude, casual, y me senté en una de las sillas plásticas de la calle a charlar un rato con él, desenfadada, sublime.

Reconozco que he pasado algún tiempo fantaseando sobre este encuentro. En mi imaginación, con diez kilos menos y un bronceado perfecto, yo me mostraba fría, relajada e impersonal. Lucía hombre incorporado a la vera (por supuesto, más guapo, alto e interesante que él) y una vestimenta que evidenciaba aun más mis de por sí obvios encantos.

La verdad es que no peso diez kilos menos que en Navidades y mi bronceado "agroman" acaba en los bordes de mi camiseta, pero la actitud es lo importante.

Mientras que él aparecía algo tenso, nervioso, yo me mostré relajada, natural, plena de gracejo y saber-estar. Me sorprendí a mí misma, ya que suelo tender al mongolismo en estas circunstancias.

Cuando Lars-Erik me acompañó a la boca de metro de Folkungagatan, no solicitó mi número de teléfono ni sugirió citas, como sucedía en mis fantasías previas. Tampoco me rogó, de rodillas, que lo hiciera mío. Ni lloró como en un bolero de Paquita la del Barrio.

Todo fue civilizado. Muy sueco. Pero preferí la realidad a mi actuación estelar de barbie subtropical en sueños.

Medito, bajo el cielo nuboso desde un rincón de esta extraña especie de pecera de césped que es el Arco de Bofill, que me siento libre del recuerdo de Lars-Erik.

Y que ahora no lo querría ni regalado. Soy libre, tal que Nino Bravo.

Mayo 2000

Supermanagers del mundo, a llorar

Este domingo tuvimos el último partido de la Liga ACB y, por tanto, la última y encarnizada batalla por la Tierra Media del Supermanager, que deja chica a la masacre de Minas Tirith y cuenta con sus propios uruk hais faltones, isleteros por más señas.

Escucho a Porno para Ricardo mientras confieso que al Hombre se le torció un poco el rabo (sin segundas, advierto) el sábado por la noche. Y todo porque me entretuve frente al ordenador consultando el podio (Javier Darriba, primero; Mario Alonso, segundo; Julián Vega, tercero) y porque me enredé en una entrada del blog en vez de correr hacia sus fornidos brazos, una vez recuperado el cargador del móvil en casa de mis padres.

Hoy, en la redacción, todo fueron felicitaciones y reproches y se planea un Chino Supermanager para el jueves, con entrega de premios y quizás batalla campal incluidas. Aviso por la presente a ese Cambuyón sensual, farolillo rojo de la Liga por más señas y serio candidato al premio fair play.

Y con un beso lúbrico y alevoso a Stojic, Pecile, el impresentable Rudy Fernández y mi tierno Splitter, me despido de la ACB hasta la próxima temporada y felicito a todos los supermanagers del mundo.


Ratzinger en campaña

Parece que Ratzinger faltó a catequesis el día en que se comentaba lo de "A Dios, lo que es de Dios y al César, lo que es del César" y que el hombre no se conforma con explicarle a la gente cómo y con quién tiene que usar sus partes pudendas ... También tiene que opinar sobre el color del gobierno que más conviene a un país.

No sé de qué me extraño, porque la afición vaticana a empantanarse en política y otros temas mundanos data de siglos y los líderes católicos españoles se apuntan a ello con menor o mayor sutileza de cara al 27-M. Sin embargo, a los tres les recordaría que los pueblos son soberanos para elegir a sus mandatarios, les remitiría a una noticia que publica El País y les comentaría -antes de que definan tanto sus preferencias por el lado diestro del espectro partidario- que los estudios científicos aclaran que

El lado derecho de la cara tiende a reflejar felicidad (cerebro izquierdo), mientras que el lado izquierdo, malestar (cerebro derecho).

Aunque supongo que una iglesia como la católica, experta en pasos procesionales sanguinolentos y en recordar que el mundo es un camino de amargura y hay que esperar a fenecido para llevarte -o no- una alegría, debe forzosamente encontrarse más a gusto en ese lado derecho do moran el miedo, la tendencia a la jullona y la depresión.

Dejo aparte lo que comenta Esther de la demonización de Internet por parte de Ratzinger para centrarme en un texto hermoso a la vez que tremendamente triste sobre Marilyn. Una mujer tan sugerente como frágil e infeliz y que creo que al resto de las mujeres nos inspira más ternura y compasión que envidia, al tiempo que enciende una bilirrubina inextinguible en los hombres.

Supongo que ese texto me parece especialmente apropiado para esta mañana, porque es una de esas mañanas tristonas, nubosas y deprimentes, en las que entiendes que alguien se emboste a pastillas o se olvide de las líneas que debe recitar en su escena. Y como sólo tengo ganas de teclear tristezas, prefiero encaminarme al Multi-ruedas, a naufragar en un salpicón de atún, y mandar mensajes sms al Hombre llenos de lambuseos.


13 de Mayo 2007

Feluco, te quiero

Los pies me hormiguean dentro de las cholas, tengo la nariz tupida y se me abaten los párpados sobre los ojos, sentada con el portátil abierto sobre el regazo en este salón recalentado por un largo día solajeriento. A la siniestra, una botella de leche fría, recién sacada de la nevera. A la diestra, el cargador de móvil que vine a buscar a casa de mis padres.

Me detengo un momento de camino a mi casa, donde espero roncar alegremente un par de horas antes de llegarme a Las Canteras con Diego, en su primera experiencia playera. El momento llega cuando se retuerce como morena desequilibrada dentro de su cunita, para ponerse boca abajo y liarse a mordiscos con la vaca Armanda; está más desinquieto que de costumbre; ya llega a los 70 centímetros y los ocho kilos y habla sin parar en su jerga incomprensible.

Siendo realista, no sé si podré estar a las nueve en la playa, como pretende su madre, Noe. Después de tener ayer visita familiar, almuerzo con Hombre, partido final de liga del Granca, última jornada de Supermanager, libanés con Yeya-Alberto-Héctor y paseo por Las Canteras, una ya no tiene el cuerpo ni para un tratamiento talasoterápico en la misma sauna que George Clooney. Incluso la -normalmente tentandora- idea de que el Hombre estire una mano juguetona hacia mis carnes al meterme en la cama me arranca un tic nervioso y sólo puedo imaginar zetas superlativas, agujas mágicas y manzanas envenenadas en el trayecto a mi catre okupado.

Antes de irme a esa cama, localizo mi vídeo favorito de esta campaña embostante, cortesía de Avatareño Mayor, con el fin de inocularme un antídoto contra los carteles electorales, las megafonías destrozasiestas, los sms pidiendo mi voto y el acoso y derribo al ciudadano que cesará temporalmente -espero- el 27 de mayo. Y maldiciendo los caretos de Mauricio y Pepa Luzardo que tapan las luces del semáforo de la bajada de Escaleritas, me encamino a mi cama.

12 de Mayo 2007

Salvapantallas. Botoxizada y albañilizada

Como Katie Holmes, de pequeña, yo también soñaba con casarme, cohabitar o enredarme con una celebridad de la tele.

En realidad y desde que tenía unos cinco años, deseé aterrizar de alguna manera en las cercanías de varios famosos, empezando por Bruce Lee y Jacques Cousteau (muertos) hasta llegar a Mel Gibson (psicópata), pasando por George Michael (homosexual) y otras elecciones igualmente lamentables.

A estas alturas, la experiencia y los años me han convencido de que habría sido mejor para mí llamarme Dolores McNamara y tener seis hijos en Irlanda o haber fijado mis ambiciones amatorias en un profesor de autoescuela o albañil. Y siento decir que encuentro más erótico un remoce gratuito de cocina o prácticas de conducción regaladas que sobarle un pectoral a George Clooney.

También desde pequeña, soñé con parecerme a Ava Gardner. Y si viviera en Estados Unidos y fuera adolescente, ya me habría encargado su cara y su imponente figura, lúbrica e intensa donde las haya.

Jamie Lee Curtis se espanta con los alienígenas a golpe de bótox y liposucciones que viven en su país, pero estoy segura de que me aprobaría, diferente entre los clones de Pamela «caigo de besos y reboto» Anderson o Britney «la tripa es un mito» Spears.

Sin embargo, los años -¡ay!- han pasado y también constato, con tristeza, que se me ha pasado el arroz quirúrgico. Así que ahora, en la treintena, ya sólo me conformo con que el tipo Venus de Willendorf se lleve en algún momento de este milenio y con la compañía de las plantas en mi dormitorio.

Canarias7.es - 14/08/2005

11 de Mayo 2007

Por la boca muere el pez

O eso parece deducirse de esta noticia, rechazada tanto por hombres como por mujeres entre mis compañeros de redacción. "Cosas de Bush y los norteamericanos"; rebate uno. "¿No será algo de Rouco Varela?", pregunta otra."Esto no tiene credibilidad científica", clama un tercero. "No pienso decírselo a mi mujer", apoya un cuarto. Total, que no parece que la amenaza disuada a la gente de practicar sexo oral o, por lo menos, no más que la amenaza de un enfisema disuade a los fumadores de tragar extasiados el humo de su tabaco.

Acabo de llegar a casa desde el sur, observando cómo la arena se tragaba a la ciudad desde la Autovía mientras una brisa tibia se colaba por las ventanas abiertas del coche. "Veranito, veranito", canturreé, escuchando No somos nadie en M80.

Anoche, teníamos una temperatura de unos 26 grados y estuvimos (que diría Tenerife con Esther) de terraza en la Alameda de Colón. Celebrábamos (que diría el Rey) el estreno oficial en la isla de Pactum, corto satánico de Juan Padrón. Como especificaría un buen cronista de la cosa social, como Alejandro Morales, estuvieron presentes en el sarao Aitor Guezuraga, José Lobillo, Anu Jato, Pedro Rodríguez Carballido, Antonio Bordón y otros amigos. UIises, envenenador de compañeros de oficina, y Enrique, amigo del prolífico y erótico José, también.

A la coca cola light celebratoria le precedieron clases con Esther de manejo del Perinqué online y una mañana entre Canaima, la Cafebrería Esdrújulo y Moebius, sondeando la opinión de algunos libreros sobre la Feria del Libro. Antes de eso, rueda de prensa con las cifras oficiales de la susodicha, positivas por supuestísimo.

Entre las cosas que me comentaron trabajadores del sector como Clara, Adolfo y Francisco, algunas en las que coincido, como que hay que integrar más en la sociedad la feria a través de actividades que interesen a talleristas profesionales, universitarios, colegios, institutos y demás, más publicidad, que se haga cargo de ella la Dirección General del Libro (porque es un acto cultural, en mi opinión, no sólo un mercado de libros) y que aliente la participación de todos los sectores alrededor del libro. Entre las críticas, sí estoy de acuerdo con la visión de Gran Canaria en concreto como un lugar sin cultura literaria y en el que se debería fomentar la lectura con criterio para no llegar a la madurez con autoayuda, best sellers y novela romántica.

Aunque supongo que peco de snob y lo que debería importarme es que la gente leyera, independientemente de qué. Y que no soy nadie para poner por encima de Harry Potter a la isla del tesoro.

