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30 de Abril 2007

Los gritos del silencio

Acabo de llegar a casa de mis padres desde el trabajo para escuchar a mi padre, despotricando a esperrido limpio por teléfono, con su crispante fiesta de la Milagrosa. Mi madre se tumba en su habitación frente al informativo El Caso, también conocido como Antena 3. Se echa de menos una vocecita empañada por una chupa y el guineo de la vaca Armanda, zarandeada por los aires y contra las paredes de una cuna. Diego no está, Diego se fue y deja un vacío del tamaño de la China Milenaria en el salón, ahora frío y mortalmente mudo, de esta casa.

Como no hay bien que por mal no venga y hay que superar las tristezas de alguna manera, la marcha de Diego también ha significado que recupero mi vida "normal". Hoy regresé a la redacción, estuve de paseo por las calles solajerientas de la ciudad y pasé -por fin- por la Feria del Libro.

En la feria, hablé con Alberto Omar Walls, presidente de la ACE; con Eduvigis Hernández, escritora dopada y amiga, y con Juan Carlos de Sancho, ese hombre que encadena anécdotas sobre México con acento de Oaxaca y expresión entre plácida y picarona. También conocí a Ana Belén, de Anroart; eché el ojo bajo la cintura a Pedro Socorro, ex compañero de redacción en mis tiempos de prácticas, y Clara, la dependienta más incisiva a la par que risueña de Canaima, y me presenté a la caseta de la ACE.

Me desperré, pero conseguí copia de Nos dejaron el muerto (Víctor Ramírez), Las espiritistas de Telde (Luis León Barreto), Santos y pecadores (Dolores Campos-Herrero), Crónicas del salitre (Emilio González Déniz), Reincidencias (antología de relato breve canario), El universo de los náufragos (Verónica García) y El ojo de Londres (Silvia Rodríguez).

Pobre cual rata en el Muelle Grande, cual pasajero de patera, cual langosta en alas del siroco, me encamino a la cama, despedazada por la semana y con la espalda más contracturada a esta orilla del Atlántico.

Mañana será otro día ... con Soledad Puértolas en perspectiva. Al libro canario pongo por testigo.

El Libro Canario según Antonio Lozano

Antonio Lozano nació en Tánger (Marruecos) en 1956 y reside actualmente en Agüimes, donde fue durante 16 años concejal de cultura y desarrollo local. Actualmente es profesor de francés y dirige el Festival del Sur-Encuentro Teatral Tres Continentes y el Festival Internacional de Narración Oral “Cuenta con Agüimes”. El Caso Sankara es su quinta novela y se especializa en el género negro.

- ¿Cuál es su experiencia como canario que publica en una editorial peninsular?

- Mi experiencia es positiva. No es fácil para un autor canario publicar en la península, y la responsable es una vez más, la distancia. La insularidad es un obstáculo para todas las disciplinas artísticas, y la literatura no es una excepción. En mi caso intervino a favor el factor suerte: que mi primera novela llegara en el momento oportuno a la editorial adecuada, Zoela, que estaba en busca de textos de novela negra con un fuerte componente social. Se trataba de una editorial pequeña, pero lo importante era empezar e ir buscando nuevas opciones, para acabar intentando –creo que es lo mejor- buscar acomodo en una única editorial, cosa que parece que va ocurriendo en mi caso, en Almuzara.

- ¿Cuál es la valoración que hace del mercado del libro canario actual?

- Creo que la literatura canaria está pasando por un momento excelente. Se van incorporando muchos nombres y muy buenos textos. Siento que tras el impulso del post-franquismo, cuando emergieron voces con muchas cosas que decir y acalladas hasta entonces por la censura, vivimos hoy un nuevo y feliz auge de la literatura canaria, y ello va acompañado por la presencia de proyectos editoriales muy interesantes. Creo que es de destacar el ejemplo de Anroart, que ofrece nuevas posibilidades a los escritores canarios, con buena presencia en las librerías del archipiélago y un esfuerzo por estar presente en el mercado peninsular, aunque ahí queda un largo trecho por recorrer y la gran asignatura pendiente sigue siendo la distribución, eslabón indispensable para que la producción literaria llegue donde tiene que llegar, a las librerías. Otros proyectos como Puentepalo son, desde mi punto de vista, de gran valor, por el tesón y amor a las letras de sus impulsores pero sobre todo por la puerta que abren a los escritores. Un buen reflejo del dinamismo de las letras canarias es la reciente creación de la Asociación Canaria de Escritores, que ha nacido con mucha fuerza y que está llamada a desempeñar un papel importante en la canalización de los problemas y necesidades de la literatura en el archipiélago.

- ¿Cuál ha sido su experiencia en el mundo editorial?

La publicación de mis novelas ha ido por buen camino. Tras la posibilidad de publicar Harraga, mi primer trabajo, en Zoela, vino la inclusión de la segunda, Donde mueren los ríos, ahora reeditada por Almuzara, en la misma colección. Hubo después un salto cualitativo importante con la adquisición de los derechos de mi tercera novela, Preludio para una muerte, por parte de Ediciones b. La obtención del Primer premio internacional de novela negra Ciudad de Carmona, convocado por el ayuntamiento de esta localidad sevillana y la editorial Almuzara, me permitió la publicación de El caso Sankara y la entrada a un proyecto editorial en el que espero seguir teniendo un hueco, por varias razones: en primer lugar, porque me parece muy importante que las relaciones humanas entre el escritor y la editorial sean cordiales y fluidas, y en este caso lo son, pero también porque se encuentra actualmente en fase de consolidación en España y de expansión por el mercado latinoamericano, con una colección, Tapa Negra, que se ajusta perfectamente al tipo de novelas que escribo. Y también, como decía antes, porque creo que lo mejor para un escritor, una vez que encuentra una editorial en la que se siente a gusto, es mantenerse en ella.

- ¿Qué diferencias ve entre sus comienzos y el momento actual?

- Al margen de la ya mencionada evolución en lo que se refiere a la publicación de mis novelas, y como le curre a cualquier escritor tras sus primeros pasos, me siento más encaminado en la búsqueda de un estilo propio, de un lenguaje propio, en la consecución de textos más maduros, aunque creo que aún lejos de la novela de la que me pudiera sentir plenamente satisfecho, si es que algún día llega esa novela.

29 de Abril 2007

El bazar de las sorpresas

Gracias a TCM Clásico, me acabo de enterar de que Tienes un email es una mala copia de El bazar de las sorpresas, una película del año 1940, dirigida por Ernst Lubitsch y protagonizada por James Stewart y Margaret Sullavan. Probablemente se anunciaba ya que era un remake en el estreno ... pero no la vi hasta que no la pasaron por el Plus, un día en que probablemente la otra alternativa era dejarse atropellar por una banda de moto pizzas, cual señora e hijo de Mad Max en la primera parte de la saga.

Por supuesto, la de Lubitsch es una pequeña obra maestra, amable y divertida: James Stewart, tan convincente y con pinta de honesto como siempre; los demás, brillantes secundarios, y los diálogos, deliciosos. La historia de amor es creíble y cada minuto, un gustazo. Así que, naturalmente, las comparaciones son odiosas.

Tienes un email es una adaptación de la historia a los tiempos modernos, con ordenador de por medio. Para mí, cuenta con una desventaja básica de entrada ... o dos: Tom Hanks y Meg Ryan. Dos actores a los que no trago por separado y que me provocan hasta el infinito en tandem.

Tom ha pasado con el tiempo de ser un actor poco interesante (para mí) a un careto insoportable en cualquier formato (para mí otra vez). Por tanto, en los últimos años y desde Salvar al soldado Ryan (película que me parece una retorcida apología de la guerra, además de anti-alemana, aunque la califiquen de pacifista), me las he arreglado bien para evitar casi todos sus estrenos, exceptuando Camino a la perdición y El quinteto de la muerte, que me encantaron, y La Terminal, que me inspiró un vehemente deseo de escupirle en un ojo a él y en otro a Spielberg, por tratar de forma tan superficial y complaciente (en mi opinión, nuevamente) el drama de un apátrida real.

Meg, por otro lado, me convenció en Cuando Harry encontró a Sally y en Más fuerte que el odio, ejerciendo de hija de Sean Connery y amante discola de Mark Harmon. Además, confieso casi con vergüenza que French Kiss es una película que, irracionalmente, me gusta. Pese a tenerle más manía que a Tom, he visto más películas suyas que de él ... lo que es una incongruencia, lo sé. Me parece que ha sobreexplotado su imagen de cándida y chisporroteante simplona y que debería inclinarse por papeles más oscuros, como en Adictos al amor o En carne viva ... además de olvidarse del requinte de labios con botox.

En cualquier caso, los dos me parecen muy yanquis, muy ajenos y esta tarde, después de descubrir El bazar de las sorpresas, empalagosos y lejísimos del (por supuestísimo que mejor) original.


Tribulaciones de una bloguera (y IV): peligros del ciberespacio

Concluyendo la serie sobre mis sufrimientos y dichas como bloguera, confieso que se me ha abierto un mundo nuevo con 147 entradas y 267 comentarios en tres meses y poco más. Me parece un mundo adictivo, como lo demuestra el que esté enganchada a mi portátil un domingo por la mañana, en vez de en el Centro Insular de Deportes gritando oe amarillo oe oeee. También medito que debería cambiarle el nombre al blog de Cartas a Sinaja a Cartas a Nenito o a Lola, los dos seres con los que tengo más roce en la blogocosa.

En este último capítulo (por el momento) de las tribulaciones de una bloguera confieso que tengo complejo de la jardinera fiel de John Le Carré, aunque en su acepción más literal. Tener un blog es dedicarse a una labor de poda constante: a arrancar trackbacks y comentarios basura, a borrar el spam que siempre se las arregla para atravesar todas las barreras, a controlar los comentarios. Un sinvivir.

Siempre hay adolescentes asiáticas desnudas, alargadores de penes, orgías con animales, medicamentos ganga y bajadas gratuitas de música que intentan encontrar su hueco en tu blog. Siempre hay que estar atento a John, Traci y Marjorie y dejarse la cibervida en un eliminar cosas contínuo. Nunca hay filtro milagroso que lo pueda controlar todo.

Repito que no me imaginaba la que se me venía encima con esto de atontar un blog, que diría mi padre.

Ahora, si me paso un día sin tocar el portátil, me entran los remordimientos por esos trackbacks basura que son como mala hierba, por los comentarios que no puedo aprobar y que me miran acusadores, por ese espacio en blanco en el blog, por esos visitantes que entran y no encuentran nada nuevo en él.

Bloguear es una responsabilidad, como todo poder, incluido el de Spiderman, que ya regresa a las pantallas grandes la próxima semana.

Test de los Caballeros del Zodiaco

Viene del blog El sector 7, de Raptor. Se puede hacer aquí. A mí me salió Athena Kido Saori, pero me quedé igual. No recuerdo esa serie ... creo que -siendo niña- me quedé en los animales esos de Bremen y huí espantada de los dibujos animados ante la degeneración progresiva de las tardes de sábado, de las que se desterró a mosqueperros, a Ulises y a Willy Fogg en favor de series de mucha peor calidad y que parecían planteadas para idiotas rematados. Lo último que recuerdo que me gustara, antes de Shinchan y ya en mi vida adulta, fue La pequeña Polon. Pero, en fin ...

Which Saint Seiya character are you?

You are... Athena Kido Saori
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La última cena

Durante nuestra breve pero intensa convivencia, he descubierto que a Diego le fascinan las lámparas de la casa de mis padres y mi pelo. A ambas cosas mira con igual deseo y maravilla, pero sólo tiende sus manos hacia mis crenchas, que están pereciendo a puñados en cuanto él logra capturarlas al vuelo ...

También he descubierto que sus pequeñas uñitas son como diminutos escalpelos, sobre todo, cuando coge un puñito de la carne de mi moflete o mi boca o mi nariz y estruja. Normalmente, él tantea con la punta de los dedos, explorativo, sin que sus uñas rocen carne ajena, pero llegamos al estruje cuando está de mala leche ... algo que sucede en ocasiones como esta noche, la última que pasamos juntos y sin hablarnos sobre el biberón.

Vale que sin querer le chingué los ojos con agua jabonosa y, a partir de ahí, nuestra relación degeneró bastante. Pero antes, él ya se negaba a dormir la siesta y gimoteaba al tiempo que reía, como vacilándome toda la tarde. Sabía que se iba a poner perretoso, le dije que intentara dormir y así estaría más relajado en el baño y la cena, pero tiene su carácter, aunque mide poco más de 50 centímetros, y sus propios designios inescrutables.

También aprendí de Diego estos días que intentará llevarse a la boca todo lo que trinque, desde mi nariz a los flecos de mi manta de picnic sueca, que no le gusta la papilla de fruta y que odia la soledad. No se queda hipnotizado ante la televisión y adora que le canten y le estornuden flojito.

Esta noche regresan sus padres y lo devuelvo, quedándome a solas con todos esos conocimientos nuevos y sin guineo nocturno, sin sonrisa mañanera, sin pañales sucios, sin calentar biberones, .. . Esta madrugada ya elegí la moraleja del asunto: ser tía es la bomba, pero lo de madre no lo contemplo.


El Libro Canario según Verónica García

Licenciada en Ciencias de la Información, Verónica García publicó los libros de poesía: La mujer del Cubo Verde, Sinestesia, Posibles Enunciados, El Universo de los Náufragos, La isla del caimán: poemas 1980-2003 y Lapso. Incluida en varias antologías, ha publicado relatos y poemas en prensa y revistas literarias y participado en el libro colectivo de relatos Reincidencias. Actualmente codirige la colección de poesía Sanborondón, editada por el Museo Canario.

- ¿Qué opina del panorama literario canario actual?

- Canarias ofrece hoy amplias posibilidades de publicación, contamos con colecciones ya consagradas como Ediciones la Palma y además editoriales nuevas que funcionan con eficiencia y entusiasmo: Baile del Sol, Alharafish-Edita, la nueva Puente-Palo, Anroart, la nueva colección del Gabinete Literario. La labor editorial en Canarias no tiene nada que envidiar a otras autonomias pero sí nos encontramos con el problema de la distribución, debido muchas veces a la desidia y otras a la ineficacia (politica y estratégica) en la distribución de nuestros libros. Espero que esté año contemos con una caseta en la feria del libro de Madrid.

Hoy los escritores nos movemos, participamos en proyectos comunes y sabemos que juntos podemos ofrecer un producto de calidad.

28 de Abril 2007

Una habitación con vistas

Llovió. O mejor, cayó una lluvia leve que se evaporó apenas tocó el suelo o antes. Ahora, las persianas dejan pasar una claridad atontada, un piar constante en las palmeras que escaparon al picudo rojo y las discusiones de los parroquianos del bar El Sol. En su habitación, Diego investiga dentro de sus mangas, pelea con la funda de almohada de ShinChan que le tapa la cabeza, se solidariza con los presos de Guantánamo, discute consigo mismo e intenta comerse al oso Inmaculado en un despiste.

Acabo de localizar a la Abeja Maya, los dibujos animados favoritos de mi infancia, en Boomerang. Flip y Maya huyen del ratón Alejandro y su queso pestilente en la pantalla y a mí se me va el rabillo del ojo hacia el maratón de mi primera heroína. Me acuerdo ahora también de Silvia, dictaminando que me gustaba esa serie porque la protagonista era mujer, marimandona y golisneadora ... y sospecho que quería concluir la frase con un rotundo "como tú".

En otro orden de cosas, la bandeja de correo electrónico estaba vacía esta mañana, después del primer biberón, subrayando mi sensación de que estoy aislada del mundo y nadie se acuerda de mi enclaustrada persona, privada de chinos con los compañeros de trabajo, excursiones a San Telmo, inauguraciones en El Chorrillo, recorridos por la China Milenaria, etc.

Sin embargo, con el segundo biberón, apareció un mensaje de Alexis Ravelo sobre la Feria del Libro:

Con un poco de retraso, pero con mucho estilo, Dolores Campos-Herrero y Antonio Lozano inauguraron a mediodía de ayer el Cadáver Exquisito. Los libros de Anroart llegaron a primera hora y los de Idea, por la tarde. Miguel Ángel Déniz, de Anaya, nos donó algunos ejemplares de los libros que distribuyen. Se entregaron varios juegos de formularios de inscripción en la Asociación Canaria de Escritores (ACE)

Los autores de la ACE tienen su propia caseta en la Feria este año y se están organizando por turnos para conversar entre ellos y con los asistentes, leer fragmentos de su obra y participar en la escritura del susodicho Cadáver Exquisito, cuyo manuscrito será sorteado entre los compradores de libro canario el 6 de mayo, tras la lectura del mismo.

En teoría, a mí me tocaría compartir turno, el Primero de Mayo, con José Luis Correa, Alexis Ravelo, Francisco Quevedo, Luis Junco y Eduardo González Ascanio. Aunque, teniendo en cuenta que los turnos son de 17.00 a 19.00 horas y que los festivos empiezo a trabajar a las 16.00 horas, tendré que cambiarme al jueves, con Cristina R. Court, Juan Carlos De Sancho, Rosario Valcárcel, Aracelli Cardero y Lourdes Fernández.

Preparo para la ocasión un ejemplar de Síndromes de Estocolmo y otro de Salvapantallas para exponer en la caseta, donde creo que se podrá tener acceso a la creación encuadernada de los socios de la ACE. Y, un día más, dejo el carrito plegado en su sitio, con un escalofrío, y me voy a aprovechar un ratito el calor de la cama, mientras Diego sueña con el lunar de Noe y la nariz de Ñito.

Microrrelato: Venganza

Cuando amaneció aquel jueves de mayo, el Dedo de Dios estaba otra vez en su sitio -completo, negro y artrítico-, surgiendo del mar verdoso.

La gente se reunió en la playa de piedra a comentar el milagro. Formaban corrillos y un oleaje de voces excitadas rompía contra los acantilados. Algunos rezaban en la ermita, otros se mostraban desdeñosos y los periodistas llegados de la capital robaban entrevistas entre flashes estupefactos.

Se declaró día de fiesta en el pueblo.

Sin embargo, esa misma tarde, cuando el sol se ponía, ebrio de sangre en un océano púrpura, desapareció el ayuntamiento. Y a la mañana siguiente, la blanca línea de restaurantes al borde de la playa había pasado a la historia.

El Dedo de Dios seguía allí, con cierto aire resabiado, cuando se esfumaron sin dejar rastro cinco pescadores, ya el viernes de noche cerrada. Una enorme goma de borrar invisible convirtió en pasado el muelle con ferry de madrugada y también se ausentaron las gaviotas y sus graznidos de la playa gris y las callejas inmaculadas.

Amaneció el tercer día en una calma incómoda y pronto, un sol de justicia dejó caer salivazos de fuego sobre los cráneos de lugareños y visitantes.

Llegó el mediodía y no había pasado nada, así que la gente suspiró aliviada.

Se reunieron los corrillos, al principio medrosos. Luego estallaron risas nerviosas. Pronto, cogieron confianza y el murmullo se hizo casi griterío. Sin embargo, el Dedo parecía más sombrío que de costumbre y los peces dejaron de escabullirse entre las barcas.

Apenas agonizaba la tarde y llegaba una noche sin estrellas, cuando el Huerto de las Flores, repentinamente, se evaporó.

La gente, que se había envalentonado por un momento, se encerró en sus casas. Se trancaron todas las ventanas azules y no se oía un susurro cuando la oscuridad se comió al pueblo en tres bocados.

Pasó la noche y el Dedo de Dios, ceñudo y solitario, se encaró con una orilla desierta, sin Agaete, en la madrugada del último domingo de mayo.

En lugar del pueblo, sólo quedaba una línea de costa pedregosa con un barco de madera destripado y la cinta negra de la carretera, que trepaba ladera arriba hacia Gáldar, ya comenzaba a emborronarse.


El Libro Canario según Paula Nogales

Paula Nogales nace en Las Palmas de Gran Canaria en 1966. Licenciada en Filología Hispánica y profesora, cultiva tanto la poesía como el relato. Aparte de colaboraciones críticas y literarias en diversas revistas y periódicos, tiene publicados los siguientes títulos, por orden cronológico: Zapping. Cuentos. (1991, accésit del IX Concurso de Cuentos Ciudad Santa Cruz de Tenerife); Recintos (1994, finalista de la primera edición del Concurso de Poesía Las Palmas de Gran Canaria); Saludos de Alicia ( 1996, accésit del Premio de Poesía Tomás Morales de 1994); Sociedad anónima (relatos) (1996, ganador de la primera edición del Concurso de Cuentos Ateneo de La Laguna); Manzanas son de Tántalo (1997); Reincidencias (libro de relatos de varios autores, 2000) y Vicios ocultos (Tenerife, 2007) (poesía). Aparece en varias antologías de poesía y relato.

- ¿Cómo ve el panorama editorial canario hoy en día? ¿Realmente se publica más en Canarias?

- Efectivamente, hay un gran ritmo de producción actualmente y muchos actos culturales donde se dan lectura a poemas, relatos, etc. Otra cosa es editar, pero también existen muchas editoriales que antaño no había, y que presentan una actividad pujante, como Anroart o Baile del Sol. Antes los editores isleños, también escritores, como Lázaro Santana, Antonio García Ysábal, Pedro Lezcano y otros, contaban con menos apoyo institucional. Ahora hay más apoyo de este tipo, sea a través de la recién creada Dirección General del Libro, de los Cabildos, las obras sociales de las Cajas de Ahorros, etc.

- La distribución, sin embargo, sigue siendo el gran problema ...


