Todos tus muertos
Hablaba con Nenito ayer por la mañana, escarranchada en una butaquita del Multi-ruedas, sobre la fauna que más detesto de la carretera. Llegamos a la conclusión de que se trata de la mensajera escuchimizada, apuradita como si se le quemara el ropero, cabalgando una moto que petardee como a punto de explotar y con las bembas de la Loba Jolie incorporadas.
Aunque use la palabra "taxista" habitualmente como insulto, reconozco que lo mío con ese gremio es una relación de amor-odio. Mi primo Edu pasó por el taxi antes de acabar patrullando los pasillos de MediaMarkt y más de un taxista solícito me salvó vida e integridad y me arrancó la promesa enfervorecida de que pondría su nombre a mis churumbeles en agradecimiento por un servicio.
Uno, en concreto, me acompañó a mi casa a pie desde el parque Don Benito, subiendo toda la calle Cádiz hasta la cancha, cuando estaba indefensa en tacones y traje de fiesta, porque se le averió el vehículo y no quería dejarme ir sola hasta mi casa.
Sin embargo, también sufro a muchos en la carretera, parándose en los sitios más peregrinos y colándose, carotas, por todo recoveco que ven sin un gesto de urbanidad para los demás conductores.
Por no hablar de cuando coges uno como clienta y el conductor procede a enchufarte a ese crispador profesional que es Federico Jiménez Losantos o te da el mítin sobre los desmanes de Zapatero y lo bien que se vivía con Franco o, simplemente, te gasea con el humo de su cigarro, insulta al prójimo generosamente y olvida ese oscuro objeto de desprecio que es el indicador, poniendo en peligro de colisión al taxi y en peligro de paraplejia a tu persona.
Los mensajeros motorizados y telepizzas es otra raza que me da ganas de escachar algún totizo. Por no hablar del típico chandalero descerebrado que asciende a conductor y se dedica a pegar el morro de su vehículo al culo del tuyo y a pitarte alegremente 3 nanosegundos antes de que cambie un semáforo a verde. O el propietario de mercedes o furgoneta, con puro prensado entre los labios, que aparca en plena rotonda.
En fin, que la única que conduce decentemente soy yo, aunque el Hombre me llame de vez en cuando Farruquita. A los demás, deberían retirarles el carnet y hasta la palabra.



Comentarios
Lamento ser yo la que te saque de tu error, pero la única que conduce decentemente soy yo (y no me obligues a recordar cierta bajada desenfrenada por las curvas de Tejeda) ;-)
Publicado por: Esther | 16 de Marzo 2007 a las 07:24 PM
Te recuerdo yo a ti que teníamos prisa por un problema informático (y no quiero señalar) y además, no teníamos frenos :P
Publicado por: Angie | 16 de Marzo 2007 a las 07:30 PM