10 de Mayo 2007

Salvapantallas. Jodie Foster, Scola y el jibarismo mental

Vivo en un barrio tomado, desde hace siglos ya, por los obreros de la construcción. Por mis ventanas irrumpe el ronroneo desquiciante de las máquinas desde las 8 de la mañana y eso, unido al petardeo de las motos y el guineo de borrachos y chandaleros conforma la banda sonora de mi vida.

Mi calle incluso tiene un perro que hace guardias nocturnas, acera arriba y abajo, ladrando a la una en punto de la madrugada, y mi coche está tomando por costumbre el solidarizarse con el belingo sonoro, haciendo ulular su alarma cada noche.

Acabo -entre calores y escandalera- durmiendo más bien poco y mal y sufriendo alucinaciones en las que llega Viggo Mortensen al rescate, destrozando una hormigonera municipal con sus manos desnudas y ensartando a la cuadrilla de obreros al completo en su espada élfica.

Ya bien despierta y cuando me tengo que trabar los dedos para no mentar a la familia de todos los urbanistas de la isla, agradezco no vivir en Estados Unidos.

Si residiera en Malibú, por ejemplo, me imagino al gremio constructor boicoteando al Canarias7 antes de terminar este texto, igualito que los sindicatos de azafatas norteamericanas hacen con la última película de Jodie Foster. Así que agradezco que en esta isla todavía no se haya desarrollado la mutación genética que lleva al jibarismo mental norteamericano. Y que los obreros de la construcción no se tomen como un ataque personal una película. O una columna.

Y así, agradecida, diseño mi plan para la noche: fichar a Scola para mi equipo del Supermanager e insultar a todos mis competidores -empezando por el vendido del administrador, Tarasbulba, y el Juliflor-, mientras espero con una docena de huevos o un balde de agua helada la ronda del perro alarma.

Canarias7.es - 4/10/2005

Garbajosa, mi jugador favorito, y Scola.

9 de Mayo 2007

Un perinqué se balanceaba ...

"Sobre la tela de una araaaaaña", canturreo, feliz. La gente protesta contra los veintipico grados nocturnos que nos aquejan, contra esta humedad que puebla las esquinas del barrio con grupos de vecinos de mangas de camisa y que saca a los perinquenes de los rincones más sombríos del zaguán. Pero a mí me encanta esta calufa incontinente, que invita a llegarse a Las Canteras desde ya, a remojarse los ñoños en la orilla y soñar con un bañazo donde el agua relumbra más dorada.

Lo único que no me gusta de este cielo calimoso y las temperaturas en ascenso es que duermo con la ventana abierta y ya se cuelan los primeros mosquitos por la persiana, como diminutos vampiros zumbantes, a llenarme las extreminades de ronchas y enturbiarme el sueño.

Por lo demás, el calor me pone de buen humor, a pesar de la perspectiva de tener que barrer arena entre los muebles de la casa y de que me aso dentro de los vaqueros cada vez que saco el pie fuera del hogar familiar, por eso de no haber realizado la visita preceptiva a un salón de belleza a dejarme las piernas curiositas para un brinco a la playa o la subida de vuelto de un pantalón pirata.

El calor me pone casi de tan buen humor como ver que a la cabra motorizada tinerfeña le salió un feroz competidor en una vía rápida gallega o que los frikis se organizan para su autodefensa. Y sólo ligeramente menos contenta que las delicias de chocolate que hoy me regaló Paqui Cambres y escuchar a Mario Pontiggia, con ese acento argentino seductor e indolente, disertando sobre los encantos de Adriana Lecouvreur.

Me pasaría horas poniéndole cuernos pasajeros a Neketan con el chocolate de Paqui; escuchando a Mario Pontiggia, embelesada, o persiguiendo al perinqué de mi zaguán, ése que diezmará a los mosquitos de la casa esta noche, para una sesión fotográfica online. O leyendo a Carlitos y Snoopy y los relatos de Rojo sobre negro, besuqueando la cabeza cubierta de pelusita de Diego sin medida, jugando a la zanga con mi Hermano y chateando con ese Hombre que destroza el idioma y del que sólo distingo, a través de la webcam, una hilera de dientes luismiguelescos contra el fondo oscuro de su salón.

Sarkozy, Kate Moss y las elecciones

Creo que las elecciones empiezan a afectarme. Anoche soñé que estaba invitada al enlace matrimonial de Sarkozy ... con otro hombre, que además era clavadito a Alejandro Morales, sólo que achicharrado a cachos por algún extraño defecto de la máquina de rayos uva. La boda se celebraba en un Nueva York de bolsillo, donde había un FNAC en el que me deseuraba alegremente, incapaz de contenerme en la sección librería. Además, me puse un modelito estupendo para la ocasión, aunque mis canillas parecieran las del Hombre Lobo, gracias a la falta de cera en ellas ... Sin embargo, hasta la renuncia a la depilación se convierte en tendencia cuando eres la mismísima Kate Moss.

Los sueños son surrealistas en cualquier caso, pero en el mío tienen además un componente de masoquismo difícil de digerir, tirando a muy amargo.

En mi sueño erótico más avanzado, tenía en el catre al mismísimo Figo (que no Viggo, desgraciadamente). Sin embargo, una situación tan prometedora se fue a pique porque, en primer lugar, el morenazo estaba vestido y en segundo, cuando echaba su cuerpo serrano sobre el mío y empezaba a comerme los besos, apareció mi madre sobre su hombro, inquisitiva y silbando que qué estábamos haciendo. Estupefacta, le contesté que hablar, en vez de ladrarle que saliera de mi sueño inmediatamente y arrancarle la camiseta a mordiscos al portugués. Ahí pereció el sueño erótico, con mi madre tumbada en la cama junto a nosotros y conmigo desagallada y sin poder rozarme con Figo.

Cuando entramos en la categoría de los sueños eróticos, los míos no tienen precio.

He soñado que caía entre mis brazos el hombre de turno para decirle que tenía que irme a trabajar y dejarlo botado después del primer tiento. He soñado que era Doris Day, fulgurante rubia platino, en una película de Rock Hudson en la que él se escapaba con otro maromo. Jamás he llegado en sueños más allá de cuatro picos y un abrazo. Soy única a la hora de destrozarme la vida onírico-sentimental.

Y creo que ahora, por culpa de esa Yeya fatalista, convencida de que cualquier hombre interesante que aparezca por las cercanías tiene que ser, por fuerza, homosexual, proliferarán Alejandros Morales y Rocks Hudson en todos los recovecos de mis sueños. Junto a Pepa Luzardo y Soria, los fijos en la campaña de inauguraciones, presentaciones y otros estropicios desde hace meses, intentando colarme a un Luis Miguel mulato y de sonrisa fosforescente bajo la sábana.

Ays.


8 de Mayo 2007

Hace calor, hace calor

El verano me atropelló esta tarde, con cuatro escupitajos de fuego solar en los cachetes, a la puerta del Estadio de Gran Canaria. Paseando entre las colas de luismiguelfílicos que se torraban como calamares de feria y con Josefa Luzardo a cuatro pasos, primaveral perdida entre la gente sudorosa. Algunos le silbaron; otros cantaron su nombre por traerles al Sol y le prometieron un diluvio de votos.

Ésa fue mi tarde, escuchando de fondo una ranchera cargada de vientos y con el chorro de voz de Luismi Rey entretejido en ella. Eso y escribir y reescribir un texto mínimo pero con truco sobre la antítesis de Michael Jackson, ese bolerista que da miedo, con la piel cada día más requemada y los dientes de un blancor de anuncio de lejía.

Después, Rojo sobre negro, presentado en Ámbito Cultural.

Llegué tarde, pero eso no me libró de tener que agarrarme al micrófono y decir cuatro cosas, situación en la que me embarcó la muy criminal Eduvigis Hernández en cuanto traspasé la puerta de la sala. Como siempre en estas tesituras, entré en bloqueo mental y dije poco y mal: agradecer a Anroart, Jorge y Lola la confianza y el libro ... Y dejar fuera de los agradecimientos al trío de conspiradoras formado por Berbel, Eduvigis y Macarena Nieves Cáceres, que montó el proyecto, y, por supuestísimo, a los otros dieciséis autores del libro, mi primera incursión fuera de la autoedición y con compañeros de letra reconocidos. Escritores profesionales, en fin, al contrario que mi persona.

Al finalizar la presentación, me encaminé con Alfredo, amigo al que no veía desde hace semanas, a tomar un café en una terraza del Monopol y ponernos al día de nuestras respectivas vidas. Y entre buche y buche mensajeé al Hombre, separado de mi persona por los treinta y pico kilómetros que distancian a Vecindario de la capital y por sus meticulosas duchas de horas, y al Hermano, al que se le escapó el baifo triscando por Las Mesas y que se quedó en casa, practicando el encadene de bas con Diego y sin recordar nada sobre una presentación literaria.

Ahora regreso al hogar familiar, con mi copia de Rojo sobre negro para devorar. Voy por la página 136, margullando en los primeros párrafos del crimen de la infame Eduvigis Hernández.

En la televisión (TCM Clásico), proponen para más tarde un dramón de los de rompe y rasga, Con él llegó el escándalo, así que me automedico con unas cuantas páginas de truculentos asesinatos antes de echarle el ojo a las broncas conyugales de Robert Mitchum y Eleanor Parker.

Espero mantener los ojos abiertos hasta mi escena favorita de la película, cuando un George Peppard más apetitoso que una casita labrada en Mars delight, le dice a Libby, mujer recién estrenada y embarazada de su hermanastro, que si se queda a su vera en la cama no va a ser sólo para velar su sueño.

Una de mis escenas de amor favoritas de todos los tiempos, junto con el revolcón de Gary Oldman y Winona Ryder en el manicomio de Drácula y otra vez un jovencísimo y repeinado George Peppard, seduciendo a la adorable Holly en Desayuno con Diamantes, por ejemplo.


Bloguear desde el jacuzzi

Yeya me informa de esta iniciativa aparecida en una web denominada Hotels and Blogs y, por extensión, en meneame. Yo me acabo de apuntar, a ver si me toca una romántica noche bajo la luna de Agaete y entre velas de vainilla, como un Luis Miguel cualquiera, dejándome amasar la celulitis en el spa del hotelito Puerto de las Nieves, por ejemplo. O mejor, a ver si me toca conectarme en la casa rural El Patio, en El Risco, arrugándome en la piscinita para dos y con el portátil al borde de su azul tentador, reflectando bajo el solajero.

De momento, la gente de Hotels and Blogs busca bloguero que se apunte a pasar una noche gratis en un hotel, comprometiéndose a escribir -lo que le parezca- en su blog sobre el hotel en cuestión. De momento también, hay más de veinte blogueros que se apuntan a la iniciativa.

De momento, nuevamente, escribo sobre la propuesta aquí, mientras Yeya me observa, como un perrito hambriento, tras el muro defensivo de su PC sibilante. "Si te toca, ya sabes", me dicen sus grandes ojos, rutilantes como si atardecieran llenos de estrellas de hotel.

Fuera, la calima tapa a la ciudad pachorrienta y yo elucubro cómo meter a Yeya, al Hombre y a los vaqueros que no me entran en esa hipotética suite gratuita, con ordenador y ADSL incorporados.


Casa Rural El Patio, en El Risco de Agaete (¡arf!).