- Sí, la distribución la promoción van por detrás de la edición, como dices, aunque hay tanto a través del mailing de la recién creada ACE como de la anterior Asociación Canaria de Escritores se da difusión a multitud de eventos tales como presentaciones de libros, recitales, lecturas, etc. El mundo literario, supongo que como otras esferas artísticas, se retroalimenta a sí mismo, y realmente no puedo dar una opinión de cómo cala la producción artística literaria en la sociedad canaria: cuando voy a las librerías es cierto que ya hay en la sección de novedades ejemplares de las últimas publicaciones canarias, aunque siguen "ganando" en número los best sellers internacionales y nacionales; pero supongo que en eso es el público lector el que manda y el que es soberano para elegir.

-¿Se ha sentido alguna vez, por el hecho de ser mujer, coartada en su trabajo como escritora o menos respetada?


- En cuanto al hecho de ser mujer escritora, no creo que sea un hándicap para editar, sí para ser considerada al igual que los varones. Quiero decir que un tema UNIVERSAL como la maternidad no parece estar a la misma altura de otros temas universales como la muerte, el amor, o la propia paternidad (cuando los autores varones abordan este tema parece que son más metafísicos que una...). Hoy en día hay colecciones y antologías dedicadas a mujeres escritoras: supongo que llegará un momento en que no haga falta esa "distinción" entre mujeres y hombres de la literatura, y los lectores, y sobre todo los escritores varones, puedan identificarse tanto con la lectura de las obras escritas por mujeres como nosotras lo venimos haciendo desde tiempo inmemorial con la producción de los hombres artistas...

27 de Abril 2007

Sola ante el peligro

Hoy mis padres recogieron los bártulos y enfilaron hacia El Chorrillo de Tejeda, dejándome sola con ese pequeño refugiado extranjero que responde al nombre de Diego.

Aparte de ver Winnie the Pooh con él y tener nuestra discusión sobre el almuerzo (se dejó bastante leche en el biberón) y sobre la papilla de frutas de la mirienda (que diría Sinchan), poco más he hecho hoy.

El Mendoza Chico mandó un mensaje a primera hora de la mañana para avisar de que jugaban al baloncesto en Las Rehoyas. A mí me apetecía que Diego fuera testigo, por si alguna vez tengo que amenazarlo con algo e introduzco a los dos Mendoza y a Javier Darriba, con un balón, en la conversación. Sin embargo, estábamos a mitad de desayuno y estornudó varias veces, así que preferí concentrarme en lo nuestro.

También esta mañana se inauguraba la Feria del Libro en San Telmo. Lo hablé con Lola ayer en el CICCA y tenía muchas ganas de darme un paseo hasta sus blancas casetas, echar un ojo a los libros y tirarme de los pelos por no poder gastar tanto euro. A tal fin, planeaba montar ese aparato diabólico en el que Diego viaja y que parece obra de la NASA para un alunizaje en Plutón en vez de ejercer de carrito de paseo.

Pero la mañana estaba rarita y lo de desplazarnos equivale a cargar una bolsa que deja pequeños los hatillos del éxodo judío desde Egipto en peso o los equipajes de cualquier movimiento moderno de refugiados, en busca de campamento de Acnur. On second thoughts, que se dice, me achiqué y aquí nos quedamos.

Así que con todo plan desbaratado y cruzando todos los dedos para que haga un buen día mañana, me doy a Shinchan y espero por el Hombre, ayudante de esta noche en la gran epopeya diaria del baño nocturno.

Siento a Diego en su habitación,encadenando la misma sílaba hasta el infinito. Sé que está poniendo cara de que lo que dice significa algo, aunque sea incomprensible para el resto del Universo. Lo sé porque habitualmente me mira con cara de viejito perretoso mientras me echa la charla, indignado o agraviado, porque he cometido algún pecado contra su país o su persona ... no darle de comer a tiempo, aburrirlo, olvidarlo, etc. etc. etc.

Manifiesto que quiero cada micra de su cuerpecito blanco, sus pelito fino y sus largas pestañas, pero espero que su consulado regrese pronto para encontrarlo entero y sano y repatriarlo a Las Mesas.

El Libro Canario según Tina Suárez

Tina Suárez Rojas (Las Palmas de Gran Canaria, 1971) es autora de Huellas de gorgona (1998), Pronóstico reservado (1998), Una mujer anda suelta (1999), Que me corten la cabeza (2000), El principio activo de la oblicuidad (2002), La voz tomada (2003) y de Los ponientes (2005). Está incluida en la antología La nueva poesía canaria (Verbum, 2001), en Ilimitada voz: Antología de Poetas Españolas 1940-2002 (Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2003) y en el Archivo de la Poesía Española Reciente de Abel Martín, en la Revista de Estudios sobre Antonio Machado (2003). Obtuvo el Premio de Poesía Tomás Morales 1996, el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Las Palmas 1997, Primer Premio del VII Certamen Internacional de Poesía Gabriel Celaya 1999, Premio Carmen Conde de Poesía 2002, Primer Premio del XXV Certamen Internacional de Poesía Odón Betanzos 2004 y Premio Gran Canaria 2004 de la Real Sociedad Económica de Amigos del País. Participa habitualmente como ponente y como poeta en diversos congresos literarios, ha publicado en revistas nacionales e internacionales y ha sido traducida al italiano en Zeta News rivista internazionale di poesia e ricerche y al portugués en la revista Incomunidade.

- ¿Ha encontrado trabas a la hora de publicar o que la tomen en serio literariamente por ser mujer?

- Yo, honestamente y tal cual se plantea, no he encontrado trabas a la hora de publicar por la circunstancia concreta de ser mujer, ni tampoco he sentido que no me tomaran en serio por la misma circunstancia. Da la impresión, a estas alturas del siglo XXI de que las que nos dedicamos a escribir tenemos que dar las gracias ab aeterno por el hecho de que ya no se nos tilde ni de bachilleras, ni de latiniparlas ni de poetisas (esto último, en su acepción más desafortunada). Ahora lo que se percibe, no obstante, es un resentimiento latente nacido de un sector de majaderos (críticos y poetas ellos) que se obcecan en cargar las tintas acusándonos de vernos favorecidas por eso de la “discriminación positiva”, a través de la cual parece que el hecho de ser mujer (y mejor si es joven) es ya garantía de publicación. En este caso, nada mejor que un bofetón del refranero: A los borricos. alfalfa.

Retomando el principio de la cuestión, yo he encontrado trabas a la hora de publicar por algo tan cierto como es el hecho de que la poesía sigue sin tener mercado y en Canarias, al menos, no nos queda otra salida que los premios promovidos por algunas Instituciones. Bien es cierto que de un tiempo a esta parte, editoriales como Anroart o Baile del Sol están haciendo una labor importante en lo que a la publicación de autores se refiere.

-¿Qué diferencias ve entre el panorama literario de cuando comenzó y el actual?

- Sigo siendo aquella misma poeta que publicó su primer libro en 1996 y que únicamente aspira con la publicación de su obra a evolucionar hacia adentro, no hacia delante. A menudo, cuando el desencanto me embarga, pienso en todas mis madres totémicas (Safo, Leonor de Aquitania, María de Zayas, Sor Juana Inés, Teresa de Ávila...) y esto me ayuda a seguir creyendo en la poesía y en las mujeres que escriben poesía.

Salvapantallas. Sinajeando un rato

En vez de imaginar que hacemos temblar las paredes de nuestro nidito de amor, Viggo Mortensen querido, he de confesarte que lo que hago estos días es intentar localizar a alguien de AECI para proponerle a mi madre como logista post Katrina en Houston, Texas. Por eso, esta mañana, en vez de teclear cómo te lamo hasta la campanilla y los rincones más secretos de tu rubia nuca, escucho a Kaiser Chiefs y rastreo la Red.

Tras las derrotas flagrantes en las batallas del Bidé No Deseado y la Grifería Fálica, que he perdido en nuestro cuarto de baño, has de saber que no puedo resistir la idea de enfrentarme a ella en la nueva guerra que se avecina: la Búsqueda del Traje para la Boda de Mi Hermano, que lucharemos a brazo partido en el campo de batalla del Corte Inglés.

Viggo, mi madre es dura de pelar y no me fío de la AECI, así que necesito que vengas a rescatarme ya. O me veo empaquetada en tules y con un enorme lazo, escondida en el último banco de la iglesia de San Lorenzo un sábado de este septiembre. Y sé que, si no lo remedias a lomos de tu Brego, perderé conciencia y refajos al precipitarme desde lo alto de mis tacones cuando suba al altar, a leer, durante la ceremonia.

Prométeme que te embarcas pronto para Gando, Viggo mío. Y ya puestos a prometer, prométeme que nunca nos casaremos, que intervendrás antes de que mi madre nos ponga molduras hasta en el cuarto de la azotea y que nos mudaremos a una colonia nudista.

Firma: tu Sinaja.

Canarias7.es - 14/09/2005


26 de Abril 2007

La Otra Ciudad

Está a punto de comenzar un episodio de Wallander y hace un momento que terminé con el baño de Diego, su cena, sus complementos y la trabajosa tarea de embelesarlo un poquito. En la pantalla, regreso a Suecia bajo la nieve, con esos marrones, esos grises y esos blancos sucios típicos del invierno. Stefan y Linda, dos de los protagonistas, me recuerdan a compañeros de clase y vecinos y me concentro en leer sus labios buscando palabras en sueco: pojke, chico, por ejemplo.

Pero antes de sentarme a leer labios suecos -jävla- esta noche, mientras Diego sueña con aviones que llegan de China, tuve tiempo de escaparme esta tarde, salir al frío de la calle y pasar incluso por una exposición.

Creo que hasta me cambió la cara después de respirar el aire tirando a gélido de la autovía, analizar nuevas obras por la ciudad, saludar a Antonio Becerra y bordear el Teatro Pérez Galdós, ya parece que finiquitado y todavía cercado por las imágenes de Tato Gonçalves.

Precisamente Tato, Saro Acosta, Dolores Campos-Herrero, Ángel Luis Aldai, Emilio González-Déniz, Javier Betancor, Alicia Llarena, Víctor Ramírez, Héctor Vera y Miguel Ángel Sosa Martín colaboran en La Otra Ciudad, una combinación de textos y fotografías de la cara de Las Palmas de Gran Canaria que no es tan obvia o vendible. Se expone en el CICCA desde hoy.

Saro muestra miradas de barrio; Dolores, un cuento que se desarrolla en Isla Perdida; Ángel Luis, una composición que une perfiles de edificios y el de un chico cruzado a piercings; Emilio, las posibilidades del mestizaje; Javier, los edificios con colorines más vivos; Alicia, Schamann y su Muro de la Vergüenza; Tato, retratos de canarios como Hamid Blel, Gelu Barbu o Maya Tonogami; Víctor, el primer capítulo de una novela inacabada; Héctor, pintorescos bares de carretera, y Miguel Ángel, la Aurora de La Isleta.

Una muestra breve y prometedora de la ciudad más periférica o más auténtica o más escondida o más visible pero menos interesante para algunos, aunque esté llena de interés humano. Ideal para apasionados de la fotografía, como Nenito, y para apasionados de esta ciudad ;)


Relato breve: El plan B de Domingo

Lo vio por primera vez bajo un reborde de callao, en un charco que dejó la marea al retirarse. Reposaba en un almohadón de tentáculos, inflándose y desinflándose suavemente, con aire flemático.

El agua de la orilla estaba revuelta, canela tras las últimas lluvias, y él recordó que los pescadores viejos dicen que, en días así, los pulpos andan como borrachos, mareados por las tormentas y las turberas que los barrancos escupen al mar, y son fáciles de coger.

Éste tenía los ojos calmos de los pulpos de las latitudes del sur, más pachorrientos y menos vistosos que sus congéneres del norte. Casi no protestó con un cambio de color, un latigazo de ventosas airadas o un lapo negro de tinta cuando él extendió las manos, lo acunó entre ellas y lo dejó caer en un balde de playa.

Le preparó un acuario cuando llegó a casa y le bautizó Domingo, por el día en que se encontraron.

Domingo era pequeño, dorado, grácil y se movía por el acuario como bailando, mientras palpaba las rocas y las paredes de vidrio con cautela. Tenía la costumbre de detenerse de repente y dar un brinco, sin aparente esfuerzo, para flotar un instante y dejarse caer con los tentáculos extendidos formando un extraño paraguas correoso. Al aterrizar, se quedaba plantado sobre un cordón de ocho patas, con expresión misteriosa, y le lanzaba un destello de color azulado casi imperceptible, como un guiño.

Se acostumbraron el uno al otro.

Domingo le dejaba meter la mano en el acuario y se acercaba, como titubeando, para darle un abrazo pegajoso mientras su piel se teñía de añil. Él le traía pequeños regalos de sus correrías por La Isleta: una nube de quisquillas frescas, una lata limpia en la que esconderse, diminutos cangrejos del color del fuego.

Pasaron los días, amables, y una noche, Domingo se escondió en su cueva y no quiso abandonarla.

Él llegó tarde del trabajo y le saludó, rascando con los dedos en la gravilla del fondo. Pero Domingo no salió, como cada día, con un anudarse y desanudarse alocado de rejos, a darle el picotazo de buenas noches.

A la mañana siguiente, Domingo amaneció con sus ocho tentáculos anclados al techo de la cueva y una cortina de huevos cayéndole sobre la mirada exhausta.

Un fogonazo azul prendió la piel del pulpo cuando, en su código privado, le informó de que iban a ser padres, de que en tres meses moriría convertida en una cáscara pálida de sí misma y de que entonces quedaba a cargo de sus hijos.

Desde el exilio

Llevo dos días encerrada en casa de mis padres, sin ver otra cosa que pañales, biberones y los juguetes de Diego, a saber: la vaca Armanda, el oso Inmaculado y el oso Mutuo. Y hoy me acuerdo de un documental que vi, de la BBC creo, sobre la necesidad humana de socializar. Probaba que unos cuantos días encerrado en casa, sin contacto humano, podían alterar el sueño, distorsionar el sentido de la realidad y acabar con la cordura del más fuerte. Añadiría al estudio de la BBC que cohabitar con mis padres sin pisar la calle durante un tiempo también provoca los antes mencionados efectos.

Definitivamente, ahora sé que nunca podría opositar a agorafóbica. Y que cuando mi padre dice que soy una callejera, tiene más razón que Noam Chomsky y a mucho orgullo.

Para evitar que el niño se ponga malo, estamos de reclusión con los libros y el Canal Satélite. Fuera, la tarde parece perfecta para un paseo, luminosa y suave. Se escucha a alguien descargando mercancía de un camión en la tienda de la esquina y a una revolución de pájaros cantarines, junto a un coche esporádico enfilando la calle y algún grito de niño aislado. Por lo demás, calma total.

Diego dormita en su cuna, sepultado entre muñecos, mientras yo leo a ratos Cuando el mundo era joven todavía, de Jürg Schubiger, y veo a ratos La novia salvaje, una comedia del Oeste deliciosa, de la que me gusta especialmente la pelea final en la que se involucran Eleanor Parker, Robert Taylor y un indio.

Por una vez, Eleanor no hace de gélida vampiresa de pechos puntiagudos o de puritana amargada y se lanza a la caza del hombre con ingenuidad y osadía, haciendo huir despavorido a Robert Taylor en el proceso. Esa mujer me gusta aquí y en la erótica Cuando ruge la marabunta, mientras también seduce a un brutal pero virgen Charlton Heston -con las canillas al aire, la camiseta casi abierta hasta el ombligo y ya en aquella época enganchado al rifle- a base de conversaciones con doble sentido, literatura y negliglés espectaculares para la selva amazónica.

Puestos a elegir escena, también tengo mi escena favorita de Eleanor Parker, cuando la mujer le pide a Charlton que le frote la espalda con repelente de mosquitos, crece la tensión sexual y lo despide. La cara de Charlton saliendo de la tienda y aflojándose la pashmina de explorador que se anuda al cuello es todo un poema.

De Schubiger, voy a empezar a leerme la parte de los animales, pero acabo de descubrir a los Doce del Patíbulo en TCM. Charles Bronson, Lee Marvin, John Cassavetes, Telly Savalas, ... y me parece que aparco la lectura de momento hasta que Diego lance su grito de guerra desde el fondo, junto con el oso Inmaculado fuera de la cuna.

pd. Diosanto ... Conspiración de silencio en TCM Clásico, osos polares en C+2, The Closer en Calle 13, Bones en Fox, ... ¡arg!

Eleanor y Charlton, pura pasión.

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El oso Mutuo, un clásico.

La asignatura mundialista: Estimulación extra deportiva

Al contrario de lo que apunta el dicho y normalmente se piensa, la ignorancia es poder. O así opina el director de éste, su periódico, al dejarme teclear estas líneas temerarias sobre un tema que ni conozco ni me emociona particularmente, en la creencia de que mi ignorancia sobre el mismo puede aportar algo a la cobertura del mundial.

Reconozco que el único momento de un partido de fútbol que me interesa es aquel en el que árbitro sopla el postrer pitido, poniendo fin a 90 minutos de agonía, y en el que 22 hombres sudorosos proceden a intercambiar sus camisetas mojadas y a tocamientos corporales varios sobre un rectángulo de césped casi infinito.

También confieso sin pudor que las únicas estadísticas futboleras que leo con atención son las de Glamour con los jugadores más sexy, entre los que apoyo sin reservas al sueco que sabe empaquetarse en unos gayumbos Calvin Klein con más arte en todo el sistema solar, el bembitas Ljungberg, seguido por ese bombón francés con piernas que es Thierry y el equipo italiano al completo, retozando semidesnudo en el vestuario.

Una vez proclamada mi ignorancia, admito que no soy ajena a la fiebre colectiva que tiene a la redacción soldada a la televisión y que también encuentro modos de disfrutar el dichoso e inevitable mundial.

Fundamentalmente, ver que Estados Unidos muerde el polvo frente a la humilde República Checa, apoyar fervorosamente a todos los equipos africanos, buscar padre para mis churumbeles en las filas niponas o adivinar clones de Viggo Mortensen entre los escandinavos.

El aspecto puramente deportivo del mundial no me atrae en absoluto. Frente a los comentarios de expertos, que pronostican el triunfo total de la selección brasileña, por ejemplo, me quedo fría.

Y reconozco que sólo siento un ardor cuasideportivo al imaginarme a la selección italiana solicitando que le vacíen el hotel de personal femenino, para no distraer a tanto macho latino con siquiera una intuición de estrógeno en las cercanías.

Una pena, me digo. Porque me parece que uno de los pocos seres humanos que podría disfrutar unos mundiales de verdad sería una camarera de piso, por ejemplo, a la vera de un jugador italiano desagallado.

Y hasta puedo imaginarme a esa mujer que entra en el paraíso, con una tonga de toallas bajo el brazo, al captar una imagen de Cannavaro o Totti saliendo de la ducha. Y sé que, por un momento, hasta yo desecharía mis prejuicios, amaría el fútbol con locura y me cambiaría por ella, fatiga y reaminación en piso de mármol incluidas.


Las Palmas de Gran Canaria, a 14 de junio del 2006


El Libro Canario según Dolores Campos-Herrero

Dolores Campos-Herrero es una de mis escritoras favoritas, además de un ser humano al que considero amiga personal. Hizo el prólogo de Salvapantallas y fue la presentadora de Síndromes de Estocolmo en el Matasombras, además de provocarme una envidia constante con su forma de escribir, su fecundidad creativa y su capacidad de organización. Nació en Tenerife y su familia procede de Lanzarote, aunque reside en Gran Canaria. Es periodista y escritora y desde 1987 trabaja en Televisión Española, donde ha sido editora, guionista y redactora de Cultura. Ha publicado catorce libros y dos plaquettes, entre los que destaco Santos y pecadores y Veranos mortales. Su espíritu creativo se expresa en la poesía, la narrativa y la literatura infantil. Además, está incluida en varias antologías. En la actualidad lleva un blog en archipiélagonoticias.com y colabora en lacasaquegrita.org.

- ¿Cuál ha sido tu experiencia como escritora en Canarias?

- Creo que lo más destacado de mi experiencia como escritora, hasta el momento, es el aprendizaje de la paciencia. Hay una etapa en tu vida, que va de los 18 a los 25 años, en la que escribes con mucho ímpetu y muchas ganas y deseas que pasen cosas y que pasen rápidamente, pero no sucede así. Consigues publicar un poema en una revista y poco más. Si a la escasez de oportunidades unes el intenso sentido autocrítico que los autores solemos padecer, ya tienes un cóctel explosivo para enquistarte en un pertinaz “tiempo de silencio”. Cuando tenía sólo cuatro libros publicados, llegué a pensar que no podría editar nada más, porque la industria editorial en Canarias era prácticamente inexistente y el mundo editorial nacional es bastante cerrado, muy poco receptivo para todo lo que va contracorriente.

A principios de los noventa, envié el original de una novela a un sello editorial importante y me la devolvieron con una carta sumamente elogiosa. Les había gustado mucho, muchísimo me decían, pero la historia era demasiado fantástica y no encajaba en el gusto de ese momento de los lectores. Si alguna vez la desempolvo, me dirán que tengo influencias de Amelié Nothomb, aunque esté escrita mucho antes de que la autora de Ácido sulfúrico comenzara a ser conocida.

Con la paciencia, de nuevo, hemos topado.

-¿Cómo cree que se recibe la literatura femenina entre las editoriales de Canarias?

