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30 de Marzo 2007

A la rica 'calçotada' campestre

La presidenta de la Casa de Cataluña en Gran Canaria, Ana Buil i Feliú, organiza para mañana, sábado, a las 13.00 horas, una calçotada de Valls en Valleseco. El concepto es fletar una guagua que sale de la Fuente Luminosa con los calçots, las longanizas y los comilones para revolcarnos todos en tierra, ceniza, salsa de calçots, etc.

Así pienso dar la bienvenida a la primavera, sin Hombre, pero con un proceso gastronómico de lo más erótico en marcha, como se puede apreciar en la foto, y enchumbadita a fuerza de despellejar calçots, ensoparlos en salsa y dejarlos deslizarse garganta abajo.

Con motivo de la calçotada, no estoy segura de si estaré en condiciones de escribir este fin de semana. Ni siquiera sé si me acercaré a un ordenador.

Así que me despido, deseo un buen y soleado fin de semana a todos y prometo testimonio gráfico de la lucha a muerte con esos cebollinos gigantes.

¡Escotes fuera!

Me comunica un amigo surafricano, Avron Cilliers, que hoy se celebra en el País del Arco Iris el Día Nacional del Escote, efemérides a recordar el último viernes de marzo, esponsorizada por Wonderbra y en la que se anima a las mujeres a mostrar canalillo. La idea original tras la celebración era recoger dinero para una fundación de apoyo a las afectadas por el cáncer de mama.

Partiendo de que se trata de una buena causa y de que sus efectos prácticos tendrán contentos a hombres heterosexuales, lesbianas y exhibicionistas de varios países, lo cierto es que la fecha me provoca sentimientos encontrados.

Como mujer de carne generosa y pecho brincador, la cosa es para mí un punto complicada.

Por un lado, me enorgullece ese tributo al canalillo profundo y tentador en tiempos de bulimia, anorexia y líneas rectas, lo confieso. Por otro y como mujer que siempre se ha traumatizado con la exhibición de la carne propia y, sobre todo, del escote tremebundo que me adorna, me amulo a la hora de sacar pecho (y nunca mejor dicho) ante el mundo.

Además, hoy el día está grisón y como destemplado y témome que un escote pronunciado acabaría con mi salud y mis pezones celebratorios me agujerearían la camisa.

Finalmente, el Día Nacional del Escote me plantea cuestiones quizás indisolubles.

Como, por ejemplo, si existiera un Día Nacional de la Entrepierna Masculina, en solidaridad con los afectados por el cáncer de próstata ... ¿cómo se celebraría?

Adopta una palabra

La Escuela de Escritores y la Escola d’Escriptura del Ateneo de Barcelona quieren celebrar el Día del Libro proponiendo al mundo una labor de amor a la lengua: apadrinar palabras en vías de extinción. El año pasado, me quedé sin votar mi palabra más bella, así que este año pienso apadrinar un conjuntito de morfemas significativo para mí y poco usado.

La duda está en cuál de todos.

Por ejemplo, lo cierto es que a mí me ponen especialmente los lusismos: enchumbar, magua, liña, maresía, engodar, lambusear, naranjero, ... Así que estoy pensando en adoptar una linda palabreja llegada a Canarias desde ese Portugal de comidas pantagruélicas, paisajes plácidos e iglesias azulejeadas.

También me gustan otras palabras como latada, perinqué, malpaís, jable, jícara, balde o jeringar, ésta última en homenaje a una tía de mi madre, Marina, una mujerona del Chorrillo de Tejeda que también habla de la gente nueva, las mujeres hermosas y las calles curiosas, entre otras cosas.

Así que ahora paseo por la casa, como traspuesta, eligiendo palabras: descartando algunas, demorándome en otras, saboreando las más.

Si la idea les emociona como a mí y quieren salvar alguna palabra -linda o fea, pero siempre necesitada de rescate- voten aquí. Una lengua que se empobrece por minutos se lo agradecerá.

La bobería de Bono, el desamor de Halle y simplemente Viggo

Dónde te veía y dónde te veo ahora, ex mito sexual de mis refajos y entretelas. Toda la vida soñando con que tú, Bono (líder de U2, que no ex ministro), me cantaras el With or without you o el One al oído, antes de dormirme, y ahora ganas me dan de escupirte en las gafas. Sin embargo, venía llegar esta ruptura desde que me pasmé ante tu imagen estrechándole la mano a Bush, lo confieso.

Todo porque te ofrecen el título de Caballero del Imperio Británico y tú -dublinés por más señas, sentida voz del Sunday bloody sunday y con Irlanda del Norte ocupada a tres pasos- lo aceptas alegremente. Eso sí, puntualizando que no quieres que te llamen Sir y que prefieres que te llamen cualquier otra cosa.

Así que obedeciendo tu deseo, te llamo gaznápiro y digo adiós a la pasión que me inspiraste con tus chupas de cuero y tu barbita de tres días, mientras imagino que puedo lanzarte uno de esos complicados insultos en gaélico que incluyen los términos excrementos de vaca, cabeza y eternidad.

Por otro lado, también leo en un teletipo que Halle Berry intentó suicidarse por desamor, una vez fracasó su primer matrimonio. Además y antes de caer en brazos del yogurín ese con el que se pasea por Hollywood desde hace dos años, Halle sufrió dos matrimonios fallidos.

Yeya dice que no, que la infelicidad ajena y el que ni siquiera Halle pueda tener una pareja en condiciones no son razones para sentirse reconfortada. Yo opino, por el contrario, que el que un hombre ni siquiera pueda estar satisfecho con Halle Berry a la vera me quita una enorme presión de encima. Ya sé que ni la belleza, ni la inteligencia, ni el sentido del humor, ni el buen corazón ... ni las cuatro cosas juntas te garantizan el amor de un hombre, así que la cosa es relajarse y disfrutar de lo que venga.

Sabiendo, además, que aunque te lo acabe quitando un clon de la Loba Jolie, siempre habrá posibilidades de que ella lo bote, él se harte o se maten a disgustos mutuamente.

Finalmente, leo que Viggo está en Argentina y que planea ver el partido de su San Lorenzo querido este domingo.

En todas esas suertudas bonaerenses pienso, con envidia malsana, por tenerlo en la misma ciudad. La envidia se transforma en un rencor sordo para las aficionadas al fútbol y toma tintes de odio total contra las hinchas del San Lorenzo que compartan estadio con su persona.

Suspiro y me relajo cuando se me agota esta maresía de tirria.

"Viggo, ... ¿no podrías interesarte por el Vecindario?", clamo mientras clavo mi pupila marrón en esta triste pantalla y naufrago en la desesperanza de esta redacción vacía.

29 de Marzo 2007

Vivir al límite

Advierto que puedo parecer un ser humano frágil, dulce y tirando a bobón, pero engaño: reconozco que me gusta vivir al borde del peligro.

Así lo puede atestiguar el que haya sufrido las uñitas de Diego (el niño más lindo, inteligente y risueño del Universo) roturándole las carnes; quien haya disfrutado de la experiencia de ejercer copiloto-ras de mi hermano, en pleno rally de las presas y los cercados, o simplemente, quien conozca a mis padres.

Por eso, ante la entrevista en La Nuestra de hoy, en pleno parque Doramas, afronté la ventolera pertinaz con mis vaqueros favoritos, que casualmente tienden a abrirse de cremallera en el momento más inopinado.

Reconozco que eso también me pasó porque hoy vivo el día con unos quince minutos de retraso.

Y que todo se debe (el vaquero, el peligro, el retraso) a que no tenía el despertador en hora a estas alturas y, por eso, llevo la jornada un poco traída por los pelos. Desde la entrevista telefónica a Alberto Cortez por la mañana hasta la entrevista con la Televisión Canaria, la comida y este blog.

El peligro, sin embargo, es una constante en mi vida.

La sección de Cultura, donde ahora trabajo, se sitúa de espaldas al balcón de la redacción, por el que entran y salen obreros continuamente, sudaditos, tripudos y encascados, además de parientes muy lejanos del repartidor de la Coca Cola light. La mesa tiembla de vez en cuando con sus golpes contra la estructura de este edificio en obras y sus taladros nos acosan a través de la pared.

Uno de mis compañeros de trabajo en el Perinqué es el Mendoza Chico, un hombre con buen fondo donde los haya, pero que a veces tiene arranques de fiereza que dejan chico al Katrina. Sobre todo, si no acudes al cumpleaños de su hermano en el chino (como a mí me pasó, el 24 de marzo) o le discutes el equipo del Supermanager.

También cerca están Javier Darriba, isletero por más señas y un peligro en sí, y Nenito, que me amenaza veladamente cada vez que le cambio el nombre.

Por si esos peligros fueran poco, esta noche voy con Yeya a la presentación de Anatomía del deseo, de José Lobillo, en la Casa de Colón. Se presenta a las 20.00 horas y contiene frases para recordar y dibujos impactantes. Todo, erótico perdido.

Yeya lleva una minifalda que expondrá al aire nocturno sus piernas de vértigo en medias. Yeya lleva tiempo enganchada al chocolate.

Conclusión: me gusta vivir rodeada de riesgos.

Supervillana medioambiental

Tras completar el test del supervillano, del que habla este muchacho en su blog, resulta que soy Uma Thurman. Privada, me meto en la cama a dormir, con los últimos acordes de José Antonio Ramos y Abaji rondándome la rubia cabeza, cargada de hierbajos y flores gigantes.




You are Poison Ivy





Poison Ivy
You would go to almost any length for the protection of the environment including manipulation and elimination.


