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Tribulaciones de una bloguera (y IV): peligros del ciberespacio

Concluyendo la serie sobre mis sufrimientos y dichas como bloguera, confieso que se me ha abierto un mundo nuevo con 147 entradas y 267 comentarios en tres meses y poco más. Me parece un mundo adictivo, como lo demuestra el que esté enganchada a mi portátil un domingo por la mañana, en vez de en el Centro Insular de Deportes gritando oe amarillo oe oeee. También medito que debería cambiarle el nombre al blog de Cartas a Sinaja a Cartas a Nenito o a Lola, los dos seres con los que tengo más roce en la blogocosa.

En este último capítulo (por el momento) de las tribulaciones de una bloguera confieso que tengo complejo de la jardinera fiel de John Le Carré, aunque en su acepción más literal. Tener un blog es dedicarse a una labor de poda constante: a arrancar trackbacks y comentarios basura, a borrar el spam que siempre se las arregla para atravesar todas las barreras, a controlar los comentarios. Un sinvivir.

Siempre hay adolescentes asiáticas desnudas, alargadores de penes, orgías con animales, medicamentos ganga y bajadas gratuitas de música que intentan encontrar su hueco en tu blog. Siempre hay que estar atento a John, Traci y Marjorie y dejarse la cibervida en un eliminar cosas contínuo. Nunca hay filtro milagroso que lo pueda controlar todo.

Repito que no me imaginaba la que se me venía encima con esto de atontar un blog, que diría mi padre.

Ahora, si me paso un día sin tocar el portátil, me entran los remordimientos por esos trackbacks basura que son como mala hierba, por los comentarios que no puedo aprobar y que me miran acusadores, por ese espacio en blanco en el blog, por esos visitantes que entran y no encuentran nada nuevo en él.

Bloguear es una responsabilidad, como todo poder, incluido el de Spiderman, que ya regresa a las pantallas grandes la próxima semana.

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Comentarios

  • Pues sí. Tener un blog es como tener un jardín. Hay que plantar semillas, dejar que crezca, echarle agua, arrancarle las malas hierbas, matar a los pulgones, a veces transplantar las plantas cuando se han hecho grandes... arf, arf ¡corred insensatos! Aún estás a tiempo de dejarlo ¿o ya es tarde? ;)