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El Pérez Galdós se reinaugura

Ayer paseé por Triana un rato. No porque tuviera tiempo libre, forma física y ganas, sino por trabajo. La gente deambulaba feliz, sonriente, marcándose algunos pasos, casi en estado de estupor dichoso, porque había varios escenarios con música, ambiente festivo, luces, técnicos de sonido, voluntarios de ONG, ... porque la calle bullía de vida. Ayer comenzaba el programa de actos de la reinauguración del Teatro Pérez Galdós.

Hasta a mí se me contagió esa especie de embriaguez sin alcohol, con la música y el barullo. Me invadió una especie de síndrome navideño positivo, porque las calles de esta ciudad son para la música, el encuentro y el paseo en estado de estupor feliz, no para vadear zanjas y coches mal aparcados, brincar sobre excrementos de perro y aterrarse con el ulular de las sirenas.

Salías de Triana y te asaltaban el guineo de las ambulancias y de las obras frenéticas, el polverío, las vallas, los obreros apurados, los golpes, los guardias armados con libretitas de multas, los operarios cargando con geranios y las farolas futuristas, con un punto de horrible modernidad, que ciñen la cintura del teatro. Triana, Vegueta y sus alrededores estaban tomadas por la policía local y la nacional. Y no se veían lacitos amarillos en todos los escotes.

Pero escribí mi texto, hablé con Tato Gonçalves y José Antonio Giraldo, olvidé por un momento las luchas políticas que enturbian el cariño que se le puede re-coger al teatro y me llevé unas imágenes de la tarde que cuelgo a continuación.


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Comentarios

  • Por curiosidad, ¿hubo muchos lazos amarillos en la reinauguración?

    Mis padres han conseguido entradas para esta semana y les he dicho que se hagan uno.

    Por lo menos, queda el derecho a la pataleta.

    Besitos a 21ºC.

  • No estuve, pero me dijeron que no demasiados.

    La gente no tiene memoria y, en la mayoría de los casos, poquita solidaridad y poquitas ganas de dar la cara por nadie. En mi humilde opinión.