« Mesalina a mi pesar | Inicio | Ese Velencoso que viene de Bonanza »

Cartier-Bresson a la Nenito

Ayer salí pronto de El Sebadal y rapté a Nenito camino de la salida del periódico, para que me sirviera de guía improvisado de la exposición de Cartier-Bresson, hablándome por la sala con su tono casi imperceptible para el oído humano, como un cacharrito portátil y sonoro de esos que te dan en los museos. Sólo que en carne y pelo. Como la sala estaba vacía y el poco público presente tendía al susurro, se le escuchaba alto y claro.

En las inmediaciones del retrato de John Berger, me llamó Yeya y se pasmó al enterarse de que él me estaba explicando los misterios de la vida y el arte de Cartier-Bresson.

- ¿Y le escuchas? Yo no puedo, debes tener poderes telepáticos -me dijo esa mujer contundente, de talle perfecto, ojos enormes y que ya ha salivado ante los abdominales de los 300.

Nenito ponía cara de ofendido al lado, mientras me hablaba de la técnica de retrato del señor Bresson.

Al parecer, el hombre siempre cargaba su leica al cuello y, en cuanto veía algo que le interesaba, sacaba una foto. Según Nenito, eso podía ser enmedio de una entrevista, cuando le abrían una puerta, en un paseo ... me temo que hasta en sus momentos de intimidad con una posible señora Cartier-Bresson, que le amenazaría con botar la cámara por la ventana entre esperridos indignados.

Dice Nenito que Cartier-Bresson intentaba captar la personalidad de la gente, cuando ésta afloraba a su cara. Que esperaba al momento en que el retratado se relajaba y olvidaba su presencia y que podía pasarse horas ejerciendo de mueble en silencio o hablando para que el otro se confiara. Que con Matisse y sus palomas, por ejemplo, estuvo horas sin abrir el pico, a pesar de que eran buenos amigos. "O precisamente por eso", puntualizó Nenito.

Los retratos reflejan cada arruga, cada textura, cada brillo en la mirada y también esa personalidad esquiva que todos intentamos ocultar tras una máscara entre los demás.

Se percibe la infelicidad de Marilyn y se presiente la muerte de Martin Luther King, se nota la calidez del Che y casi se masca la ternura de Robert Kennedy con su hijo, refleja la coquetería picarona de Colette y la frescura de Camus, sorprende con una Carson McCullers algo andrógina y relajada a la orilla de un río y, por supuesto, te sugiere que Sartre y Beauvoir eran unos malos bichos, contra un fondo de callejuelas y puentes parisinos.

La gente que Cartier-Bresson retrató nos enseña sin querer el alma: la locura, la bondad, la complicación. Instintivamente, divides tus afectos entre el último eunuco del último emperador chino, Arthur Miller y Susan Sontag, por ejemplo. Y desconfías del grupo de iraníes que parecen sicilianos con el cuchillo enfajado, a punto de consumar una vendetta, o la viejita novelera cordobesa.

Dice Nenito que el arte de Cartier-Bresson es especial porque el hombre era pintor originalmente y que en los 70, una vez que pensó que ya lo había dicho todo con la cámara, volvió a los pinceles y colgó la leica.

En cualquier caso, la exposición vale mucho la pena. Y tienen un libro de fotografía en la naturaleza sobre el que pusimos nuestras zarpas codiciosas y que va a caer como autoregalo de un momento a otro, si la hipoteca, el coche, el aparcamiento y otras cargas no lo impiden.



TrackBack

URL del Trackback para esta entrada:
http://www.canarias7.es/blogadmin/mt-tb.cgi/422

Comentarios

  • Un placer, oiga, aunque lo cuenta usted mejor de lo que yo recuerdo ;)

    A ver si traen también la de Man Ray. Para esa llevaré notas en fichas, y así no tengo que gritar tanto...

  • Ah, pequeña padawan, dentro de 20 años podrás adivinar lo que quiere decir Nenito cuando dice que habla. Es cuestión de fuerza y de costumbre ;-)