- En principio, creo que vivimos un tiempo en el que se recibe con cierta receptividad la literatura que hacen las mujeres. Con curiosidad y con cierto interés. Pero, lamentablemente creo que responde a una tendencia, a una moda editorial. Los estudios que se han realizado sobre hábitos culturales de la población han dejado claro que las mujeres compran más libros que los hombres, que tienen más hábito de lectura. Así que muchas veces las editoriales piensan únicamente en términos de producto. Y ocurre que, una vez consumido el producto, nuestras obras no siempre son evaluadas con el mismo rasero con que se aprecian la de nuestros colegas varones. El mercado editorial en las islas ha dado un vuelco considerable. Mi caso es un claro ejemplo de ello. Entre el 2003 y el 2007 he podido sacar a la calle más libros que en 20 años. Un poemario, El libro de los naufragios, que si las cosas van bien editaré en los próximos meses, tiene la friolera de 30 años a la espalda. Como esta es una industria joven arrastra los problemas de cualquier sector incipiente: distribución, promoción y venta. El día en que las librerías nos llamen para firmar ejemplares de nuestros libros recién salidos como hacen con los autores nacionales, podremos decir que las cosas han cambiado. Creo que vivimos un momento muy interesante, en este sentido.

- ¿Y el lector?

- Con frecuencia, queremos que nuestra literatura tenga una proyección exterior más significativa que la actual, sin embargo, conquistar al lector de las islas es otra tarea pendiente. Quienes compran libros, se acercan a nuestras obras esporádicamente. Quizás porque los mensajes que les llegan –o que no les llegan puesto que nuestros libros carecen de campañas de marketing y promoción- les sugieren que nuestra literatura, la de los escritores de las islas- sin distinción de sexo- es una literatura menor.

- ¿Una predicción sobre lo que puede ser el futuro de la literatura canaria?

- Bien, espero que estemos en el buen camino para solventar todas estas carencias. Miro el futuro con bastante optimismo y no deja de resultarme muy alentador el alto nivel de calidad de las nuevas generaciones de escritores. Eso es algo que puedo afirmar porque lo constato continuamente, a través de los talleres de escritura creativa que imparto.

pd. Hoy, jueves, a las 20.00 horas, se inaugura en el CICCA, la exposición "La Otra Ciudad". Incluye fotografías realizadas por distintos profesionales y textos de Emilio González Déniz, Dolores Campos Herrero, Alicia Llarena, Víctor Ramírez y otros escritores sobre "la otra ciudad" de Las Palmas de Gran Canaria. Imprescindible.


25 de Abril 2007

Elogio de la gula

Cuando observo con indisimulable ternura la tristeza de tus hombros enclenques y el descarnado desamparo de tus omóplatos por la mañana, te juro que desearía untar tu espalda con melaza o con sirope o con miel pura de abeja, convertirla en mi cubierto y lamerla lentamente.

Sé que tu deseo no se inflama con orgías en las que cocina y cama se hagan una. Que una Afrodita envuelta en lencería de nata n o excitaría a tu naturaleza espartana.

Sin embargo, te repito que el buen amante también se expresa en una sabia pasión por la comida. Aunque me mires con ese escepticismo tuyo de catedrático de historia permanentemente enganchado a la botella helada de absolut-vodka.

Pareces no darte cuenta de que el amor tiene una cualidad caníbal: todo el mundo sabe que, si no estuviera prohibido por las leyes, hace tiempo que amante y amado se habrían devorado vivos mutuamente.

El amor lleva implícitos el sabor a dátil o a almendra amarga o a limón. Es tierno como algunas carnes bien cocinadas y empapadas en especias o cruel como un almuerzo sin pan ni vino. Quema cual café negro hirviente. Refresca mejor que el agua limpia de una talla en la tortura de una tarde quemona de Santiago.

Tú eres bollo de crema para mis papilas gustativas cuando pones esa vieja cinta de los Doors en tu coche y me prometes un paseo por la cara oculta de la luna. Y tienes el acibarado gusto de la hiel bíblica cuando me postergas por las carreras de once desaprensivos en pantalón corto zigzagueando en un trapecio de verde césped.

Al renegar del placer de la gastronomía, canelonito mío, te autoexcluyes de un paraíso para tus abandonados sentidos.

Comer es sentir con la boca, con el olfato, con la mirada, con el tacto. El cerebro en pleno se vuelca en tu plato contigo.

En cambio, tus circunspectas neuronas parecen tan abstraídas de los placeres y concentradas en el lado más prosaico de la vida, que sólo se vuelcan en el tapiz de píxeles que emite la pantalla de tu ordenador día tras día. Pareces no tener otra ambición en la vida que dejarte pestañas y existencia entre las teclas que limitan tu mundo a la oficina.

Me maltratas con tus comidas rápidas e insípidas, trufita de mis entretelas. Con tus hamburguesas desoladas, tus queques, tus raciones desmayadas de ensaladilla rusa y las rancias palmeras de chocolate de la máquina del bar. Te conformas con tan poco ...

Eso me hace pensar que tienes las mismas premuras en las artes amatorias: que te contentas con un breve y acelerado des-encuentro en vez de demorarte en esos pequeños detalles que hacen de la vida algo creativo. Con sabor, aunque te repugne la palabra.

Si no eres capaz de gozar de la textura de un mousse de chocolate bien cremoso, me digo, ¿cómo puedes disfrutar de la textura de una piel o del sabor de un beso? Si las especias te dejan frío y te da igual un perrito caliente que una ropa vieja con fundamento, ¿cómo esperas discriminar cuando llegamos al terreno de los afectos?

Sé que insistirás en que no son comparables los indignos alimentos del cuerpo y los del elevado espíritu. Para ti el comer es una obligación ridícula con la que hay que cumplir por fuerza, sin malgastar ni un pensamiento extra en ella.

Sin embargo, no me puedes pedir que renuncie al capricho de mezclar deseo y glotonería, al conceptuarte tartaleta de requesón que se derrite en mi lengua. Ni que mi pasión no se vuelva lengua inquisitiva, hurgando en la paleta de las emociones, y, cuando me besas, transforme el universo entero en un tiramisú inabarcable.


Thelma y Louise en el parque

Acabamos de regresar del parque, Diego, el sol picón, la brisa fresca, las mariposas blancas, mis padres y yo. Como la procesión de la Burrita, con documento gráfico incluído. Ahora la casa huele a los bistecs que fríe mi madre, Diego duerme y mi padre discute por teléfono en camiseta, con el bigote temblándole de crispación. La organización de las fiestas de la Milagrosa le pone siempre al borde del infarto.

Creo que el pequeño conde de Montecristo, por fin liberado sin tener que hacerse el muerto, no fue muy consciente de los árboles que le rodeaban, la fuente, los parterres cargados de flores, los viejitos sabedores copando celosamente los bancos a la sombra y la gente que salía remojadita de la piscina. Parecía medio traspuesto, jugueteando con la chupita y bostezando de vez en cuando para enseñar sus encías desnudas al mundo.

Mis padres son todo un espectáculo en la conducción del cochecito: mi padre tomó mal la curva y por poco lo mete en un parterre y a mi madre se le resisten todos los resaltes de la vía. Mi madre, además, toma una velocidad estable en llano y no hay quien la pare: ni chupa saltando por la borda, ni excremento de chucho, ni baldosa rota, ... ni cadáver descuartizado, me temo.

Van los dos (mis padres) discutiendo, enderezándole la mantita al niño por turnos, dejándole caer el gorrito sobre los ojazos azulones, observando con preocupación los cambios de viento y su temperatura, buscando sombras de árbol donde las ramas dejen hueco al sol para dorarle un poco la carita al niño, presentándolo a otros viandantes y resguardándolo de los más, ...

Duramos poco, porque Diego estornudó un par de veces y parecía cansado.

Y ahora le preparo su biberón amorosamente y le dejo masticando sus juguetes, hablando solo, peleándose con el pañal con el que se tapa la cabeza cuando tiene sueño y poniendo ojos de pánico con cada cretino tuneador de coches que hace el ceda el paso (o no) bajo su ventana, pertrechado con lo peor de la industria discográfica en el estéreo y el tubo de escape rugiendo cual león en la sabana.

Entiendo que eche de menos a la lechuza de su carretera, a su coro de ranas y a sus padres de viaje.


El mercado de Onitsha (Nigeria), según Kapuscinski

Onistsha me ha fascinado también porque es el único caso de mercado que conozco que haya creado y desarrollado su propia literatura: la Onitsha Market Literature.
En la ciudad viven y trabajan decenas de escritores nigerianos cuyas obras son editadas por docenas de editoriales del lugar, que tienen en el mercado sus propias imprentas y librerías.

Se trata de una literatura muy variada: folletines de amor, poemas y sainetes (que más tarde se representan por las numerosas minicompañías de teatro que allí mismo actúan), comedias de bulevar, vodeviles y farsas populares. También abundan las historias didácticas y las guías prácticas del tipo ¿Cómo enamorarse? o ¿Cómo desenamorarse?, así como novelones como Mabel o la dulce miel que se ha evaporado o Juegos amorosos y después ... la desilusión.

Todo con el fin de conmover y arrancar las lágrimas, aunque también para enseñar y dar consejos desinteresados. La literatura tiene que cumplir una función, consideran los autores de Onitsha, y en su mercado encuentran un enorme auditorio que busca experiencias y sabiduría.

Quien no tiene dinero para comprarse el folleto con una obra maestra (o, simplemente, no sabe leer) puede escuchar su mensaje por un céntimo, pues ése es el precio de la entrada a las veladas con el autor, que a menudo se celebran a la sombra de los tenderetes con naranjas o con batatas y cebollas.

Diego, en el National Geographic

Acabo de dar su primer biberón de la mañana a Diego y, por un rato, las fieras dejaron de rugir. Compartir pared con mis padres tiene eso: roncan a un volumen tal que es como si te dejaran abandonado en el Serengueti, en la más profunda de las oscuridades y cuando los leones salen a cazar. Supongo que, por eso, Diego gime suavemente durante toda la noche, como si en sueños tratara de esconderse en un mato o se remueve, desinquieto, como si pretendiera subirse a una acacia.

La verdad es que cada vez tengo menos estómago para los documentales sobre la naturaleza. Siempre perece alguna foca, desmigajada entre juegos por una orca, o siempre le cae una panda de leonas encima a un elefante. Hasta en el mundo en miniatura de los insectos, siempre pasa frente a la cámara una mantis o una tarántula con ganas de diezmar saltamontes.

Y yo no sé si me vuelvo cada vez más blanda con los años, pero empiezo a conceptuarlos tan duros como los informativos y más crueles que muchas películas de acción.

Luego está la Antena 3 del Mundo Animal, que debe ser el National Geographic.

Supongo que lo hacen para lograr que el público se interese por los animales, para que la conciencia de algún zoólogo se despierte en un aula de Ohio, pero algunos documentales de la NG me parecen puro sensacionalismo, antropomorfismo y elucubrar por elucubrar.

Tienen series sobre los animales más peligrosos del planeta, en los que siempre acaba un recolector de naranjas surafricano botado por los pisos, mordido por una mamba negra mientras trabajaba, o sobre ataques de tiburones blancos, en los que nos dan dentículos térmicos y señales de la amputación de las piernas de un surfero en las costas de Queensland.

Por eso agradezco que mis padres dejaran de roncar un rato, que los leones duerman (silenciosamente) como en la canción y que Diego deje de hablar en sueños y juegue con su chupa, quizás imaginando a sus propios padres que regresan y a sí mismo, saltando de la cuna y corriendo hacia ellos.

El Libro Canario según Luis León Barreto

Luis León Barreto nació en 1949 en los Llanos de Aridane, La Palma. Es escritor y periodista. Su obra es básicamente narrativa, aunque también trabaja la poesía. Ha obtenido varios premios literarios como el de poesía Julio Tovar y el Pérez Gáldos y el Blasco Ibánez de narrativa. Las espiritistas de Telde es su obra más difundida, traducida también a otros idiomas. En esta obra el autor entra en uno de los temas más delicados de la cultura canaria, centrándose en un hecho que tiene que ver con las influencias en Canarias de la espiritualidad cubana, además en una familia de buena posición social y claramente integrada en la oficialidad católica. Idea acaba de reeditarle tres novelas, un libro de relatos y un poemario.

-¿Cómo considera que funciona el libro canario hoy en día?

-Hubo un tiempo en que el libro canario era más aceptado que ahora. En los años setenta y ochenta, a raíz de los acontecimientos políticos, se dio un notable interés por la identidad y por la literatura con raíces. No sabíamos casi nada de nuestra historia, de nuestra tradición, de nuestra mirada atlántica. Muerto Franco, se produjo mucha demanda del libro canario, era una época fundacional en la que además arrancó la narrativa con la Generación de los 70. Yo siempre he creído que si “Mararía” o “Las espiritistas de Telde” se hubiesen publicado ahora en vez de hace treinta años su difusión habría sido menor.

- ¿Cuál es la relación del escritor canario con editores, distribuidores y libreros?

-La relación del escritor con los editores, distribuidores y libreros no es fácil. En especial con los primeros. Piénsese, por ejemplo, que Benito Pérez Galdós, siendo tan grande como fue, tuvo que ir a los tribunales para recuperar sus propios derechos. Su editor se enriquecía y él no veía una perra chica. Al final tuvo que pagarle una enormidad para poder auto-publicarse él sus propios libros. Murió en la ruina, el Rey tuvo que concederle una pensión para aliviarle sus últimos años. El problema aquí en Canarias es que ciertos editores han cobrado el libro dos y tres veces antes de publicarlo, reciben ayudas a la edición en la sombra del gobierno autónomo, de direcciones generales, cabildos, ayuntamientos, y luego regatean hasta el céntimo a la hora de pagar derechos al autor. Pero también hay gente con conciencia entre los editores canarios. Creo que hasta ahora Jorge Liria y Anroart constituyen una de las pocas excepciones a la regla.

-¿Podría hacer una valoración del mercado del libro canario?

-El mercado canario actual es paradójico. Los escritores tenemos la impresión de que se lee poco, pero luego sacan estadísticas que dicen que estamos por encima de la media nacional. Se venden libros que luego no se leen. Hoy en día el mercado está dominado por las grandes editoriales, que son las que ocupan los mejores espacios en los grandes almacenes. Las editoriales pequeñas son invisibles, a los autores canarios los ponen en medio de los libros sobre los mojos y cosas así. Ahora uno de los problemas principales es la desaparición de las humanidades de los planes de estudios. En Canarias ya casi no hay literatura en los cursos superiores de bachillerato, lo cual hace que no se lean libros de aquí. En la universidad había una asignatura, Literatura Canaria, que ahora apenas tiene alumnos. Los profesores muestran cansancio por las continuas reformas educativas, que -en vez de solucionar las cosas- las complican cada vez más.

-¿Cómo funciona la distribución?

-Sacar el libro de las islas, distribuirlo entre ellas sigue siendo un reto. Hay libros interesantes editados por Cajacanarias o el Cabildo de Tenerife que son inencontrables en Gran Canaria, y viceversa. Apenas llegan algunos de nuestros libros a Madrid, aunque se ha mejorado bastante en los últimos tiempos.

- ¿Qué opina de la Dirección General del Libro?

-La Dirección General del Libro está haciendo una labor positiva. Con tantos años de autonomía, sólo se les ha ocurrido la idea de constituir esa Dirección General hace un año y pico. Hay que sembrar nuevos lectores, hay que incentivar las campañas de difusión de la lectura. Porque los jóvenes tienden a leer poco, porque tienen otros soportes, porque hay internet, móviles, etc. Entonces, hay que volver a enseñarles en el aula que los libros pueden ser divertidos.

-¿Y el libro canario?

-El libro canario lo veo regular, aunque va a mejor. La gestión cultural en Canarias ha sido pésima, a los nacionalistas en el poder sólo les ha interesado potenciar el carnaval, el folklore y la lucha canaria. En cambio, deberíamos decirles a nuestros turistas que en Canarias hay algo más que playa y sol, hay un movimiento cultural importante.

- Una previsión de futuro para el libro canario.

-Ahora se publica más que antes, hay más editoriales, hay más facilidades. Hay talleres literarios de todo tipo, cada vez habrá más escritores y presumiblemente cada vez habrá más lectores. El día que los canarios aprendamos a sumar y a multiplicar cambiará nuestro destino, puesto que estamos más programados para restar y dividir. En general, aquí nos queremos poco a nosotros mismos. Para ayudar algo en todo este panorama ha nacido la Asociación Canaria de Escritores.

24 de Abril 2007

Requiem para mi compañero de cumpleaños

Ayer nos enterábamos de que Boris Yeltsin ha muerto. De un infarto y sin que los mandatarios del mundo dijeran muchas cosas buenas de él, si exceptuamos a Gorbachov, con el típico formalismo educado. Se le obvió en su muerte como se le ridiculizó en vida ... y debo confesar que a mí me da pena, que siento su muerte y que me parece que este silencio mediático debería estar reservado a Bush, Videla, Blair, Clinton, Pinochet, etc. igual que a él.

Lo cierto es que este hombre de nariz colorada, cadera danzona y sonrisa beoda me provocó sentimientos encontrados durante su estrellato mediático. No se puede negar que fue nefasto para su país: Yeltsin tuvo un papel fundamental como desintegrador de Rusia y como mano detrás del aumento radical de las diferencias entre rusos pobres y rusos ricos.

Gracias a sus políticas tirando a folclóricas y erráticas, el infierno ruso que empezó con Gorbachov se convirtió en algo peor. Sin embargo, ahora lo miro incluso con ternura. Sobre todo, al compararlo con un dictador frío como Putin, masacrador especializado de chechenos y perseguidor de periodistas y disidentes.

Boris y yo compartíamos cumpleaños (a otros, más afortunados, les pasa con Verne, Dickens o Bruce Springsteen) y eso me hacía mirarle con ojos más benevolentes, incluso cuando toqueteaba nalgas de secretaria, desalojaba el Parlamento o hacía el payaso junto a Clinton.

Por eso sólo, cuando los demás callan o le vituperan, yo prefiero recordar su mirada picarona en algún momento en que pareciera feliz y esperar que descanse en paz y la Historia sea justa con él en el futuro ... que ponga a su altura a Gorbachov, Putin y otros tantos lobos disfrazados de corderos.

El Libro Canario según Santiago Gil

Con motivo del Día del Libro que ayer disfrutamos -en mi caso con virus de estómago pero leyendo a Kapuscinski- tuve que escribir un reportaje especial para la Edición Domingo del periódico. Hablé con alguna gente muy interesante y lo cierto es que tengo unas cuantas entrevistas de las que sólo pude usar una frase. Como me parece un desperdicio, decidí usar las entrevistas en el blog. No llegarán a tanta gente, pero así quedan para la posteridad en la blogosfera. Ésta es la de Santiago Gil, escritor.

-¿Cuál es su experiencia con las editoriales canarias?

- Mi experiencia editorial se llama Anroart Ediciones, y luego ediciones premiadas de poesía por instituciones públicas. Mis primeros libros coincidieron con el nacimiento de Anroart y por tanto hemos hecho el camino juntos, y juntos hemos descubierto que a veces los sueños se acaban cumpliendo.

-¿Qué opina de la distribución de los libros en Canarias?

- Siempre podría ser mejorable, pero en mi caso no me puedo quejar porque los libros suelen llegar bien a las librerías del archipiélago y a la Península.

-¿Cuál es su valoración del mercado del libro canario?

-Creo que poco a poco nos hemos ido ganando una cuota de mercado, pero aún nos queda mucho camino por recorrer.

-¿Y de los escritores canarios?

- En narrativa estamos en un momento de reencuentro de escritores de varias generaciones que nos resulta muy enriquecedor a todos. Nos estamos juntando una serie de escritores y escritoras que tienen mucho que decir, y además esa coincidencia se está gestando desde la generosidad y el apoyo entre unos y otros.

- ¿Cuáles son los problemas a los que se enfrenta el escritor canario?

- La sempiterna distancia. El océano, que tantas cosas buenas nos ha traído siempre, a veces se convierte en una barrera infranqueable, incluso entre las propias islas. Las nuevas tecnologías nos están sacando un poco de ese aislamiento, pero todavía estamos lejos de las ventajas que pueden encontrar los escritores de otras Comunidades Autónomas o de muchos países latinoamericanos. Nosotros estamos en tierra de nadie.

-¿Cómo le parece que evolucina la literatura canaria desde sus comienzos hasta ahora?

- Si hablamos del tiempo que llevo escribiendo, está claro que hace 10 ó 15 años no existían las posibilidades para publicar que tenemos en estos momentos. Por eso ni siquiera te movías para intentarlo: ibas escribiendo y acumulando en los cajones esperando mejores tiempos. Ahora mismo también han aparecido organizaciones como ACE o la Dirección General del Libro que pueden contribuir a que esta pleamar de la cultura literaria se mantenga.

-¿Cómo valora el trabajo de la Dirección General del Libro?

- Su papel ha sido muy importante en el actual relanzamiento de la literatura canaria. Han coincidido muchas cosas y la Dirección General del Libro ha sido una de ellas. Confiemos en que no esté sujeta a los avatares políticos y que por tanto se consolide como un organismo necesario para nuestra cultura.

-¿Y su previsión de futuro?

- No nos queda más remedio que ser optimistas. Cada vez hay gente más joven escribiendo de maravilla. Y está claro que lo que les mueve es la vocación porque todos sabemos que con esto no nos vamos a hacer millonarios. Esa vocación suele ser irreductible, y casi siempre termina ganando. Por tanto estoy seguro de que se avecinan muy buenos tiempos para nuestras letras.