Escote 0, iglesia 1

Amanece otro día calimoso y calenturiento en Las Palmas de Gran Canaria. Uno de esos días en los que comprendes que los buenos modos están reñidos forzosamente con la carretera, cuando intentas dar las gracias a otro conductor por cederte el paso y casi te comes varios bolardos luzardos estratégicamente dispuestos en una esquina. También comprendes en un día como hoy que la mitad de los vecinos de Schamann piensa que son inmortales, porque cruzan sin encomendarse a nadie y con semáforo en rojo (para ellos), justo cuando tú arrancas, festiva, a bordo de tu utilitario.

Al llegar el periódico, insultando por lo bajo a Teléfonica y sus tarifas ADSL (creo que se impone un cambio, anuncio, y pido recomendación de ADSL bueno, bonito y barato con otra compañía), leo el caso de la madrina a la que dejaron en el banquillo en Carrizal de Ingenio por enseñar los hombros en una iglesia y me digo que tiene lo que se merece. "Si formas parte de un club con unas determinadas reglas, acéptalas para participar en sus actividades o cambia de club", le diría a la madrina del escote de la discordia.

Protesto también mentalmente contra toda esa gente que se empeña en casarse por la iglesia católica sin ser creyente o incluso entrando en la categoría de ateo, agnóstico o budista. Supongo que no es el caso de la madrina despechugada y que, probablemente, se trata de la neura de un sacerdote anclado en el siglo XIII. Sin embargo, no me resisto a tirar tenique a la cabeza de los hipócritas que pisan una iglesia para casarse porque creen que es más fashion y luce mejor.

Y extiendo el tenicazo a mí misma, si tengo la peregrina idea de entrar en una iglesia sin causa mayor que lo indique, y a los curas y demás elementos que no se adaptan al siglo XXI y siguen pensando que una mujer es su himen, que la carne es el demonio y que los escotes o un beso lésbico son más mortíferos que la silla eléctrica.

En fin, que para relajarme un poquito entro en modo humor gráfico, con unas ilustraciones expuestas en el blog del Ornitorrinco Enmascarado. Y saludo a Fran, que hoy cumple años; a Esther, amiga y compañera de ciberespacio que intenta comprarle un telescopio, y a Ana Sutil, recuperada para la redacción hoy y en vísperas de una primera comunión que espero menos traumática que la boda del Carrizal.

Moda para novias susceptible de quedarse fuera de la iglesia de Carrizal.

Salvapantallas. El cumpleaños de Harriet

Conducía alegremente por El Sebadal la otra noche, conversando con Batatita, mi araña personal motorizada. Mientras el olor a gas que subía en vaharadas desde las cercanías de la gasolinera nos envolvía amenazadoramente, discutíamos sobre las simulaciones por ordenador del aspecto del lobito Jolie, esa criatura de bocaza superlativa que además promete invadirnos hasta el potaje con sus exclusivas e instantáneas desde el parto a la muerte.

Le comentaba a Batatita que lo imagino como a sus progenitores: una Kournikova de las pantallas, sin talento interpretativo, pero abonada a todos los listados de fantasías eróticas de espectadores desagallados. También le confesé que veo a la Loba Jolie como una Letizia global y profeticé que dentro de poco recibirá olivinas como puños del ayuntamiento de Yaiza y mazapanes gigantes del de Tejeda.

Noté a Batatita algo distraída mientras le hablaba. Tiene otras cosas en mente últimamente: en concreto, casi no teje desde el día en que le comenté el caso de Harriet, la tortuga que Darwin capturó en las Galápagos y que ahora cumple 175 años.

- ¿Y dices que lleva setenta años sin sexo? – me espetó de repente, con los pedipalpos tiesos de espanto.

Y eso desvió mis pensamientos desde los Jolie a la pobre Harriet, con esa lenta vida reptando ante sus ojos pitañosos, masticando su hierba y sin macho que trepe a su concha torpemente para despertarla en setenta años.

- Batatita –le dije entonces, con firmeza, mirándome en sus ocho ojos simples- En mi opinión, sólo merecería la pena sobrevivir a la centuria si Viggo Mortensen, saladito de sudor y espelusadito como un orco, tomara al asalto las puertas de Mordor bajo mi nórdica de amapolas todas las mañanas.

Canarias7.es - 07/02/2006

7 de Mayo 2007

Tántrica y sin Velencoso

La calima es lo que tiene .... le pone a una erótico festiva, con ojos libidinosos al clavarse en ese conjunto irrepetible de vello y materia gris que es Nenito y más torpona que de costumbre en las tareas intelectuales de diario. O así me quedé yo, hablando este mediodía con Yeya sobre los placeres del sexo tántrico, mientras la ciudad se emborronaba y deconstruía a golpe de arena sahariana. Por cierto, que creo que renuncio al sexo tántrico por más que signifique calidad de vida erótica ... sobre todo, porque también significa descenso de la frecuencia de la vida sexual y con un meneo al mes, no me conformo.

Encalimada en cuerpo y espíritu, imagino que Viggo Mortensen se empeña en limpiarme amorosamente la arena de los pies, ñoño a ñoño y con una toalla de peluche bien suavita. Continúo imaginando que la toalla trepa por estas pantorrillas que no ha tocado cera en tres semanas y que recuerdan a las tuneras de los paisajes conejeros, entongadas y tapadas con cochinilla entre paredes de piedra volcánica. Imagino, por fin, que salva el hueco interior de la rodilla e invade la trémula carne del muslo ... y que acabo con una tontura, botada por los pisos, en carne de gallina y tántrica perdida.

Con este ardor en la sangre y esa pertinaz calima haciéndome señas desde el otro lado de la ventana, analizo las fotos de Moda Cálida, un canto a la fibra, el bajopeso y la depilación masculina, con un Velencoso más bien tirando a enclenque y apocadito en gayumbos blancos.

- Qué decepción -clamo, regándome con Lanjarón y chocolate la lúbrica neurona que me gobierna. Y reclamo un pase privado en gayumbos de Neketán, Victoriano, Javier, Ulises y los mismísimos Mendoza, esos machos viriles, peluditos y carnosos, para quitarme este mal sabor de boca de modelos canijos, aniñados y pelones, sin nada de interés que ofrecer ... ni siquiera para las fantasías sexuales.

Al pañuelo pirata de Diego Alatriste, todo sudadito y feromonado, pongo por testigo.

Fotografía de: Carlos Javier Pulido Santana / María Isabel Quintana Marrero

Como diría la DGT de Morgan ...

"Si bebes, que te lleve Aznar". Ese lema canturreo, esta mañana, con música del Everything is everything de Lauryn Hill, mientras recuerdo mis días de verano en Suecia. Quizás porque los nubarrones ruedan silenciosa y amenazadoramente desde las montañas, desbordándose sobre sus picos para caer en las fronteras azulejeadas de la ciudad, y porque el océano está grisón, plano, amulado. Y también porque, de repente, en uno de esos ataques esquizofrénicos propios de la climatología capitalina, el cielo se tiñe de un azul vivo, se despeja de nubes y el mar casi chisporrotea, luminoso y feliz.

Mientras algunas personas siguen al pie de la letra los consejos etílicos del hombre que no cede su volante ni a Cristo, medito sobre el triunfo de Sarkozy en Francia. Triunfo que supongo otra excusa para que Aznar empine su codo hecho a los atrios de Georgetown y circule por las vías hispanas un ratito, manejando su sagrado volante con ese gracejo -a la par campechano, chulesco y faltón- que le caracteriza.

Hoy pienso en un disco de Zebda, El ruido y el olor, con título extraíble de un discurso populista de Jacques Chirac, poniendo a caer de un burro los suburbios habitados por inmigrantes. Inmigrantes llegados de esas colonias francesas a las que se sigue exprimiendo de alguna forma en el siglo XXI y cuyos habitantes son sistemáticamente rechazados por la Madre Patria, en cuanto intentan acercar su turbio ADN y sus pieles ligeramente chamuscadas a las fronteras galas.

Ya hablaba el otro día Pepa Aurora de su experiencia como profesora en la Alemania de la marea turca. Esa Alemania donde los claustros se segregaban en reunión de los profesores arios y de los demás y donde jamás apreciaron su titulación de catedrática ni su boina a lo Che Guevara sobre los rizos negros.

Pepa Aurora también lamentaba -en un aparte de la presentación de los Cuentos para Chinijos- los turbulentos suburbios franceses y las dificultades para la integración de las comunidades paquistaní e hindú en Gran Bretaña, donde todavía hay quien les mira con poco respeto y bastante racismo en según qué sitios. Y, personalmente, yo añadiría a las imágenes antedichas la de los inmensos bloques de viviendas, casi soviéticos, de los desolados límites de las grandes ciudades suecas. Ahí donde conviven los cabezas negras (colectivo que abarca Asia, África, Latinoamerica y la Europa del Este y el Sur) y donde se botan las titulaciones universitarias para entrar en el mercado laboral más "indigno" a través de las plazas de limpieza o cuidado de mayores.

Mi meditación se para ahí, estancada en los suburbios de Europa donde se juntan los parias de la Tierra. Concluyo que lo curioso (a la par que tristemente lógico) para mí de ese Sarkozy aclamado en Francia es que es hijo de inmigrante y que, por supuesto, reniega de esas raíces. Y lo lamentable es que imagino que, si la teóricamente izquierdista Ségolène Royal ocupara el lugar de Sarkozy esta mañana, no sería mucho mejor que el inmigrante renegado para los suburbios parisinos.


Microrrelato: Trofeo

Rechazó al guía local, antes de descender cuatrocientos escalones de cemento hasta el fondo del oscuro pozo en que se trasmutaba la cueva. Resbaló, sintió la piel hecha puro alfiler y hielo al hundirse en los intestinos de la tierra, se maravilló con los techos cada vez más altos que se adivinaban en las sombras sobre su cabeza.

Entre rocas, estalactitas y jeroglíficos de humo y carbón, vagabundeó hasta que dio con la inscripción en un pliegue de la tierra. Sacó su diminuta polaroid de la mochila y el flash la iluminó. Después introdujo el brillante pedazo de película, junto con la cámara, en la mochila de nuevo.

Una vez cumplida su misión, se giró para encararse con los cuatrocientos escalones de cemento, que ahora trepaban hasta la superficie. Desandó el camino lentamente, resoplando y resbalando mientras ascendía.

La cueva la escupió a la violenta luz del sol de agosto y se sentó a descansar en un muro, cerca de su boca negra y en plena revoltura de burros, guaguas cochambrosas y turistas.

Al recuperar el aliento, volvió a abrir la mochila y tantear su fondo.

Primero sacó las polaroids de una columna en el Templo de Poseidón del cabo Sunion, de la mazmorra del castillo de Chillon, del lazareto de Valletta, … y la última, de la cueva de Antiparos. Detrás de cada una, excepto la que acababa de tomar, había rotulado pulcramente la fecha y la hora de su visita.

Después salió la fotocopia en color de la pintura de Vrizakis, en la que él se reclinaba en su lecho de muerte.

Finalmente, la Mitómana sacó su mapa de Grecia para mirar de nuevo la gran cruz de tinta roja dibujada sobre Misalongui e imitó con rotulador la firma que se repetía en cada una de las fotos: “Lord Byron”.

