Las ruedas de prensa las carga el diablo
El problema que tienen la ruedas de prensa es que no sabes si ir comida o con el estómago vacío. Llegas, te sientas en el sillón, escuchas, a veces preguntas y, en ocasiones, se te hiela la sangre en las venas. De repente, sientes ganas de vomitar y he aquí el dilema ...
Eso me pasó esta mañana, en la rueda de prensa del Memorial Nanino Díaz Cutillas.
Allí estaba yo, en el inofensivo y bucólico mundo de la música tradicional canaria, con Taburiente y sus adláteres. Me sentía segura, cómoda, feliz, ... pensando en La quinta verde y en Valentina; soñando despierta con las blancas paredes de Teror y con el parquito de Teresa Bolívar, musgoso e íntimo; calibrando la idea de subir a mis padres al concierto de Los Gofiones ...
Se acabó la rueda de prensa y los micrófonos y las cámaras acorralaron a José Manuel Soria. Mi gozo acabo en un pozo y el alma, a mis pies, tan fría como una sala de los multicines Monopol.
En resumen, Soria opina que en Irak hay una democracia, aunque sufren una guerra civil y un terrorismo creciente. También opina que en Irak se dio una intervención humanitaria para ayudar y apoyar a la población, mientras que la de Afganistán es una guerra en toda regla, en la que además mueren soldados españoles.
Debo vivir en un mundo paralelo donde, obviamente, no vive Soria.
En mi mundo imaginario, ambas intervenciones llegaron de la mano de George W. Bush y fueron aceptadas alegremente por el Partido Popular de José María Aznar. Ambas se llamaron humanitarias: la una, en favor de las mujeres ocultas bajo burkas y sus derechos fundamentales; la otra, por la democracia, los kurdos y el planeta.
En ese mundo mío, también da la casualidad de que la intervención de Afganistán fue refrendada por la ONU y tuvo cierta cobertura legal, mientras que la de Irak se hizo pasándose la legalidad internacional por el arco del punto y en contra del criterio de la ONU.
A las hemerotecas me remito, pero ambas acabaron como el rosario de la aurora, con tropas extranjeras empantanadas en dos polvorines y sin saber cómo solucionar lo que empezó el descriteriado de Bush, secundado por colegas como Blair, Aznar o Berlusconi.
En mi mundo paralelo, finalmente, escuché las palabras de Soria y me pareció un alarde de cinismo que sonrojaría al propio Colin Powell, además de la prueba irrefutable de que toma a los que escuchan por imbéciles.
Allí, en esa realidad donde Soria no está, se me revolvió el estómago.
Lo peor es que todavía no sé, a estas alturas y ante situaciones como la de esta mañana, si debería o no llegar a las ruedas de prensa desayunada.



Comentarios
En el folclore informático existe un término que encaja perfectamente en este caso: Campo de distorsión de la realidad.
El Campo es fuerte en Él.
Publicado por: Netito | 20 de Marzo 2007 a las 10:24 PM