Mesalina a mi pesar
El Hombre tiene sus días, en que califica lo Nuestro de fornicación. Eso le da un punto pecaminoso y arrastrado a la cosa que a mí, personalmente, me encanta y me hace sentir poderosa y maligna como una mala pécora de Babilonia, despedazada a insultos en la Biblia. Normalmente, no pienso que mi vida sea tan emocionante.
La verdad es que finjo que me molesta, pero me encanta eso de ejercer de Jezabel inesperada y sólo por eso, le tengo más cariño al Hombre. Sobre todo, en esos días soleados, en los que el cielo está desvaído y la brisa salitrosa, como hoy. Cuando me deslizo por esas carreteras cruzadas a baches, con las ventanas del auto abiertas y aspecto de habitante de Fraguel Rock recién pasado por una turbina de nave espacial.
También me gusta su acento, que me trae recuerdos de las tardes de merienda en casa, con el bocadillo de nocilla en la mano y viendo en la televisión a Pepe Le Pew, uno de los héroes animados de mi infancia. Siempre me gustó esa mofeta enamoradiza y persistente, que habla con un fuerte acento francés y que confunde a una gata con una congénere a la que persigue, incansable, durante cada capítulo. Hasta que ella cae, agotada, entre sus románticos brazos.
Y me gusta la cara de espanto que se le pone cuando me salto un stop en ese Vecindario ventoleriento suyo. Cómo casi se le salen los ojos de las órbitas y tira del cinturón, igual que un pasajero del Titanic tira del salvavidas, mientras me susurra un "¡Farruquita!" sobrecogido y se le rizan más sus ásperos ricitos negros.



Comentarios
Tu me haces recordar a la Mesalina que tuve hace unos meses, ella se llama Nidia A. Sanchez...no serás la misma??
Publicado por: William Fernando Espinosa Rojas | 11 de Abril 2007 a las 07:44 PM
Desgraciadamente, no.
Hace poco que ejerzo y llevaba años de ursulina de clausura.
Lo siento, William ;)
Publicado por: Angie | 11 de Abril 2007 a las 08:17 PM