Salvapantallas. Circular para 'viggoamigas'

Hace nada que hemos fundado nuestro club de adoradoras del heredero de Isildur -ese músculo sudado, ese labio partido, ese diente perdido en una pelea con orco- y ya propone una compañera la ampliación de nuestro olimpo viril.

«Orlando Bloom», dice ella. Y yo asiento y enumero «Karl Urban, Sean Bean, David Wenham», al tiempo que bendigo a Peter Jackson por llenar casi diez horas de celuloide con hombres melenudos en armadura y dejar sólo a dos elfas quebradizas y una princesa algo machona entre ellos.

De camino a la última prueba del Traje de Boda de Mi Hermano, he admirado cómo mi taxista escuchaba a Jiménez Losantos, hacía apología del estilo «los indicadores están de adorno, ¿y qué?» y soldaba su mano a la pita, mientras añadía a mi lista, por conexión alatriste, a Eduardo Noriega.

Ya en la prueba, me han encajonado en el modelito pronovia que me permitirá bailar como Mazinger Z y que no podré quitarme ni ponerme sola. Y así, entaconada y parapléjica, he resuelto que me dejaré caer - pretextando asfixia por faja reductora- en brazos de Ralf, un amigo de mi hermano, para rogarle que me adopte en lugar de su deportivo y me financie los electrodomésticos.

Creo que necesito más a un inversor que a un maromo imaginario. O, en su defecto, que Sergio El Negro me arranque los volantes de la falda a mordiscos.

Y tras dedicar un último pensamiento a Sinaja, en tensión porque el TPIY ha localizado a Rambo Gotovina en Croacia, me encamino al trabajo estirando nuestra lista con Russell Crowe en minifalda de cuero a tablas, tal y como en Gladiator.

Canarias7.es - 24/09/2005


Salvapantallas. Carta a Mini-Jude y Porno-Johnny

Navegaba ayer, alegremente, entre las imágenes del día, observando cómo unos bucólicos colonos israelíes lanzaban melones contra su ejército desde el techo de una sinagoga. Recordé Massada, deseando secretamente que algún anaranjado cayera, como cítrico maduro, al piso, hasta que un compañero sentenció oscuramente, desde la mesa vecina, «el que esté libre de pecado, que tire el primer melón». Y ahí, casi me rasgo la camisa y boto indecorosamente en el piso, por desear el mal ajeno.

En plena crisis de remordimientos, me detuve en una web que anuncia que están crucificando virtualmente a Jude Law por el tamaño de sus atributos sexuales. En internet circulan fotos suyas en cueros y parece ser que todos coinciden en que lo suyo es una microvirilidad.

Me parece injusto el ciberlinchamiento, porque no creo que todos disfruten de apéndices seudoequinos ni todas tengamos «nachovidales» o «colinesfarreles» agazapados en las esquinas del dormitorio.

Así que afirmo que el tamaño no importa, amigo Jude, aunque te digan lo contrario.

Yo -sin ir más lejos- cambiaría con gusto el paquete Vidal-Farrell por Johnny Depp, aunque tuviera los atributos de un pitufo. Porque cuando Don Juan de Marco dice que va a meterse en el porno y lo recuerdo de gitano en Vidas furtivas o Chocolate, le chillaría como posesa que hasta tapado con burka y con prótesis dental de Willy Wonka, trasciende las medidas. Y que no necesita un desnudo para provocarme lujurias y hasta tormentas intertropicales en los refajos.

Canarias7.es - 23/08/2005

6 de Mayo 2007

El retorno a la realidad

Finalizó la Feria del Libro, ponen Me llamo Earl en la tele y la lavadora tiembla, brinca y espumea con la mitad de mi ropero dentro. Intento fijar una melodía de Mika en el móvil sin éxito, al tiempo que me entero de que la Loba parece estar lobeando por ahí, en la falda de Olivier Martínez en concreto. No sé qué opinará el Carita de Guanche al respecto.

Algo más descentrada que de costumbre, dejo Reincidencias temporalmente para sumergirme en Rojo sobre negro, colectiva del género negro en relato breve, canario por más señas (si exceptuamos a Care Santos). Este fin de semana releí con placer a Aitor Guezuraga y me encontré con el asesinato de Alexis Ravelo. Ahora estoy a medias, en plena investigación de un doble homicidio con Luis León Barreto.

Mi inmersión en el crimen coincidió con un bucólico fin de semana en El Chorrillo de Tejeda, salpimentado con un par de manos de zanga a la sombreada paz del centro social; una relajante sesión de arranque de hierbajos y recolecta de nísperos y duraznos verdes, en combate mortal con la mitad de la población avispa tejedense; una rociada de agua fresca de manantial entre ciruelos y un par de lambuseos a la Mamma. Arriba, mis padres, sus amigos, mi Hermano y el Hombre, además de varios guiris perdidos, gracias a un mapa que indica -en un ejercicio de ciencia ficción admirable- que desde El Chorrillo se puede pasar, vía carretera, hacia La Aldea.

Poco más hay que decir del fin de semana, esfumado entre lecturas, trabajo, charlas familiares sobre las elecciones y la frase para recordar del Hombre, con cara de sorpresa al examinar mi cadera exhuberante y los botones que no logran aprisionar esa barriguita que encandilaba a Maria de Medeiros en Pulp Fiction... "No estás gorda, pero la ropa no te entra".

Renegando mentalmente del chocolate, el Supermanager y Clive Cussler, me dejo caer en la cama, arrullada por la lavadora que no cesa. Mañana, Matasombras. El martes, Ámbito Cultural. El miércoles, Pactum. Y, en algún momento, una buena siesta post empacho de nísperos, sin borracho matraquillento glosando sus penas bajo la ventana.

pd. Felicidades a la madre primeriza denominada Noe, por cierto, y a Diego. Felicidades, por extensión, a todas las madres del Universo.

El Libro Canario según Rosario Valcárcel

Creo que vivimos un momento extraordinario de transformaciones tecnológicas, sociales y políticas que han generado una nueva visión de la comunicación, pero a pesar de eso se sigue demandando una sensibilidad social y humana. Un libro.
Cada día aparecen nuevos espacios en las Palmas de Gran Canaria, para presentaciones de libros. El Cicca, el Gabinete Literario e incluso el Mercantil eran los lugares tradicionales para el nacimiento de un nuevo libro. Pero afortunadamente el mercado se amplia y eso es buena señal. Uno de ellos es el Corte Inglés, con el Ámbito Cultural, llevado por Ana Buill: buena infraestructura y muy bien llevado. Con otro tono el Cuasquías pone una nota de calidez y familiaridad. Un lugar amplio y cálido. Llevado por Antonio Becerra y Alexis Ravelo, de muy buen gusto. Y no podemos olvidar los muchos Clubs y Asociaciones que también se han sumado a este proyecto.

Si asumimos que la escritura significa expresar sentimientos, emociones, formas de ver el mundo y tu realidad, eso es un acto individual. No tiene nada que ver con el género. Creo que hoy los hombres tienen el mismo problema para publicar que las mujeres. El comienzo es difícil, pero afortunadamente hay más editoriales que trabajan con seriedad y rigor, que incluso piensan en los derechos del autor. La distribución ya es harina de otro costado. Nuestro entorno nos encierra. Es nuestra asignatura pendiente pero tengo esperanza que muy pronto pasemos la prueba y nuestros libros estén presentes en los escaparates. En un lugar preferente.

¿Cuándo fue fácil el mundo del libro? La sociedad tiene actualmente un problema añadido que es la pérdida de los valores. Pero hoy el libro forma parte de muchas actividades culturales. Aquella frase de que no se lee, parece que ya es leyenda urbana. Se crean más bibliotecas, se publican más libros. Se organizan talleres de literatura, ferias, cuenta cuentos. Encuentros para todas las edades. Creo que vamos por el buen camino. Pero el camino aún es largo.


5 de Mayo 2007

Rojo sobre negro

Acabo de echar dos manos ansiosas y rapaces a la cubierta de Rojo sobre negro, colectiva de relato breve de género negro escrito por autores canarios. Lo publica Anroart y se presenta esta tarde, a las 19.00 horas, en San Telmo, en el marco incomparable la Feria del Libro.

Sobre el tema ya habla Dolores Campos-Herrero, una de las autoras del libro, en su blog. Poco más queda que agredir: el prólogo es de Jesús Palacios, incluye una carta manuscrita de Amélie Nothomb y hace un recuento de los crímenes de diecisiete autores entre los que recuerdo a Antonio Lozano, Dolores Campos-Herrero, Alexis Ravelo, Berbel, Luis León Barreto, Eduvigis Hernández, Aitor Guezuraga, Macarena Nieves Cáceres, José Luis Correa, Marisol Llano, Santiago Gil, Elisa Rodríguez Court, Alicia Llarena y yo misma.

Lo cierto es que sólo he tenido el privilegio de leer el de Aitor, una maravilla de humor ácido e incendiario en la mejor tradición de Tom Sharpe, que no puede dejar a nadie indiferente. Sólo la calidad de ese relato, desde mi punto de vista, justifica el que uno se compre, lea, copie, baje, recite, tome prestado o bookcrosee el volumen.

Orgullosa por el talento ajeno y muerta de curiosidad por lo que los demás habrán escrito, también me place comunicar que hace apenas dos horas estuve en la presentación de Pan de Leña, de Ana Criado. Su prologuista, Michel Jorge Millares, también es más indicado que yo para hablar del libro, ya que tuvo que margullar en sus profundidades para poder prologarlo a conciencia. Pero lo cierto es que entre tanta alabanza al estilo de Ana y tanta militancia como desprende su persona, quise comprarlo en cuanto acabó la presentación ... aunque me traicionó el reloj, bajo las nubes de este sábado tristón, y las casetas cerraron sus fauces hambrientas antes de que pudieran hacer sangrar, una vez más, a mi maltrecho bolsillo.

En fin ... la Feria se acaba, los pajaritos intentan superar los decibelios de las conversaciones en el Bar de Tapas El Sol y mi economía nunca volverá a ser la misma. Es lo que tiene la literatura, un placer intenso, gratificante ... y caro.

El Libro Canario según Berbel

En cuanto a la escritura de mujeres, creo conveniente decir que, a pesar de estar consideradas, durante siglos, de nivel "inferior" (machismo y paternalismo generacional) a la hora de publicar de la misma manera que lo han ido haciendo los hombres escritores, existe un inconveniente añadido en nosotras: Canarias. La geografía siempre ha marcado una enorme distancia con los mejores centros editoriales, distribución y publicitación. Si ya de por sí ha sido difícil para los hombres, para las mujeres se duplica.
Existe un excelente artículo de Sabas Martín (publicado hace unos seis meses) en donde realza la escritura de las mujeres canarias (poetas) respecto al resto de las escritoras de lengua hispana en los últimos tiempos.

Pero si además de mujeres y canarias tenemos la suerte de haber entrado en este desarrollo literario actual en el que nos han inscrito, ahora faltaría tener en cuenta todo lo referente a las ediciones. Afortunadamente hemos pasado de pequeñas editoriales subvencionadas por instituciones en donde la mayoría de los productos se quedaban en los almacenes (Anroart es el mejor ejemplo de apuesta por la edición, difusión y publicidad de nuestros libros, además de la gestión de Ediciones del Gobierno Canario).

