Desde el exilio
Llevo dos días encerrada en casa de mis padres, sin ver otra cosa que pañales, biberones y los juguetes de Diego, a saber: la vaca Armanda, el oso Inmaculado y el oso Mutuo. Y hoy me acuerdo de un documental que vi, de la BBC creo, sobre la necesidad humana de socializar. Probaba que unos cuantos días encerrado en casa, sin contacto humano, podían alterar el sueño, distorsionar el sentido de la realidad y acabar con la cordura del más fuerte. Añadiría al estudio de la BBC que cohabitar con mis padres sin pisar la calle durante un tiempo también provoca los antes mencionados efectos.
Definitivamente, ahora sé que nunca podría opositar a agorafóbica. Y que cuando mi padre dice que soy una callejera, tiene más razón que Noam Chomsky y a mucho orgullo.
Para evitar que el niño se ponga malo, estamos de reclusión con los libros y el Canal Satélite. Fuera, la tarde parece perfecta para un paseo, luminosa y suave. Se escucha a alguien descargando mercancía de un camión en la tienda de la esquina y a una revolución de pájaros cantarines, junto a un coche esporádico enfilando la calle y algún grito de niño aislado. Por lo demás, calma total.
Diego dormita en su cuna, sepultado entre muñecos, mientras yo leo a ratos Cuando el mundo era joven todavía, de Jürg Schubiger, y veo a ratos La novia salvaje, una comedia del Oeste deliciosa, de la que me gusta especialmente la pelea final en la que se involucran Eleanor Parker, Robert Taylor y un indio.
Por una vez, Eleanor no hace de gélida vampiresa de pechos puntiagudos o de puritana amargada y se lanza a la caza del hombre con ingenuidad y osadía, haciendo huir despavorido a Robert Taylor en el proceso. Esa mujer me gusta aquí y en la erótica Cuando ruge la marabunta, mientras también seduce a un brutal pero virgen Charlton Heston -con las canillas al aire, la camiseta casi abierta hasta el ombligo y ya en aquella época enganchado al rifle- a base de conversaciones con doble sentido, literatura y negliglés espectaculares para la selva amazónica.
Puestos a elegir escena, también tengo mi escena favorita de Eleanor Parker, cuando la mujer le pide a Charlton que le frote la espalda con repelente de mosquitos, crece la tensión sexual y lo despide. La cara de Charlton saliendo de la tienda y aflojándose la pashmina de explorador que se anuda al cuello es todo un poema.
De Schubiger, voy a empezar a leerme la parte de los animales, pero acabo de descubrir a los Doce del Patíbulo en TCM. Charles Bronson, Lee Marvin, John Cassavetes, Telly Savalas, ... y me parece que aparco la lectura de momento hasta que Diego lance su grito de guerra desde el fondo, junto con el oso Inmaculado fuera de la cuna.
pd. Diosanto ... Conspiración de silencio en TCM Clásico, osos polares en C+2, The Closer en Calle 13, Bones en Fox, ... ¡arg!
Eleanor y Charlton, pura pasión.
El oso Mutuo, un clásico.



Comentarios
¿El oso Mutuo? Ese nombre debe tener alguna histora detrás....
Publicado por: Netito | 26 de Abril 2007 a las 09:58 PM
Bueeeeno ... la historia es que Noe le pone el nombre de los regaladores a los regalos. Por tanto, los juguetes de Diego son la vaca de mi tío Armando, el oso de Inmaculada ... y el oso de la Mutua General de Seguros, empresa donde trabaja mi hermano y que les mandó una cesta estupenda cuando Diego nació.
La única excepción es Winnie, que debería ser Mariso. Yo quise comprarle el pingüino Ányelo, un gigoló de la Antártida, pero es para mayores de tres años :(
Publicado por: Angie | 26 de Abril 2007 a las 10:47 PM