-¿Cómo piensa que se valora el libro canario entre las editoriales, las librerías, los políticos y el público?

- Espero que las editoriales nos vean cada vez más rentables. Entre las librerías, cada vez son más las que apuestan por los autores canarios. Sin su aportación no vamos a ninguna parte. Llegar a la mesa de novedades como llega cualquier autor de cualquier parte del planeta debe ser el objetivo. Algunos ya lo hacen, y ante ellos debemos quitarnos el sombrero. A los que todavía se resisten y nos condenan a las esquinas menos visibles supongo que habremos de convencerlos con evidencias, o lo que es lo mismo, con libros cada día mejores. Por otra parte, creo que entre unos y otros tenemos que lograr que la clase política se tome en serio la cultura, y dentro de ella la literatura, por supuesto. Y los lectores ... cada vez se están acercando más a los autores canarios. Se están dando cuenta de que ser escritor o escritora en estas islas ya no es sinónimo de folclorismo. Pueden encontrar libros que les hablen de los grandes conflictos del ser humano en entornos reconocibles, y además con una voz narrativa mucho más cómplice y cercana.

Ensalitrada hasta la muerte

Llego a casa después de una mañanita de barrio total. Primero, con Don Ricardo, el médico de toda la vida, comprobándome los gases, la tensión, la hidratación y las pulsaciones para decirme que estoy perfectamente y darme cuatro palmaditas en la cabeza, como si todavía levantara siete palmos del piso. Después, en Melitón, típica tienda de aceite y vinagre que se quedó en tienda de aceite y vinagre enorme y caótica, varada en el camino hacia el minimercado. Como siempre, el viento corta todas las esquinas y el sol está como indeciso. Lo que significa otro día sin sacar a Diego por Las Rehoyas.

Todavía molida y soñolienta, me siento en el sofá de ayer, miro de refilón un documental sobre los animales más peligrosos de África y escribo sobre libros.

Ayer, con motivo del Día del Ídem, compré dos: El marino que perdió la gracia del mar, de Yukio Mishima, y Línea de naufragio, de Agustín Díaz Pacheco. Básicamente, porque me llamaron la atención los títulos, que hablaban del mar de alguna forma.

Supongo que estoy condicionada por ser isleña de por vida. No concibo la existencia sin un océano al lado y, cuando regreso a la isla de un viaje, necesito el olor a salitre y seba que entra por la ventana del coche para sentirme realmente en casa.

No entiendo una infancia feliz en Castilla-La Mancha ni una creatividad interesante en Extremadura, aunque me encanten muchos sitios en ambas comunidades. Machado o Delibes o Cela me parecen áridos, aburridos, tristones ... No me interesan demasiado los autores peninsulares a menos que sean costeros, como Blasco Ibáñez, Lorca, Hernández o Mendoza.

Siento simpatía por los latinoamericanos, una conexión que se convierte en amor loco con algunos libros o párrafos de García-Márquez, Isabel Allende, Skármeta, Sepúlveda, Puig o incluso Vargas Llosa. Tengo con ellos una proximidad que no me produce Unamuno, por más que reconozca su genio.

Así que opto por un chicharrero y un japonés como lecturas de convalecencia, junto con un textito de Alexis Ravelo que es un análisis de la situación del libro canario en la actualidad y otro de Dolores Campos-Herrero sobre el nacimiento de otro libro canario.

Y empiezo a escorarme hacia la almohada tentadora y la cálida manta, soñolienta y algo aprensiva todavía con los movimientos de un estómago que parece haber atravesado varios mares esta mañana.

23 de Abril 2007

Ays

Acabo de hablar con el Hombre vía messenger y le he dicho que caí, como Hermano y Noe, víctima del virus de estómago. Ellos se pasaron la noche con diarrea y vómitos en Madrid, primera escala hacia la China Milenaria. A mí me pasó esta tarde en el periódico: dije adiós, blanca como el Auditorio de Tenerife, al potaje reconstituyente y al chocolate que Javier Darriba se trajo de Praga por el lavamanos del baño. Y me fui a mi casa, provocada, a punto de seguir arrojando o llevarme a un motorista por delante en la Autovía.

El Hombre es muy creativo a la hora de utilizar la lengua castellana. Es lo que tiene ser extranjero. Suele llamarme precesa o moñeca en sus SMS y ahora me dice que soy la jostias, porque me dejan al niño y me pongo mala. Si los emoticones mataran, habría un cadáver botado a la puerta de Neketan, en Vecindario.

Tengo escalofríos, temperatura corporal cercana a la ebullición y dolores musculares. Me siento como si me hubieran pasado por encima la mitad de los habitantes de Hong Kong y escucho a mi madre, de fondo, con Diego, teniendo una charla. Él lloriquea de vez en cuando, protesta en su idioma incomprensible y practica la pz. Ella intenta convencerlo para que duerma un pizco antes del baño, pero con la Jesulina de fondo en Mira quién baila, no hay alma que encuentre la paz ni ojo estupefacto que se cierre.

Creo que quizás la enfermedad sea cosa de velas negras, de vudú puro. Ulises (nuevo programador del Canarias7 Digital) me indicó por señas esta tarde algo de que iba a rebanarme el pescuezo por hablar de él en este blog y creo que me coló algún laxante diabólico en el café de máquina ... O lo habría hecho si hubiese podido.

En fin, que ni dinkas ni nueros, ni presentaciones literarias, ni Día del Libro, ni sobrino. Me recojo bajo una manta, con el fondo de mi madre cantándole a Diego que es un parrandero. Carraspeo, bostezo y ahora arqueo esa espalda dolorida que pone punto final a mis nalgas.

Ays.

Aquí es donde voy a empezar a pagar ... con sopor

Acabo de llegar al almuerzo en casa de mis padres para descubrir dos cosas: a Diego sobando, envuelto en un halo con olor a leche, y un plato calentito de potaje con acelgas y garbanzos de lo más reconstituyente. Fuera el día está dudoso, grisón a ratos, medio destemplado. En el trabajo, seguimos perinqueando y preparo un par de entrevistas para la "nevera", a ver si se pueden calzar en las páginas de Cultura mientras estoy de baja maternal. Además y en apartado novedades, tenemos chico nuevo en la redacción digital, Ulises, la versión de Pedro Guerra mejorada con una buena ortodoncia y algo más de sex appeal.

Aprovechando que Diego siestea y que quiero hacer tiempo hasta que abran Canaima, me llevo Ébano al sofá medio desmembrado del salón de mis padres. De refilón, observo el tamaño de las ojeras que se cuelgan de mis ojos en el espejo recibidor y bostezo y me estiro y bostezo otra vez. Mando un pensamiento de admiración y apoyo a todos los padres del mundo. Especialmente a los trabajadores y más especialmente aun, a Hermano y Noe.

Me tumbo -o más bien, me dejo caer como saco de papas- en el sofá pensando en dragones, en el cadáver exquisito de la Biblioteca Pública del Estado en el que no podré participar hoy, en el glúteo seco que tengo que comprar, en un aparato para ponerle el Love de los Beatles a Diego por las mañanas, en la presentación de Santiago Gil que también me saltaré hoy a la hora del baño infantil y en Berbel, esa poeta y buena persona, adornada con unos ojazos azules inocentes y una sonrisa perenne en la cara.

El sofá me tienta y sus brazos, acogedores, son como imanes para mi triste totizo. Empiezo a leer sobre Dinkas y Nueros en Sudán y sobre el comienzo de la guerra (o una de las guerras, no estoy segura, porque está Congo) más largas del continente africano. Me pesan los párpados, no puedo mantener los ojos abiertos, las vacas dinkas se mutan en ovejitas como nubes de lana, ... en Cármenes Sevilla triscantes, saltanto vallitas en el campo, ... en Z superlativas, en arrorós y nanas de la cebolla, en lapidaciones a despertadores, en laúdano y valeriana, ...

- Dios Santo -gimo- Y me queda una semana.

Baldaíta y con churumbel incorporado

Qué baldaíta estoy después de un rato en El Burrero, en pleno viaje en el tiempo con Barricada, haciendo el indio alrededor de un Drogas con cara de felicidad y pañuelo pirata anudado al cráneo rasurado. Todavía me dura la molienda y además, ya estoy de madre putativa y las noches no son lo mismo, con Diego hablando solo en una cuna al lado, en su jerga incomprensible, mientras mordisquea todo lo que cae en su campo de acción.

Amanece el Día del Libro y de San Jorge, traspasador de dragones a lanzazos.

Apetece irse, con los ojos nublados de sueño todavía y oliendo a niño chico, hasta Canaima, a comprar un par de libros con descuento y discutir con Clara un rato. También apetece un paseo por La Puntilla, agarrada a un libro de Dolores Campos-Herrero y buscando dragones en las olas. Y para la noche, apetece triplicarse para poder estar en el Matasombras, en el Cuasquías, con Santiago Gil y su última novela; en la competencia, con Berbel, Alicia Llarena y un colectivo de artistas que muestran su obra Meridiart y roncando en cualquier esquina de mi cama.

Hoy le pediré el papelito amarillo de vacaciones a María Isabel y me despediré temporalmente de los compañeros de trabajo, con mi baja de maternidad. También me despediré temporalmente del Hombre, del cual Nenito afirma que algo debe querer, si es capaz de aguantar a Barricada de madrugada, con el agravante de trabajar al día siguiente y sin que le guste el rocanrol más que ser machacado a tenicazos.

Pero sigo en el ciberespacio, en pleno diario para Noe y Hermano, por si hay ciber en China en el que puedan colarse, entre cena de gala y paseo por la Muralla, y para que forme parte del cibermundo la primera semana de Diego sin ellos.

20 de Abril 2007

La música que amansa a las fieras

Yeya se empeña en decir que la sección de Cultura de este periódico está integrada por marcianos. Porque el resto del mundo compra a Camela, Andy y Lucas y RDB, mientras nosotros escuchamos a Mika, Wolfmother, The Datsuns, Nick Cave, Danko Jones, Wagner o Body Count. Y porque, mientras la masa llena los conciertos de Shakira, Luis Miguel o Maná, nosotros escapamos de ellos como alma que lleva el diablo al tiempo que entonamos el No sé qué hacer contigo con aire conspiratorio.

Creo que Yeya tiene razón y vivimos en una realidad paralela. Somos minoría.

Cuando era más joven e inexperta, pensaba que estaba en la media, que era normalita. Pero leí las estadísticas de gente que completa sus estudios en Canarias y supe que estoy en cualquier sitio menos en la media. Creo que formo parte del uno y pico por ciento de la población canaria con postgrado en tierra guiri y que ya era parte de una minoría simplemente por haber finalizado el colegio, el instituto y la universidad año por año y sin churumbel incorporado.

También me he sentido minoría durante años por no ver OT ni GH, por el satélite, por leer regularmente, por odiar cordialmente lo latino, por estar soltera y entera, por carecer de piercing y/o tatuaje, por ir de vez en cuando al teatro, por leer las críticas de música clásica que glosa Javier Moreno, etc.

En el caso de la música, precisamente, para mí, no hay medias tintas. Aquí sí que soy feroz minoría, porque es algo que me produce un placer inmediato, que cambia mi humor y que me emociona, como el sagrado chocolate. No puedo escuchar cualquier cosa ni lo acepto todo sin criterio y, aunque Charlie afirme que la música no es un artículo de primera necesidad, para mí es más necesaria que salir a comprar ropa o las tropicales del fin de semana.

Si salgo de parranda y me ponen cuatro bisbaladas, me amulo y quiero yoyar al pinchadiscos y volverme a mi casa. Me da sentimiento que el Hombre me relacione con un tema de Carlos Baute y me lo jinque por teléfono cuando se siente romántico. Y cuando Elsa confunde a Bruce Springsteen con U2 y ocupa mi lugar en un concierto de Bono y sus chicos, me pongo al borde de la apoplejía.

Igualmente, si Manel El Especialista graba una sesión de funk, R'N'B y soul para el reproductor de CDs de mi vehículo, daría la vuelta a la isla, feliz, sólo por el placer de escucharla y recordar los tiempos en que bailaba en el Fasching con Elisabeth Malmgrem. Y, a pesar del sopor que me provocan las cómodas butacas del Auditorio, creo que lo más parecido a un sentimiento religioso es lo que se experimenta con una Filarmónica de Berlín en racha.

No voy a un concierto por ir y escucho lo que me recomiendan seres humanos en cuyo criterio confío, como Mario Alonso, Neketan pd, Sergio Miró, Alberto Hernández, José María Suárez o Carmen Delia Aranda. Y aunque una es de natural ecléctico y disfruta con muchos estilos diferentes, no pasa por el aro de las radiofórmulas y prefiere la playlist del Perinqué a una de la SGAE.

Total, que minoría naiz eta harro nago.


Y líbranos especialmente de las noticias

El Hombre se queja de que soy periodista y no veo las noticias en la televisión. Según él, debería levantarme a las siete de la mañana para encender la tele, ver el informativo y llegar cargadita de teletipos sangrientos al periódico. Sintiéndome culpable, hoy lo hice y entendí por qué no lo hago normalmente.

Hoy he descubierto que Montserrat Domínguez, que fuera mi ídolo en sus tiempos en La mirada crítica, sobre todo durante la guerra de Irak, ya no está en Antena 3. Fieles a su estilo absurdo, chabacano y sensacionalista, los responsables de la cadena le dieron el cambiazo a una profesional de lujo por Espejo Público, el Interviu televisado. O eso supongo, porque intento no ver esa cadena ni por equivocación y deduzco -al no encontrarla esta mañana con El Ruedo Ibérico- que han pateado a Monsterrat fuera del estudio, probablemente por culpa del diabólico rating.

Además, ponen Shin Chan entre el informativo y el programa de Susanna Griso, donde también -horror entre los horrores- Urdaci forma parte de El Ring, esa bonita sección de debate intelectual. Entre los vídeos más vistos del programa, figuran en la página web de Antena3 "Implantes de senos" y "La matanza de Virginia". Culturizando al personal, como siempre.

Gracias a las noticias, ya tengo la mañana amargada: seguimos con las tensiones en centros académicos en Estados Unidos, con la violencia de género y con las amenazas de muerte a Knut.

Así que, de regreso a casa desde Vecindario, intenté relajarme disfrutando del microclima este nuestro, con dos arco iris por la zona de Marzagán, un amanecer radiante incendiando la orilla oriental de la isla y una fina llovizna emborronándome el cristal del coche. En el atasco de entrada a la ciudad de cada día, Pablo Motos y su equipo en No somos nadie me animaron comentando el apuro en que una pensionista puso anoche, en un programa televisivo, a Rajoy, al preguntar al líder de la oposición lo que cobra. Pregunta que no obtuvo respuesta, por cierto.

Las hormigas radiofónicas también hablaron de los vecinos, esos seres escalofriantes con los que compartimos paredes, pasillos y zonas comunes.

Creo que mi comunidad es una de las (quizás) pocas cosas que pone de acuerdo a mi padre con el Hombre: ambos opinan que está plagada de sicópatas.

Siempre que llego a mi casa tengo la alfombra de la puerta orientada de otra manera, con los dos patitos cabeza abajo. Y sé que me la vira mi vecino de enfrente, un ex taxista con mala reputación y peor temperamento, que me tocó en la puerta en Nochebuena para increparme porque la luz de mi balcón llevaba encendida tres días.

El taxista vive con su hermana ... les oigo gritar algunas veces ... y la chica de la limpieza me intranquilizó ligeramente al informarme de que ella le llama La Loca. Ahora, cuando abro o cierro mi puerta lo hago con el cuello revirado y los ojos fijos en su puerta.

El de arriba es un viejecito entrañable, aunque sordo como un muro de cementerio y ciego como un murciélago, así que pone la tele a un volumen un poquito excesivo. El de abajo tiene a la mujer sedada por problemas sicológicos y me fuerza a andar de puntillas por la casa. El presidente y el secretario de la comunidad pararon en la puerta al Hombre un día, cuando llegaba cargado con la compra, insinuando que podía tener la intención de robar en el inmueble.

En fin, mi comunidad recuerda a la de Carmen Maura y pone los pelos de punta a poco que se la conozca. Sólo faltaría en ella la familia colombiana de la que hablaban en el programa, con la música a todo volumen todo el día y los huesos de chuleta volando por el zaguán, y algún criminal de guerra croata huyendo de Carla del Ponte.

19 de Abril 2007

Sakúrame y neketeame toda

Por fin, con el estómago cargado de sashimi, sushi, algas fritas y wasabi, sé cómo se come en el Sakura IV. Servicio amable, palillos entretenidos, Haridián intentando provocar un accidente con su manía de pedirme platitos de la cinta cuando ya se me escapaban casi del alcance de los dedos, deliciosas frituras, farolillos festivos, ... Lo disfruté bastante y además, como postre, Neketan trajo una de sus orgasmitartas de tres chocolates al periódico y celebramos que El Perinqué está en internet y cambia de diseño.

Nenito tomó documentos gráficos del momento, dignos de Cartier-Bresson, y lambuseamos la bandejita y el cuchillo, embadurnados en tarta, hasta que no quedó miga ni rastro de cacao sobre ellos. Incluso devoramos, canibalescos, el pequeño perinqué de chocolate que los hermanos Neketan crearon con cariño para nosotros.

Todavía siento que el efecto de la gravedad sobre mi oronda tripa es terrible e insoslayable, que las nalgas se me pegan a la silla y hasta los dedos me pesan. Esta tarde, pensaba ser testigo de la última presentación de Marisol Llano Azcárate, en Ámbito Cultural, o disfrutar de la charla sobre África y los Medios de Comunicación en la Casa de Colón.

Pero creo que opto por El fuera de la ley, Clint en su momento más gamberro, lanzando lapos a diestro y siniestro y mascando tabaco que se vuelve loco. Por lo menos hasta quedarme dormida, como una anaconda feliz tras haber devorado a un excursionista perdido en plena selva amazónica.

Feliz perincazo a todos.


Y líbranos de la televisión, amén

Como cada mañana, me despierta mi madre, enchufada a Antena 3. Dan un programa -morboso y sensacionalista, como no podría ser de otra forma- sobre desaparecidos, secuestros, rescates y demás. Metiendo el puño en la llaga y retorciendo, como sólo saben hacerlo con arte en Antena 3 y Telecinco, explotando a familias que sufren y con todos los detalles sórdidos posibles.

Un tipejo repeinado, trajeado y con barba de tres días pone cara interesante cuando expone el caso. Antes de él, la típica introducción con fotos del afectado y frases lapidarias, tipo "Lo amaba y la mató". Después de él, lo que ahora algunos llaman periodismo de investigación: fotos, recortes de prensa, rumores, elucubraciones. Al final, la entrevista escabrosa.

El Caso en formato pequeña pantalla, igual que los informativos de Antena 3, Ana Rosa, los estrenos tv infectos que reponen cada fin de semana y el resto de la panda catódica.

Hace un tiempo, me debatía con mis planes de ahorro y pretendía echar por la borda de mi cuenta bancaria al Satélite. Pero reconozco que en mañanas como ésta, me lo pienso y desearía poder llevármelo a lomos hasta a la ducha.

Sobre todo cuando llegan las eternas pausas publicitarias e invaden la casa Andy y Lucas, RBD, Pepe Benavente, los culebrones, los concursos oligofrénicos y groseros y nuevos realitys a sufrir.

Personalmente, estoy segura de que el muchacho surcoreano que se lió a tiros en la Universidad de Virginia estaba viendo una cadena televisiva privada (española) antes de la lanzarse a las aulas y tirotear a medio campus.

Porque yo, ahora, por sólo escuchar de refilón a la madre de Betsabé, víctima de la violencia de género, tengo ganas de salir armada de casa, teletransportarme a los estudios de Antena 3 y comenzar una matanza.

Diario mozambiqueño: La isla encantada

Llegamos a la playa de Ibo y los niños nos siguen por la orilla mientras nos deslizamos en paralelo a ella y atracamos. Saltamos a tierra con el agua lamiéndonos los muslos y quedamos con la tripulación para regresar al día siguiente, a las 7 de la mañana, escépticas frente a la promesa del capitán de la falúa de que se levantará viento favorable para abandonar la isla a esa hora.

Saidi nos guía hasta el TDM, el hostal de Telecomunicaciones de Mozambique, donde pensamos quedarnos. Está al lado del restaurante de Joao y la terraza donde se organizan bailes todos los sábados, bajo un árbol de copa generosa. La casa de la familia de Saidi también está cerca, arropada por unos matos de los que penden ristras de carátulas de películas de artes marciales. Su padre, el platero, nos enseña su mercancía rodeado por un montón de chiquillos.

El TDM está desierto, salvo por el guardián. De nuevo, igual que en Praia Quissanga, no hay energía eléctrica ni agua corriente. Sin embargo, el edificio tiene un generador eléctrico que funciona a partir de las 6 de la tarde, un baño limpio en el que debemos ducharnos a tazazos y un patio enorme y luminoso.

Mercedes y yo aprovechamos las horas de luz para cruzar todo el pueblo: casi una ciudad fantasma de arquitectura colonial portuguesa, con niños jugando en los pórticos, casas enormes en diferentes estados de derrumbe, frangipanis polvorientos en flor, anchas avenidas arenosas y paredes semiderruidas bajo una confusión de raíces enredadas como tentáculos de medusa.

Ibo tiene un aire surrealista, como encantado: el policía del pueblo nos saluda efusivamente desde su intoxicación etílica y nos cruzamos con más mujeres con la cara pintada con msiro, más niños en harapos, más ancianos apáticos de ojos inyectados y más gallinas histéricas.