Sigo creyendo necesario una gestión regional aún más fuerte, un riesgo mayor que deberían hacer las instituciones. No sólo que los libros se publiquen, se conozcan y lean aquí -en nuestras islas- sino que en todos los países de lengua hispana se puedan obtener, se presenten en las mejores ferias y se difundan en todos los medios posibles. No creo que sea muy bueno quedarse conforme con la edición. Un libro no es nada si no se difunde. Tal vez (en mi pésimo conocimiento de comercio y negocio) sería conveniente que las instituciones no se dedicaran -como hasta ahora- a subvencionar ediciones, sino a mediar y subvencionar la distribución. Pagar más por que se venda fuera, premiar la distribución. Sacar los libros y apoyar a las editoriales que lo hagan. El trabajo es doble pero, el rendimiento es más efectivo. ¿De qué sirve hacer un producto si no es para su consumo? ¿De qué sirve tener editados cuarenta libros si no los conocemos sino nosotros?

Se necesitan: espacios principales en los escaparates de nuestras librerías, espacios especiales en las bibliotecas de los colegios e institutos, salas de literatura canaria en las bibliotecas municipales de otras regiones de nuestro país y de otros países (como ocurre en la biblioteca Nacional de la La Habana de la que yo soy miembro colaborador de la Sala Canaria "Leonor Cabrera"), registro de nuestros libros y difusión en los institutos Cervantes, páginas webs y cualquier otro tipo de proyección de nuestra cultura.

Existen en la actualidad un buen listado de excelentes poetas y narradoras, escritoras que no tienen que estar midiéndose a cada rato con otras, que parece que seguimos con el pensamiento absurdo que todo lo de fuera es mejor por el simple hecho que es de "afuera". Ni el ombligo del mundo ni el complejo de inferioridad, los extremos nunca fueron buenos.
Y sobre todo, animar a las jóvenes a que se sacudan el polvo, a que estudien, se preparen y logren obras de calidad y puedan proyectarse. Escribir es parte de la vida, progresar es necesario.

4 de Mayo 2007

El Libro Canario según Elsa López

Elsa López (Guinea Ecuatorial, 1943) es catedrática y coctora en Filosofía. Presidenta de la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid (1987-88), también es organizadora y miembro del grupo poético literario La Ortiga; fundadora y directora de Ediciones La Palma (Madrid); fundadora de La Casa de Jorós (Centro de Arte Popular, La Palma 1993) y organizadora y coordinadora para el Gobierno de Canarias de los proyectos El Papel de Canarias (Madrid 1993) y Memoria de las Islas (Canarias 1994-2000). En agosto del año 2002 es nombrada directora de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores.

- ¿Cuál es su experiencia como escritora en Canarias?

-Mi experiencia es buena. Creo que soy feliz en ese sentido. Escribo sin pensar en la edición y la edición me llega o bien como premio literario y la consiguiente edición, bien como resultado de una serie de coincidencias, encuentros , lecturas o conferencias en las que los editores tomaron contacto conmigo y con mi obra. puedo sentirme afortunada. Pero también creo que esa producción y la reacción editorial es también fruto de un trabajo constante y de una disciplina a la hora de escribir. Y de la crítica literaria que me ha favorecido.

-¿Y su experiencia con las editoriales?

- Mi relación con los editores es buena. Exijo siempre mis derechos como autora y respondo a sus expectativas como difusora de la obra que me publican moviendo los libros y dándoles vida propia.

-¿Cómo ve el panorama editorial canario actual?

- Creo que hay un buen momento para la edición en Canarias, principalmente algunas editoriales que se han lanzado de lleno al mercado del autor canario editando obras inéditas o reeditando obras de interés que habían esaparecido del mercado. Cito a Ediciones Idea, por ejemplo, ya que es la editorial que ha publicado mi última novela y la de otros autores canarios o peninsulares y prepara una difusión masiva de sus autores dentro y fuera de Canarias.

-¿Ser mujer ayuda o complica la vida de un autor?

- En cuanto a las dificultades como mujer a la hora de editar, no soy un buen ejemplo por las características antes citadas. (En el 2006 he editado dos libros con Hiperión y uno con Idea) El ser mujer ni me ha favorecido ni me ha perjudicado. Trabajo por libre, edito por libre y vivo por libre. Hago lo mismo como editora y me honro en decir que no dependo de nadie pues no tengo ni ayudas ni subvenciones de gobierno alguno. Edito lo que quiero y con mi propio dinero sin contar para nada con ayudas del exterior. Paseo con orgullo el nombre de Ediciones La Palma por medio mundo y jamás he recibido un duro de patrocinadores o gobernantes. Quizá esa sea mi libertad y mi mayor independencia a la hora de editar o de escribir.

El libro es un cazador solitario

Nada como embutirse en un pulóver salpicado de bolitas de lana para que te salga un sol despiadado de detrás de una nube y se ponga a rajar lajas, exprimir el aroma del piche de las carreteras recién asfaltadas y sancocharte en tus propios fluidos. Típica de esta ciudad, esa malignidad de la climatología.

Llego al potaje del mediodía molesta, preocupada, porque la Feria del Libro tiene tanto éxito de crítica y público como el hijo de la Pantoja. Porque Marina Mayoral no tuvo a quien firmar libros ayer por la tarde y Susana Guzner suspendió su presentación por falta de espectadores, porque Pepa Aurora se quedó sin niños en la suya y porque un autor reconocido como Juancho Armas Marcelo habló exactamente para dos radios (una, Radio Ecca), un periódico (Canarias7) y una agencia de noticias (Acfi Press) esta mañana.

Creo que durante estas mañanas santelmianas me estoy perdiendo algo que pasa en esta ciudad y que explica el vacío a la feria (aun aceptando lo pobre que es comparativamente hablando y por más best sellers repelentes que se amontonen en sus casetas). Supongo que es algo tan prosaico como el trabajo, pero a veces me temo que sea algo tan absurdo como la campaña electoral lo que retiene a pensionistas, universitarios y estudiantes en general, talleristas de escritura creativa, medios de comunicación y esos 900.000 lectores habituales canarios lejos de San Telmo.

Si leemos tanto, no me explico la soledad de -valga la redundancia- Soledad Puértolas, Marina Mayoral o Armas Marcelo. Y empiezo a temerme que, con lo que leemos, a la Feria le saldría más rentable traerse a Victoria Beckham, Rosa de España o incluso Tamara La Mala a firmar ejemplares de las hojitas de ofertas de MediaMarkt.

Caliente, hablando sola, comunico al personal que los libros más comprados hasta el momento son La catedral del mar, Autoestima y Cien años de soledad. Entre los canarios, Los mejores postres canarios y Leyendas canarias. El pelotazo, los libros más pequeños del mundo, que siempre congregan un remolino de gente alrededor de sus miniportadas.

Finalmente, indicar que más tarde escribiré algo sobre Relatos de Bibliotecas, el último proyecto de la Dirección General del Libro y que esta tarde hay una charla sobre el mundo del cómic en Canarias, a partir de las 18.00 horas, y una mesa redonda con Lola Campos-Herrero, Santiago Gil y Antolín Dávila, a partir de las 19.00 horas. Ya de noche, relatos eróticos por los rincones de Vegueta ... empezando en la Plaza de las Ranas cerca de la medianoche.

Caliente, hablando sola hasta encontrarme con el chocolate negro de Yeya, abandono el portátil para dirigirme a ese Sebadal caótico y maloliente, vadeando más obras, vallas y carteles, entrevistas radiadas y furgonetas estampadas con siglas de partidos políticos y dejándome la suspensión en los socavones de López Orduña, esa calle por la que zigzagueamos los que borramos de nuestros GPS el maldito Barranquillo de Don Zoilo.

Relato: Malas costumbres

Boyd Bryson sufría una transformación instantánea en cuanto se acomodaba en el sillón del conductor y cerraba, de un golpe seco, la portezuela de su fiat uno blanco. Sobre la marcha, colocaba el radio casette extraíble y dejaba que Offspring fluyera por las rugosidades de su masa cerebral hasta que su guitarreo acelerado se integraba en su yo más profundo.

Cuando el coche comenzaba a circular, todavía en el parking de Amandonia (Kingsburgh), Boyd ya era un asesino en potencia. Tenía la mirada enfebrecida de un cazador buscando presa, su pie ejercía una presión excesiva sobre el acelerador y reconocía enemigos en cada carrocería y hasta en las ancianitas xhosa decrépitas que intentaban cruzar sin éxito los pasos de peatones y que, en su opinión, podían esconder un Mad Max enloquecido por el odio bajo sus refajos mugrientos.

Boyd sabía que no podía dejarse engañar por las apariencias: incluso los niños de pecho negros podían saltar desde los brazos de sus padres, como ángeles del infierno diminutos y gomoides, para interponerse en su camino con la recortada humeante entre sus morenos deditos.

Su paranoia era incontrolable cuando conducía, el calor subtropical azotaba la costa este de la República Surafricana y Offspring le recomendaba la violencia en cuanto otro conductor intentara realizar alguna maniobra ligeramente sospechosa.

" Eh man, you know I’m really ok, the gun in my hand will tell you the same , but when I'm in my car don't give me no crap, cause the slightest thing and I just might snap" - berreaba Boyd, lanzando una mirada furibunda por el espejo retrovisor, al entrar en la autopista.

Un BMW plateado se pegaba a su matrícula trasera y él ya se sentía mecha de cóctel molotov, con las delgadísimas paredes protectoras de su coche actuando de recipiente para sus inflamables instintos.

El pie de Boyd rozó el freno a punto de clavarse sobre él hasta el fondo. La imagen del conductor del BMW empotrándose contra su ventanilla trasera en un fotograma de sangre era tentadora, pero Boyd se limitó a dar un brusco giro al volante, apartándose de la ruta del BMW, y dejó que le rebasara aquella bala de plata sobre ruedas.

Como en una foto distorsionada de Michael Nichols para el National Geographic, flotó a su vera el perfil sonriente de un hindú cincuentón, confiado, seguro de sí mismo tras los cristales ahumados del BMW, con los ojos como luciérnagas verdosas en un bosque asiático y la cabeza morena, borrosa, surgiendo de un halo de líneas indefinidas que expresaban movimiento.

Boyd sintió que el odio lo barría por dentro como una ola gigante, ahogándolo, mientras Offspring y él escupían al unísono " ... you stupid dumbshit goddam motherfucker!" y el fiat dejaba de ser, de repente, ese cohete salvaje y prácticamente indestructible con el que volaba por la autopista entre Amanzimtoti y Durban.

Enfiló hacia el carril de desaceleración camino del puerto apenas cinco minutos después de perder de vista al BMW, hirviendo de ira todavía, y un black taxi estuvo a punto de acoplarse a él, surgiendo bruscamente desde su izquierda.

Cargaba unos 15 pasajeros y se bamboleaba como el pato de una caseta de tiro de una feria, a dos centímetros de la colisión. Mientras el conductor, con un desprecio absoluto hacia todas las normas de circulación, giraba su cabeza lanuda para hablar con una mujer con gorro de punto, su toyota hiace azul invadía el carril de Boyd casi expulsándolo de la calzada contra la postal típica de Natal de un grupo de monitos jugando al borde de unas palmeras enanas.

