Alanis se queda ronca
Acabo de sobrevivir a un Charlestón que remedaba el Londres de Jack El Destripador, de puro nublado a fuerza de humo de cigarro. Un par de cantautores sudaban guitarra y armónica sobre su mínimo escenario y la parroquia se alcoholizaba alegremente en la barra, enlazando conversaciones surrealistas, cuando me fui. Allí quedó un puñado de asistentes a la segunda presentación de Síndromes de Estocolmo, celebrando sin mí la ocasión.
De nuevo y de la misma manera en que Alanis canturrea, doy gracias de todo corazón a todos los que se llegaron ayer al patio del Cuasquías y a quienes no se llegaron pero estaban presentes en espíritu.
Muchísimas gracias a Eduvigis Hernández, escritora consumada y lectora contumaz a la par que reposada, que no murió en un ataque de asfixia al leer dos de los síndromes anoche. Y muchísimas gracias a Dolores Campos-Herrero, escritora a la que admiro y leo religiosamente y amiga de la que me enorgullezco, por ese pedazo de presentación que escribió y que -personalmente- me divirtió, emocionó e hizo rebosar de satisfacción. *
Gracias también a Alexis y Antonio, responsables del Matasombras, buenas personas y grandes tertulianos literarios; a los compañeros del Canarias7 que hicieron piña y se llevaron libros; a Elsa, que se erigió en una auténtica profesional del merchandising; a Nenito, ese reportero gráfico intrépido y espelusado; a Judith, que también presentaba libro ayer y tuvo el detalle de compartir un ratito conmigo; al Hombre, por llamar para desear suerte con sus erres imposibles; a Michel, Santiago, Fede, Luis, Rosario, Patricio, Catherine, Falo, Aitor, Anu, Neketán pd, Yeya, Mapi, Funny, Iván, los venezolanos y toda la gente cuya cara se me queda en una nebulosa con tanto humo, tanto nervio y tanto bulto.
Las grandes ocasiones tienen eso: me disloco y trabuco; acabo olvidando a gente (incluidos mis padres), tergiversando nombres y atendiendo a la gente al trancazo, con la cabeza en otra parte; ejerzo sin esfuerzo de total nulidad social y evito preguntas y discursos a cualquier precio.
Con la perspectiva de escuchar a Abaji y José Antonio Ramos esta tarde y de dormir en todos los semáforos de esta ciudad, doy las buenas noches y las gracias de nuevo y empiezo a deslizarme dentro de mi cama, ensalmuerada en nicotina, con el pelo erizado y todavía a medio maquillar.
Y prometo al lector aparcar las presentaciones y la nocturnidad por un tiempo y centrarme en cosas como la testosterona en el cine o las broncas parlamentarias, por ejemplo.
* Inciso para comentar que ayer, además de leerme una presentación muy halagadora, Lola leyó una presentación igual de estupenda para Judith y publicó una entrada en su blog, a lo que estoy segura que se deben añadir varios microrrelatos, su trabajo habitual en la televisión, alguna lectura por placer y miles de historias más.