Hacemos un tour nostálgico en el que se mezclan fantasías post-quiniela y ornitología básica entre las casonas que se caen. A ratos discutimos en qué mansión viviríamos y en qué porche dormiríamos en las noches asfixiantes de diciembre si fuéramos millonarias y a ratos perseguimos a una abubilla entre las frondas e intentamos identificar a los pájaros que se esconden a nuestro paso.

Seguimos caminando hasta el fuerte de San Juan, en cuya sombra medran los plateros. Es un edificio en forma de estrella relativamente bien conservado, adornado con viejos cañones y con un enorme almendrero de sombra rumorosa reinando en el patio. Desde las almenas, observamos la fina línea de arena de la playa y las siluetas estilizadas de los cocoteros. Los plateros intentan sin éxito vendernos joyas típicas de Ibo, de estilo suahili, o las monedas de plata que compran en el continente para sus trabajos de orfebrería.

Continuamos el camino por una vereda empedrada con conchas y excrementos de cabra y vaca, entre algunas chozas y cañizos que protegen al ganado. Hace un calor horroroso: casi puedo sentir cómo el sol me taladra el cuero cabelludo y el aire pesado y quieto se niega a entrar en mis pulmones. Pasamos junto al horno crematorio hindú y el camino se pierde entre los matos, camino del manglar.

Cuando salimos de las profundidades de éste, llegamos a una playa espectacular, en cuyo extremo se adivina un faro. Salvo unas garzas, algo que parecen correlimos y una infinidad de belicosos cangrejos ermitaño de diferentes tamaños, no se ve ninguna criatura viviente en la costa y la arena blanquísima y los cocoteros charolados relucen como en un anuncio de vacaciones imposibles.

Nos metemos en el agua caldosa, rehuyendo los troncos de los mangles sumergidos, el movedizo fango y las sebas, y allí nos quedamos en remojo, en ropa interior, hasta que los cangrejos nos echan a pinzazos. A lo lejos, la oscura figura de un pescador metido en el mar hasta la cintura lanza su red.

Paseamos por la playa hasta la sombra mínima de un tronco caído y simplemente nos dejamos arrullar por el diluvio sonoro en las palmas de los cocoteros, permitiendo que el sol nos dore lentamente en la arena.

Volvemos despacio, mientras cae la tarde, saludando a niños cargados con cangrejos y pescado que regresan de la costa al pueblo, a unos turistas portugueses con los que ya hemos coincidido en la terraza del Dolphin de Pemba y al perro de Janine.

La breve noche ibense se reduce a comer a oscuras el caril de galinha de Joao e impregnarnos en fanta naranja, el único refresco del que hay existencias en la isla. Cuando llegamos al TDM, los guardas ven el último vídeo de The Darkness en la MTV, pero el resto de la villa es pura mancha de tinta.

21 de septiembre del 2003
Ibo (Quirimbas), Mozambique

Microrrelatos (y II)

Mia Couto, uno de mis escritos favoritos, acaba de recibir un premio. Couto, originario de la bella y lánguida Beira, en la costa mozambiqueña, me gusta especialmente porque deslumbra y sorprende con su uso del lenguaje, con los neologismos que inventa mezclando palabras y expresiones. Además de un genio de la pluma y un africanista convencido, Couto es un buen periodista, una buena persona y un científico. Feliz por él y por todos sus lectores, cuelgo unos cuantos microrrelatos que escribí en un taller de Lola Campos-Herrero, al tiempo que observo de reojo a George Clooney en un anuncio de Nespresso en la tele y felicito mentalmente al Granca por su triunfo de ayer. Poliédrica que es una.

Retraso

Se asomaron al vientre, maravillados, en la semana 73 de embarazo.

Dentro, la criatura se había hecho fuerte, trenzando con su cordón umbilical un arnés, con el que se amarraba a las costillas de la madre.

El ginecólogo creyó observar una expresión de tozuda resistencia en la carita, casi alienígena, que le miraba desde la ecografía.

Bromas divinas

El cielo es un spa, donde manos invisibles te amasan las carnes eternamente. Se llega a las camillas por pasillos azules, casi subacuáticos, que huelen a ámbar gris, a rejo de carabela portuguesa, a sargazo seco.

En el cielo habitan ángeles que recuerdan a un equipo de waterpolo griego: pieles amasadas con almendras, ojos de olivina y rizos negros. Ángeles que te guían desde la sauna turca a la piscina de agua fría y que jamás separan los labios para otra cosa que no sea sonreír enigmáticamente ante cualquier pregunta.

Los ángeles son criaturas hermosas, pero traicioneras. Su sentido del humor resulta, a veces, incomprendido.

Se sabe de benditos a los que extraviaron por los pasillos y de santos a los que prometieron vinoterapia y pétalos de rosas y que acabaron descendiendo por los bajantes del Paraíso e ingresando en el Purgatorio por un grifo abierto.

Decisión

Harta de los tubos de escape, los cigarros y la halitosis ajena, encapsuló su cabeza en una burbuja de plástico herméticamente sellada.

Veinte segundos después, comprendió que también había dejado fuera el olor a manzana verde, los besos de tornillo y, en última instancia, el oxígeno básico para la supervivencia.

Breve desencuentro

La antropóloga Marjorie Klum acercó su cara, sin miedo, a la del guerrero papúa.

Había aprendido, a través de sus estudios en la Universidad de Nueva York, que el beso de bienvenida era un pacto de no agresión entre las gentes de aquella etnia y sus visitantes.

Sin embargo, lo que Marjorie Klum no sabía es que el rito era también utilizado para degustar apenas el sabor de posibles ingredientes de la cena. Ni lo sospechó, cuando se estremeció de placer, en el momento en que el guerrero lamió dulcemente sus labios y ella se creyó aceptada en la tribu.


18 de Abril 2007

Salvapantallas. Y Dios me dijo ...

Ya estoy como George W. Bush: Dios me habla. Claro que no me pide que me pase la legalidad internacional por el arco de punto, ni me envía animales que me rescaten de un añurgamiento con pan bizcochado. Lo mío es mucho más casero.

El domingo, por ejemplo, me desperté temprano porque Dios me dirigió la palabra. «Ve y recoge el reno temporizador», me dijo. Ayer, me avisó de que me he pasado en 3.000 kilómetros de lo recomendado para mi primer cambio de aceite del coche. Y así departe conmigo, cada día, recordándome cosas que tengo que hacer: las clases de francés y griego, el ahorro, la hipoteca, la excursión de rigor con mi madre a Hiperdino, etc.

Dios también tiene la fea costumbre de defender a mis compañeros a viva voz: «ve y supera tu magua por haberte perdido los conciertos de U2: no odies a Mario Alonso -me dice - Y págale una merienda de bochinche a Juliflor y Pacheco, por no distinguir un mate de un triple».

En fin, lo mismito que a Bush.

Tiene mucha suerte George W. Da la casualidad de que todo lo que Dios le pide coincide con su conveniencia. Nada de «George, ve, sal de todos los países que has invadido y compénsales por las molestias» o «George, firma el protocolo de Kyoto».

Envidio ese entendimiento suyo y espero que, un día de estos, Dios sintonice tan bien conmigo como con él: que diga a Luzardo que elimine todas las rotondas de la ciudad y a Viggo, que celebre su cumpleaños conmigo.

Aunque mi ambición más secreta es que mi sintonía con Dios le lleve a discrepar de George W. Bush un día. Y que, a partir de ahí, sus voces sean diferentes.

Canarias7.es - 14/10/2005

Palabras

Para no variar, ayer estuve algo insomne. Sin embargo y por una vez, en lugar de encadenar episodios de teleseries que me gustan hasta escuchar cantar a los palmeros, aproveché para decidir qué palabras quiero apadrinar. Pude decantarme por dos y ahora busco otras tres para la recámara, porque te ofrecen la opción de apadrinar cinco. Dividida me hallo, entre la magua de Víctor y alguna opción de Lola Campos-Herrero.

Elegí jícara y lambusear. La primera, porque me trae recuerdos de mi abuela dándome "jícaras de chocolate" y del tendido eléctrico antiguo hacia El Chorrillo de Tejeda, con sus jícaras de cerámica entre cable y cable, coronando los postes de madera. También me recuerda a las tías de mi madre, arrugadas y requemadas por el solajero, pidiéndome una jícara mientras estrujaban el suero para hacer queso. Jícara forma parte de las memorias de mi infancia y me parece una palabra femenina y coqueta.

Elegí la segunda (con todos sus derivados), porque me suena a chiquillo que te enchumba de arriba abajo, torpón, y a un golpe de cariño desmedido. A Diego, con la chupa en una mano y un rastro de brillante baba cayéndole sobre el pechito, antes de arrimarse a una, zafadito perdido y con el ojo goloso prendido al biberón de la noche.

De paso, también aprovecho para escribir aquí que mi palabra favorita para la más bella del lenguaje castellano es libélula. Porque -como le expliqué a Lola- "es esdrújula y me parece que vuela o, por lo menos, que tiene cuatro alas transparentes y se desliza por tu lengua como una idem".

En resumen, no me atraen los grandes conceptos, como amor o esperanza. Aunque acostumbrara a mirar a los caballitos del diablo, fascinada, de niña en la fuente, me gusta que las libélulas se me aturullen en la boca. Igual que me gusta recordar las jícaras de chocolate que me prometía mi abuela para que no me quedara como un secopalo y que imagino que lambusear tiene un componente afectivo que supera a palabras más afables y apasionadas del diccionario.

Pobrecito Brad

Me entero por Nenito que el Carita de Guanche sufre a causa de la Loba Jolie. Aparentemente, la actriz retirada y supermadre no le pone mucho asunto a Shiloh Nouvel, la chiquilla que tuvo con el sex symbol, ex de Jennifer Aniston y Gwynneth Paltrow por más señas. Parece ser que mi tocaya está tan ocupada adoptando, planeando adopciones y cuidando de niños adoptados que lo de la llamada de su carne y de su sangre se le escapa.

No es un secreto que la Loba no es santa de mi devoción. Tampoco tengo en buen concepto al Carita de Guanche, que me parece un tanto simplón. En el caso de ambos, no entiendo la fascinación que provocan sobre el común de los mortales, aunque Brad está prieto, como amasado en hormigón, y la Jolie tiene unas bembas que asombran.

Así que un día de noviembre, hace ya casi dos años, los cielos nublados de Nueva York se abrieron cuando descubrí, en el Burguer's Paradise de Manhattan, que la Loba pierde en las distancias cortas. Me alegró el día un amigo músico, Josh Dion, que trabaja como batería de Chuck Loeb y que pasó dos días en el rodaje de El buen pastor en la Manzana Metálica.

Josh aparece apenas unos segundos en la película, tocando en un bar con una banda, aunque se pegó sus veinticuatro horas repitiendo tomas para un implacable Robert de Niro.

Le pregunté, por curiosidad, qué tal fue el rodaje y me comentó que Matt Damon y Robert de Niro le parecieron profesionales y buena gente y que lo de la Loba no era para tanto. "Tenía un aspecto tan poco saludable -dijo, como extrañado- Estaba demasiado flaca y pálida. Tiene la cabeza muy grande en comparación con el cuerpo y el pelo muy fino, muy débil".

Imagino que también Brad Pitt tiene sus días y más erótica por eso de aparecer en una gran pantalla que si trabajara de cajero en el Carrefour de Las Arenas. Además, estoy segura de que habrá varios hombres mil veces más sugerentes que él por cada metro cuadrado de Cícer en un día de marea revuelta y ventolera, propicio para darse un bañazo épico.

Arrimando a un lado cuestiones físicas, también proclamo que me caen como sendas patadas en las trompas de Falopio por las declaraciones absurdas de ella sobre su vida sexual y sus excentricidades, además de su manía de coleccionar churumbeles, y por esa hambre y sed de santidad que se le ha contagiado a él, de pasar demasiado tiempo con ella.

Sin embargo y a pesar de la manía que los dos me inspiran, estoy igualmente segura de que esa pareja sufre y ama como cualquier otra, con el hándicap de tener todos los ojos del planeta fijos en ellos y mucha lengua viperina esperando su ruptura.

Así que me concedo un momento de solidaridad o lástima con ellos, breve como la minifalda de cuero de Brad en Troya, porque carecen de las ventajas del anonimato y de muchas posibilidades de ser felices juntos. Solidaridad o lástima que es, obviamente, revocable en cuanto la Loba asome sus virtuosos morros por un país en desarrollo y se saque otra adopción del wonderbra o el Carita de Guanche tienda una mano aparentemente amable hacia alguna ex en desgracia.

Tribulaciones de una bloguera (III): frecuencias

Cuando la cosa va de frecuencias a la hora de publicar entradas, lo que me pregunto es cuál es el ritmo necesario para que el blog no despiste a gente como Yeya, emboste a otros, aburra a los más, me sature a mí o, en el otro extremo, entre en parada cardiorespiratoria y estire sus pixeladas patitas.

Al empezar con Cartas a Sinaja, el 11 de enero del 2007, escribía tres o cuatro entradas a la semana ... con suerte. Me daba cargo de conciencia el no publicar y veía lo de bloguear como una obligación más, aparte de las habituales en el periódico en papel.

Eso duró un tiempo, pero llegó un momento en que me entró la jiribilla y no me hallaba sin publicar algo diario y la cosa evolucionó hasta el día presente, en que no me amaño sin sacar dos o tres entradas por jornada.

Privada por mi constancia, ya me daba palmaditas en la espalda a mí misma y me felicitaba por la rutina de trabajo, hasta que se me reviró Yeya, que me dice que la estoy liando con tanta entrada y que ya no se entera de qué es lo que leyó y lo que le queda por delante.

Yeya es lectora fiel, como Lola, Noe(mi), Carolina o Esther, así que tomo en cuenta lo que me dice. Y ahora vivo desinquieta, con las ganas de escribir acosándome a toda hora, y frustrada, porque tengo que trabarme los dedos y pensar en que habrá gente como Yeya, que se ataque cuando sienta que el blog se le escapa de las manos.

Y ahí estoy, sin saber cuál es el ritmo de los lectores, ni el mío, ni el de este cachito de blogosfera. Además de estresadita perdida cuando compruebo que, a más entradas, más páginas solicitadas aparecen en las estadísticas. Con lo cual llegamos otra vez al borde del ataque de ansiedad, el complejo de Gollum, la tentación de tupir al lector y un rasque de Yeya.

En fin ... que ya no sé si echarme la camisa por fuera o vendarme los dedos, escayolarlos y enterrarlos en Las Canteras.

Quien me abrió un blog, dictó mi condena.

17 de Abril 2007

Salvapantallas. Chola o Cuca

Me gusta aprovechar los momentos en que conduzco, contabilizando las manchas de carne y plumas que pespuntan la autovía, para alegar con una nueva amiga: una araña okupa que se ha instalado en el cacho de tapizado del vehículo motor que cae sobre mi cabeza.

A esa mascota inesperada le explico ahora las cosas que me inquietan. Como, por ejemplo, la nomenclatura pija.

-Verás - le digo- Me parece increíble que alguien quiera ser conocido públicamente como Pocholo, Pipi, Churri o Cuca - y miro a mi amiga octópeda, que parece asentir con un pedaleo aturullado panza arriba, colgando de un hilo.

- ¿Te imaginas a un hombre, en una fiesta, preguntando a los invitados si han visto a su Cuca? -prosigo, evitando por los pelos la colisión con un marinero oriental.

La araña pone cara pensativa y sube al golpito por su hilo, mirando de refilón al asfalto con sus ocho ojos simples.

Como me gusta conducir con las dos ventanas abiertas y el pelo engrifado, reduzco marchas hasta que la veo aferrarse al tapizado en un lugar seguro. Y como me gusta sentirme acompañada por ella, pienso en los nombres con los que la honraría.

- Tu serás Sinaja -decido, orgullosamente- O Miguel Ángel, como mi asesor bancario favorito. O Ñito, Scola, Chals, Batatita, Drácula, Floro, Mendoza, Scully, Juliflor, Pirulino, Tarasbulba, Marcusnorris, ...

La veo echarse los pedipalpos a la cabeza, alarmada, y meditar un suicidio o una mudanza, así que me apresuro a tranquilizarle: "Nunca Pocholo, Pipi, Churri, Chola o Cuca".

Canarias7.es - 10/11/2005

Y que cumplas muchos más

Hoy cumple años Noe. Amiga, cuñada y madre de Diego, Noe también hace a veces de sincera voz de la conciencia y protector refugio de todos. Esto último, a pesar de su ingenuidad a ratos y de un pasado tormentoso en el que, malaconsejada por el vodka, robó papel higiénico en La Tienda.

Lo cierto es que no estoy segura de cuántas velas clava esa muchacha hoy en su tarta, básicamente porque no controlo a los que se salen de mi quinta, la del 71. Pero aprovecho el ratito para felicitarla con cariño, sobarle mentalmente y con afecto la espalda y mandarle millones de ciberbesos.

También aprovecho para recordar a todos que sigue abierta la convocatoria de rescate de una palabra, abierta por la Escuela de Escritores. Dolores Campos-Herrero sugiere cada día una.

Y con la mente puesta en la clase de acuabic de esta mañana y en entrar en el último regalo del Hombre, una camisa preciosa aunque requintada a la altura del pecho, procedo a infiltrarme entre las sábanas, ligeramente babeante tras enterarme de que Mel Gibson tiene su ciclo en AXN los sábados.

El mejor regalo de cumpleaños en que puedo pensar, medito, aunque supongo que hoy Noe preferiría a Luis Miguel y un rebumbio de mariachis envueltos en papel celofán y con un bonito lazo.

Sobre gustos, no hay nada escrito.

16 de Abril 2007

De camino hacia Polonia

Preparen catéter y suero fisiológico, que se acerca Wagner. Mañana comienza la representación del ciclo completo del Anillo de los Nibelungos en el Pérez Galdós. Dieciocho horas en total en la silla, ni un mal canapé que llevarse a la boca en plena carga de las walkirias y unos deseos locos de invadir Polonia naciéndole a una en las entretelas.

Para más inri, algunas representaciones comienzan a las 17.00 horas, idílico momento del día propenso a la siesta digestiva, en caso de ser pensionista o desocupado. Si no se goza de los placeres del Inserso o se es funcionario, también se trata de la hora en la que laboras para pagar hipoteca y otras desgracias personales.

Imaginando unos taperguares curiositos en los bolsos de las futuras oyentes de Wagner, pertrechadas también con las compresas y salvaslips que anuncia Concha Velasco para la incontinencia, me decido por el partido del Granca de este miércoles. Para el fin de semana, el Salitre en El Burrero, con todos los estribillos de Barricada.

Esperando que Polonia siga segura después de mañana y que los valientes que se arriesguen al empacho nibelungo mantengan intactas cordura y salud después de cada función, me voy a casa con mi librito erótico de Rosario Valcárcel y mis CDs de La Mota de Polvo. Sexo y Satie para combatir el estruendo del paso de oca entre las butacas de un teatro.

Nepotistas perdidos

No sólo pasa en el Pérez Galdós. También pasa en el Banco Mundial. El presidente de la institución y arquitecto de la guerra de Irak, Paul Wolfowitz, no piensa dimitir pese a las presiones para que abandone el Banco por haber decidido que se ascendiera a su novia, Shaha Ali Riza, y se le subiera el salario. La mujer está cobrando más de Condi, además de enchufadita perdida.

Quizás Shaha triunfe por su valía profesional y no por estar hablando con ese lamepeines, cínico profesional y parte de la Historia gracias su colaboración en la invasión de Irak.

Sin embargo, el que Wolfowitz encabece una institución que tradicionalmente se encarga de ponerle la pierna encima a los países más pobres del planeta y el que le apoyen sus ex coleguitas de la Casa Blanca me indica que Shaha es probablemente una inútil que se agarró al interfecto para subir como la espuma y que tiene la validez para su puesto de Homer Simpson para dirigir su central eléctrica.

La nulidad de algunas personas para su trabajo me lleva de nuevo al Pérez Galdós, con un movimiento de boomerang grácil cual trino de Edith Piaf. Sin embargo, como diría el barman de Irma La Dulce, ésa es otra historia y me limito a enviar mis sentidas condolencias a los que sufran a novias, mujeres o primas de alguien influyente y tirando a nepotista en sus carnes.

Incluidos los medios de comunicación grancanarios.

Tribulaciones de una bloguera (II) : maldita inspiración

Lo de ser o no ser es una minucia al lado del "escribir o no escribir" que un ser sentenciado a un blog se plantea cada día. La autoestima del bloguero es frágil, como una amapola recién surgida con las lluvias a la sombra de un roque. Las inseguridades, demasiadas. Los temas, si no quieres recurrir a menéame y lo más típico y deseas ser original, pocos y escurridizos. La atención del lector tira a breve, cabra loca, volátil. Los trols esos, a sicópatas.

En mi caso, además, no tengo la especialización de Víctor, la Confitura de Fresa o Jacques, ni la hiperactividad de Manolo o Fran, ni el toque kamikaze de Charlie y Miguel, por ejemplo.

Este blog es un cajón de-sastre en el que lo mismo entran cosas que escribí hace tiempo que mis opiniones (totalmente personales y subjetivas) sobre literatura, cine o teatro, mi trabajo, mis calenturas por politiqueos varios, mi familia, el sexo, ... Cosas que, en principio, me temo que me interesen a mí y mis circunstancias.