- Fuck off, asshole. You fucking kaffir!

Boyd aceleró, gesticulando furioso hacia el taxista y pegándose al lomo del toyota, pero su reacción sólo hizo aparecer un grupo de relucientes sonrisas blancas en las bruñidas caras negras de los pasajeros. El taxista le adelantó riendo, hizo un par de maniobras prohibidas más y se perdió en la siguiente intersección, tras una nube de humo negro.

Boyd sintió que iba a explotar y su mano se adelantó hacia la guantera con torpeza. Cerró sus cinco dedos blancos de surafricano de cuarta generación sobre su pequeña pistola de autodefensa cuando entraba en el puerto y aún tuvo tiempo de balear a una flemática ancianita afrikaner en un viejo ford, un ejecutivo japonés de visita en la ciudad y el rickshaw de un zulú antes de llegar a la oficina.

Con un suspiro de satisfacción, dejó el arma, aún caliente, sobre su ejemplar del Mail&Guardian del día de Navidad de 1997, antes de entrar en el aparcamiento privado de Iscor en el muelle. El cañón se dibujaba, siniestro, sobre una foto de los últimos disturbios raciales en un colegio de Johannesburgo, Gauteng, la nueva Suráfrica del arco iris, la tolerancia interracial y Mandela presidente.

Totoro y Carlitos Brown

Un día más, frío casi polar y malagana para salir de la cama. Juancho Armas Marcelo dialoga con la prensa dentro de un rato en la Feria del Libro y se presenta Relatos de biblioteca. Así que debo proceder a abandonar mi nuevo y flamante recopilatorio de Carlitos, autoextraerme de la cama, dejarme golpear por un chorro de agua caliente y salir -amuladita- a esa calle sin sol.

Ayer llegué a la cama tarde y derrengadita, después de otra jornada en la Feria del Libro.

Por la mañana, con Pepa Aurora y Anu Jato, hablando de los cuentos para chinijos. Por la tarde y después del trabajo, con Juan Carlos de Sancho en modo Spielberg y Yurena, la azafata. Después llegaron Berbel y un descafeinado en el Kiosko Modernista, escuchando la presentación de Historia de Marruecos por la megafonía. Mientras, Marina Mayoral se paseaba entre las casetas a medio fuelle por culpa del chispeo a rachas.

Nada especial tuvo la tarde, si exceptuamos la visita de Ruymán, bloguero y lector, para la firma de Síndromes de Estocolmo y el que pudiera achuchar al Totoro en la caseta de Moebius. La noche fue algo más agradecida, entrando en 1951 de la mano de Schulz.

En mala hora, leí por encima un poco de la entrevista en profundidad al viñetista.

No sé por qué, vine a caer en preguntas religiosas. El entrevistador, un tal Marschall, es un auténtico guineo: se dedicó a interrogar durante páginas por las creencias del hombre, un tema que a mí -personalmente- me trae sin cuidado y que me parece totalmente irrelevante. Supongo que topamos aquí de nuevo con la perspectiva estadounidense, otra de esas cosas que me parecen ajenas, cuando no tirando a alienígenas, a saber: el a Dios rogar para con el mazo dar que viaja en compañía de la pena de muerte y el sentimiento pro bandera marcándole a uno hasta las digestiones y las siestas.

En fin, al parecer Schulz estuvo metido en grupos de estudio de la Biblia y de catequista o algo similar, aunque finalmente se definiera como un humanista secular.

En cualquier caso, creo que es preferible no saber más de él, dejarlo en el misterio en el que para mí estaba. A veces encuentro difícil disociar a la persona de la obra y, si el hombre apoyara la política exterior extadounidense desde 1898 hasta nuestros días o rezara antes de meterse en la cama cada noche, éste sería el primer y único tomo del recopilatorio Carlitos y Snoopy que me agenciaría.

pd. Me equivoqué en el cómputo de cosas especiales. Ruymán, Totoro y un mensaje multimedia con Diego, posando con la rana Angelina, un batracio larguirucho de color azul y con lunares, cual folclórica en desgracia, que le regalé el miércoles.

pd2. Rezar antes de dormir no es motivo para dejar de simpatizar con alguien, soy muy bruta. Lo que Schulz (u otro) haga en su tiempo libre y en su vida privada es cosa suya. Otra cosa sería si se dedicara a repartir pines de "Jesús te ama" en las colas de supermercado, a adoctrinar de cualquier forma o a cualquier tipo de proselitismo ... si no se corresponde con mis propias ideas y creencias, por supuesto ;)


3 de Mayo 2007

Cortina de agua rasgada

Llueve sobre Las Palmas de Gran Canaria. Una lluvia constante, cantarina y sutil cae, lavando las aceras resbaladizas de Schamann, las palmas afiladas, los baches y socavones que se multiplican en Capitán López Orduña, mi coche polvoriento, los nidos de pájaro y las ventanas de mi casa. Bonito día para estar en la Feria del Libro, me digo. Y en ese momento justo, enmudece la lluvia y empiezan a piar los palmeros.

Isabel Pantoja aterrizó anoche en la cárcel, conmocionando a un país fascinado con la folclórica, y en todas las cadenas televisivas se habla del asunto, como si hubiera una tercera infanta en camino o Ratzinger hubiese perecido en un descenso de esquí por una loma y se le buscara sucesor entre nubes de incienso.

Escucho una alarma fuera, demasiado sensible al rumor de los coches que pasan, y las cortinas de agua que parten los neumáticos en la carretera enchumbada. Dentro, leo Reincidencias (Centro de Cultura Popular Canaria), mi primer contacto con Verónica García, Alicia Llarena, Teodoro Santana o Berbel, entre otros autores.

Sobre la mesa de la cocina reposa, calentita, mi primera crítica en papel, compartiendo hueco con Silvia Rodríguez y Eduvigis Hernández y a manos de Antonio Bordón, un ser humano al que considero inteligente y con criterio, además de una referencia a la puerta del cine, un lector contumaz y un escritor divertido. A su vera, mi madre exprime un zumo de naranja y en su pantalla chica, reluce hipnóticamente una faja reductora.

Me apetece seguir en la cama, con un libro, enroscada cual gato tiñoso y pachorriento bajo la manta, pero hay que pagar la hipoteca y me espera otra mañana en la Feria del Libro, esta vez con Pepa Aurora y Anu Jato. Sin café en el Kiosko Modernista, si no se entibia un poquito más el ambiente, y chapoteando entre las casetas.

Después, periódico y, a partir de las 17.00 horas, caseta de la ACE, con cadáver exquisito incluido. Y visitas constantes a Canaima, para fusilar a Clara a preguntas sobre el estado de las ventas y retorcerme las manos en pleno ataque de histeria de madre sueca que no ve a sus hijos salir del nido familiar hacia sus propios naufragios personales.

"Sol penétrame", clamo como Mafalda, e imagino que los ñoños no se me encogerán y entrarán en un letargo de oso sin Cruzcampo si me calzo cholas en esta mañana destemplada.

Maldiciendo al invierno, saco una pierna de la cama.

Foto: se titula Amor gótico y la saqué en un banco de San Telmo ayer, con sol y pasión en el aire.

El Libro Canario según Alexis Ravelo

Aunque siempre se dijo que Canarias es el mejor lugar para escribir y el peor para editar, parecería, a primera vista, que vivimos un momento dulce. Desde hace un par de años ha crecido el número de editoriales, algunos autores a los que se consideraba "emergentes" desde hacía más de diez años han logrado consolidar una voz pública, al mismo tiempo que han surgido nuevas firmas que prometen dar lo mejor de su producción en muy poco tiempo y, lo más importante, el lector, a juzgar por los índices, ha vuelto a depositar en el libro canario una confianza que le había retirado a principios de los años noventa. Es muy posible que la creación de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas por parte del Gobierno de Canarias, con un equipo eficaz que conoce íntimamente el sector, haya influido en el origen o el desarrollo de algunos de estos procesos.
No obstante, nunca es bueno dormirse en los laureles. Ahora es el momento en que autores, instituciones y editoriales debemos estar a la altura de estos cambios y saber aprovecharlos. Tenemos en Canarias una extraña enfermedad denominada subvencionitis cronica, acerca de la cual no ha informado la OMS, pero que, aunque causa estragos en diversos aspectos de nuestra sociedad, alcanza niveles de pandemia en el campo de la creación y difusión de contenidos culturales, muy especialmente en los literarios.

Pienso que los editores deben comenzar a confiar en el producto que venden (no olvidemos que el trabajo de un editor consiste en seleccionar textos de calidad, convertirlos en un producto que se denomina "libro" y venderlo). El problema es que muchos de nuestros editores no invierten capital propio en el proceso, sino que sufragan (a veces con creces) los costes de producción y distribución merced a subvenciones, ayudas o cualquier otra versión de mecenazgo institucional. Esto provoca consecuencias indeseables de todo tipo, como la despreocupación con respecto a la distribución y promoción de los títulos, la disminución de la calidad de los textos publicados, la escasa o inexistente remuneración económica en concepto de derechos de autor o el incumplimiento de algunas de las cláusulas contenidas en los contratos de edición.

Por su parte, las instituciones públicas deberían, en mi opinión, replantearse su actuación a este respecto. Tras esta etapa, posiblemente necesaria, de ayuda a fondo perdido a la creación y consolidación de empresas editoriales, quizá haya llegado el momento de que ese apoyo comience a ser condicional. Tal vez esas ayudas deberían convertirse en préstamos que las empresas vendrán obligados a amortizar. Eso tendría algunas consecuencias que yo valoraría como positivas. La primera y principal, sería que estas empresas comenzarían a comportarse como tales, contribuyendo a la consolidación de un tejido que permitiese una adecuada y estable dinámica de promoción y distribución, aliviando el coste que este sector de la cultura supone para la Administración (y, por tanto, en último término, para los contribuyentes). Por otro lado, creo que esto incidiría, también positivamente, en la calidad de los textos, ya que los autores se verían obligados a elaborarlos de forma más cuidadosa y teniendo en cuenta siempre al lector, que es, no lo olvidemos, un amante esquivo a quien hay que seducir.

Si las cosas cambiaran en esta dirección estoy seguro de que muchos de los meros gestores de subvenciones que hoy se autodenominan “editores” saldrían inmediatamente del circuito. Pero eso sería, en mi opinión, una consecuencia positiva más, pues de lo que se trata es de crear las condiciones para que exista una verdadera industria editorial en Canarias que permita que las obras literarias de quienes ahora mismo estamos trabajando en serio y de los que comenzarán a hacerlo en breve, cumplan con eficiencia todas las etapas de ese camino que las llevará hasta su destino final: las manos del lector.

Repito: es un buen momento para la literatura en Canarias. Volvemos a tener el apoyo del público, las instituciones retornan a su preocupación por la producción literaria, han surgido nuevas editoriales y nuevas generaciones de autores (muchos de ellos bastante interesantes) vienen a sumarse a quienes han sobrevivido a las últimas crisis. Pero necesitamos una actitud autocrítica y una serie de reajustes que promuevan la consolidación de una estructura adecuada. En definitiva, opino que es responsabilidad conjunta de instituciones, editores, distribuidores y autores cuidar de que esta no sea otra más de tantas oportunidades perdidas.


