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Viggo y la hora perdida

Hablando hoy con algunos compañeros de redacción, encuentro resacas arrastradas, agujetas y moretones entre los asistentes a la fiesta de cierre del Festival de Cine. Algo que derivó aparentemente en orgía balcánica en cuanto traspuse la puerta de La Romana a las cuatro de la madrugada.

Lo cierto es que un voka con limón y un par de vueltas al recinto, saludando a conocidos y no tanto (la mitad de mi periódico y la sección de Cultura de La Provincia en pleno, la directiva de la Asociación Canaria de Escritores meneando caderas a ritmo de twist, Aitor Guezuraga y La Máquina de Coser, algún protagonista de La Caja al que arrinconé para felicitar reverentemente, las mujeres de Prensa del Festival) no dieron para tanto destrozo en mi cuerpo ni en mi alma.

Reconozco, sin embargo, que hoy tiendo a embelesarme frente a la pantalla, probablemente por la falta de esa hora que nos robaron en la noche del sábado al domingo, y creo que necesitaré un par de días más para acostumbrarme a este jetlag sin viaje y cogerle el biorritmo a la semana.

Por este traspapele de neuronas, casi ni reacciono a la nominación de Christian Bale como el hombre más guapo -objetivamente- del planeta. Entre las nieblas del sueño atrasado, me congratulo de que no escogieran a Pitt, Cruise o algún otro cachanchán considerado una belleza universal. Y, aunque Christian Bale me parezca tan seductor como una muerte por chocolate, sigo considerando a Viggo Mortensen el terrícola más interesante y decorativo para cualquier habitación de mi casa.

En el recuerdo de los ojos gélidos y el labio partido de Viggo me revuelco al leer a Dolores Campos-Herrero, que me empuja al borde de la autocombustión cuando nos une a ambos en la misma frase.

Lola comenta que Viggo criticó a los jóvenes actores que se interesan más en futuros premios que en la historia y su personaje a la hora de elegir proyecto. Mi Superhombre está en la Guadalajara mexicana, promocionando Alatriste, y ha seleccionado a Díaz Yanes y a Cronenberg como sus directores favoritos ... dejando de lado a Peter Jackson, el responsable de su irrupción en el estrellato mediático.

Eso prueba -o me convence a mí, personalmente- que habla en serio cuando dice que los reconocimientos no son su objetivo en la vida ... aunque espero que ese hecho no disuada a Claudio Utrera de harimaguarlo todo e invitarlo a la próxima fiesta del Festival de Cine.

Si Viggo se deja harimaguar y festejar, tendrán que desanudarme de su cuello y sacarme a rastras de La Romana, arañando el piso con los dedos en carne viva y en estado de histeria. O botarme a la calle en profunda catalepsia, con los pajaritos madrugadores, los sacos de basura y los últimos irreductibles del bar, cuando se rompan la noche y las últimas caderas.


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