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28 de Marzo 2007

Amor y sushi

Esta tarde me paré, en el camino hacia el concierto final de la IV Semana de la Francofonía en el Conservatorio, a la vera del resplandeciente escaparate del Sakura IV. Una cinta móvil transportaba las breves raciones de sushi, en un bucle eterno, hasta los alrededores de la única mesa ocupada. Apoyada la cabeza contra el cristal del coche, me quedé traspuesta a su altura, gracias al semáforo de turno, y pensé en Cartier-Bresson, en el clarinete de bambú de Abaji lanzando sus notas voluptosas al cielo de Gran Canaria y en lo difícil que es seguir religiosamente una maldita dieta.

Llevo más de la mitad de mi vida entre endocrinos, dietistas, homeópatas y demás fauna. Llevo más de la mitad de mi vida privándome de lo que me gusta por temporadas. Llevo más de la mitad de mi vida maldiciendo a mi metabolismo, mi herencia genética y mi tiroides.

Sin embargo, lo único que se ha probado efectivo para controlar unas carnes que pugnan por escaparse del vaquero y del sujetador ese tan poco erótico en el que me constriño cada mañana es la infelicidad. O los viajes.

Nada como un buen disgusto amoroso para que se te ponga un nudo en el buche y no puedas tragar nada. Nada como las privaciones de un viaje y su pateo constante para mantener a raya la obesidad mórbida, la depresión y hasta el herpes y el riesgo de calvicie.

En todo eso pensé mientras me tentaba el escaparate del Sakura IV, con su desfile constante de sushi.

Confieso que estuve a dieta por última vez el año pasado, al tiempo que hago crujir mis dientes y me rasgo el pijama al confesar que llegaron diciembre y el Hombre y lancé por la borda toda contención.

En mi caso, la felicidad se refleja en más curva que de costumbre y ahora me pesa (y nunca mejor dicho) dicha felicidad.

Sobre todo, porque ayer me enfocaron (y nunca mejor dicho también) con una cámara de La Nuestra en la presentación los Síndromes de Estocolmo y entre que una es de carne generosa y que la cámara te redondea aún más, témome que asustara a los espectadores de los informativos de hoy con mi boyante esferidad.

Ahí cambió a verde el semáforo, desperté, me alongué sobre el volante y pisé el acelerador. Y Pilarillo Seco adelante, recordé con horror que mañana me reportajean con cámara de nuevo.

Podría haber caído entre los recios brazos del Hombre unos cuantos meses más tarde, medito, mientras me pregunto, de paso, por qué la lencería para mujeres pechugonas y caderuditas es tan poco sexy, mientras que la de las planas sin curvas resulta tan atractiva.

Y respondiéndome que, probablemente es para despistar al hombre de turno de la falta de carne dentro de la tela, lanzo otra pregunta al ciberespacio que me reconcome desde esta tarde ... ¿Qué tal estará el sushi en el Sakura IV?

El criquet, ese deporte de riesgo

Tengo un amigo paquistaní en una lista de distribución de Yahoo. Su sobrenombre es Orca, tiene una hermana trabajando en el Dawn y cultiva una especial habilidad para el pirateo y las flamewars. Ahora anda el hombre revolucionado por el caso del asesinato del entrenador del equipo de criquet de su país.

Personalmente, no entiendo la pasión que despierta el criquet en el mundo anglosajón. Especialmente entre gentes tan activas como los australianos, por ejemplo. Mi pasmo lo comparto con Bill Bryson, que opina que es probablemente el "deporte" más tedioso e incomprensible de la Vía Láctea.

Parece que tanto Bill como yo infravaloramos al criquet, porque resulta ser un vínculo efectivo para unir a idiosincrasias tan complejas y diferentes como la hindú, la surafricana o la jamaicana. Eso no quita para que a mí me parezca que comparte con el golf y el béisbol un halo maldito. Ni los entiendo, ni quiero entenderlos y menos practicarlos.

Sin embargo, de repente, estrangulan al entrenador del equipo de criquet de Paquistán, Bob Woolmer, y se destapan una serie de chanchullos con apuestas, malestares dentro del equipo, estrellitas y estrellazos, rivalidades entre naciones y culebrones en general que no asociaba yo a algo tan absolutamente soporífero.

Y va a resultar que tiene más peligro un bateador de criquet que un luchador de kickboxing o un fontanero australiano borracho, pescando tiburones a piñas. Por no hablar de los parlamentarios canarios, que van a resultar parte de un coro de querubines divinos al compararse con el más pacífico de los aficionados a ese ¿deporte?

Alanis se queda ronca

Acabo de sobrevivir a un Charlestón que remedaba el Londres de Jack El Destripador, de puro nublado a fuerza de humo de cigarro. Un par de cantautores sudaban guitarra y armónica sobre su mínimo escenario y la parroquia se alcoholizaba alegremente en la barra, enlazando conversaciones surrealistas, cuando me fui. Allí quedó un puñado de asistentes a la segunda presentación de Síndromes de Estocolmo, celebrando sin mí la ocasión.

De nuevo y de la misma manera en que Alanis canturrea, doy gracias de todo corazón a todos los que se llegaron ayer al patio del Cuasquías y a quienes no se llegaron pero estaban presentes en espíritu.

Muchísimas gracias a Eduvigis Hernández, escritora consumada y lectora contumaz a la par que reposada, que no murió en un ataque de asfixia al leer dos de los síndromes anoche. Y muchísimas gracias a Dolores Campos-Herrero, escritora a la que admiro y leo religiosamente y amiga de la que me enorgullezco, por ese pedazo de presentación que escribió y que -personalmente- me divirtió, emocionó e hizo rebosar de satisfacción. *

Gracias también a Alexis y Antonio, responsables del Matasombras, buenas personas y grandes tertulianos literarios; a los compañeros del Canarias7 que hicieron piña y se llevaron libros; a Elsa, que se erigió en una auténtica profesional del merchandising; a Nenito, ese reportero gráfico intrépido y espelusado; a Judith, que también presentaba libro ayer y tuvo el detalle de compartir un ratito conmigo; al Hombre, por llamar para desear suerte con sus erres imposibles; a Michel, Santiago, Fede, Luis, Rosario, Patricio, Catherine, Falo, Aitor, Anu, Neketán pd, Yeya, Mapi, Funny, Iván, los venezolanos y toda la gente cuya cara se me queda en una nebulosa con tanto humo, tanto nervio y tanto bulto.

Las grandes ocasiones tienen eso: me disloco y trabuco; acabo olvidando a gente (incluidos mis padres), tergiversando nombres y atendiendo a la gente al trancazo, con la cabeza en otra parte; ejerzo sin esfuerzo de total nulidad social y evito preguntas y discursos a cualquier precio.

Con la perspectiva de escuchar a Abaji y José Antonio Ramos esta tarde y de dormir en todos los semáforos de esta ciudad, doy las buenas noches y las gracias de nuevo y empiezo a deslizarme dentro de mi cama, ensalmuerada en nicotina, con el pelo erizado y todavía a medio maquillar.

Y prometo al lector aparcar las presentaciones y la nocturnidad por un tiempo y centrarme en cosas como la testosterona en el cine o las broncas parlamentarias, por ejemplo.

* Inciso para comentar que ayer, además de leerme una presentación muy halagadora, Lola leyó una presentación igual de estupenda para Judith y publicó una entrada en su blog, a lo que estoy segura que se deben añadir varios microrrelatos, su trabajo habitual en la televisión, alguna lectura por placer y miles de historias más.

27 de Marzo 2007

El amor en los tiempos del cólera

El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez, y La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa, encabezan una lista que se hizo pública ayer en Cartagena de Indias y en la que académicos, críticos y escritores eligieron las mejores 100 novelas de la lengua española de los últimos 25 años.

De las veinte primeras de la lista, sólo he disfrutado de la ganadora y de La ciudad de los prodigios, de Eduardo Mendoza. Imagino que no habré puesto la mano encima de la mayoría de las otras ochenta de la lista. Pero me enorgullece coincidir -por una vez- con la opinión de expertos y, sobre todo, en el nombre de Gabo.

El amor en los tiempos del cólera fue todo un descubrimiento para mí.

Se trata del primer libro de García Márquez que cayó en mis manos, hace años ya, y desvirgó mis sentidos frente a un mundo nuevo, que casi salía de sus páginas en colores, sabores, olores y calores tropicales. Además de cautivarme con un uso de la palabra sorprendente, verborreico, lujurioso y fascinante, para el que no me prepararon los campos de Castilla de Machado, por ejemplo.

Reconozco que -si exceptuamos a Eduardo Mendoza, Miguel Hernández y Federico García Lorca, por ejemplo- la pluma peninsular no me emociona especialmente. Prefiero lo canario bien hecho y, sobre todo, lo latinoamericano.

Frente a un yermo roquedal castellano, asfixiante y aburrido, siempre preferí el mar de Mararía, el Sur de Lorca y los desnudos de anillo de Neruda. Creo que los escritores que viven cerca del océano tienen un ritmo, una riqueza y una sensualidad diferentes. Me resultan más atrayentes y cercanos.

Personalmente, no dejaría El amor en los tiempos del cólera como mejor novela en español de los últimos 25 años, sino que estiraría el plazo a quizás el último siglo ... aunque aquí quizás me dejo llevar por las pasiones y pierdo todo fundamento. Sin embargo, opino que lo bueno que tiene la literatura es que puede emocionarte de esa forma, apasionarte como pocas cosas y hasta cambiarte la vida.

El dilema

Debato conmigo misma la idea de darme de baja del Canal Satélite Digital. Es una decisión dolorosa, que sé que mis finanzas agradecerán. Pero dejo fuera de mi vida, por nombrar unos pocos, a Earl, a los hermanos supernaturales, a las mentes criminales, al CSI de Las Vegas, a Monk y a Ley y Orden: Unidad de Víctimas Especiales. Además y aprovechando la campaña electoral que nos aqueja, programan un ciclo de cine bajo el lema Poder Corrupto. Aunque me queden Eva Hache y el Gran Wyoming, no es lo mismo, que diría el bobilín de Alejandro Sanz.