2 de Mayo 2007

De celibatos y autoayuda

Acabo de llegar de la Feria del Libro, de hablar con la psicóloga, maestra y escritora Susana Güzner, activista feminista y lesbiana por más señas. Un día flojo, con su solajero amable justo hasta la hora del almuerzo, a ritmo de timples y chácaras bajo los árboles de San Telmo y en el que te das cuenta de que la feria queda muy lejos de las de Madrid, Málaga u otras ciudades hispanas. Por más que el presidente del gremio de los libreros, Francisco Sarmiento, la ascienda a segunda del estado. Por más que la terraza del Kiosko Modernista invite a considerarse en el paraíso, con un cortado a la vera y un señor con puro perfumando las sombras bajo sus enormes parasoles de tela blanca.

Un breve paseo entre las casetas hoy y sólo encontré un muestrario de títulos que me convenciera: el de la Cafebrería Esdrújulo, donde se unen compromiso social y político y clásicos. Los demás, puro manual de autoayuda, bestseller , bobería romanticona y paja, sin ningún interés. O sin ningún interés para mi criterio.

Moebius también hacía la diferencia, con dependientes dicharacheros que te dejaban sobar un peluche por dos libros adquiridos y una buena variedad de cómics, incluidos Spiderman y 300, por supuesto. Codiciosa a la par que nostálgica, guardé un recopilatorio de Carlitos Brown, el amigo de Snoopy, para llevármelo a casa y recordar mi infancia un día de virus de estómago en el futuro.

Lo cierto es que es una suerte que no encuentre más cosas de interés en la feria o mis números rojo-sangre se convertirían en números rojo-carne-hueso-y-tejido vital y saltarían las alarmas cuando cruzo las puertas de cualquier oficina bancaria.

Mientras me tomaba mi cortado post-paseo, pensaba que -si somos lo que leemos y leemos lo que compramos y si las librerías exponen en sus puestos lo que compramos- las mujeres de esta isla -lectoras y compradoras de libros habituales- necesitan una sacudida firme por los hombros para que cojan tino. Para que regalen sus copias de Bucay, Steele y Dan Brown y empiecen a tener un poquito más de sentido común y buen gusto a la hora de escoger lectura.

La mente se me escapó hacia otras cosas y también pensé en Guillermo de Inglaterra, recién separado de Kate Middleton y al que intentan juntar con otra muchacha a las dos semanas de estrenar soltería.

Yeya me decía ayer que -según los sexólogos- no es normal que alguien sea célibe durante mucho tiempo. La gente que practica la abstinencia tira a extraterrestre y mal vista.

En mi humilde opinión, el sexo se está convirtiendo en otro bien de consumo de la sociedad moderna. Igual que la literatura, en concreto, y la cultura en general. La gente ya no sabe por qué es bueno intercambiar fluidos con otro, leer o ir al teatro, pero lo hace ... probablemente, por tener algo de que hablar, supongo.

Sin embargo, opino que si hay gente que cambia sexo por armario lleno de ropa nueva, también hay mucho abstemio vergonzante que miente en las encuestas, inventado una vida sexual orgásmica y variada. Por tanto, los años de sequía de la carne no me parecen raros, por más que las estadísticas y los sexólogos nos digan lo contrario. Ni malos para la salud mental.

Como mucho ... no están de moda, igual que los clásicos de la literatura o las compañías de teatro de repertorio.


Una insomne malicia

Mi padre acaba de encaminarse a su cama, pálido y haciendo unas diminutas y vacilantes eses en sus alpargatas de andar por casa. El virus de estómago ataca de nuevo y la tarta de mango y violeta Neketan se encamina hacia la nube del agüita amarilla de Los Toreros Muertos, entre pulpos y aguavivas. Vacío y con la tripa plana, además de insomne, se conecta ahora a los informativos, resoplando sobre su bigote canoso casi sin fuerzas.

En el trabajo, Yeya moquea tras su ordenador, con los ojos convertidos apenas en dos ranuritas y abonada al estornudo en serie. Neketan está fañoso. Victoriano, algo flojo. Laura, de baja. Carrasperas, toses, un sonarse contínuo entre tecleos furiosos, ... la redacción parece una reserva para tísicos, donde todos opositamos a Marguerite Gautier o la bohemia Mimi, a punto de escupir pulmones y vida a pie de la impresora.

El tiempo está raro, revuelto, tramposo. De repente, el solajero te aplasta contra el piso y, al minuto siguiente, un ramalazo de aire polar te petrifica los pezones y las nubes emploman el cielo. El mar es puro acero y revoltura, una masa de agua oscura y amenazante o un remolino permanente de aguas aturquesadas y verdosas y espuma, dependiendo de los colores de ese mismo cielo. Los turistas novelerean entre las obras con los calcetines en la mano y las chanclas exponiendo sus ñoños blanquitos a la hipotermia.

Y yo, siento un dolor de cabeza que se me cuelga de la frente en cuanto traspaso la puerta de la redacción, un malestar indefinido, un mordisco en los riñones ... y temo que la maldición del virus de estómago vuelva a vaciarme en el baño un día de estos, entre tanta epidemia galopante y ventolera repentina.

Cruzo los dedos para seguir en pie hasta el sábado y disfrutar de la presentación de Rojo sobre negro (Anroart) en la Feria del Libro. Y para que Diego siga sano, para que empiece el verano definitivamente y para que un rayo de sol se digne a caramelizar mi piel, taparme las ojeras y curarme de todos los males.

Sólo sueño con eso: un rayo de sol y un poquito de sosiego.

El Libro Canario según Juan Carlos de Sancho

Desde 1980, que fundamos la revista de Literatura y Artes Puentepalo, unas décadas después la Editorial Puentepalo y últimamente El Rinoceronte de Durero, mi veredicto es claro y contundente: los escritores canarios han permanecido en la invisibilidad durante siglos. No “existimos” como fenómeno social, como fenómeno mediático. Somos un pueblo fenicio, comercial, como diría en 1911 el magnífico escritor Fco. Gonzáles Días. Y lo comercial ha definido nuestro espectro social.
No es un problema “literario”, es una atmósfera compleja la que no permite instalarse la cultura literaria.

Curiosamente, en Galicia ( con grandes problemas de caciquismo, emigración, etc, similares a los nuestros) tienen a sus escritores en alta estima, a Manuel Rivas, Cunqueiro, Fernández Flores, Emilia Pardo Bazán, Rosalía de Castro, ... Mantienen viva la llama, un “perfume literario”, una admiración a sus escritores.

En Valencia Vicente Andrés Estellés, Joan Fuster, Manuel Vicent, sugieren mundos paralelos, fábulas populares, etc. En Cataluña, Montalbán, Josep Plá , Eduardo Mendoza marcan territorios de ficción definiendo simbólicamente una identidad compleja, ...

En fin, que pese a que en algunas de esas comunidades el espíritu fenicio también es dominante, la burguesía , la clase dominante promocionaba, pese a todo, un cierto ambiente literario, estético, cultural . De ahí que aún pervivan los escritores como símbolos de su pensamiento, de su identidad social. Reeditan sus obras, hay premios con sus nombres, se explican en las escuelas o, por poner un ejemplo, el propio Manuel Rivas se convierte en el abanderado social en las protestas contra el Prestige. Es decir, el escritor, en esos lugares, tiene una cierta “autoridad moral”, es reconocido.

En Canarias, los escritores no somos conocidos, nadie conoce ni cómo somos físicamente.

La burguesía canaria siempre ha sido una iletrada y muchos autores, como Galdós, tuvieron que irse de las islas para encontrar no sólo el éxito, sino el ambiente “literario” apropiado, donde poder compartir sus ficciones, asistir a tertulias literarias, a llenar de fantasía sus papeles, sus cuadernos de notas.

En las islas los escritores han sobrevivido heroicamente: dicen que si en Las Palmas hubiera existido una imprenta, Cairasco de Figueroa hubiera entrado por la puerta grande junto a los mejores autores de Siglo de Oro.

En fin, el tema es muy complejo. Creo que toda ha ido cambiando. Hay más cultura literaria, los escritores canarios nos alegramos de que exista el otro (¡menudo avance, cristiano!), hay una Asociación Canaria de Escritores, etc., pero hay que evitar el volcanismo intelectual, es decir hay que crear una metodología de trabajo (difusión, cultura editorial más profesional, Coloquio Internacionales de Literatura, apoyo de las librerías a los autores canarios, etc.). El escritor isleño debería también participar no sólo en eventos literarios sino también sociales, políticos y que su opinión independiente marque estrategias, defina futuros.

Creo para que cambien las cosas hay que cambiar antes por dentro. No deben ser sólo cambios burocráticos: hay que atreverse a romper con el ancestro.


1 de Mayo 2007

El abrigo de Soledad Puértolas

Esta tarde me tocó cubrir la rueda de prensa de Soledad Puértolas en la Feria del Libro, cuando el sol ya se había escondido tras un muro de nubarrones oscuros y una brisa tirando a helada barría San Telmo. Adiós a la mañana playera, a las cholas y las bermudas por la Avenida, los surferos en La Laja y ese Vecindario de palmeras cambadas por la ventanía y luz total. Bienvenidos a Mordor de nuevo.

Lo cierto es que jamás he tenido el placer de leer algo de Soledad Puértolas, pero me pareció una persona muy interesante, cercana y con los conceptos bien claros. Como de costumbre, la página del periódico se me quedó pequeña y muchas declaraciones de Soledad Puértolas se quedaron fuera del papel, así que recurro -una vez más- al blog para completar el retrato de esta mujer.

La escritora habló de lo que quería reflejar en su novela, Historia de un abrigo: la sensación real de perder una cosa y encontrarla en un lugar inesperado. También habló de su novela anterior, escrita hace seis años y tras la muerte de su madre, "algo duro y triste de escribir, aunque luego también muy consolador y que sé que consuela a mucha gente".

"Escribir siempre es un acto positivo, de afirmación -comentó, respecto a la escritura en tiempos difíciles emocionalmente y como vía de escape al dolor- Es peor cuando se quedan cosas dentro y no las sacas. Lo difícil es la vida, porque aunque fue doloroso [escribir sobre mi madre], fue fácil de escribir a su vez. Sólo tenía que tirar de un hilo y todo se iba hilando. No tuve la sensación de drama. Me dolía mucho más en la vida que al escribir. Cuando estás escribiendo estás en otro terreno y el sentimiento es más fácil de llevar".

"Necesitaba habitar con muchos personajes la novela siguiente", continuó, en referencia a Historia de un abrigo, la obra que presentó esta mañana en la Feria del Libro. "Un libro reacciona contra el otro, es un reto nuevo. Éste es de episodios y muchos personajes, con la idea de mosaico. Esa idea la retomaré, quizás, de otra manera, en el futuro pero no ahora porque tengo que mantener mi interés".

La autora aragonesa habló también de sus poesías, que todavía no ha editado y que quiere publicar "cuando sea muy mayor". "La poesía es tan expresión que casi no es literatura. Está tan ligada a lo que uno es, más que la novela de autor. Quiero darle una vuelta de tuerca para atreverme a comunicarla, pero alguna vez lo haré".

