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La música que amansa a las fieras

Yeya se empeña en decir que la sección de Cultura de este periódico está integrada por marcianos. Porque el resto del mundo compra a Camela, Andy y Lucas y RDB, mientras nosotros escuchamos a Mika, Wolfmother, The Datsuns, Nick Cave, Danko Jones, Wagner o Body Count. Y porque, mientras la masa llena los conciertos de Shakira, Luis Miguel o Maná, nosotros escapamos de ellos como alma que lleva el diablo al tiempo que entonamos el No sé qué hacer contigo con aire conspiratorio.

Creo que Yeya tiene razón y vivimos en una realidad paralela. Somos minoría.

Cuando era más joven e inexperta, pensaba que estaba en la media, que era normalita. Pero leí las estadísticas de gente que completa sus estudios en Canarias y supe que estoy en cualquier sitio menos en la media. Creo que formo parte del uno y pico por ciento de la población canaria con postgrado en tierra guiri y que ya era parte de una minoría simplemente por haber finalizado el colegio, el instituto y la universidad año por año y sin churumbel incorporado.

También me he sentido minoría durante años por no ver OT ni GH, por el satélite, por leer regularmente, por odiar cordialmente lo latino, por estar soltera y entera, por carecer de piercing y/o tatuaje, por ir de vez en cuando al teatro, por leer las críticas de música clásica que glosa Javier Moreno, etc.

En el caso de la música, precisamente, para mí, no hay medias tintas. Aquí sí que soy feroz minoría, porque es algo que me produce un placer inmediato, que cambia mi humor y que me emociona, como el sagrado chocolate. No puedo escuchar cualquier cosa ni lo acepto todo sin criterio y, aunque Charlie afirme que la música no es un artículo de primera necesidad, para mí es más necesaria que salir a comprar ropa o las tropicales del fin de semana.

Si salgo de parranda y me ponen cuatro bisbaladas, me amulo y quiero yoyar al pinchadiscos y volverme a mi casa. Me da sentimiento que el Hombre me relacione con un tema de Carlos Baute y me lo jinque por teléfono cuando se siente romántico. Y cuando Elsa confunde a Bruce Springsteen con U2 y ocupa mi lugar en un concierto de Bono y sus chicos, me pongo al borde de la apoplejía.

Igualmente, si Manel El Especialista graba una sesión de funk, R'N'B y soul para el reproductor de CDs de mi vehículo, daría la vuelta a la isla, feliz, sólo por el placer de escucharla y recordar los tiempos en que bailaba en el Fasching con Elisabeth Malmgrem. Y, a pesar del sopor que me provocan las cómodas butacas del Auditorio, creo que lo más parecido a un sentimiento religioso es lo que se experimenta con una Filarmónica de Berlín en racha.

No voy a un concierto por ir y escucho lo que me recomiendan seres humanos en cuyo criterio confío, como Mario Alonso, Neketan pd, Sergio Miró, Alberto Hernández, José María Suárez o Carmen Delia Aranda. Y aunque una es de natural ecléctico y disfruta con muchos estilos diferentes, no pasa por el aro de las radiofórmulas y prefiere la playlist del Perinqué a una de la SGAE.

Total, que minoría naiz eta harro nago.


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Comentarios

  • Pues sí, somos minoría a los que nos gusta la música fuera de los canales comerciales (viva Radio3!!). Y yo por lo menos paso de la mayoría de superproducciones del cine americano, que con las estrellas de siempre intentan tapar una total falta de ideas, y me revientan los programas de la tele que no hacen sino meterse en la vida de los demás (que encima se dejan con gusto), y me gusta leer literatura, categoría en la que no caben memeces como "El Código Da Vinci" y astracanadas por el estilo, y soy hombre, vivo solo y me encanta cocinar.. vamos que soy más bicho raro que tu un rato :-p

  • No escribí las palabras alternativo o especial. Escribí marciano y minoría.

    Sí que me siento diferente, hasta diría que especial incluso, y creo que convivo, me relaciono y trabajo habitualmente con gente también diferente y tirando a especial.

    Para bien y para mal ... porque sí me parece que hay una importante desconexión con mucha otra gente, igual de diferente e igual de especial.

  • Sí que lo son (especiales) (y bichos raros, también), pero independientemente de sus gustos musicales, diría yo.