Ablando ya no es gerundio
En Eritrea se acaba de prohibir la ablación del clítoris o circuncisión femenina por causas sanitarias. Ahora sólo falta que la erradiquen realmente de tierra eritrea y que cunda el ejemplo entre sudaneses musulmanes y otros colectivos africanos, que son los más aficionados a mutilar y sellar mujeres. Y ya puestos, entre norteafricanos y emigrantes de África que trasladan su instrumental y su práctica hasta Europa y otros continentes.
El tema de la ablación siempre me atacó.
Porque una es normalmente respetuosa con las creencias ajenas y las tolera, aunque no las comparta y le parezcan de tolete, pero eso de que le destrocen el aparato reproductor y la vida sexual futura a niñas, con cristales sucios y en condiciones infrahumanas, nunca me pareció aceptable.
Que además se haga en nombre de religión y que las principales defensoras del tema sean las propias mujeres, ya me daba ganas de retirar derechos maternales, escachar algún totizo y hasta rescatar chiquillas a lo Bush, bombardeando pacíficas pero siniestras aldeas, plagadas de cristales rotos.
No puedo soportar la idea de que se oprima a algún colectivo en nombre de la religión o de la política o de la raza. Que alguien se considere mejor que otro y le imponga su manera de ver el mundo o, peor, que se la explique vía ningunearlo, arrancarle cachos de carne de la vulva o hasta a machetazo limpio y mortal en una cuneta, como pasó hace 13 años en Ruanda.
Probablemente, lo de Eritrea sea sólo un gesto político y no llegue a las aldeas donde se le abla la vida a decenas de niñas. Sin embargo, es un primer paso, así que hay que celebrarlo.
Sin dejar de recordar que hay miles de niñas a las que se saja el clítoris o la mayor parte del aparato reproductor externo, a las que se cose como odres, a las que se abre de nuevo cuando llega el (demasiado prematuro) matrimonio, a las que se expone a relaciones sexuales traumáticas y dolorosas y a partos peligrosos, a las que se le mutila la opción de sentir y de ser dueñas de sus cuerpos, a las que se les arruina la vida y, en muchos casos, a las que se desangra en el piso de una choza o en un suburbio europeo.
Y que nadie invade países en su nombre.



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Diferencia entre tradición y aberración: los derechos humanos.
Publicado por: Esther | 9 de Abril 2007 a las 10:42 PM