Finalmente, habló de una mujer actual que "tiene muchos retos y muchas dificultades para conciliar todo: vida emocional, profesional, sentimiental, etc". "Está un poco desbordada y le falta la calma -concluyó- Algún sosiego le tendría que dar la sociedad".

Según Soledad Puértolas, "un lector que sabe escoger y tiene criterio es la cultura" y ese criterio se tiene desde muy pequeño. En los colegios, los institutos y las escuelas es donde se hace la cultura ... esa cultura que no apuesta por el best seller sino por algo más complicado y con mucha más profundidad. Una cultura que no apuesta por la evasión simplona y lo predecible -al menos, no siempre- y que entiende que la lectura es un esfuerzo.

Relato: Incompatibilidad astral

David insiste en que mis teorías astrológicas son absurdas. Se ríe de mí, pero no pisa mi cocina.

Se lo prohíbo, con el cucharón de madera actuando como prolongación de mi puño izquierdo y expresión de desconfianza en la cara. Hago como que bromeo, pero hablo totalmente en serio y su sexto sentido le avisa de que debe tomar mis palabras al pie de la letra.

No me importa que, esporádicamente, se adueñe de mi cama y de mi ducha. Que incluso tome posesión de un mullido rincón de mi salón y actúe de cojín para mi propio cuerpo, masajeando mi cuello con sus firmes manos. Sin embargo, he trazado una línea invisible en las jambas de la puerta de mi cocina que debería repelerle y, para asegurarme de que se mantiene alejado de mi vitrocerámica, esparzo en mi poyo de mármol algunas gotas de una pócima de bergamota, jengibre y ajo, cada mañana, antes de poner rumbo al trabajo.

Elaboro la receta de mi pócima conforme a unas medidas que me proporcionó mi abuela, mientras recito el conjuro que ella me enseñó. Aunque, como buena acuario, siempre añado mi toque distintivo, en forma de unas hojitas de menta trituradas.

Mi abuela era una libra supersticiosa y parlanchina, una cocinera práctica, que se concentraba sobre sus calderos como una brujita con tipo de venus willendorfiana, murmurando para sí con sus finos labios apretados.

Jamás he logrado recrear el sabor irrepetible del caldo que ella guisaba con recortes de carne fresca, zanahorias, papas menudas, garbanzos tiernos y ramitas de tomillo, enderezando sus gafas con los dedos pringosos de grasa sobre el puente de su nariz. El vapor de la olla empañaba los cristales mientras sus dedos gordezuelos pero sensibles desmenuzaban el pollo casi por inercia y aprovechaba la intimidad perfumada de la cocina para discutir con mi abuelo.

Mi abuelo, un leo larguirucho y airado, comía sin cumplidos, la nariz ganchuda cayendo a plomo sobre la cuchara y los ojos miopes clavados en el entramado de naranjas, amarillos y castaños de su plato humeante.

Estos son mis primeros recuerdos relacionados con la cocina y me han marcado durante toda mi existencia hasta este momento, cuando mis creencias sobre astrología y comida se han fosilizado y no hay forma humana o divina de que considere siquiera la posibilidad de que David me prepare una simple ensalada.

En realidad, no es que dude de sus habilidades culinarias.

Él protesta cuando se lo explico, pero es un vivo exponente de la naturaleza apasionada e intensa de los nacidos bajo su signo.

Transpira sensualidad, algo que siempre me ha parecido beneficioso en la cocina. Si se me apurara, diría que su lengua sabe a especias caras y prohibidas y que tiene unos dedos sabios para captar los mínimos cambios en las texturas, ya sea de mi piel o de las burbujeantes masas de tortillas, bollos y crepes. No carece de intuición y, al igual que le atribuyo un magnetismo irresistible para la mayoría de mis hermanas de sexo, creo que su atracción animal se extiende incluso a los calderos, las sartenes o las espumaderas.

Pero no me fío de él en la cocina.

El zodíaco siempre ha matizado mis relaciones con la gastronomía.

Recuerdo mi infancia de suflés y gelatinas soñadoras y sé que el interés recurrente de mi madre por los postres de color aguamarina, que se derretían en la lengua y temblaban en el plato, es el resultado de la conjunción de las estrellas en su carta astral. Es piscis y le fascinan las cremas, los purés, las finas hierbas, las natillas y los mousses esponjosos que se deshacen en la boca.

Mi padre nació géminis y, como tal, se revela rápido y creativo entre los fogones. Le gusta explorar nuevas recetas, como le gustan los desafíos mentales y dialécticos, los problemas lógicos. Sus manos son ligeras como sus pensamientos, porque su planeta es Mercurio. La cocina es puro intelecto en su caso.

Mi hermano es sagitario, un cocinero impreciso y atolondrado. Inexplicablemente, con buena mano para los postres. Lo suyo son las comidas rápidas y sencillas, porque la paciencia no es virtud propia de los nacidos a principios de diciembre.

Su mujer es aries. Doble fuego en la cocina: pasión (y también cabezonería) por los dos lados. Me sofoca pensar en tanto ardor concentrado en una habitación tan pequeña, en los azulejos húmedos y el extractor gimiendo al intentar absorber todo el vapor. Lo que se cocina es lo de menos, lo importante es la velocidad y el pretexto de la siesta para enlazar los cuerpos en un rincón de la solana.

Mi abuela libra veía en la cocina un camino de servicio a los demás. Mi padre géminis se ajusta ceremoniosamente el delantal a las caderas, enfrentándose a un nuevo reto. Mi hermano sagitario aprecia velocidad y cantidad, porque la cocina es sólo un medio de satisfacer una necesidad básica y dejar tiempo para otras aventuras. Mi abuelo leo veía en la cocina un camino para demostrar su poder. Mi cuñada aries disfruta la comida, pero come aprisa y busca su excusa para la charla. Mi madre sostiene una actitud ambigua y flotante, propia de su naturaleza etérea de piscis, con respecto a la cocina.

Yo, que hago del recetario un cruce de pasado y futuro, incomprensible para los paladares del presente, que quemo los cocidos por sumergirme en una de mis ensoñaciones acuarianas e invento recetas guiada por mi uraniana nariz, ... tengo una actitud que me diferencia de ellos.

Otros signos se sienten felices por tener compañía en la cocina y disfrutan compartiendo las pequeñas liturgias de pelar, trocear y sofreír. Sin embargo, mi naturaleza individualista de acuario me impide sentirme cómoda cuando hay algún intruso en la cocina. Es mi territorio, algo muy personal, un rincón íntimo que no me gusta abrir a los demás, al igual que no me siento cómoda en las cocinas ajenas.

Otros signos siguen escrupulosamente las recetas y miden, sopesan y miden otra vez los ingredientes, pero yo hago mis propios cálculos y mi independencia de acuario me impulsa a crear y romper mis propias reglas.

Considero que soy original, como es propio de los nativos de mi signo, y hasta puedo pecar de excéntrica en la mezcla de sabores y, por supuesto, escandalizar a los más puristas en materia gastronómica. Aunque las tradiciones me encandilan, puedo faltarles el respeto.

Otros signos saben para quién cocinan y por qué, pero para mí la cocina tiene valor en sí misma. No es un medio: es otra forma de expresar la creatividad, como un poema, una canción o un dibujo.

Y esto me lleva de nuevo a David, del que me he apartado demasiado durante la pasada disgresión.

Le rechazo con ferocidad en mi cocina no sólo por mi dramática individualidad acuariana. Y aunque el que no acepte críticas y guías a la hora de cocinar tiene mucho que ver en mi actitud hacia él en estos casos, no es la única razón que explica mi conducta.

La justificación real subyacente en mi comportamiento es un serio prejuicio por mi parte con respecto a lo que yo denomino incompatibilidad astral.

Me explico y la mejor forma de hacerlo es con ejemplos: dejaría que un tauro cocinara para mí, pero no me casaría con él; sería amiga de un cáncer, pero jamás su amante; admitiría a un capricornio como jefe, pero nunca como socio; quizás pudiera trabajar en equipo con un virgo, pero sé positivamente que la convivencia en el mismo hogar sería imposible, ...

David nació a principios de noviembre, bajo el planeta de plutón y el signo de escorpión.

Los escorpiones me parecen criaturas totalmente ajenas a mí, misteriosas y llenas de trampas. Quizás es esa mezcla de temor y atracción que me inspiran lo que actúa como una especie de afrodisíaco en mi caso, empujándome a los brazos de David en contra de mi instinto de supervivencia.

Pero tampoco esta pasión me ciega del todo ... será cosa de mi fría naturaleza acuariana ... y, especialmente en la cocina, no puedo dejar que él se cuele entre mis calderos.

Sé que es algo totalmente irracional y que mi paranoia provocara la risa de quien me lea ahora, pero debo admitir que la última sospecha que se oculta tras mi radical negativa a su presencia en mi cocina es -perdóname, David, amor- que temo que su veneno sea algo menos metafórico de lo deseable.


El Libro Canario según Cándido Hernández (Editorial Benchomo)

La Editorial Benchomo fue fundada en 1976 por Cándido Hernández García, actual propietario y director editorial. Ha publicado más de 300 volúmenes con más de 1.000.000 de ejemplares impresos, de distintos autores y títulos, tanto canarios como de otros países y de distintas épocas en más de 15 colecciones.También ha publicado distintas revistas literarias y culturales.

-¿Cuál es su opinión sobre la política de la Dirección General del Libro, Archivos y Biblioteca del Gobierno de Canarias?

-Era un demanda que desde hace tiempo demandábamos una serie de editores para regular la decisión y la promoción del libro editado en Canarias. Hasta ese momento estas acciones eran puntuales y sin ningún criterio. A partir de la creación de la DGL, después de varias reuniones y propuestas tanto de editores como de la propia DGL, se ha avanzado en el campo de la difusión (campañas institucionales) y promoción participación en diferentes ferias internacionales como Franfur, Casablanca, Guadalajara y en el caso de Editorial de Benchomo, en la Feria Internacional de Cuba de 2007 con stand propio y con una gran aceptación.

En cuanto al tema de las coediciones, seguimos manteniendo que en vez de seleccionar previamente títulos y autores para después designar las ayudas, sería más operativo y transparente habilitar un presupuesto para la adquisición de ejemplares a las editoriales (fijando unos criterios) a precio de venta al público a fin de cubrir los puntos de lecturas dependientes del Gobierno Autónomo (180 bibliotecas públicas y 60 Centros Canarios en el Exterior) de aquellos títulos editados, incluyendo títulos producidos anteriormente y que no están en estos puntos y de los que las editoriales tenemos almacenados, que se estimen tendrían que estar en los mismos.

Ayudas concretas a la traducción, tanto para el mercado interior –pasan 12.000.000 de turistas de distintos idiomas por Canarias- y se podría promocionar autores y temas canarios fuera de Canarias en distintos idiomas-francés e inglés (para algunos punto de lectura de países africanos) y alemán-.

Poner en marcha Un Pacto por el Libro en Canarias (se han celebrado 2 reuniones) en el participaran todos los agentes implicados: editores, libreros, autores, distribuidores e instituciones insulares y locales, así como instituciones sociales.

Llevar una transparencia total en el tipo de ayudas y que los criterios sean claras en las mismas para evitar vicios del pasado donde una empresas han sido descaradamente subvencionadas con el perjuicio para el resto.