Y aunque eso no es incorrecto, supongo, porque se trata de una bitácora personal y lo de menos debería ser, supongo otra vez, el que exista un hipotético lector ahí fuera ... lo cierto es que una empieza a fijarse en las dichosas estadísticas, imaginar qué puede interesar a esos lectores hipotéticos y entrar en una crisis de ansiedad.

Al analizar lo que más se lee en mi caso, observo que normalmente tiene que ver con sexo: llámese escote o nalga. Precisamente sexo y Viggo Mortensen son las categorías más visitadas del blog. Sin embargo, las paradojas de la blogocosa son infinitas y también observo que la mayoría de los comentarios provienen de hombres ... a los que en teoría el labio partido de mi héroe favorito deja fríos. Así que no me cuadran las estadísticas con la respuesta evidente a la cosa.

Concluyo diciendo que una es de natural erótico festivo, pero me doy cuenta de que eso de tener público masculino, a veces, me contiene. Y confieso, contrita, que escatimé babas con los 300 y que a Viggo lo abandono con frecuencia por Kapuscinski, los lieder, Víctor Ramírez o el cine de ensayo.

En fin, que por esto de la blogosfera, al final me está entrando complejo de ameba esquizofrénica y la inseguridad, al enfrentarme a la pantalla en blanco, me tiene engruñadita frente al teclado.

Ayssss (que diría Yeya), el blogomundo es adictivo, como el chocolate negro rebosándose, calentito y perfumado, sobre el helado y el brownie empalagoso de un VIPs cualquiera.

A las mil cicatrices y el olor a caballo de Viggo Mortensen pongo por testigos.

15 de Abril 2007

Salvapantallas. Entre nalgas anda el juego

Trabajo mentalmente en el discurso para la boda de mi hermano, que tendré que leer en público -algo que odio casi tanto como las rotondas y la política exterior de los Bush- con un fondo de gorgoritos de tenor. Y por esas cosas de la vida, me encuentro inmersa en el proceso de eliminar el panegírico sobre la convivencia en pecado, las reflexiones críticas sobre la iglesia y la palabra multiorgasmo, cuando se me desvía la neurona -por una extraña asociación de ideas- hacia las nalgas de Jude Law.

Una amiga me comentaba hace poco que los lomos de este hombre, tan poquita cosa él en todos los sentidos, han sido elegidos en una encuesta como los mejores de Hollywood. Y, sinceramente, no lo entiendo.

Para mí, unas buenas nalgas son las de Burt Lancaster, marcaditas en un pantalón pirata. O, si nos ponemos contemporáneos, las de Mel Gibson en los ochenta, rellenando estupendamente unos vaqueros y bien peluditas. Pero las de Jude …

Esta encuesta ha sido la gota que colma mi vaso de tolerancia por las modas: me envenena este furor por la metrosexualidad y el hueso. Así que creo que voy a reivindicar a partir de ahora la tripa cervecera, la alfombra pectoral de vello rizado a lo Austin Powers y las alopecias galopantes en los hombres. Y clamaré cada día por la vuelta del cromañón ensopado en testosterona.

Porque aunque admito que hay otros flacos que me parecen morbosos, tipo Adrien Brody o Dave Grohl, creo que sólo a alguien sin criterio o a un pervertido podría atraerle la idea de hincarle el diente a una nalga de Jude Law.

Principalmente, porque no veo diferencia entre ella y el culito de Shinchan.

Canarias7.es - 15/09/2005

Salvapantallas. Querido Colin Farrell

Te escribo desde Gran Canaria, islita adorada por tus compatriotas propensos a la quemazón épica tono langosta en ebullición, para decirte que no me creo una palabra de lo que afirman tus compañeros de escuela sobre tu infancia.

No niego que tus paisanos son gente simpática, divertida y juguetona, hasta que traspasan el umbral de la décima pinta de guinness y caen bajo la mesa agarrándose a tu rodilla. Afirmo que tienen un arte especial para hacerte sentir bienvenida, empatizada y hasta deseable cuando les visitas en tu ínsula maravillosa. Pero también declaro que los hombres guapos son, en Irlanda, raros como una arruga en el torso casi plastificado de Brad Pitt.

Es por eso que sé que, cuando tus compañeros de infancia te critican por pijo, afeminado y niño de mamá en un libro, sólo les corroe la envidia. Lo aseguro porque tú y mi amigo Marco son los únicos irlandeses guapos que conozco y creo que el resto del hemisferio macho irlandés les tiene que tener, por fuerza, manía.

Si protestaras o protestases en nombre de todos los protegidos de San Patricio, te diría que tienes razón y probablemente, la belleza no es suficiente excusa per se para destriparte públicamente. Así que deduzco que es el recuerdo de lo que surgía cuando te bajabas la cremallera de la bragueta lo que les molesta todavía.

Y profetizo que entonarán enrevesadas fórmulas gaélicas para insultarte, desde tu tierna infancia superdotada hasta que se hundan Newgrange, Tara y todos los puentes del largo Liffey.

Son celos, Colin. Tú, ni caso.

Canarias7.es - 10/09/2005

14 de Abril 2007

Tribulaciones de una bloguera (I) : las estadísticas

Yo era una persona feliz, ignorante de los ranking, como diría Marisa Paredes, hasta que me abrieron un blog. Ahora vivo pendiente de mis estadísticas y, lo que es peor, de las de José Barrera, Paco Santana y Esther Pérez y Mónica Torres, que suelen ser más altas, rubias y con los ojos azules que las mías. Sin embargo, eso no es lo único que me quita el sueño desde que entré en el fascinante mundo de la blogocosa.

Están también esos misterios denominados comentarios y otro fenómeno paranormal, digno de Iker Jiménez, que son las subidas y bajadas de visitas.

Respecto a los comentarios, decir que no aparece ninguno durante siglos, para dar paso a una avalancha (por comparación) inexplicable de repente ... cada cierto tiempo. Preguntas que quedan sin respuesta (todavía no sé cómo se come en el Sakura IV ni cómo celebrar el Día de la Entrepierna Masculina) y discusiones que no esperaba surgiendo de entradas a las que no veía yo tanta intríngulis. Adeptos -Nenito, Víctor, Carlos, Ruyman, Esther-y sorpresas como el compañero de trabajo de mi hermano que le restriega por el cibermundo la alopecia, Neketan Pd o Javier Moreno, mi crítico de música clásica favorito. Y ojos bajo la cintura a las ristras de comentarios en otros blogs que me ponen verde de envidia, con llamaradas de basilisco en los ojos y espuma hidrofóbica en las comisuras de la boca.

Respecto a las visitas, no me quejo, pero llegan récords como el de ayer (¡783 páginas solicitadas!) y entro en modo pánico escénico, seguido de un ataque de codicia incontrolable: quiero esas y más cada día.

"¡Mi tesoro! ¡Mi tesoro!", gimo como un Gollum transtornado por las esquinas de mi casa, imaginando preguntas retóricas, temas, entradas y complots judeomasónicos y mirando de reojo a ese portátil que a veces es mi anillo único personalizado, mi amor y mi condena.

pd. Por cierto y una vez más, si hoy pasan por los alrededores del Pérez Galdós, lacito amarillo al canto.

Salvapantallas. Víctima del 'Katrina'

Hoy me siento como si el Katrina me hubiera pasado por encima. O mejor, como si estuviera alcanzando fuerza cinco de Saffir-Simpson bajo mi camiseta.

Podría ser porque ayer estuve de compras con mi madre en el Hiperdino y la experiencia me recordó a mi infancia, arrumbada en una esquina del Corte Inglés, mientras ella examinaba meticulosamente cada perchero y cada estantería unas quince veces, planta por planta y sin gastarse una peseta.

Con la edad mi madre ha cambiado: ahora parece que quiera hacer frente a la crisis humanitaria en Níger cada vez que llena la nevera. Y eso estresa si una es la porteadora y chófer oficial de la ONG Carmencita.

También podría ser un arrebato pasional. Después de todo, me cojo pasiones un día sí y otro también, como una J-Lo pre-Marc Anthony cualquiera. El amor loco me transtorna con frecuencia, ya sea por un hombre con novia, una canción de Danko Jones o una escena del telediario en la que aparezca Sean Penn visitando a los iraníes. Así que puedo relacionar palpitaciones con sexo.

Sin embargo, me temo que en realidad, lo que me pasa es que sufro una depresión postvacacional. Algo raro, si se considera que no he tenido vacaciones y sólo he visto disfrutarlas a los demás, Zapatero incluido.

Termina agosto y he pisado la playa exactamente cinco veces, he tomado la redacción como mi romería particular permanente y a los camioneros de El Sebadal como compañeros impenitentes de atasco, en vez de sestear pacíficamente en Las Canteras.
Se termina el mes y ni me he dado cuenta. Así que Katrina me ruge dentro, a punto de reventarme la caja torácica.

Canarias7.es - 01/09/2005

El Pérez Galdós se reinaugura

Ayer paseé por Triana un rato. No porque tuviera tiempo libre, forma física y ganas, sino por trabajo. La gente deambulaba feliz, sonriente, marcándose algunos pasos, casi en estado de estupor dichoso, porque había varios escenarios con música, ambiente festivo, luces, técnicos de sonido, voluntarios de ONG, ... porque la calle bullía de vida. Ayer comenzaba el programa de actos de la reinauguración del Teatro Pérez Galdós.

Hasta a mí se me contagió esa especie de embriaguez sin alcohol, con la música y el barullo. Me invadió una especie de síndrome navideño positivo, porque las calles de esta ciudad son para la música, el encuentro y el paseo en estado de estupor feliz, no para vadear zanjas y coches mal aparcados, brincar sobre excrementos de perro y aterrarse con el ulular de las sirenas.

Salías de Triana y te asaltaban el guineo de las ambulancias y de las obras frenéticas, el polverío, las vallas, los obreros apurados, los golpes, los guardias armados con libretitas de multas, los operarios cargando con geranios y las farolas futuristas, con un punto de horrible modernidad, que ciñen la cintura del teatro. Triana, Vegueta y sus alrededores estaban tomadas por la policía local y la nacional. Y no se veían lacitos amarillos en todos los escotes.

Pero escribí mi texto, hablé con Tato Gonçalves y José Antonio Giraldo, olvidé por un momento las luchas políticas que enturbian el cariño que se le puede re-coger al teatro y me llevé unas imágenes de la tarde que cuelgo a continuación.


13 de Abril 2007

Amarga despedida

Rafael Amargo deja España, perseguido por el fantasma del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife. Mientras, Leo di Caprio posa con el oso polar más famoso del planeta en la portada de Vanity Fair, la revista con la que Bono intentó poner de moda África. Y yo recibí esta mañana vía sms una invitación para homenajear a la República (junto a la escultura de Negrín, a las 20.30 horas de esta tarde) y una propuesta de lazo amarillo en el correo electrónico. Además, Llibert Fortuny trae su saxo desvergonzado y postmoderno hasta el Paraninfo de la ULPGC esta mismita noche.

Como Jack El Destripador, ante tanta información considero que hay que proceder por partes.

Lo de que Amargo emigra a Los Angeles, meca de la estupidez donde también se instalaron hace un tiempo los Beckham con su supuesto vibrador dorado, me parece absurdo. Creo que el bailaor más difamado de la Historia se precipita y le sugeriría que siguiera el ejemplo de Ana Rosa Quintana.

Esa impasible reinona televisiva aguantó el chaparrón cuando se destapó que su libro era obra de un negro o autor privado , que además plagió a un tercero. Apretó los dientes, mencionó un fallo informático y tiró para delante. Ahora ahí la ves, en Telecinco, tan digna como si jamás hubiera roto un platito de loza y convertida en un dechado de virtudes.

O si AR se le queda grande, le diría que se fije en Belén Esteban, que sigue en la tertulia de la susodicha como si nada, después de lucir esqueletopalmito en mallas en uno de los play backs más patéticos que jamás se han documentado.

La moraleja, Rafael Amargo, es que todo se olvida en este mundo veloz, frívolo y ruidoso. La cosa es sonreír como un imputado en una corruptela municipal y esperar a que escampe.

De Leo tengo poco que decir, porque todavía me dura el disgusto con sus "ja" en Diamante de sangre, y de Knut, que me alegro de que siga vivo ... de momento.

Del homenaje a la República, que Negrín va a estar muy bien acompañado esta noche, con la oleada de conciertos que inundarán la zona aledaña al Teatro Pérez Galdós en la víspera de su renacimiento. Del lazo amarillo, que ya luce sobre mi pecho izquierdo y mi corazón indignado con el nepotismo. Y de Llibert, que el destino me separa de su persona, acomodada dentro de esa camiseta suya sin mangas, y de los guiños pícaros de sus ojitos vivaces.

En cuestión de minutos bajo a Triana, a observar el panorama musical.

pd. En media hora, el Cuarteto Alegoría en la calle San Pedro. A las 18.00 horas, Mompy Jazz Quartet y una exposición de Tato Gonçalves en Triana y el Cuarteto Atlántico en la calle Losero. A las 18.30 horas, Yone's Timple en la calle Mendizábal. Etc. etc. etc.

Salvapantallas: Como una tapia

Esta mañana observaba la marea de coches que me engulle cerca del Sebadal cada día, presagiando que acabaré viviendo un flechazo con un camionero y hasta criando a cinco churumbeles en un atasco capitalino a la altura de Belén María.

Al llegar a la redacción, una ola de aire acondicionado polar me ha recibido y he sentido que mis veinte dedos pugnaban por escapárseme del cuerpo hacia el paraíso de los miembros amputados por hipotermia.

He tiritado, pero he hecho acopio de valor y me he encaminado hacia mi sitio, segura de que -cuando salga de la redacción- malviviré un día más esta calima que emborrona el cielo y aplatana, que convierte el coche en un horno sobre ruedas y te baña en sudor en cuanto tienes la ocurrencia de respirar.

Después del café y agobiada por cambios de temperatura casi menopáusicos, he abierto mi correo electrónico para leer sobre un estudio de la Universidad de Sheffield acerca del cerebro masculino.

Los científicos afirman que la voz de la mujer es tan compleja, que requiere de los hombres gran concentración y la utilización de un área del cerebro que no tiene que ver con el lenguaje. Que oírnos, «les cansa rápidamente».

Y aquí he visto, con satisfacción, la confirmación científica de una de mis teorías más antiguas: «los hombres son impermeables a todo lo que venga de hembra, a excepción del impacto visual de un desnudo o el físico de una patada, por ejemplo».

Y, por tanto, me resigno, por genética y meteorología, a sancocharme en mis propios fluidos un día más, en cuanto pise la calle, y a departir con tapias el resto de mi vida.

Canarias7.es - 30/08/2005

Cien entradas de este blog

Según supersugerencia de Nenito y a modo de celebración de este aniversario, intento una enumeración con las cifras básicas en este blog, apuntando que en negrita figuran las aportadas por el susodicho, que además son las mejores de la lista. Empiezo con "un Anillo para gobernarlos a todos, un Anillo para encontrarlos, un Anillo para traerlos y en la oscuridad unirlos", sospechando que no tengo fuelle ni argumentos para llegar al cien.

Siguen dos pezones erectos con este tiempo cambiante y tres libros presentados en lo que va de blog.

Cuatro ruedas tiene mi monoplaza, a ratos con tacha incorporada y otras veces, vapuleadas como espartano sabroso entre guardias muertos, baches y zanjas electorales. Cuatro semanas de la francofonía, cuatro Sakuras y cuatro pinchadas de Neketan en lo que va de año.

Cinco lobitos quiere tener la Loba. Seis series no hay que perderse, que diría Yoda, y enumero Earl, Supernatural, Mentes Criminales, CSI de Las Vegas, Monk y Ley y Orden: Unidad de Víctimas Especiales. Ocho festivales de cine hasta llegar a Susan Sarandon. Nueve actrices para La Caja. Diez primaveras de la Pequeña Miss Sunshine y diez autores en Generación XXI.

Once Blogs & Gofio. Doce parches anticonceptivos. Unos trece calçots calcinaditos en Valleseco, más trece buches largos de porrón de vino enturbiándole a una la mirada. Un 14 de febrero, San Valentín y agua. Un índice de masa corporal del 18 por ciento para Cibeles multiplicado hasta el infinito en la el número 2 de la calle Chile de Vecindario.

Veinte besos a la leica de Cartier-Bresson y veinticuatro horas sin móvil. Veintidós provincias en la China Milenaria. Un 25 % de subida en el establecimiento de llamada de las tres compañías principales de telefonía móvil del país. Un 27 de marzo pegada a la barra del Cuasquías, con los Síndromes de Estocolmo. Sobre 29 comentarios de Nenito.

Unos treinta mariguanados entre El Sol y sus alrededores. 36 años casi recién cumplidos. 37.4 kilómetros hasta Vecindario, do moran la Neketan y el Hombre. 39 lambuseos por lado del cuello de Johnny Depp y por pectoral de cemento de profesor de bachata.

Cuarenta dedos haciendo el saludo vulcano. Cuarenta y dos frenazos chirriantes en rotonda. Cuarenta y cinco "¡au!" sonoros por minuto. 49 años de Viggo Mortensen en octubre.

Cincuenta bolsitas de maltesers en otras tantas tardes en la redacción. Cincuenta y dos tollos mentales a Jiménez Losantos y Victoria Beckham. Cincuenta y cuatro nolotiles para superar ese taladrar perpetuo en el balcón, perpetrado por obreros tonelescos y requemados. Cincuenta y cinco erres imposibles en boca del Hombre. Cincuenta y siete golpes de cabeza con Wolfmother.

Sesenta y dos febreros para mi madre y sesenta y nueve junios para mi padre. Sesenta y cuatro langostas de Broome, con una guarnición de sesenta y cinco mangos. Sesenta y siete suspiros por fotograma de La vida según Ofelia.

Setenta brincos al ritmo de Goran Bregovic. Setenta y tres minutos con Danko Jones en el coche. Setenta y cinco maldiciones al Mendoza Chico cuando encaro mi portátil cada noche. Setenta y siete citas memorizadas de Sexo en Nueva York.

Ochenta por ciento de cacao en el chocolate de Yeya. Doble ochenta y nueve para mi toyota.

Noventa y tres lágrimas con La Sonata para un Hombre Bueno. Noventa y cuatro capítulos de Pepe Le Pew en la memoria. Noventa y seis STOPS traicioneros. Noventa y nueve chais planeando leer a Víctor Ramírez.

Cien entradas en este blog.


12 de Abril 2007

¡Au! ¡Au! ¡Au!

Como diría Diego y como gritaban esta noche, en la sala oscura del Muelle, esos 300 espartanos viriles, contusos y semidesnudos: "¡Au! ¡Au! ¡Au!". Todavía me dura la impresión de verlos cargar de madrugada, contra un fondo de rock y a cámara lenta, todo abdominales en acción, armas centelleantes y capas al viento. E intuyo que acariciaré esa imagen, hasta desgastarle todos los bordes, cada nochecita antes de que me venza el sueño. Por lo menos, durante una temporada.

Tras una breve meditación y un poco de chocolate, las observaciones que tengo que hacer respecto al filme son las siguientes:

1. Nenito, fue sabio por tu parte el evitar la salida del cine esta noche, pues con la bilirrubina alborotada y carne cerca, a los séforos pongo por testigos de que el lobo de Leónidas se mutaría en baifita aplatanada a mi lado.

2. Me maravilló la salud de hierro de Leónidas y Gorgo, capaces de resistir las corrientes que se arremolinaban en su dormitorio mientras se daban mutuamente para el pelo antes de la batalla sin un estornudo.

3. Con esa forma de cargar de la falange, me llevaría a los 300 de excursión a Triana en la noche de Reyes, a quebrar costillas y abrir paso en cuña entre tanto noctámbulo y tanto puesto mal ubicado. O de rebajas o al concierto de Luis MIguel, a hacer un poquito de destrozo.

4. Recomendaría al Capitán Artemis que jamás se soltara la melena al viento, a riesgo de emular a Hernán Cortés poniendo pie en las Indias. Igualmente, mataría al estilista que disfrazó de drag queen a Rodrigo Santoro aka Jerjes, lo maquilló de arriba a abajo y le puso piercings hasta en la rabadilla. Y puestos a sugerir arreglos estéticos, menos ropa y ortodoncia gratis para la mayoría de las tropas persas, que se barruntaban halitosas y tirando a canijas bajo tanto trapo.

5. El momento gay ... mejor sin comentarios.

6. Apunto Michael Fassbender, Vincent Regan y Tom Wisdom en mi agenda mental como referencias para el futuro. Aunque a Fassbender y Wisdom los engordaba un poquito, hasta notarles la tripita bajo la tableta de chocolate, como a ese pedazo de Gerard Butler.

En resumidas cuentas, decir que 300 me gustó visualmente mucho, me pareció entretenida y me hizo tantear, lujuriosa, el brazo de Ivana cada vez que esos buenos mozos espartanos sacaban pecho y correteaban por el borde del acantilado destripando gente. Sin entrar en el mensaje, lo pasé bien. Por más que recordara a El señor de los Anillos o Gladiator.

Y poco más me queda que agredir ... salvo un ¡Au! ¡Au! ¡Au! final salpicadito de sangre.

11 de Abril 2007

Salvapantallas: Entre diluvios

Atravieso El Sebadal, hendiendo la grumosa mezcla de calima y panza de burro que cubre el escailain de Las Palmas, en procesión con la mitad de los camioneros del puerto. El asfalto huele a cherne y freno de camión quemado y todavía llevo encima el peso de los teletipos, cargaditos de sangre.