La verdad es que la televisión de toda la vida (TVE, Antena3, Telecinco y poco más) da ganas de correr, presa del pavor y el asco, hacia una ventana y lanzarse por ella.

TVE quizás se salva un poco más en La Dos. Por lo menos ahí cae algún documental, alguna película algo más alternativa y algún programa digno. Pero la primera ya está contaminada con la estulticia y el absurdo de Antena3 y Telecinco, con las que intenta competir.

Son varios años de pagar por una televisión decente y, aunque veo poca, me da hasta vértigo la idea de desterrar del mueble el decodificador. Ahora tengo la opción de verla si quiero, por lo menos, o de apagarla para leer un libro.

La cosa es que ante grandes hermanos, casas de la vida de alguien, noticieros que parecen un cruce de El Caso y Salsa Rosa, estrenos tv para llorar , operaciones triunfo, bailarines envarados y mañanas interminables con Ana Rosa ... sólo está la opción del libro.

Y aunque sé que también me lo agradecerán mi cuerpo y mente, a mí me gusta tener la posibilidad de elegir.

26 de Marzo 2007

A cenar en el infierno

El trasto persa de Jerjes dijo: "No es a mi látigo a lo que más temen mis soldados, sino a mi poder divino. Póstrate ante mí, Leónidas, y no tendrás por que temerme". Un Leónidas algo chulito le respondió: "Llevo luchando contra tus soldados toda la mañana, lo de postrarme ante ti está difícil, pues tengo un pequeño calambre en este muslo". Sospecho que voy a disfrutar como una loca furiosa con 300.

Aparte de los comentarios de Pizca sobre la película, intuyo que el filme tira a fascistoide y enaltecedor de la violencia, la sangre y las banderas ... algo que personalmente no encuentro subyugador.

Pero ... la idea de disfrutar de la visión casi táctil de todos esos espartanos sudorosos en calvin klein de cuero, como dice Yeya, es demasiado atrayente para mí. Aunque me obligue a aparcar rigor histórico y neurona, a comulgar momentáneamente con mensajes que no comparto y, por supuesto, a atiborrarme de chocolate para sobrellevar las urgencias por sorroballar algo.

No veo el momento de botarme en el Monopol, con la lengua rozándome el ombligo y los ojos desencajados. Imagino que ladro, babeo y casi sufro una tontura, perdido todo el fundamento, en la oscuridad de esa sala de cine.

Creo que no me daban estos ataques de ansiedad desde el retorno de mi rey y espero sinceramente que éste sea el último, que una ya tiene edad, sobrino y blog.

Aunque, como Sinaja Bui Simunovic me pasa en un par de años y sigue colgada de Ante Gotovina, sospecho que esta calentura no tiene solución y que habrá que pasarla con resignación, como las chinas, los cambios de aceite del coche y los domingos en la redacción.


Viggo y la hora perdida

Hablando hoy con algunos compañeros de redacción, encuentro resacas arrastradas, agujetas y moretones entre los asistentes a la fiesta de cierre del Festival de Cine. Algo que derivó aparentemente en orgía balcánica en cuanto traspuse la puerta de La Romana a las cuatro de la madrugada.

Lo cierto es que un voka con limón y un par de vueltas al recinto, saludando a conocidos y no tanto (la mitad de mi periódico y la sección de Cultura de La Provincia en pleno, la directiva de la Asociación Canaria de Escritores meneando caderas a ritmo de twist, Aitor Guezuraga y La Máquina de Coser, algún protagonista de La Caja al que arrinconé para felicitar reverentemente, las mujeres de Prensa del Festival) no dieron para tanto destrozo en mi cuerpo ni en mi alma.

Reconozco, sin embargo, que hoy tiendo a embelesarme frente a la pantalla, probablemente por la falta de esa hora que nos robaron en la noche del sábado al domingo, y creo que necesitaré un par de días más para acostumbrarme a este jetlag sin viaje y cogerle el biorritmo a la semana.

Por este traspapele de neuronas, casi ni reacciono a la nominación de Christian Bale como el hombre más guapo -objetivamente- del planeta. Entre las nieblas del sueño atrasado, me congratulo de que no escogieran a Pitt, Cruise o algún otro cachanchán considerado una belleza universal. Y, aunque Christian Bale me parezca tan seductor como una muerte por chocolate, sigo considerando a Viggo Mortensen el terrícola más interesante y decorativo para cualquier habitación de mi casa.

En el recuerdo de los ojos gélidos y el labio partido de Viggo me revuelco al leer a Dolores Campos-Herrero, que me empuja al borde de la autocombustión cuando nos une a ambos en la misma frase.

Lola comenta que Viggo criticó a los jóvenes actores que se interesan más en futuros premios que en la historia y su personaje a la hora de elegir proyecto. Mi Superhombre está en la Guadalajara mexicana, promocionando Alatriste, y ha seleccionado a Díaz Yanes y a Cronenberg como sus directores favoritos ... dejando de lado a Peter Jackson, el responsable de su irrupción en el estrellato mediático.

Eso prueba -o me convence a mí, personalmente- que habla en serio cuando dice que los reconocimientos no son su objetivo en la vida ... aunque espero que ese hecho no disuada a Claudio Utrera de harimaguarlo todo e invitarlo a la próxima fiesta del Festival de Cine.

Si Viggo se deja harimaguar y festejar, tendrán que desanudarme de su cuello y sacarme a rastras de La Romana, arañando el piso con los dedos en carne viva y en estado de histeria. O botarme a la calle en profunda catalepsia, con los pajaritos madrugadores, los sacos de basura y los últimos irreductibles del bar, cuando se rompan la noche y las últimas caderas.


25 de Marzo 2007

Matasombras, 27 de marzo

Este martes, 27 de marzo, a las 20.30 horas, tenemos la segunda presentación de Síndromes de Estocolmo. Tendrá lugar en el Matasombras, espacio cultural de la Sala de Música en Vivo Cuasquías, a tres pasos del Guiniguada. Por supuesto que usted, estimad@ lector/lectora, está invitad@.

Esta presentación va a ser más informal que la primera, además de regada con cerveza y vino y dirigida por Alexis Ravelo y Antonio Becerra, amigos y eminencias de la letra.

En la primera presentación, había un representante de Ediciones Idea y un prologuista con un discurso en papel más elaborado, Federico González Ramírez.

En la segunda, pretendo embaucar a Eduvigis Hernández para que lea en mi lugar y dejar que Fede disfrute de una cerveza si le apetece y de la charla con la concurrencia. Dolores Campos-Herrero ocupará su lugar en la mesa, espero, si no se ha olvidado de que se lo pedí.

En cualquier caso, todo asistente es bienvenido a pasar un ratito por el Cuasquías para charlar, empinar alegremente el codo y, a ser posible, comprar un libro.

Precisamente un libro, Los ensueños del tiempo, es lo que también presenta un jovencísimo talento local, Judith Bosch Molina, ese mismo martes, a las siete, en el salón cultural de la competencia. Dolores Campos-Herrero hace doblete: primero la presenta en sociedad literaria a ella y después, si le quedan fuelle y tiempo, a mí.

Lo dicho: por libros, este martes, que no sea.

24 de Marzo 2007

Freak power

Lo de la noche más freak fue una experiencia breve pero intensa. Aguanté exactamente dos películas: el corto Beasts, una absoluta delicia animada, y Tenebrae, un divertimento francés en blanco y negro y mudo, parte de un proyecto de película de ocho horas.

Raúl, Yeya, Lara y Juan Pedro volaron a coger sus sitios en la Sala 4, previsoramente abordados por la infiltrada de Ana. Nosotros esperamos, como unos tollos, a que nos llamaran por la megafonía y cuando subimos las escaleras nos encontramos con una Sala 3 a reventar.

El director de Tenebrae y Jesús Palacios fueron los encargados de dar el pistoletazo (o la puñalada corrupia) de salida al invento. Leandro, Ivana, el Hombre y servidora nos arrepollinamos en nuestras butacas, en la segunda fila y con la pantalla cayendo a plomo sobre nosotros, preparados para el baño de sangre.

Por supuesto que, al empezar la tercera película -algo que parecía bastante pretencioso y pesado y basado en Lovecraft- el Hombre empezó a dar cabezadas, así que salimos a tomar un café con Edu y no volvimos a entrar hasta mediado el largo de Terry Gilliam, Tideland.

No me vi con fuerzas para someterlo a más torturas, así que nos fuimos. Y en la salida, bordeamos la mesa donde Federico Luppi se tomaba una caña y la puerta de La Veguetita, con un Boris Izaguirre superelegante en modo fiesta.

Esta mañana, Yeya me ha dicho que faltaron sangre y sexo. Y, por supuesto, que lo mejor de la noche (a falta de La Gorgona de la Hammer), fue la película de Terry Gilliam que no llegué a ver.

Ya informé al Hombre que el año que viene, pretendo meterme en la sala con Yeya y compañía hasta las cuatro de la mañana. Si seguimos juntos, será un buen chico y me esperará en casa, con nada salvo el pulpo de peluche amarrado a la cintura y una botella de San Valentín fresquita y dispuesta para recibirme.

23 de Marzo 2007

Ben Harper, el paseo, la consola

Ayer llegué a casa un poco destrozada, tras un día sumergida en los preparativos para la presentación de la Playstation 3, un cachivache que no me interesa en absoluto ... como la mayoría de los cachivaches tecnológicos. Me acompañaba Ben Harper, un genio con el rock, los ritmos sureños de Estados Unidos, los disloques sesenteros, la canción de autor y todo lo que se le ponga por delante.

