Love is in the air
Cuando me paré en el semáforo de Bravo Murillo para enfilar hacia El Sebadal esta mañana, un palomo hinchaba el buche y se retorcía sobre él, apasionadamente, mientras una paloma con aire algo incómodo resbalaba a punto de precipitarse a la carretera, apartándose de sus solícitos requiebros. Las maripositas blancas inundan en estos momentos la ciudad, aleteando alegremente en parejas y más suicidas que de costumbre. Hay calima, calor, olas, guiris en pantales cortos y sandalias, luz, ... amor en el aire.
En un día como éste, Cher se pone folclórica en mi reproductor de CDs, sacando el lado gay que hay en mí a esperrío limpio por las ventanas. Me calo las gafas de sol, aspiro el salitre con todos los poros y deseo que el mundo sea feliz conmigo. En un día como éste, si el Hombre llega a estirar un minuto más la llamada del mediodía, le propongo que nos fuguemos a la Maldivas, a subirnos a los cocoteros como Keith Richards, a margullar entre corales y pecios y a liarnos a cerbatanazos con los pescados que se arrimen a la orilla.
Por eso duele más todavía, en un día como éste, un gesto de desafecto. Duele hacer una pregunta incómoda y duele que te respondan de mala gana y luego te viren la espalda, como le hizo la paloma de esta mañana al palomo casi epiléptico que la empujaba semáforo abajo.
En resumen, que me tocó esta mañana cubrir la firma del convenio del Teatro Pérez Galdós con El Corte Inglés y que, aunque llegué impresionada con la obra y en la mejor disposición de ánimo, salí del lugar temiéndome que la alcaldesa se hubiera quedado con mi cara y mi matrícula y comprendiendo que el universo no está tan enamorado como yo.
El acto fue breve, como un galanteo palomar. Se desarrolló en un atrio para tres en el vestíbulo del teatro, con el piso resbaladizo por el polvo de la obra y hecho un nudo móvil de cables de cámaras de televisión. Rafael Nebot, con su bombona de oxígeno en un carrito y aspecto envejecido; Josefa Luzardo, con las piernas abrasadas dentro de unos pantalones de peluche o terciopelo u otra tela igual de asfixiante en color malva, y Valentín Parejo, trajeado, discreto y formal.
La firma fue veloz: cuatro palabras por cada vértice del triángulo y un par de preguntas coladas a la fuerza. Ante el nombre de Luisa del Rosario, dos respuestas breves, un meneo de cabeza y una sonrisa desdeñosa de Luzardo y un actus interruptus en toda regla.
Es triste sentirse impopular en un día como el de hoy, que las espaldas se viren a tu paso y que la gente haga como si no existieras. Porque el amor está en el aire calimoso, así lo zurean las palomas, pero el amor tiene las puertas cerradas en el muy wagneriano, polvoriento y megalítico Pérez Galdós.
pd. De paso, decir que me sigo quedando con el teatro antiguo, aquel que parecía una casita de muñecas, tan íntima como incómoda. A pesar de los calores, los vértigos, las butacas que casi parecían de piedra, etc. etc. etc.



Comentarios
Angie
No caigas en el discurso del que sueña con lo viejo, aunque sea incomodo y deteriorado, como solucion. Que la reforma no te guste no significa que el Perez Galdos no se merezca una reforma COMO DIOS MANDA. Bien HECHA.
Wet kiss.
Publicado por: Cambuyon | 19 de Marzo 2007 a las 07:47 PM
Estaba impresionada con la obra, hombre. Reconozco que la cosa queda bien, pero soy una nostálgica enganchada a mis recuerdos ;)
Debe ser la edad ;)
Publicado por: Angie | 19 de Marzo 2007 a las 09:16 PM
Hay gente que daría lo que fuera por que la gente no tuviese memoria... y no lo digo por ustedes, sino por algunos que van a acabar como el Rosario de la aurora por esta Cruz (y disculpen el evidente y facilón juego de palabras).
Cuando alguien se ofende ante una pregunta digna y valiente, el desdén no lo emite, se lo queda todo todito. Y no merecen gobernar ni representar a nadie.
Publicado por: Netito | 19 de Marzo 2007 a las 11:50 PM