Además, voy enchumbadita por culpa de este calor pegajoso, de sábana mojada que te tapa, y el enchumbamiento se extrema escuchando a Bryan Adams e imaginando que Johnny Depp me lambusea en pleno atasco.

Dicen que hay gente de vacaciones, pero creo que eso es sólo un rumor malicioso: en realidad, todos esperan dentro de sus coches, en los recovecos de la ciudad, para colarse delante de mi monoplaza e interponerse entre mí misma y el mando del canal satélite, ése que me transporta a Minas Tirith en la hora de la siesta.

Las clases de salsa escasean y el calor me pone más rebenque entre los brazos de mi profesor. Más parezco Shin Chan que una diosa del baile latino: le piso, desobedezco y mareo, intentando desviar la mirada de sus pectorales de cemento.

Y lo peor es que, con estos calores, cuando llego a casa, siento solidaridad con Victoria Beckham y ni puedo mirar las tapas de un libro sin sufrir una tontura.

En fin ... menos mal que me quedan el portátil y mi proyecto de novela a lo Sinaja. Mientras me derrita en esta noche casi monzónica, describiré cómo Viggo Mortensen me cruza la espalda a mordiscos en la playa de Broome, Australia. Y ahí sí que no habrá quien me salve de la lipotimia.

Canarias7.es - 20/08/2005

Un 'trekkie' en la familia

Ocurrió durante la práctica de baño de Diego de anoche. El niño más lindo, risueño e inteligente del Universo ya estaba bien limpito, seco y con el pezón de la madre entre los labios. Levantó una manita diminuta y llena de hoyuelos hacia la cara de ella ... con los deditos unidos para formar la "V" enmedio, el típico saludo vulcano. Así descubrimos que Diego es trekkie.

Lo cierto es que, además de opositar a trekkie, Diego parece prepararse para dirigir una orquesta, con su bracito trazando círculos en el aire mientras mama de su biberón con una mezcla de cereales y leche. Y luego ejerce a ratos de E.T., tocándolo todo con las puntitas de sus dedos, como tentáculos curiosos.

Crece a toda velocidad, sin parar de reírse mientras la ropa se le va quedando chica. Anoche también le peinaron su fino pelito castaño por primera vez: Antonio cogió un cepillo suave y le partió la raya cuidadosamente a un lado. Mientras le peinaban, Diego capturaba brazos que pasaban al vuelo, jugueteaba con la chupa, hablaba consigo mismo, hacía la bicicleta dentro de su trajito colorado.

Faltan días para mi baja maternal: para que pase con él una semana, ejerciendo de padre, madre, cocinera especializada en papillas de fruta, Antonino particular y lo que se tercie.

De pensarlo, a veces entro en modo pánico. Pero otras veces, imagino su saludo trekkie en mi escote, mientras sus enormes ojazos azulones se ríen y la chupa del mejor papá del mundo le tapa la boquita sin dientes.

Y ensayo mi saludo vulcano de respuesta mientras intento memorizar sus raciones de cereales y hierbas.

10 de Abril 2007

Y cuanto más aceleran

Hoy me detuve, con el solajero de la mañana, junto al Pérez Galdós y la obra se me impuso en toda su faraónica locura. Parece un hormiguero semiderruido, con sus obreras corriendo entre los desmorones, la reina hecha un camión grúa y una actividad frenética al pie de las palmeras amordazadas. Carreteras provisionales, vallas escoradas, peatones confusos y polvareda acuden al teatro como moscas a la miel.

Miré con un poquito de tirria hacia la obra, en verdad les digo, porque llevaba clavada otra tacha en una goma, la rueda medio desinflada y un poquito de mala sangre en las venas. Cosas propias de la época electoral, con tanta inauguración pendiente y tanto infierno en la vía pública.

Leí hoy en este periódico que más de la mitad de los billetes en circulación por este país son de 500 euros. Puro rumor, supongo, porque jamás he visto uno de esos. Sin embargo, si se hiciera una estadística de los habitantes de esta ciudad castigada por una climatología esquizofrénica y unos políticos amantes del ladrillo y el cemento, estoy segura de que más de la mitad son obreros de la construcción. Algo que es constatable a simple vista, al contrario de lo que sucede con esos billetes, cuyo color ni siquiera me imagino.O que yo encontré constatable, al pararme al lado de la obra esta mañana.

Entonces también observé que en ese aparente desorden lunático hay un orden y una pachorra.

Dos obreros se encendían mutuamente el pitillo mientras miraban a un tercero que, hucha al viento, enchufaba algo. Otro paseaba erráticamentre bajo las palmeras. Uno más se apoyaba en la concretera, como traspuesto con el rugido de las máquinas. En resumen, nadie parecía hacer nada al abrigo del caos urbanístico reinante y me pregunté por qué especie de milagro divino sería posible que se concluyera la obra este sábado, sin espectadores lesionados de un ladrillazo ni tacones empitonados en ese parque improvisado.

En cualquier caso, lo cierto es que, cuanto más aceleran con esa obra y con el proceso electoral aparejado a ella, más calentita me pongo, como diría el Fary II.

Desde Mordor con amor

Los días se estropean a toro pasado, como si el poder divino (indudablemente maligno) que le destroza a una los planes playeros del fin de semana se hubiera confundido de fecha o se resarciera de la felicidad de esta Semana Santa luminosa y cálida. Escribo en el salón familiar, mientras mi padre lee en voz alta, casi sílaba por sílaba, el principio de Salvapantallas. Fuera, junto al bar de tapas El Sol, se arremolinan los mariguanados de toda la vida.

Uno ya me echó un ojo lúbrico a las caderas, rotundas de nacimiento y acrecentaditas gracias a la pastelería Neketan, cuando entraba en el zaguán. El otro ojo se le fue a mi coche, calculador y entrecerrado, antes de que el hombre me recibiera con una verónica -lengua confusa y ojos pitañosos estropeando el efecto torero- y atropellara proposiciones decentes a mi paso.

Otro borracho se apoyaba en el capó de la furgona de mi padre, indeciso, y mi pretendiente aprovechaba los huecos en nuestra conversación para darle consejos ... probablemente inspirados en un conocimiento profundo y de primera mano de las melopeas antológicas y las resacas.

Está chispando. Hace un día feo, con cielo a lo Mordor y calles tristonas.

Dan ganas de quedarse embelesada frente a la tele, con un libro y una mantita fina, como un Pau Donés cualquiera. Pero una tiene que ganarse los garbanzos con el trabajo diario y le esperan el Perinqué, Cultura y la madre de todas las reaperturas.

Maldita sea mi suerte, suspiro, mientras escucho a mi pretendiente de bar, con el aliento fermentado y la nariz fañosa, desincrustando al otro borracho de la furgona de mi padre para meterlo en El Sol de nuevo.

Más reventada que ayer ...

Pero menos que mañana, si sigo con este ritmo, cuelgo un par de fotos de la presentación de Generación XXI en el Cuasquías. Una ocasión íntima y deliciosa, gracias al Matasombras y a Dolores Campos-Herrero. Buenas noches y felices sueños a todos los internautas, a la blogosfera y al Universo.

Dolores Campos-Herrero, en plena presentación.

El local en cuestión y mis prácticas de fotografía artístico-patética.

José Lobillo, Carmen Delia Aranda y Judith Bosch Molina, escritores y amigos.

Marisa Rey, parte del proyecto Generación XXI.

9 de Abril 2007

Fuerte partigazo

Todavía no me decido por una palabra a apadrinar ... algo que me avergüenza, sobre todo, porque me ganaron la carrera los políticos de turno. Hasta ellos, que arrastran la lengua por los pisos y la destrozan contra el micrófono pegado a los besos, tienen sus favoritas a rescatar. Y yo no puedo decantarme por una.

El otro día hablaba con Yeya de nuestras experiencias fallidas a bordo de patines, bicicletas y motocicletas. Las dos bordamos el arte de la torpeza y gozamos de serios problemas motores (sobre todo, si nos incorporan ruedas) y una cierta temeridad que nos bota por los pisos en cuanto nos descuidamos.

Yeya tiene melladas las dos tibias gracias a los patines, con los que casi se rompe las dos piernas. Yo no llego tan lejos y suelo afectar a la propiedad ajena: atropellar un coche en Dublín con la bicicleta de Muiris; estamparme repetidamente en motocicleta contra el murito que rodea el jardín de un griego estupefacto, en pleno proceso de riego de las flores al calufo, o darme el gran partigazo contra un muro, rematado por un grupo de voluntarios de la Cruz Roja, en El Garañón.

Cuando mencioné lo del partigazo, Neketan casi llora.

-Chiquillas, ustedes no saben cuánto tiempo hace que no escucho esa palabra -intervino- Par-ti-ga-zo ... - La saboreó.

Así que estoy a punto de intentar el rescate de una de las palabras emblemáticas de mi infancia, marcada por los partigazos tontos, los enguinces y los trapos amarrados a los tobillos maltrechos.

Par-ti-ga-zo.

Ablando ya no es gerundio

En Eritrea se acaba de prohibir la ablación del clítoris o circuncisión femenina por causas sanitarias. Ahora sólo falta que la erradiquen realmente de tierra eritrea y que cunda el ejemplo entre sudaneses musulmanes y otros colectivos africanos, que son los más aficionados a mutilar y sellar mujeres. Y ya puestos, entre norteafricanos y emigrantes de África que trasladan su instrumental y su práctica hasta Europa y otros continentes.

El tema de la ablación siempre me atacó.

Porque una es normalmente respetuosa con las creencias ajenas y las tolera, aunque no las comparta y le parezcan de tolete, pero eso de que le destrocen el aparato reproductor y la vida sexual futura a niñas, con cristales sucios y en condiciones infrahumanas, nunca me pareció aceptable.

Que además se haga en nombre de religión y que las principales defensoras del tema sean las propias mujeres, ya me daba ganas de retirar derechos maternales, escachar algún totizo y hasta rescatar chiquillas a lo Bush, bombardeando pacíficas pero siniestras aldeas, plagadas de cristales rotos.

No puedo soportar la idea de que se oprima a algún colectivo en nombre de la religión o de la política o de la raza. Que alguien se considere mejor que otro y le imponga su manera de ver el mundo o, peor, que se la explique vía ningunearlo, arrancarle cachos de carne de la vulva o hasta a machetazo limpio y mortal en una cuneta, como pasó hace 13 años en Ruanda.

Probablemente, lo de Eritrea sea sólo un gesto político y no llegue a las aldeas donde se le abla la vida a decenas de niñas. Sin embargo, es un primer paso, así que hay que celebrarlo.

Sin dejar de recordar que hay miles de niñas a las que se saja el clítoris o la mayor parte del aparato reproductor externo, a las que se cose como odres, a las que se abre de nuevo cuando llega el (demasiado prematuro) matrimonio, a las que se expone a relaciones sexuales traumáticas y dolorosas y a partos peligrosos, a las que se le mutila la opción de sentir y de ser dueñas de sus cuerpos, a las que se les arruina la vida y, en muchos casos, a las que se desangra en el piso de una choza o en un suburbio europeo.

Y que nadie invade países en su nombre.

Tras el último golpe de incienso

Acaba la primera Semana Santa con sol y cielos gloriosos que recuerdo en 36 años de existencia. Además, Diego subió al Chorrillo de Tejeda este viernes, por primera vez en sus cuatro meses y pico de vida, a echarle uno de sus ojazos de color azul oscuro a los naranjeros y devorar su primera papillita con fruta. Su sonrisa pilla y ladeada encandiló a la rosarina Ivana, que ahora, por supuestísimo, piensa en dejar a Leandro por el niño más lindo y simpático del Universo. En esta Semana Santa de primicias, el sancocho sabía más bueno que de costumbre y el Hombre pasó el primer examen oficial familiar ... creo. Sólo como amigo, bien sûr.

Comienzo el lunes -después de tantas emociones- con Earl y una comedia del 92, Sólo falta el asesino: James Belushi, John Candy, Cybill Shepherd, Sean Young, George Hamilton, Ornella Muti, ... parpadeando en Paramount Comedy.

La semana se presenta, por un lado, maravillosa, porque esos nazarenos con aspecto de buscar afroamericano que linchar se han esfumado, con el último coletazo del sahumerio, las notas siniestras de alguna marcha fúnebre y los pasos sanguinolentos.

Peeeero ... también se presenta trufadita de dificultades, con páginas especiales dedicadas a la reapertura del Teatro Pérez Galdos, ahora más grande y rotundo, como algún producto de talla homérica de la marca Durex.

Más trabajo, entre entrevistas y nibelungos, ruedas de prensa frenéticas, sopladeras, voladores, obras a medias enterradas entre entullos y vergas, atascos, etc.

Preparo el supradyn, feliz porque Mario Alonso regresa hoy a Cultura, padre de Lara desde el 19 de marzo, y porque no me toca leer en la presentación de Generación XXI esta noche. Como una nueva conversa al método Silva, me prometo que va a ser una semana linda, con solajero, algo de ventanía y un brochazo de calima. Una semana de playa, música alegre, maripositas blancas y olor a mar.

Para todos. Que es una y cobarde.

8 de Abril 2007

Microrrelatos

Mañana, lunes, 9 de abril, a partir de las nueve de la noche, la Sala de Música en Vivo Cuasquías será el escenario de una nueva presentación de Generación XXI, un libro colectivo de relatos breves escrito por gente que es de Canarias o vive en las Islas. Ya se presentó en Ámbito Cultural hace un tiempo, pero se repite el evento, esta vez algo más bucólico, junto a Alexis Ravelo y Antonio Becerra y de la mano, como siempre, de Dolores Campos-Herrero. De nuevo, todos están invitados a disfrutar de la ocasión, con una cervecita a la vera y buena compañía.

Para celebrar este momento y como breve vistazo a las entrañas de este libro, cuelgo aquí los microrrelatos que escribí para Generación XXI, una recopilación de lo más interesante y recomendable.

Noche de San Juan

A medianoche, percibimos las primeras señales de la costa: flores de fuego en el cielo y una constelación de hogueras sobre el agua.

Apreté a Zaida contra mí y sujeté con firmeza la bolsa de plástico con nuestras pocas pertenencias, cuando Hassan nos ordenó que saltáramos al mar.

Nos recibió una marea de naranjas, flores y espuma. Flotaron bañistas hacia nosotros, se oyeron risas.

Zaida y yo nadamos en dirección contraria, arrastradas por la corriente hacia la arena tachonada de velas.

Y así llegamos a la isla, en la noche de San Juan, para echar un mar a buches sobre una playa en llamas antes de que unos hombres uniformados nos enredaran en
mantas negras.

Tsunami

- ¡Tsunami! ¡Tsunami! – aullaron.

Y huyeron en una loca confusión de extremidades en movimiento.

Sin embargo, la aguadora apenas prestó atención al cataclismo que había provocado, al mover la garrafa, en el hormiguero.


Historia de un naufragio


Han pasado once años desde que me convirtiera en el único superviviente del naufragio y en mi soledad, olvidado en esta esquina de los trópicos, he fantaseado millones de veces con mi reencuentro con otro ser humano.

Desesperado, hablaba con los peces que alanceaba en la laguna, con los loritos en las ramas de las papayeras y hasta con los cocos moribundos en la arena de la playa, mientras suspiraba por otra presencia humana en mi isla desierta.

Por eso no sé qué me poseyó cuando otro náufrago llegó a la playa en el décimo aniversario de mi exilio, empujándome a apoderarme de un trozo de callao y quebrarle el cráneo ensopado en salitre.

Ahora guardo ese cráneo amigo, inofensivo, en mi choza y conversamos en las noches monzónicas sobre los peces que mastican coral en la laguna, los loritos amantes del papayo y los cocos que lame la marea.

Amor Transoceánico

El puerto amanece lleno de veleros blancos y una extraña fiebre se apodera de mí, cuando imagino a todos esos marineros forasteros paseando entre los muelles y pantalanes.

Me siento como una mariposa nocturna loca por quemarse las alas en una vela, que observe que le han trancado la ventana, dejándola fuera de una habitación llena de llamitas tentadoras.

La inquietud me domina, porque sé que en uno de esos barcos va el amor de mi vida.

Podría intentar raptarme de camino al Mar de Arafura. O podría despedirle entre lágrimas, al borde del muelle de piedra, mientras la vela de su barco se infla y flota, partiendo en dos la espuma de las olas rumbo al Caribe.

"Esta alma mía en medio del mar se siente muy sola", recito, mientras se me rompe el corazón en mil diminutas estrellas de mar y mi inútil cola de pez de bronce me fija al suelo de Copenhague.

Ayose

Desde que entré en el Club de Salsa y mis ojos cayeron sobre tus caderas, mi vida es un deslizarme de puntillas por los rincones, marcando el paso, y una serie de chuflas encadenadas de esquina a esquina, a ritmo de merengue.

Llevo dos años ya en tu clase, fingiendo –con destreza perversa- una inutilidad perfecta en las lides de la bachata. Ya nadie parece sorprenderse de mi torpeza extrema.

Podrías preguntarme por qué me expongo al ridículo y a las miradas de escarnio de los otros alumnos a diario. Y yo te diría que con mi farsa gano, porque sólo con preguntarte por figuras que conozco como si yo las hubiera inventado, me concedes el placer de sentir que tus manos pinzan mi cintura y las mías dibujan un collar en tu cuello, salado por el sudor.

Y aún me arriesgaría a más … a decirte que, cuando hoy repetimos una vuelta cubana por quinta vez en la tarde, imaginé que tus ojos no reflejaron ironía, si no una especie de comprensión que me traspasó, como si supieras que soy tu mejor pareja y comprendieras que es un amor abyecto lo que me traba las piernas.

Síndrome de Estocolmo: Maldito verano

Chupeteo, desconsolada, la boca de la botella de Festis con sabor a naranja que Ulf dejó abandonada sobre su mesa ayer y que yo -fetichista a mis años- tifé hábilmente de entre sus libros cuando le vi despistado.

Poso mis labios donde él puso los suyos y una gota tibia de refresco se desliza entre ellos, en este beso de tornillo por delegación al hombre de mi vida actual, mientras saboreo la amargura de su inminente partida rumbo a su casa de verano en la costa oeste.

Me vienen a la mente poemas de Alfonsina Storni especialmente deprimentes y me asaltan premoniciones de mi futuro, registrando las papeleras de la escuela a la busca y captura de bolsitas de snus que todavía tengan el sabor de su boca, como los mendigos que registran los rincones del metro en busca de cristal o cartón.

Me imagino llorando su ausencia en una esquinita de Djurgarden, sobre las lajas donde una vez charlamos mientras él deglutía un pedazo de tarta de arándanos y bebía un zumo de naranja Mer. Y en mi recreación del futuro, provoco suicidios entre la población avícola de la zona -que se arremolina junto a los juncos de la orilla en busca de migas de pan- con mis peroratas interminables en voz alta sobre el color cambiante de sus pupilas. Finalmente, profetizo un final trágico para mi añoranza, cuando un compasivo vigilante de la residencia del cuerpo diplomático estadounidense acabe con mi sufrimiento de un disparo desde una ventana con toldo a rayas verdes y blancas.

Desde ayer, el You go to my head de Billie Holliday gira en mi cabeza como las burbujas de una copa de cava. Porque ayer, justo antes de empujarme a la delincuencia y con la botella de Festis mediada a la vera, Ulf señalaba con su dedo una foto del periódico donde aparecía una terraza con una gaviota para decirme que trabajaría allí durante el verano. Sirviendo bocadillos de gambas a adolescentes aleladas, probablemente, con el flequillo blanco de sol y los ojos de color cambiante (azules, grises, verdes, amarillos) amagando tonturas en las incautas.

Ayer parecía tan relajado y feliz, con su camiseta blanca, la piel dorada en los pómulos y esa chaqueta vaquera en la onda Footloose que le convierte prácticamente en un chiquillo travieso. Su sonrisa me hablaba de largas mañanas buceando en las corrientes templadas del mar del Norte, de su porche de madera, de largas noches luminosas haciendo el amor con Pernilla. Y sus ojos eran como ventanas abiertas al abismo, en las que yo caía cual William Katt por el espejo del cuarto de baño en House.

Sentí un dolor lacerante en el pecho ... puede que fuera porque me cargué mi sujetador favorito en la lavadora comunal y el aro metálico se me clavaba en la carne. O puede que fuera porque el amor es breve y el olvido es largo y mis besos al fantasma de Ulf viajan en veleros azules hasta la costa oeste, sin llegar a su destino, que diría Neruda.

El sol parece haber huido hacia el oeste también, donde el cielo siempre está despejado y la brisa es suave y salitrosa. Hoy las nubes enladrillan el pedazo de atmósfera que separa Estocolmo del espacio exterior, probablemente porque Ulf se marcha y también ellas le echan de menos y planean llorar sobre mí y mi desconsuelo.

Me relamo el gusto a naranja y a labio amado de nuevo frente al ordenador, al tiempo que Bono taladra mis pabellones auditivos gimiendo que puede vivir con o sin Ulf.

Maldito verano.

7 de Abril 2007

Prisioneros de su propia casa

Una información de Efe hablaba esta semana sobre los hikkikomori, alrededor de un millón de adolescentes o jóvenes adultos, en su mayoría varones, que viven voluntariamente recluidos en casa o incluso en su cuarto durante años.

La nota ponía que ...

Normalmente el problema comienza en la adolescencia, tras sufrir casos de hajime (acoso escolar) o de falta de adaptación, a causa de la tremenda presión social que existe en Japón para no salirse de la norma. Los individuos especiales sufren la presión de sus compañeros, ya que en Japón el aspecto exterior es muy importante, y algunos un buen día se encierran en su cuarto u otra habitación de la casa y se niegan a salir durante largos periodos de tiempo, que pueden durar hasta años.