El día de ayer tuvo su encanto porque dejé el coche en El Muelle y me dediqué a patear la ciudad. Y lo bueno que tiene esta ciudad es que no andas cuatro pasos sin tropezarte con un conocido.

Kiko Barroso, doblando con el móvil prendido a la oreja la esquina de la iglesia del Pino; Luis Quintana, recién almorzado con la madre y enfilando hacia Santa Catalina; amigos varios; Mario Alonso en pleno proceso de compras y papeleo a pie de Muelle; etc. etc. etc.

Hoy planeo llegarme hasta el Monopol a disfrutar de La Noche Más Freak, aunque el Hombre no es amante de las películas de horror y me da que se va a quedar traspuesto en cuanto se apague la luz de la sala o va a salir de la misma como alma que lleva el diablo al primer destripe.

Por la mañana ya tuve el placer de ver de cerca a otro mito del cine, la gran Marisa Paredes. Rubia, glamurosa, escuchimizadita, pero muy elegante. Y sobre todo, cercana y amable. Fascinante para escucharla cuando desgrana sus recuerdos de Mastroianni o Benigni, por ejemplo.

En fin, que la noche se presenta cultural, animada a golpe de Tropical entre esperríos de terror y preñada de emociones.

Una digna noche freak.



22 de Marzo 2007

¡Venganza!

Me siento frente al portátil a la una y pico de la madrugada, recién llegada del Monopol. Creo que acabo de ver la única comedia del Festival de Cine, si excluimos La Caja. Se llama Hana, es japonesa y la dirige Hirokazu Kore-Eda.

Aunque estuviera a punto de entrar en coma por el cansancio y el aire acondicionado no ayudara, la disfruté. Tiene su encanto, su ritmo pachorriento, su curiosidad y su gracia ... no como para partirse la caja torácica a carcajadas, pero bien. A pesar del señor mayor que roncaba delante, del par de cabezadas de Yeya a mi lado y de que yo también añorara mi cama rica de vez en cuando.

Creo que era la mejor opción para la noche, entre tanto dramón indigesto y tanta rareza ... O sea, que viva el cine independiente, pero a ver si los directores independientes se animan un poquito y les da por rodar comedias ... aunque sean negrísimas cual ala de cuervo. Pequeña Miss Sunshine es independiente y comedia, por Dios. No todo el arte debe ser serio ni los festivales de cine dar ganas de hacerse el harakiri con el programa.

Así que una vez interiorizada la teoría Kore-Eda de que el estiércol se puede convertir en pasteles y la venganza, por tanto, en algo hermoso como educar al hijo de tu enemigo, me voy a dormir.

Espero soñar con Diego, que ayer acompañó por primera vez a mi madre, con la pierna vendada a presión desde la ingle hasta el tobillo, y a mi padre, húmedo el bigote por la baba, al Spar, de compras. Dice mi padre que iba derechito en su carrito y mirándolo todo con sus ojazos azulones muy abiertos, mientras movía su chupa con el mismo entusiasmo que Maggie Simpson. Según mi padre, Diego (que es el niño más inteligente, fuerte y bien dispuesto del Universo) se estaba quedando con la copla de todo ... hasta con los precios de las sardinas y los omegas que tienen.

Cuando sea un poquito mayor, me lo llevaré a ver al Granca e incluso, alguna película de Kore-Eda.

21 de Marzo 2007

La muerte les sienta tan bien

Aunque tarde, llego a casa de ver La Caja, ópera prima de Juan Carlos Falcón. En las butacas se sentaban Víctor Ramírez, José A. Neketán, Carmen Delia Aranda, Dolores Campos-Herrero, Antonio Bordón, Sergio Morales, etc. etc. etc. La expectación estaba justificada y, personalmente, salí entusiasmada de la película.

Personalmente también, disfruté de todos los personajes, del humor negro, de los diálogos, de Elvira Mínguez, de los paisajes y del mar. A posteriori me comentaron que a Víctor Ramírez, abuelo de la criatura, le emocionó el invento y no me extraña.

Salí feliz, con una temperatura normal y sin indicios de hipotermia del Monopol, además de recomendando a todo transeúnte con el que me cruzaba que se gastara los euros en ver a Elvira, Ángela Molina, Vladimir Cruz, Antonia San Juan, Mari Carmen Sánchez, María Galiana, Petite Lorena, Leo Medina, Blanca Rodríguez, Sara Guerra.

Después me embarqué en una guagua, con un grupo de estudiantes de instituto, algunas autoridades, aspirantes a escritor, Dolores Campos-Herrero y Emilio González Déniz. Se presentaba una iniciativa para promocionar la lectura a bordo de esas guaguas en las que todos hemos visto pasar la vida, atascados en pleno solajero o circulando con pachorra y casi a trompicones de punta a punta de esa ciudad condenada a las obras perpetuas y denominada Las Palmas de Gran Canaria.

Se reparten gratuitamente cuatro cuentos cortos y se espera que el usuario se contamine con los misterios del bookcrossing.

De punta a punta de la ciudad, desde San Telmo a La Isleta, hemos disfrutado del microclima nuestro, pasando del nubarrón impertinente a los calores indecentes, con parada intermedia en un chispeo sucio. Alonso Quesada, Ángel Guerra, Emilio González-Déniz y Dolores Campos-Herrero nos acompañaban con sus palabras.

Vivo sin vivir en mí ...

Cuando leo eso de que están buscando estrella masculina para cerrar el Festival de Cine y que la cosa anda entre Ralph Fiennes y Liam Neeson. No espero una vida tan alta ni muero porque no muero ... básicamente porque Viggo Mortensen no está en la lista ... pero se me encienden los ojillos así como libidinosos de pensar en ese irlandés con piernas de coloso, que tan bien luce el kilt en Rob Roy. Y sé que a Pachi le dará un amago de infarto cuando sepa que el acosador de azafatas con los ojos más azules de esta orilla del Atlántico puede sentarse frente a una ensalada césar en el VIPS, a cinco minutos de su casa.

Yeya me pregunta a quién preferiría yo y, la verdad, es que no sé qué decirle.

Por fidelidad quizás mal entendida y nostalgia, optaría por Liam, que ya me hizo enarcar las cejas en Suspect, junto a Cher y Dennis Quaid, aunque le salían los vellos hasta de las paletillas y el hombre estaba hecho una ruina. La atracción se mantiene a través de los años, hasta Gangs of New York y Love actually, por ejemplo, a pesar de que el hombre pierda pelo, se afofe y se ensanche de cintura.

Lo de Ralph vino más tarde, con Cumbres borrascosas, y se convirtió en un ataque de ardores internos irrefrenables en esa joyita que para mí es Días extraños. El hombre me pone de nazi psicópata en La lista de Schindler tanto como de amante celoso en El final del romance. Hasta fornicando dentro de un baño de avión o haciendo el pino puente le encuentro su erotismo.

Mientras me decido, sigo de festival de cine, aunque un poco de aquella manera ...

L'Heritage me gustó, pero el final descoloca, quizás por quedar demasiado en el aire. La vida según Ofelia prometía, pero se me quedó algo confusa, con tanta información, tantos personajes y tanto tanto en general. La carpa ha sido un visto y no visto, un saludo apurado a Antonio Bordón y poco más. Además, ayer me quedé sin Grupo salvaje en pantalla grande y aunque pretendo ver La Caja hoy, a primera hora, me temo que los designios de mi cama son inescrutables.

Ralph ... Liam .... Ralph .... Liam .... Peter O'Toole .... canturreo como quien cuenta ovejas al borde de la almohada.

pd. Por cierto, que hoy se presenta en Ámbito Cultural el DVD de Cuadernos de Contabilidad. A las 19.00 horas. Con Juan Millares, César Martínez y Claudio Utrera. Muy recomendable.

20 de Marzo 2007

Síndrome de Estocolmo: Siempre en domingo

Segundo domingo de Adviento. Lars-Erik ha encendido dos velas rojas junto a la ventana y fuera, la nieve resplandece como si el patio se hubiera transformado en una gigantesca bandeja de arroz con leche, en la que los árboles semienterrados ejercieran de ramas de canela y los bancos ocultos tras la última tormenta se mutaran en cortezas de limón entre los grumos de dulce.

Con las piernas cruzadas, en pijama, me siento en la trapera que cubre el suelo del dormitorio, incrustada en un revuelto de periódicos y sábanas en desorden. Escribo mientras Gil Scott-Heron canta en el fondo, aporreando el piano y arrastrando su voz sensual, negra, que se despereza -como la Serpiente en el paraíso- sobre las voces quebradas del coro.

La habitación de Lars-Erik es una burbuja que me protege del exterior.

Un huracán ha arrasado Escania y la costa oriental sueca, fijando su ojo helado sobre Åland, pero no se escucha el viento desde mi trapera tachonada de crujientes ejemplares atrasados de Dagens Nyheter, catálogos de Ikea y panfletos con promociones recolectados religiosamente en los supermercados.

Me gusta encerrarme en esta diminuta habitación de estudiante mientras, detrás de las persianas, Estocolmo se transforma en una postal de Unicef, con niños iniciando batallas de bolas de nieve, trineos volando por las pendientes y fortalezas y muñecos esculpidos en el blanco paisaje.

Lars-Erik lee, con las gafas que esconden sus enormes ojos de gato prendidas en el puente de la nariz y el pelo, por una vez sin domeñar con gomina, revuelto. Desde mi teclado observo el contorno de su brazo, blanco y suave, surgiendo de la mínima manga y acabando en sus largos cinco dedos, como cinco firmes velas de carne, en torno al lápiz con el que subraya. Sus pies enormes se posan en el suelo como extrañas flores pálidas.

