Baldaíta y con churumbel incorporado
Qué baldaíta estoy después de un rato en El Burrero, en pleno viaje en el tiempo con Barricada, haciendo el indio alrededor de un Drogas con cara de felicidad y pañuelo pirata anudado al cráneo rasurado. Todavía me dura la molienda y además, ya estoy de madre putativa y las noches no son lo mismo, con Diego hablando solo en una cuna al lado, en su jerga incomprensible, mientras mordisquea todo lo que cae en su campo de acción.
Amanece el Día del Libro y de San Jorge, traspasador de dragones a lanzazos.
Apetece irse, con los ojos nublados de sueño todavía y oliendo a niño chico, hasta Canaima, a comprar un par de libros con descuento y discutir con Clara un rato. También apetece un paseo por La Puntilla, agarrada a un libro de Dolores Campos-Herrero y buscando dragones en las olas. Y para la noche, apetece triplicarse para poder estar en el Matasombras, en el Cuasquías, con Santiago Gil y su última novela; en la competencia, con Berbel, Alicia Llarena y un colectivo de artistas que muestran su obra Meridiart y roncando en cualquier esquina de mi cama.
Hoy le pediré el papelito amarillo de vacaciones a María Isabel y me despediré temporalmente de los compañeros de trabajo, con mi baja de maternidad. También me despediré temporalmente del Hombre, del cual Nenito afirma que algo debe querer, si es capaz de aguantar a Barricada de madrugada, con el agravante de trabajar al día siguiente y sin que le guste el rocanrol más que ser machacado a tenicazos.
Pero sigo en el ciberespacio, en pleno diario para Noe y Hermano, por si hay ciber en China en el que puedan colarse, entre cena de gala y paseo por la Muralla, y para que forme parte del cibermundo la primera semana de Diego sin ellos.


