De camino hacia Polonia
Preparen catéter y suero fisiológico, que se acerca Wagner. Mañana comienza la representación del ciclo completo del Anillo de los Nibelungos en el Pérez Galdós. Dieciocho horas en total en la silla, ni un mal canapé que llevarse a la boca en plena carga de las walkirias y unos deseos locos de invadir Polonia naciéndole a una en las entretelas.
Para más inri, algunas representaciones comienzan a las 17.00 horas, idílico momento del día propenso a la siesta digestiva, en caso de ser pensionista o desocupado. Si no se goza de los placeres del Inserso o se es funcionario, también se trata de la hora en la que laboras para pagar hipoteca y otras desgracias personales.
Imaginando unos taperguares curiositos en los bolsos de las futuras oyentes de Wagner, pertrechadas también con las compresas y salvaslips que anuncia Concha Velasco para la incontinencia, me decido por el partido del Granca de este miércoles. Para el fin de semana, el Salitre en El Burrero, con todos los estribillos de Barricada.
Esperando que Polonia siga segura después de mañana y que los valientes que se arriesguen al empacho nibelungo mantengan intactas cordura y salud después de cada función, me voy a casa con mi librito erótico de Rosario Valcárcel y mis CDs de La Mota de Polvo. Sexo y Satie para combatir el estruendo del paso de oca entre las butacas de un teatro.