Me gusta sentirlo cuando se acaba de despertar, sin fijador en el pelo, sin su aire sofisticado y burlón, con la boca frutal oliendo a sueño pesado y la piel tibia rielando bajo las sábanas. Y me gusta sentirlo ahora, cuando lee en silencio, mientras el cielo celeste desvaído se confunde con las caperuzas de nieve que se derriten en los tejados. Su perfil difícil se dibuja, medio en sombras, sobre la ventana. A contraluz, canturreando, me parece aun más aniñada su cara de efebo vikingo.

Siempre he odiado los domingos.

Me parecen terriblemente aburridos. O, aun peor, me saben a resaca de esperanzas rotas por el fin de semana, a sábados desperdiciados y a lunes amenazadores cabalgando las agujas del reloj, con mordazas a lo Hannibal Lecter tapando sus bocas voraces.

El domingo es el peor día de la semana. Tristón. Alelado. Apto para aletargarse en un sofá, frente a la televisión, y devorar dulces durante horas. Me habla de sentirme sola, desolada. En resumen: si para Mats Norklit el pepino es el producto más inútil del reino vegetal, para mí el domingo es el pepino de la semana.

Pero hoy es el segundo domingo del Adviento y Lars-Erik lee junto a las velas rojas, mordiendo un bolígrafo, con las cejas planeando sobre su mirada, la frente oculta por los rubios flecos y las venas de sus manos, azuladas, palpitando misteriosas bajo la piel.

Hoy me gustaría que la vida se transformara en un domingo interminable en Estocolmo.

Las ruedas de prensa las carga el diablo

El problema que tienen la ruedas de prensa es que no sabes si ir comida o con el estómago vacío. Llegas, te sientas en el sillón, escuchas, a veces preguntas y, en ocasiones, se te hiela la sangre en las venas. De repente, sientes ganas de vomitar y he aquí el dilema ...

Eso me pasó esta mañana, en la rueda de prensa del Memorial Nanino Díaz Cutillas.

Allí estaba yo, en el inofensivo y bucólico mundo de la música tradicional canaria, con Taburiente y sus adláteres. Me sentía segura, cómoda, feliz, ... pensando en La quinta verde y en Valentina; soñando despierta con las blancas paredes de Teror y con el parquito de Teresa Bolívar, musgoso e íntimo; calibrando la idea de subir a mis padres al concierto de Los Gofiones ...

Se acabó la rueda de prensa y los micrófonos y las cámaras acorralaron a José Manuel Soria. Mi gozo acabo en un pozo y el alma, a mis pies, tan fría como una sala de los multicines Monopol.

En resumen, Soria opina que en Irak hay una democracia, aunque sufren una guerra civil y un terrorismo creciente. También opina que en Irak se dio una intervención humanitaria para ayudar y apoyar a la población, mientras que la de Afganistán es una guerra en toda regla, en la que además mueren soldados españoles.

Debo vivir en un mundo paralelo donde, obviamente, no vive Soria.

En mi mundo imaginario, ambas intervenciones llegaron de la mano de George W. Bush y fueron aceptadas alegremente por el Partido Popular de José María Aznar. Ambas se llamaron humanitarias: la una, en favor de las mujeres ocultas bajo burkas y sus derechos fundamentales; la otra, por la democracia, los kurdos y el planeta.

En ese mundo mío, también da la casualidad de que la intervención de Afganistán fue refrendada por la ONU y tuvo cierta cobertura legal, mientras que la de Irak se hizo pasándose la legalidad internacional por el arco del punto y en contra del criterio de la ONU.

A las hemerotecas me remito, pero ambas acabaron como el rosario de la aurora, con tropas extranjeras empantanadas en dos polvorines y sin saber cómo solucionar lo que empezó el descriteriado de Bush, secundado por colegas como Blair, Aznar o Berlusconi.

En mi mundo paralelo, finalmente, escuché las palabras de Soria y me pareció un alarde de cinismo que sonrojaría al propio Colin Powell, además de la prueba irrefutable de que toma a los que escuchan por imbéciles.

Allí, en esa realidad donde Soria no está, se me revolvió el estómago.

Lo peor es que todavía no sé, a estas alturas y ante situaciones como la de esta mañana, si debería o no llegar a las ruedas de prensa desayunada.

19 de Marzo 2007

La Alameda revive con el sonido de la música

Neketán PD ataca de nuevo. Y lo hace en plena Alameda de Colón y en el estreno de la carpa Objetivo Canarias, dentro de la programación del Festival de Cine. En el punto informativo están los tecnológicos de la casa: Esther, Nenito y demás. Como me toca disfrutar (o no) de La vida según Ofelia mañana y, además, por fin, una de las piernas de mi madre aterriza en un quirófano, me lo pierdo.

Sin embargo, recomiendo a quien pueda que se pase por esa carpa musical y cinéfila inmediatamente; o que aproveche esta noche templada y sensual para pasearse entre los hierros que amordazan al Pérez Galdós, como una máscara amordaza a Hannibal Lecter (Gaspard Ulliel, por cierto, ese tentador jovenzuelo, en El origen del mal); que vean el partido que enfrenta a los amigos de Zidane y Ronaldo (recomendación ésta del Hombre); que lean un libro junto a una ventana abierta a esta noche subtropical; que suden la camisa en un paseo por Las Canteras; ...

Y, sobre todo, que pasen un rato agradable -aunque sea en silencio- con sus seres queridos. Antes de que se operen de varices o emigren a otro país o tengan que despedirse de ellos aunque sea sólo para meterse en otra habitación de la casa.

Love is in the air

Cuando me paré en el semáforo de Bravo Murillo para enfilar hacia El Sebadal esta mañana, un palomo hinchaba el buche y se retorcía sobre él, apasionadamente, mientras una paloma con aire algo incómodo resbalaba a punto de precipitarse a la carretera, apartándose de sus solícitos requiebros. Las maripositas blancas inundan en estos momentos la ciudad, aleteando alegremente en parejas y más suicidas que de costumbre. Hay calima, calor, olas, guiris en pantales cortos y sandalias, luz, ... amor en el aire.

En un día como éste, Cher se pone folclórica en mi reproductor de CDs, sacando el lado gay que hay en mí a esperrío limpio por las ventanas. Me calo las gafas de sol, aspiro el salitre con todos los poros y deseo que el mundo sea feliz conmigo. En un día como éste, si el Hombre llega a estirar un minuto más la llamada del mediodía, le propongo que nos fuguemos a la Maldivas, a subirnos a los cocoteros como Keith Richards, a margullar entre corales y pecios y a liarnos a cerbatanazos con los pescados que se arrimen a la orilla.

Por eso duele más todavía, en un día como éste, un gesto de desafecto. Duele hacer una pregunta incómoda y duele que te respondan de mala gana y luego te viren la espalda, como le hizo la paloma de esta mañana al palomo casi epiléptico que la empujaba semáforo abajo.

En resumen, que me tocó esta mañana cubrir la firma del convenio del Teatro Pérez Galdós con El Corte Inglés y que, aunque llegué impresionada con la obra y en la mejor disposición de ánimo, salí del lugar temiéndome que la alcaldesa se hubiera quedado con mi cara y mi matrícula y comprendiendo que el universo no está tan enamorado como yo.

El acto fue breve, como un galanteo palomar. Se desarrolló en un atrio para tres en el vestíbulo del teatro, con el piso resbaladizo por el polvo de la obra y hecho un nudo móvil de cables de cámaras de televisión. Rafael Nebot, con su bombona de oxígeno en un carrito y aspecto envejecido; Josefa Luzardo, con las piernas abrasadas dentro de unos pantalones de peluche o terciopelo u otra tela igual de asfixiante en color malva, y Valentín Parejo, trajeado, discreto y formal.

La firma fue veloz: cuatro palabras por cada vértice del triángulo y un par de preguntas coladas a la fuerza. Ante el nombre de Luisa del Rosario, dos respuestas breves, un meneo de cabeza y una sonrisa desdeñosa de Luzardo y un actus interruptus en toda regla.

Es triste sentirse impopular en un día como el de hoy, que las espaldas se viren a tu paso y que la gente haga como si no existieras. Porque el amor está en el aire calimoso, así lo zurean las palomas, pero el amor tiene las puertas cerradas en el muy wagneriano, polvoriento y megalítico Pérez Galdós.

pd. De paso, decir que me sigo quedando con el teatro antiguo, aquel que parecía una casita de muñecas, tan íntima como incómoda. A pesar de los calores, los vértigos, las butacas que casi parecían de piedra, etc. etc. etc.

16 de Marzo 2007

El manga y la Loba Jolie

En Vecindario pasan otras cosas, aparte de que desaparecen niños y la gente se lía a tiros en una plaza por un quítame allá esos ruidos. Por ejemplo, hoy comenzó un Salón Manga y Anime, mientras se rastreaban los campos en busca de Yeremi y se discutía el caso de Yeray.

Parece que todas las cosas buenas y normales que pasan en esa ciudad, normalmente acogedora, multirracial y tranquila, quedan eclipsadas en estos días por estos dos casos ... casos que, como afirma Silverio Matos, son aislados y puntuales.

Así que me gustaría en una mínima entrada reivindicar la normalidad para Vecindario, el lugar donde salto a lomos de una tabla de windsurf cuando no me arrastro por una gripe, en que me embosto a tartas Neketan y en que visito al Hombre en cuanto puedo. Y declaro solemnemente que la zona de Santa Lucía, Ingenio y Agüimes está entre las favoritas para mí de la isla, con mejor programación cultural, iniciativas más solidarias, unas callejas luminosas y un mestizaje en sus aceras que a mí, personalmente, me encanta.

Después de romper una lanza por esa normalidad y aunque parezca un cambio de temas algo radical, también me gustaría agradecer a la Loba Jolie su cambio de actividad profesional, justo cuando está a punto de estrenarse El buen pastor, de Robert de Niro, en el Festival de Cine.

