Sola ante el peligro
Hoy mis padres recogieron los bártulos y enfilaron hacia El Chorrillo de Tejeda, dejándome sola con ese pequeño refugiado extranjero que responde al nombre de Diego.
Aparte de ver Winnie the Pooh con él y tener nuestra discusión sobre el almuerzo (se dejó bastante leche en el biberón) y sobre la papilla de frutas de la mirienda (que diría Sinchan), poco más he hecho hoy.
El Mendoza Chico mandó un mensaje a primera hora de la mañana para avisar de que jugaban al baloncesto en Las Rehoyas. A mí me apetecía que Diego fuera testigo, por si alguna vez tengo que amenazarlo con algo e introduzco a los dos Mendoza y a Javier Darriba, con un balón, en la conversación. Sin embargo, estábamos a mitad de desayuno y estornudó varias veces, así que preferí concentrarme en lo nuestro.
También esta mañana se inauguraba la Feria del Libro en San Telmo. Lo hablé con Lola ayer en el CICCA y tenía muchas ganas de darme un paseo hasta sus blancas casetas, echar un ojo a los libros y tirarme de los pelos por no poder gastar tanto euro. A tal fin, planeaba montar ese aparato diabólico en el que Diego viaja y que parece obra de la NASA para un alunizaje en Plutón en vez de ejercer de carrito de paseo.
Pero la mañana estaba rarita y lo de desplazarnos equivale a cargar una bolsa que deja pequeños los hatillos del éxodo judío desde Egipto en peso o los equipajes de cualquier movimiento moderno de refugiados, en busca de campamento de Acnur. On second thoughts, que se dice, me achiqué y aquí nos quedamos.
Así que con todo plan desbaratado y cruzando todos los dedos para que haga un buen día mañana, me doy a Shinchan y espero por el Hombre, ayudante de esta noche en la gran epopeya diaria del baño nocturno.
Siento a Diego en su habitación,encadenando la misma sílaba hasta el infinito. Sé que está poniendo cara de que lo que dice significa algo, aunque sea incomprensible para el resto del Universo. Lo sé porque habitualmente me mira con cara de viejito perretoso mientras me echa la charla, indignado o agraviado, porque he cometido algún pecado contra su país o su persona ... no darle de comer a tiempo, aburrirlo, olvidarlo, etc. etc. etc.
Manifiesto que quiero cada micra de su cuerpecito blanco, sus pelito fino y sus largas pestañas, pero espero que su consulado regrese pronto para encontrarlo entero y sano y repatriarlo a Las Mesas.