Según Efe también ...

La rigidez social de la cultura japonesa imprime mucha presión a los jóvenes, de quienes se espera la excelencia en las actividades que desarrollan. El fenómeno hikkikomori, que afecta a uno de cada 40 hogares japoneses, está relacionado en algunos casos con el fenómeno otaku, palabra que describe a los fanáticos de cómics y videojuegos. Algunos hikkikomori pasan el tiempo durmiendo durante el día y jugando a videojuegos o navegando en Internet durante la noche, porque les resulta más fácil moverse en un mundo virtual que en el mundo real, donde es necesario hacer esfuerzos.

Yo entiendo lo de esta gente y lo comparto totalmente.

Hay días en que no sé qué camiseta ponerme y todo me sienta especialmente mal, así que me dan ganas que elevar una pira funeraria con toda mi ropa y las memorias de Naomi Campbell y encerrarme en mi habitación para siempre.

También hay días en que miro por la ventana antes de salir a la calle y, al contrario que hoy, el cielo está grisón, amulado y empanzado; la gente, cabizbaja y fea; las calles, sucias y hasta las palmeras se coronan con copas gachas, como bajo el peso de una convención de picudos rojos con jilorio. Días en que cogería varias tabletas de chocolate negro y me recluiría en un cuarto con sofá y televisión de pantalla gigante, a olvidarme del mundo y que el mundo se olvide de mi existencia.

Otros días, como este atípico sábado santo, hace un día espectacular.

Debería salir a la calle, a disfrutar del sol y los pajarillos. Pero llego cansada de ese Chorrillo que reposa, blanco y pacífico, en una ladera de Tejeda y me decido por volver a la cama y hikkikomoriar un rato.

Esta noche, Carmen Machi. Y un paseo por la tibia noche enlunada que se espera en Las Palmas de Gran Canaria ... si no me sale el nipón rebenque que llevo dentro, claro.

5 de Abril 2007

Hecha un cristo

Y nunca mejor dicho, después de patearme Vegueta detrás de las imágenes que participan en la Procesión del Encuentro. Jueves Santo, que no festivo; capirotes tomando el laberinto de callejuelas empedradas de la ciudad vieja y un rebumbio de pasos , encontrándose y desencontrándose por las plazas más íntimas de Vegueta. Saqué fotos borrosas, casi espectrales, entre artísticas y mortales de necesidad. A falta de flickr, cuelgo unas poquitas aquí.

Persiguiendo a una feligresa enmantillada y esquiva.

Gerardo Montesdeoca, a punto de comenzar el trabajo.

La Dolorosa

"La Saeta" suena y enfilan hacia la Catedral

La banda de La Dolorosa, saliendo de la Plaza del Pilar Nuevo

Santa Ana, El Calvario


4 de Abril 2007

Ese Velencoso que viene de Bonanza

Ayer me comentaban Odra Rodríguez y Laura Gallego, compañeras de la sección de Sociedad de este periódico, que desfila en Moda Cálida Andrés Velencoso, un top español musculoso y viril, además de con una buena carrera publicitaria a sus fornidas espaldas. Al parecer, pone la cara morena a Allure de Chanel y Fleur du Male de Gaultier. Y, por lo visto en internet, es -naturalmente- un super ídolo gay.

La verdad es que tengo un amigo en Estocolmo, José, que para mí es la versión mejorada de Velencoso. Ayer nos pasamos dos horas y pico alegando vía skype y, al recordar cómo asa el cordero en estas fechas y mirar sus pectorales desnudos, lo catalogué como el único hombre interesante que queda en Suecia. Y probablemente, por encima del Trópico y en el Hemisferio Norte al completo.

Se lo estoy recomendando a Yeya, porque es un hombre inteligente sin ser pedante, buen cocinero, sensual y hedonista, simpático y, además, más guapo que un Velencoso. Ella desconfía, pero yo trazo mi plan maquiavélico para arrebatar a las suecas el mejor partido del país.

Por otro lado, leo en un blog unos fragmentos de una entrevista on-line a Pau Donés y me explico por qué jamás lo he grabado, comprado, pirateado ni visto en un concierto, además de reafirmarme en mi buen criterio. Como le dijo Buenafuente a Ana Torroja, le diría a Pau que se gane los garbanzos de gira y que cree cosas nuevas en vez de vivir del cuento y repetir estribillos.

En mi humilde opinión, los creativos de verdad cuelgan su trabajo en internet y están por el copyleft y los acabados como Jarabe de Palo, Ramoncín o Ana Torroja quieren sacarle la sangre a la gallina de los huevos de oro.

Probablemente se niegan a que su trabajo se cuelgue para descargas gratuitas en internet porque nadie los bajaría, ni aunque les pagaran con viajes a la Riviera Maya, muertes por chocolate y entradas para ver a músicos de verdad, como The F.E.O.S.


Cartier-Bresson a la Nenito

Ayer salí pronto de El Sebadal y rapté a Nenito camino de la salida del periódico, para que me sirviera de guía improvisado de la exposición de Cartier-Bresson, hablándome por la sala con su tono casi imperceptible para el oído humano, como un cacharrito portátil y sonoro de esos que te dan en los museos. Sólo que en carne y pelo. Como la sala estaba vacía y el poco público presente tendía al susurro, se le escuchaba alto y claro.

En las inmediaciones del retrato de John Berger, me llamó Yeya y se pasmó al enterarse de que él me estaba explicando los misterios de la vida y el arte de Cartier-Bresson.

- ¿Y le escuchas? Yo no puedo, debes tener poderes telepáticos -me dijo esa mujer contundente, de talle perfecto, ojos enormes y que ya ha salivado ante los abdominales de los 300.

Nenito ponía cara de ofendido al lado, mientras me hablaba de la técnica de retrato del señor Bresson.

Al parecer, el hombre siempre cargaba su leica al cuello y, en cuanto veía algo que le interesaba, sacaba una foto. Según Nenito, eso podía ser enmedio de una entrevista, cuando le abrían una puerta, en un paseo ... me temo que hasta en sus momentos de intimidad con una posible señora Cartier-Bresson, que le amenazaría con botar la cámara por la ventana entre esperridos indignados.

Dice Nenito que Cartier-Bresson intentaba captar la personalidad de la gente, cuando ésta afloraba a su cara. Que esperaba al momento en que el retratado se relajaba y olvidaba su presencia y que podía pasarse horas ejerciendo de mueble en silencio o hablando para que el otro se confiara. Que con Matisse y sus palomas, por ejemplo, estuvo horas sin abrir el pico, a pesar de que eran buenos amigos. "O precisamente por eso", puntualizó Nenito.

Los retratos reflejan cada arruga, cada textura, cada brillo en la mirada y también esa personalidad esquiva que todos intentamos ocultar tras una máscara entre los demás.

Se percibe la infelicidad de Marilyn y se presiente la muerte de Martin Luther King, se nota la calidez del Che y casi se masca la ternura de Robert Kennedy con su hijo, refleja la coquetería picarona de Colette y la frescura de Camus, sorprende con una Carson McCullers algo andrógina y relajada a la orilla de un río y, por supuesto, te sugiere que Sartre y Beauvoir eran unos malos bichos, contra un fondo de callejuelas y puentes parisinos.

La gente que Cartier-Bresson retrató nos enseña sin querer el alma: la locura, la bondad, la complicación. Instintivamente, divides tus afectos entre el último eunuco del último emperador chino, Arthur Miller y Susan Sontag, por ejemplo. Y desconfías del grupo de iraníes que parecen sicilianos con el cuchillo enfajado, a punto de consumar una vendetta, o la viejita novelera cordobesa.

Dice Nenito que el arte de Cartier-Bresson es especial porque el hombre era pintor originalmente y que en los 70, una vez que pensó que ya lo había dicho todo con la cámara, volvió a los pinceles y colgó la leica.

En cualquier caso, la exposición vale mucho la pena. Y tienen un libro de fotografía en la naturaleza sobre el que pusimos nuestras zarpas codiciosas y que va a caer como autoregalo de un momento a otro, si la hipoteca, el coche, el aparcamiento y otras cargas no lo impiden.



Mesalina a mi pesar

El Hombre tiene sus días, en que califica lo Nuestro de fornicación. Eso le da un punto pecaminoso y arrastrado a la cosa que a mí, personalmente, me encanta y me hace sentir poderosa y maligna como una mala pécora de Babilonia, despedazada a insultos en la Biblia. Normalmente, no pienso que mi vida sea tan emocionante.

La verdad es que finjo que me molesta, pero me encanta eso de ejercer de Jezabel inesperada y sólo por eso, le tengo más cariño al Hombre. Sobre todo, en esos días soleados, en los que el cielo está desvaído y la brisa salitrosa, como hoy. Cuando me deslizo por esas carreteras cruzadas a baches, con las ventanas del auto abiertas y aspecto de habitante de Fraguel Rock recién pasado por una turbina de nave espacial.

También me gusta su acento, que me trae recuerdos de las tardes de merienda en casa, con el bocadillo de nocilla en la mano y viendo en la televisión a Pepe Le Pew, uno de los héroes animados de mi infancia. Siempre me gustó esa mofeta enamoradiza y persistente, que habla con un fuerte acento francés y que confunde a una gata con una congénere a la que persigue, incansable, durante cada capítulo. Hasta que ella cae, agotada, entre sus románticos brazos.

Y me gusta la cara de espanto que se le pone cuando me salto un stop en ese Vecindario ventoleriento suyo. Cómo casi se le salen los ojos de las órbitas y tira del cinturón, igual que un pasajero del Titanic tira del salvavidas, mientras me susurra un "¡Farruquita!" sobrecogido y se le rizan más sus ásperos ricitos negros.


3 de Abril 2007

Parte de guerra

Para quien le interese, de nuevo, comento que mi hermano sigue sin encontrar los billetes a China y mis vacaciones con Diego siguen peligrando. Mis padres cambiaron de cerradura y mi madre, desde que la operaron de las varices de una pierna, ya no anda amulada por el doping y se dedica a gritarme por las esquinas. A veces creo que la prefería en su etapa pastillera.

Esta mañana, me cargué de colorete porque la doctora que ayer me reconoció, antes de introducir parte de mi sangre en el sistema sanitario canario, me dijo que estaba pálida y como tirando a anémica. Después me bajé a Onda Cero, a charlar sobre Síndromes de Estocolmo con Sergio Miró: un ratito muy agradable, de charla sosegada y aroma a café, con vistas a las palmeras de los alrededores del Metropole.

Mientras esta mañana me empanaba en polvos bronceantes y conducía hasta mi aparcamiento, en un cachito de acera con reborde amarillo, iba pensando en mis ojeras, en el precioso día primaveral que hace y en La vida de los otros, el peliculón que disfruté ayer en el Monopol, llorando a moco tendido con las emociones, la belleza, la historia, las interpretaciones, la ambientación, ... Todo.

Agradezco las recomendaciones de Susan Sarandon y Victoriano Suárez y la compañía de Elsa, además de su kleenex. Hay pocas ocasiones en que una película me conmueva de esa manera, además de que está muy bien hecha y mejor resuelta, que tiene un ritmo pausado que te deja saborearla y que todo te resulta creíble y te toca todas las fibras sensibles del espíritu.

A veces, cuando presiento un dramón en la pantalla, intento distanciarme y que la historia no me emocione. Ver a los personajes lejanos, ajenos a mí. Ayer lo intenté, pero fracasé miserablemente. Y disfrute cada segundo de esa película, entregada en cuerpo, alma y lagrimal supurante a la historia.

Recomendabilísima.


Spam con piernas

En esta época pre-electoral que se nos viene encima y entre ruedas de prensa que tiran a mítines y otras desgracias, sólo temo la llegada -que se aproxima inexorablemente- del típico militante pidiendo voto puerta por puerta. Atesoro sobres de tila en casa y paciencia para superar la crisis segura. Y medito la posibilidad de electrificar el timbre o poner zanjas en el zaguán y emboscar detrás un par de doberman sedientos de sangre.

Los militantes -como los miembros de algunas sectas- me parecen mensajes spam hechos carne y con el dedo conectado al portero electrónico de indefensos ciudadanos como yo misma. Ganas me dan de explicar tanto a proselitistas políticos como religiosos por dónde pueden meterse sus pines y sus folletos explicativos de los detalles del Juicio Final.

Sé que son unos mandados y que no hay que cebarse en ellos, pero a Viggo Mortensen pongo por testigo de que -igual que Dolores Campos-Herrero- tengo poca paciencia con los alargadores de pene, los secretarios de dictadores centroafricanos, los vendedores de Paraísos y, en general, quienes intentan jincarme algo que no quiero o necesito. Sobre todo, en temas que me parecen tan personales e intransferibles como la política o la religión.

Difiero de Lola en mi relación con los camareros, sin embargo, porque casi siempre me hacen objeto de sus mimos y con algunos he tenido mis historias de amor, normalmente unilaterales y transoceánicas.

Pero comparto con ella la confusión que provoca el spam y recopilo tila, antes de que mis deseos homicidas se hagan carne también y respondan a la llamada del portero automático.

2 de Abril 2007

Si Darwin levantara la cabeza

Comienzo esta entrada pidiendo una firmita y clamando que La vida de los otros es una maravilla total, antes de hablar de los Premios Darwin. Dichos premios ponen de relieve la estupidez y la inconsciencia humana, que nos lleva a morir o castrarnos de las formas más ridículas. Ahora, los Darwin Awards tienen película, protagonizada por Joseph Fiennes y Winona Ryder.

Entre los ejemplos presentes en la Wikipedia, para mejor entender el concepto, se encuentra éste, que considero muy explicativo:

Tres jóvenes en Oklahoma (EEUU) estaban disfrutando los festejos del día de independencia y aparentemente quisieron encender algunos fuegos artificiales. El único problema fue el sitio que eligieron para hacerlo. Se pusieron encima de un tanque de distilación de combustible de más de cien mil litros. Curiosamente, había una fuga minúscula, y al encenderse los juegos pirotécnicos se produjo una bola de fuego vista por varios kilómetros a la redonda. Los amigos fueron lanzados varios centenares de metros y sus cuerpos fueron encontrados a 230 metros de sus respectivos asientos.

Lo cierto es que siento simpatía por estos premios.

Probablemente, porque me he visto de candidata en varias ocasiones, como cuando crucé un cachito de Mozambique en lo alto de una pila de sacos de cocos verdes, a bordo de una furgoneta y en la oscuridad de la noche. Noche en la que temí que perecería resbalándome continuamente hasta el regazo de un señor tocado con fez que tenía que estar ahíto de mí cayéndole encima o catapultándome de besos a la selva, gracias a un tenique, un bache o un niño que cruzara corriendo la vía.

O sea, que me parece normal y hasta tierno eso de perecer aplastado por una piedra mientras fornicas con una gallina. O de alguna otra forma ridícula. De nuevo repito que, probablemente, porque sospecho que es bien fácil meterse en una situación idiota con riesgo de muerte y, más probablemente, porque temo que mi nombre podría figurar en esa lista en un futuro.

Casa de locos

Cuando llegué este mediodía a comer a casa de mis padres, me encontré a mi padre perniabierto y bracialzado, mientras mi madre le cacheaba en el salón. El hombre tuvo un mal día: primero se dejó atrás la tarjeta de crédito y tuvo que anularla y después, con la cabeza llena de post-it imaginarios, como siempre, se fue a comprar queso tierno y perdió las llaves de la furgona.

Durante toda la pausa del mediodía, mi madre se dedicó a vagar por la casa, suspirando como alma en pena, y cacheándolo cada vez que se cruzaba con él. Cuando no confundía el vino con vinagre, para regar generosamente las lentejas, mi padre hablaba por teléfono con un pariente y le indicaba que el mejor sitio para comprar diez kilos de cherne fresco era Media Markt.

Mi hermano acaba de perder sus billetes a la China Milenaria, mundo alternativo al que le envía su empresa por los buenos resultados de 2006. Así que mis vacaciones conjuntas con Diego (aka Niño Melón aka El Niño Más Lindo del Universo) están en peligro.

Y yo ... pasé unos minutos de la mañana algo embarazosos explicando a mi ginecóloga cómo se puede perder un parche anticonceptivo prácticamente indestructible y que, en teoría, resistiría hasta el advenimiento de un tsunami.

Menos mal que (esta mañana también) doné sangre sin perder cordura, pantalones o venas.

Como murmuraba hoy mi padre de la cocina al salón y del baño al dormitorio, hay días que es preferible no salir de la cama.

"Aunque Viggo Mortensen te espere con un delantal de nata en la cocina", completo.

Justicia Poética

Tarde en la cama otra vez. En esta ocasión, porque ayer cogí Dos días en el valle en Calle 13 casi terminando y me enganché. Lo cierto es que me encanta la banda sonora de esa película, que me compré por casualidad hace años. Así que cuando la vi en la televisión por primera vez, anoche, ahí me quedé. Y me fascinó: me gustan los actores y el sentido del humor, la pelea de Teri y Charlize mola, que diría Nenito, y aunque es una obrita bastante cínica y bruta, me anima ese final esperanzador, en el que los buenos escapan y los malos la pagan. Esa justicia poética final.

Además, me dediqué a navegar por ahí. A ver las tiras de What the duck que recomienda Nenito, las de Superramón y las de Morgan, que siempre sintonizan con lo que pasa en las Islas y lo que le pasa a una isleña por la cabeza. A leer sobre Wolfmother, esa banda de rock sucio y peleón que me recomendó Mario Alonso, junto a The Datsuns. Y a meditar sobre el último despropósito de la Pija Beckham y sobre el nuevo Mister Mundo, malagueño por más señas y que además ha desfilado en el Centro Comercial El Muelle, a pocos pasos de mi persona.

Sobre los Beckham en general, creo que poco más se puede agredir, salvo que es una suerte para todos que vivan en las proximidades de ese Hollywood acosado por las llamas. Sobre el Mister Mundo, que no le habría puesto yo de tal, siendo poquita cosa como es y teniendo ese aspecto de chulito repeinado. Aunque reconozco que tiene unos bonitos ojos claros y una sonrisa agradable, veo entre las tablas de Salinas y las palomas de Las Canteras a hombres más interesantes, gallardos y apetecibles.

Y sobre la justicia poética, que esperemos que Posh sepa lo que es y que tenga que usar carritos algún día porque sus piernecillas no puedan con su cabeza, en vez de por ser famosa. O como mínimo, que esos incendios angelinos le quemen el set con el que se retoca las mechas, arrancando alguna lagrimita de tristeza ofendida a sus lagrimales de lujo.

1 de Abril 2007

Recapitulando ...

Aquí van unas fotos del fin de semana en el Aula de la Naturaleza Laurisilva, que lleva ahora Laura, vicepresidenta de la Casa de Cataluña. Lo cierto es que no recuerdo cómo llegar, porque atravesé el norte de la Isla sobadita en una guagua. Pero creo que se sube por Arucas, luego a Firgas, el restaurante El Marchante y una subidita empinada y estrecha hasta unas bonitas puertas de hierro forjado como si fueran hojas. Si se continúa por esa carretera y se pasa el Aula, se llega a la zona recreativa de La Laguna de Valleseco. Preciosa y desconocida para mí, por cierto, hasta el sábado.

Ana y Laura, presidenta y vicepresidenta de la Casa de Cataluña en la Isla Redonda.

Álvar, intimando con un porrón.

Chocolate, el manjar de los dioses y el punto final perfecto a una calçotada perfecta.

Escalivada, butifarra y judías ... mangetas?

Clase práctica para comerse un calçot con propiedad.

Los calçots, los protagonistas de la fiesta.

Tres de los invitados: Matías, Jorge y yo misma.

Amiga y compañera de trabajo, Carmen Delia Aranda, en acción.


April Fool's Day

Para quien le interese, hoy se celebra el Día de los Inocentes en medio mundo no hispano. Y para quien le interese también, el Hombre lo celebra y tiene un sentido del humor dudoso. Me mandó un SMS al filo de la medianoche que primero me hundió en la miseria y luego me motivó a llegarme a su casa y romperle las piernas con su nueva pantalla de plasma gigante.

Lo cierto es que no me acordaba de la festividad de hoy, que Avron se encarga de recordarme cada año con una broma que jamás capto, programada como estoy para diciembre. Y al mensajito endiablado del Hombre no le vi relación con la fiesta hasta que le llamé para pedirle explicaciones y se rió.

En fin, que la Wikipedia dice al respecto:

El 1º de abril tiene lugar una tradición similar que no guarda relación con los eventos bíblicos que originaron el Día de los Inocentes. En Francia (donde se le denomina poisson d'avril), el Reino Unido y EE.UU. (donde tiene el apelativo April's Fool's Day o ‘día de los tontos de abril’), Italia (donde se llama Pesce d'aprile), Alemania (donde se llama simplemente 1. April), Brasil y Japón.

Nunca se me han dado las bromas. Ni el 28 de diciembre, ni el primero de abril.

Me parece divertido eso de que los medios de comunicación publiquen o aireen falsas noticias y lo cuenten al día siguiente. Me parece recordar que Lewis Carroll habló sobre esa tradición en sus libros a Alicia y algunas bromas tienen su gracia.

Pero tras la experiencia de hoy, a Viggo Mortensen pongo por testigo de que intentaré pasar todos los días de los inocentes en el calendario mundial a bordo de un trasbordador espacial y dándome al ron miel sin tino.

O con el teléfono desconectado. O sin Hombre. O las dos cosas.