En fin, que aparte de ver de cerca da Susan Sarandon, lo bueno que ha tenido este día es el anuncio de la retirada de las pantallas de la Loba, cumpliendo uno de mis deseos más íntimos, aunque confeso en voz alta.

Esperando lo mejor para Vecindario, Yeremi y la cinematografía universal con esta jubilación anticipada, me dirijo a la cama con un libro, deseando que el día de mañana me traiga, aparte de una película georgiana, buenas noticias del Sureste.

Susan in the sky with bananas

Es un placer comprobar que alguien por quien sientes simpatía, como Susan Sarandon, no es una diva que piensa que puede andar sobre las aguas, sino un ser humano cercano, afable, con sentido del humor y un discurso sosegado, además de adornada con una sonrisa a lo Mona Lisa que le ilumina una cara que transmite humanidad. Sólo podría haber mejorado la rueda de prensa de esta mañana el que Tim Robbins, ese ropero humano que dirige maravillas y planta alcaldes, se hubiera sentado a su lado, en vez de García Bolta.

Susan no sólo respondió a todas las preguntas de la prensa detalladamente y con calma, sino que las exigió. Se sometió al flasheo de las cámaras, a los saludos confianzudos y al ritual de meter las manos en yeso frente a los medios y los forofos con tranquilidad.

Dejó sus huellas dactilares junto a las de Catherine Deneuve, con quien protagonizó su "primera escena de amor en el cine", habló de las plataneras que veía en torno a su hotel en el norte de Gran Canaria y reconoció que su película más significativa fue Los búfalos de Durham, donde conoció a Tim Robbins y encontró -además del amor de su vida- más consideración que en cualquier otro rodaje de su carrera ... además de ejercer de mujer inteligente y sexual que no es castigada con una muerte dolorosa al final del metraje.

Mi Susan criticó a Bush, la guerra de Irak, la falta de empuje de los demócratas y el conformismo de los medios de comunicación de Estados Unidos; defendió su derecho a ejercer de ciudadana, además de artista; habló del cine que le gusta y de sus proyectos; manifestó que mañana se paseará en playeras por Vegueta y repartió sonrisas, saludos, posados y autógrafos generosamente.

Total, que yo también habría protagonizado una escena de amor con ella y con vistas a La Cícer encalimada, espumada y pespuntada de surferos en neopreno.



Todos tus muertos

Hablaba con Nenito ayer por la mañana, escarranchada en una butaquita del Multi-ruedas, sobre la fauna que más detesto de la carretera. Llegamos a la conclusión de que se trata de la mensajera escuchimizada, apuradita como si se le quemara el ropero, cabalgando una moto que petardee como a punto de explotar y con las bembas de la Loba Jolie incorporadas.

Aunque use la palabra "taxista" habitualmente como insulto, reconozco que lo mío con ese gremio es una relación de amor-odio. Mi primo Edu pasó por el taxi antes de acabar patrullando los pasillos de MediaMarkt y más de un taxista solícito me salvó vida e integridad y me arrancó la promesa enfervorecida de que pondría su nombre a mis churumbeles en agradecimiento por un servicio.

Uno, en concreto, me acompañó a mi casa a pie desde el parque Don Benito, subiendo toda la calle Cádiz hasta la cancha, cuando estaba indefensa en tacones y traje de fiesta, porque se le averió el vehículo y no quería dejarme ir sola hasta mi casa.

Sin embargo, también sufro a muchos en la carretera, parándose en los sitios más peregrinos y colándose, carotas, por todo recoveco que ven sin un gesto de urbanidad para los demás conductores.

Por no hablar de cuando coges uno como clienta y el conductor procede a enchufarte a ese crispador profesional que es Federico Jiménez Losantos o te da el mítin sobre los desmanes de Zapatero y lo bien que se vivía con Franco o, simplemente, te gasea con el humo de su cigarro, insulta al prójimo generosamente y olvida ese oscuro objeto de desprecio que es el indicador, poniendo en peligro de colisión al taxi y en peligro de paraplejia a tu persona.

Los mensajeros motorizados y telepizzas es otra raza que me da ganas de escachar algún totizo. Por no hablar del típico chandalero descerebrado que asciende a conductor y se dedica a pegar el morro de su vehículo al culo del tuyo y a pitarte alegremente 3 nanosegundos antes de que cambie un semáforo a verde. O el propietario de mercedes o furgoneta, con puro prensado entre los labios, que aparca en plena rotonda.

En fin, que la única que conduce decentemente soy yo, aunque el Hombre me llame de vez en cuando Farruquita. A los demás, deberían retirarles el carnet y hasta la palabra.

15 de Marzo 2007

El tiempo está loco, loco, loco

Mi creencia en que un poder superior maligno se entretiene en jugar conmigo, mi ropa de abrigo y mi vehículo motor se ha convertido en certeza. Estoy segura de que CIA, TIA y FBI, quizás en connivencia con un grupo de científicos milenarios nazis y un par de imperios alienígenas destructores, han elegido Las Palmas de Gran Canaria para experimentar con un gran proyecto de cambio climático sin precedentes. Las teorías conspirativas de Fox Mulder se quedan chicas para esta semana en esta isla.

A las pruebas me remito.

Ayer, el tormentazo, con alcantarillas reventadas, inundaciones y quince grados. Hoy, el calimazo, a casi treinta grados, con el solajero amortiguado por la tierra en suspensión y la playa invitando a una larga siesta entre los brillantes cocoteros al borde del paseo de Las Canteras.

Susan Sarandon llega a la isla precisamente con los calores, apartando trombas de agua y alertas con un flameo de su pelo rojo, discreta y sonriente.

Mañana comienza el Festival de Cine y hoy ya se inaugura la exposición viscontiniana de Pepe Dámaso, con ella de invitada estrella.

Espero que Susan sea un fetiche que nos proteja de esta locura climática y que su aura de estrella desvíe temporales y sirocos de Gran Canaria.

Por si acaso ni Susan puede controlar el proyecto de cambio climático demoníaco, echo mano a la trenca para conjurar a las altas temperaturas y planeo no lavar el coche, acto que equivale a una danza de la lluvia lakota. Además, llamaré a los muchachos del Hullón para reservar hora para la clase de windsurf en Salinas y así ahuyentar hasta la brisa de las costas grancanarias.

Todo por esta gripe residente y por la SuperSarandon.

Yo acuso

Mi madre está un poco de aquella manera. Lleva un par de años en una lista de espera de la sanidad canaria, con un nudo de varices palpitándole bajo la epidermis, casi vivo, y las rodillas desgastadas, en busca y captura de prótesis con las que recuperar la movilidad y desterrar los dolores.

Mis primeros recuerdos de ella incluyen una chola con la que nos amenazaba a mí y a mi hermano por pelearnos, mientras siseaba que no nos iba a hacer nada y que sería peor si no nos acercábamos por nuestra propia voluntad a su dura suela.

Siempre ha sido un poco rebenque e incapaz de tener la casa tirada o dejar que los demás lleven el pelo hecho una cama de gato o sobrevivan a la tarde con los deberes sin hacer. Antes de este amulamiento, habría podido opositar con éxito a interrogadora de la Stasi o responsable de logística de una ONG en Darfur.

Pero ahora se me tumba todo el día frente a la tele, tragando carros y carretas catódicos sin tino.

Mientras escribo, está enganchada a esa peliteñida sin criterio que es Ana Rosa Quintana (la mujer que publicó un libro con su nombre, que fue escrito por otra persona, plagiando a un tercero, recuerdo). De paso, escucha, impávida, a Belén Esteban y a lo peorcito de cada casa. Sin reaccionar.

Me da miedo lo de mi madre. Creo que habría que liberarla, reventando su televisión a coces o metiéndole el Canal Satélite a la fuerza. O raptando a esa caterva de toletes que cobran por atontar neuronas y embarcándolos rumbo a un Polo.

O, mejor, ignorar sus gemidos de dolor y dejarla en Las Canteras, a pie de ola, para que recupere la cordura, la energía y me lance una chola a la cabeza, enrabietada y viva de nuevo.


Síndrome de Estocolmo: Queridos padres

Llevo tres cuartos de hora discutiendo con una impresora rebelde, que no me deja sacar el papeleo sobre las becas del Ministerio de Asuntos Exteriores, madre, y la paciencia empieza a agotárseme. Deben ser como treinta y pico páginas de texto y los países están organizados alfabéticamente, así que Suecia se encuentra justo al final y su nombre aparece mágicamente en el momento en el que se me acaban las unidades para imprimir en mi ex-escuela, JMK, al ladito de Radiohuset y la Sveriges Television. Observo que el ministerio de Abel Matutes no tiene a una lumbrera por webmaster, pero dejo la crítica política antes de que me rompas un plato en la cabeza, vía telepática, o reniegues de mí.

Es tarde, todo está oscuro, espero tu llamada y no hay nadie a quien pueda recurrir para solucionar este fiasco de la impresión.

Me siento frustrada... porque hace frío, el otoño es hermoso pero brutal y mi búsqueda desesperada de trabajos y apartamentos no da fruto. Ni encendiendo velas ateas a Santa Rita, San Antonio y la Virgen de la Milagrosa (y dejo la crítica religiosa, que nos conozco).

Sin embargo, no me quejo.

Quiero decirte que estoy bien. De momento, he sobrevivido al catarro, aunque Claes tiene una medio neumonía encima y peregrina por la casa, semiarrastrándose, tosiendo y envuelto en una estela de gérmenes que repele al más entusiasta.

Aparte de eso, quiero que sepas que me vitamino como loca para sobrevivir y que aunque este maldito otoño sea tan bello como deprimente y el tiempo da ganas de tirarse al primer canal con el que una se cruce, abrazada a algún mamotreto de mármol del Museo Nacional, me resisto al suicidio.

