Prisioneros de su propia casa
Una información de Efe hablaba esta semana sobre los hikkikomori, alrededor de un millón de adolescentes o jóvenes adultos, en su mayoría varones, que viven voluntariamente recluidos en casa o incluso en su cuarto durante años.
La nota ponía que ...
Normalmente el problema comienza en la adolescencia, tras sufrir casos de hajime (acoso escolar) o de falta de adaptación, a causa de la tremenda presión social que existe en Japón para no salirse de la norma. Los individuos especiales sufren la presión de sus compañeros, ya que en Japón el aspecto exterior es muy importante, y algunos un buen día se encierran en su cuarto u otra habitación de la casa y se niegan a salir durante largos periodos de tiempo, que pueden durar hasta años.
Según Efe también ...
La rigidez social de la cultura japonesa imprime mucha presión a los jóvenes, de quienes se espera la excelencia en las actividades que desarrollan. El fenómeno hikkikomori, que afecta a uno de cada 40 hogares japoneses, está relacionado en algunos casos con el fenómeno otaku, palabra que describe a los fanáticos de cómics y videojuegos. Algunos hikkikomori pasan el tiempo durmiendo durante el día y jugando a videojuegos o navegando en Internet durante la noche, porque les resulta más fácil moverse en un mundo virtual que en el mundo real, donde es necesario hacer esfuerzos.
Yo entiendo lo de esta gente y lo comparto totalmente.
Hay días en que no sé qué camiseta ponerme y todo me sienta especialmente mal, así que me dan ganas que elevar una pira funeraria con toda mi ropa y las memorias de Naomi Campbell y encerrarme en mi habitación para siempre.
También hay días en que miro por la ventana antes de salir a la calle y, al contrario que hoy, el cielo está grisón, amulado y empanzado; la gente, cabizbaja y fea; las calles, sucias y hasta las palmeras se coronan con copas gachas, como bajo el peso de una convención de picudos rojos con jilorio. Días en que cogería varias tabletas de chocolate negro y me recluiría en un cuarto con sofá y televisión de pantalla gigante, a olvidarme del mundo y que el mundo se olvide de mi existencia.
Otros días, como este atípico sábado santo, hace un día espectacular.
Debería salir a la calle, a disfrutar del sol y los pajarillos. Pero llego cansada de ese Chorrillo que reposa, blanco y pacífico, en una ladera de Tejeda y me decido por volver a la cama y hikkikomoriar un rato.
Esta noche, Carmen Machi. Y un paseo por la tibia noche enlunada que se espera en Las Palmas de Gran Canaria ... si no me sale el nipón rebenque que llevo dentro, claro.



Comentarios
Bueno, eres de las personas que conozco que más vida social tiene. Así que, en comparación, creo que ya estoy hecha toda una hikkikomori de tomo y lomo.
Publicado por: Esther | 8 de Abril 2007 a las 07:11 PM
Perdón, pero hoy estuve de hikkikomori total. Cama, Espartaco, cama, Hormiguero, cama, Neketán con tarta, casa de mi hermano, cama.
Mi tendencia natural es el hikkikomorismo.
Publicado por: Angie | 8 de Abril 2007 a las 11:22 PM