No importa si todos van vestidos como si llegaran de o se dirigieran a mi funeral, empaquetados en negro y ceñudos, con las bufandas ahogándoles, los gorros calados hasta las cejas y las botas chapoteando en esta lluvia que no cesa. Triunfaré, como diría Meg Ryan al aterrizar en París buscando al pánfilo de Timothy Hutton.

Sin embargo, a veces pienso, amada madre, que lograré todas mis metas en este infierno helado cuando ponga rumbo a Arlanda, con el espinazo quebrado bajo varios kilos de sobre-equipaje y llevada en brazos de la nostalgia por tus croquetas de cherne. Entonces, milagrosamente, surgirán las oportunidades que ahora me rehuyen: una hermosa villa en Gamla Stan, un trabajo de lujo en la Ericsson y un hombre maravilloso que quiera ejercer de padre de mis cuatro churumbeles (predicción grabada en las líneas de mi mano) y amante amante de mi cuerpo y alma durante el resto de mi vida (que eso del matrimonio no parece que este hecho ni para los suecos ni para mí).

Sin embargo, no me quejo.

Después de todo, vivo en una habitación en Mariatorget, con vistas a una calle con niños y guaguas rojas. Trabajo, que no es poco, sobre todo, si señalamos que no puedo balbucear más que cuatro palabras en sueco. Estoy sana tanto en cuerpo como en espíritu y, aunque a veces me deprima esta grisura, como tú bien dices, tengo que aguantarme, porque yo lo quise así.

A ti, padre, decirte que la fruta aquí sabe a agua. A frigorífico. A viaje de miles de millas marítimas. A pesticida. Nada como las naranjas y las mandarinas frescas del Corral, ni como los caquis o las almendras o los aguacates. Hasta echo de menos las malditas ciruelas, con sus connotaciones de julios sofocantes y estancias casi infinitas en el baño.

Y echo de menos tus pistos y los pimientos rellenos y los tomates con ajo y aceite de oliva y las ensaladas monumentales que perpetras en tu reino culinario de la calle Alceste. Aquí, estos nórdicos enloquecidos no saben lo que es una comida decente. Todo lo solucionan a grasas. A platos indigestos, pesados, rebozados en colesterol.

Amo tus manos bastas, pequeñas y callosas, padre. Sobre todo, rebozadas en la harina de mis calamares.

Aunque suene como si estuviera a punto de saltar a las calles con una pantalla de ordenador en las manos, dispuesta a rebanar algunos cuellos paliduchos por el camino entre Stureplan y Östermalmstorg, prometo que conservo la cordura.

Cuesta encontrar algo bonito en lo que concentrarse cada día para atravesar este paraíso de árboles prendidos en amarillos y rojos, de alfombras de quebradiza hojarasca rizada, de canales oscuros, rumorosos.

Sin embargo, como Meg Ryan, me prometo que triunfaré. Y no me quejo.

Síndrome de Estocolmo: Siesta

Eddy Grant ondula sus trenzas rasta a bordo de una barquichuela de madera, repantigado sobre unos cojines de colores chillones, y modula sensualmente un "Do you feel my love?" a través de mis auriculares. Al ritmo de sus bongos, me amuermo frente al ordenador en una sobremesa tibia, que se extingue con lentitud exasperante, hasta resbalar en un pozo de oscuridad brevísimo, más espejismo de ocaso que ocaso real.

En tres días llegará el sol de medianoche, limitando la nocturnidad a un par de horas grisáceas, irreales por demasiado luminosas, tristemente descolgadas al borde de las doce. Los mosquitos ronronearán como helicópteros Apache diminutos, lanzándose en picado sobre las carnes descubiertas de los estocolmenses. Se quebrarán las superficies bruñidas de los lagos, espumándose cuando las atraviesen cuerpos como lanzas, blancos y ebrios de sol. Las islas del archipiélago del Mälaren se poblarán de robinsones juguetones.

Pero ahora, en Karlavägen, las hojas de los árboles parecen recortadas en celofán y reverberan con la brisa como cúmulos de mariposas verdes asustadas, presagiando la lluvia. Las paredes de las rancias casonas se contagian de la grisura tristona del cielo, que se ha nublado progresivamente durante el día hasta adoptar un parecido sospechoso con una tarde de agosto capitalina en Gran Canaria. Los ciclistas se apresuran, encogiéndose sobre los manillares y trasmutando en un borrón de piernas su pedaleo sincopado. Las guaguas parecen lombrices, lentas, abochornadas, roturando los bulevares bajo una red de cantos de pájaro tan tupida que casi puede tocarse.

El hombre del tiempo en el informativo nocturno ha explicado a un Estocolmo consternado que llegan unos chubascos de verano. Justo cuando en todo cerebro sueco se elaboran complicados y bucólicos planes para picnics y cuando en todo hogar sueco se rescatan los bañadores de las fauces irreverentes de las polillas.

Por una vez y sin que sirva de precedente, los dioses del tiempo han cumplido las profecías de los meteorólogos.

Los canales atardecen como lomos encrespados de dragones, cubiertos de escamas verdosas de agua, opacas y traicioneras. En sus bordes, anclados en las pequeñas playas de Djurgarden (similares a medias lunas de tiza amarilla), clanes de patos erizados de frío se apelotonan para leer relatos de Cortázar. Los barcos se dejan mecer por la corriente, aceptando las palmaditas irrespetuosas de las olas en sus bonachonas tripas de madera.

Estocolmo se enrosca, quejoso, suplicando un rayito de sol.

Y aquí, frente al ordenador, las radiaciones achicharran las carnes y las retinas.

Eddy Grant me sugiere que le dé amor hasta que no pueda tomar más, con sus dedos color chocolate sumergidos en una sedosa corriente de píxeles dorados.

Imagino que comparto cojín con Eddy. Que la sangre se me vuelve río jamaicano, de eróticos leucocitos bronceados, circulando al ritmo de unos bongos lejanos. O que se torna lluvia, como la que ahora empieza a caer en gotas que son como diminutos lametones en la cara y el pelo y las rodillas desnudas de los rezagados que se apresuran para llegar a la cena.

El amor de Eddy es dulce como una siesta sobre el teclado, cuando una luz de bosque plagado de alces y trolls se filtra por las persianas y Munin y Hugin planean sobre los campos para informar a Odin de las andanzas de los estocolmenses.

Es la hora de dormir.

14 de Marzo 2007

Dolce & Gabbana se manda a mudar

Dolce & Gabbana se ha decidido a cortar por lo sano con polémicas mediáticas y retirar todos sus anuncios de tierra hispana. A la firma italiana no le sentó bien que no se entendiera el sadoerotismo de su último anuncio y debe considerar que el que no comprenda su estética y la emparente con la violencia de género es sólo un provinciano tolete.

Reconozco que, a veces, la gente riza el rizo del puritanismo absurdo, se busca tres pies al gato y se pone el grito en el cielo sin razón ... pero ... en este caso, la crítica a la campaña de D&G me parece totalmente justificada.

Me explico.

El anuncio presenta a un chico que se dedica, aparentemente, a forzar a una chica, espatarradita en el piso y entaconada, mientras un grupito de muchachos novelerean por los alrededores, untaditos en aceite. Da la impresión de que a los espectadores no les va ni les viene el tema o de que esperan turno, pachorrientos aunque glamurosos, para caerle encima a la muchacha.

A mí, personalmente, la escena me recuerda a Acusados, una película que muestra la violación en grupo de una chica en un bar, bajo la mirada de unos cuantos machos cómplices de la cosa. Estoy segurita de que D&G no quiere incitar a que cuatro machangos arrinconen a nadie, lo sorroballen contra el piso y abusen de su persona, pero ...

Aunque no sea invitación a la violencia de género, el anuncio parece que perpetúa la imagen de mujer florero, a disposición del chafalmeja de turno, y transmite valores equivocados a los más jóvenes.

Lo compararía con esas modelos que están hechas de purito palo y surcan las pasarelas hoy en día. Pueden estar saludables -como protesta Claudia Schiffer, indignada- pero convierten una imagen de delgadez tercermundista en algo deseable y marcan a generaciones enteras de mujeres, que pasarán sus vidas intentando entrar en un patrón ridículo, más similar a un escobillón que a una forma humana. O con el insulto que supone para una persona con obesidad mórbida o un trastorno de la alimentación serio el que Valeria Mazza o Cindy Crawford le recomiende un yogur porque no entra en su última minifalda.

En fin, que sayonara baby a Dolce & Gabbana ... por otra parte, una de las marcas favoritas de Victoria Beckham, lo que, en mi opinión, lo dice todo.

Luisa sí está

Luisa del Rosario ha sido compañera de redacción durante los dos años que llevo en este periódico. Según la sección de Cultura en peso, es la persona más cualificada para hablar de música clásica en este diario y probablemente, en la mayoría de los medios de comunicación canarios. Colabora con Mundoclásico.com, su firma figura en muchos de los programas orientativos del Festival de Música de Canarias, ... Sin embargo, parece que su currículo tiene un pequeño defectillo difícil de subsanar: no estar casada con Larry Álvarez.

Ya se ha hablado de su caso con pelos y señales y siento que hay poco más que agredir al tema.

Sin embargo, a mí lo que me llega al alma del caso es que alguien sea capaz de aceptar un puesto de trabajo "ganado" en esas condiciones, que no tenga la decencia de rechazarlo, coloradita de vergüenza y con las orejas gachas.

También me llega al alma el que otro alguien opine que el que se hable del Teatro Pérez Galdós es -en cualquier caso- bueno per se y que su nueva jefa de prensa, Teresa Cruz, lo está consiguiendo sobradamente con esta polémica.

Al respecto, coincido con un comentario del foro del Canarias7 sobre el tema: si lo importante para este puesto no es la preparación, si no el salir en los medios a cualquier precio, aunque sea como ejemplo de nepotismo y corrupción política, bienvenidos sean Rafael Amargo, Belén Esteban y Teresa Cruz.

En cualquier caso, sé que este rotativo gana con el despido improcedente de Luisa del Pérez Galdós. Aunque se trate de un regreso agridulce, es un placer tenerla de nuevo entre nosotros y reconforta sentir la solidaridad para con ella en los medios de comunicación del Archipiélago y sus alrededores.

13 de Marzo 2007

Como diría Alanis Morissette ...

Gracias. Esta tarde presenté mi primer libro, Síndromes de Estocolmo, y me gustaría aprovechar este cachito de ciberespacio para agradecer de nuevo a todos los presentes en cuerpo y espíritu el apoyo.

Desde El Corte Inglés, por acoger el programa de Ámbito Cultural, y Ana Buil, por evitar certeramente el fútbol televisado, a mis compañeros del Canarias7, pasando por el servicio público de transporte, las vías, las gasolineras, las zanjas preelectorales y las rotondas de esta ciudad que permitieron la presencia de mis excompañeros de diversos trabajos, amigos, familiares e incluso alguna sorpresa inesperada, como Antonio y sra. o Bárbara, en el acto.

Con pánico a dejarme atrás algún nombre, quisiera agradecer de nuevo a Federico González Ramírez su prólogo y la oportunidad de escribir siempre lo que quise. El agradecimiento lo extiendo a las sucesivas responsables de La otra mirada y a La Tribuna de Canarias, a la experiencia que fue y la gente que conocí allí. Y, por supuesto, a Ediciones Idea, que aceptó publicar los síndromes -quizás temerariamente- sin conocerme de nada.

Ese mismo agradecimiento llega desde el árbol genealógico de Stevenson y Verne hasta Suecia y nuestros días y pasa por las alegrías y decepciones, los buenos y malos libros, las mejores y peores experiencias y todo lo que me ha convertido en un nombre en la portada de un libro.

Finalmente, agradezco una vez más a mis sufridos padres y mi familia, a mi pedazo de único hermano y a los amigos que dejé aquí, en Suecia y en otras partes del camino, el que fueran la razón para irme y la razón para volver muchas veces.

Eché de menos a Viggo, Diego, Noe, Marc, Silvia, Ana Lola, Ivana, Leandro, Antonio, Alfredo, Aitor, Alexis, Santiago, Cris, Floro, Catherine, Sergio, Marisa, etc. Sin embargo, hay otra presentación del libro en el Cuasquías, el 27 de marzo, a las 20.00 horas. Ahí espero verlos a todos y entonar el Thank you de Alanis, aunque vestida y hecha el mismo boliche de nervios de hoy.

Humor amarillo

A la espera de esos 300 espartanos casi en cueros y enchumbaditos en sangre en plena batalla de las Termópilas. Casi sufro un síncope al leer que Rodrigo Santoro se enfrenta a ese pedazo de Gerard Butler y que por tierras griegas también danzan, con poco más que una coraza y una minifalda de cuero encima, David Wenham y Dominic West, entre otros. De imaginármelo, a Viggo Mortensen pongo por testigo de que se me suben las cejas, el azúcar y las pulsaciones.

Sin embargo, antes de morir -feliz- en plena proyección de 300, con los vellos erizados transformándome en un cardón de carne y hueso, me decido por algo más ligero, The Host en concreto, para regresar a una sala de cine.

Fue a última hora del domingo, tras una pizza ultrapicante en el centro comercial de Vecindario y a la vera de Marc, Ivana y Leandro.

Debo confesar que la película me sorprendió, porque no daba tanto miedo como yo me temía y porque los efectos especiales me parecieron bastante dignos. Además, me mostró Seúl por primera vez y cachitos de una cultura que me resulta tan desconocida como la que pueda existir en los anillos de Júpiter y aún más fascinante. Edificios ultramodernos, el río Han, disturbios con antidisturbios, una variedad sorprendente de comida y calles y parques multirraciales: todo un descubrimiento.

También me hizo gracia el humor coreano, negro y tirando a español en toda su escatología y evidencia.

Total, que -aunque no me parezca una película estupenda- me provocó curiosidad por el cine que se hace en Corea del Sur ... por echarle un ojo bajo la cintura al programa de Asia Noir y descubrir alguna rareza, plagada de ojos rasgados, criaturas nacidas de tejemanejes made in USA y diálogos imposibles.

No espero que la líbido se me rebose por todos los poros, pero sí reírme un rato y reencontrarme con mi capacidad de asombro.

12 de Marzo 2007

Todos los caminos llevan a una quesadilla

Mujer orquesta otra vez, toso, carraspeo, moqueo y estornudo, hecha puro catarro en acción. Después de doparme convenientemente, procedo a explicar que acabo de regresar del Hierro, esa islita mágica, de pura lava y casita blanca, que dormitó, sepultada en calima, todo el fin de semana.

A pesar de que casi no pude ver el mar y de que me perdí a las sabinas, la ermita de los Reyes, La Restinga, el faro de Orchilla y otros muchos lugares con encanto, disfruté intensamente del delicioso vino de la bodeguita de Fernando El Australiano Honorífico, en la cuesta que baja a Echedo, cayendo a plomo sobre un mar que se confunde con el cielo. Con Mauricio, el rojo recalcitrante de Sabinosa, con sus 68 años consumidos dignamente entre la cárcel y la lucha política. Y con Manuela, la coleccionista de cruces de madera familiares, diminuta y enlutada y con una mente lucidísima a los 90.

En fin, que tras visitar la playa del Verodal, el punto más occidental de Europa entre desmorones de malpaís y corrientes salvajes, y leer unos cuantos -muy dignos- relatos de Generación XXI, me preparo un discursito de inauguración de libro.

Siguiendo el consejo de Avatareño Mayor, me autobombo ligeramente. Mañana presentamos Síndromes de Estocolmo, a las 20.00 horas, en Ámbito Cultural del Corte Inglés. Todos son bienvenidos y sólo sufrirán dos párrafos de discurso propio, prometo.

8 de Marzo 2007

Malentendido cultural

Nenito anda bufando por la redacción y mirándome atravesado, porque se me ocurrió decir que la obra maestra de Tolkien es un plomazo insufrible. Como un Cíclope espelusadito y algo consumido, lanza rayos destructores a través de los ojos, que se detienen milagrosamente contra los espejuelos de sus gafas, inofensivos. "¡Sacrilegio!" -me chilla cada una de sus miradas.

Yo tengo que confesar que -a pesar de mi amor incondicional y abyecto por Viggo Mortensen, especialmente cuando le suda hasta la espada élfica y la ropa, hecha puro harapo, se le cae del cuerpo- no pude con todas esas páginas de enanos, elfos, diálogos arcaicos y descripciones bucólicas. Y no lo siento, porque ya no me dan punzadas de culpabilidad cuando no puedo acabarme un libro.

De todas formas, aprovecho el inciso para clamar que a Nenito le botaría la cámara a la obra que hay bajo nuestro balcón-cafetería, por sacarme con aspecto de conejo enloquecido y centenario en el mural de la mujer. Y amenazo que si vuelve a bufarme, lo mismo le quito las gafas, le meto un dedo en el ojo, lo fotografío y lo añado al mural de la mujer en venganza.

Soy mujer y estoy orgullosa de ello

La verdad es que el título de esta entrada es una afirmación un poquito agridulce. Lo cierto es que, si volviera a nacer, sería mujer otra vez, a pesar de la presión social para que encaje en un modelo determinado, de que muchas veces no te tomen en serio porque llevas sujetador, de que las compresas sean artículo de lujo y de que, en general, los hombres parecen seres más satisfechos y felices.

Cuando escucho a Ana Rosa Quintana -mujer que publicó un libro con su nombre, que había escrito otra persona, además plagiando a un tercero- felicitándonos a todas e incluyéndose en el colectivo de las mujeres trabajadoras se me enfría un poco el entusiasmo. Se me escarcha, cuando Belén Esteban se esponja toda como si la felicitación fuera con ella.

También me mata un poco el entusiasmo el leer a Javier Moreno en el Pleamar, contando que somos el colectivo que más producto cultural consume y al que menos se tiene en cuenta en la cultura. El sexo que menos participa como creador y gestor, aunque se nos reserve el dudoso placer de ejercer de musas.

En las tertulias con Vargas Llosa había sólo dos mujeres: las escritoras conocidas son minoría, igual que las compositoras, las directoras de cine o de teatro, las artistas en general, ... Javier hablaba de Alma Mahler y otras genialidades en falda que cayeron en el olvido o no se valoraron adecuadamente. Parece que sólo las actrices porno tienen un reconocimiento en su profesión y un prestigio por el simple hecho de ser mujeres, mientras que en el resto del universo, ser hombre es la repera.

Hoy pienso en Camille Claudel y en todas las que, como ella, tuvieron que pasar por el ostracismo social, el escándalo o el manicomio para que yo no me sienta limitada por un cromosoma. En las que desafiaron a las convenciones, como Josefina de la Torre. En las que fueron despedazadas, como Hipatia.

Esta mañana espero que unas cuantas niñas quemen sus Barbies y se pongan el traje de Spiderman e invito a las compañeras a poner su foto en el mural del Canarias7 y a disfrutar de un bonito día.

7 de Marzo 2007

Katxuli y el guitarrista flamenco

A punto de dirigirme al Auditorio Alfredo Kraus, para disfrutar del punteo velocísimo de Tommy Emmanuel , reviso el periódico online, a ver qué se cuece por el mundo.

Me salto la batalla de Mestalla, porque la tarde está grisona y como triste, y un golpe de sangre barriendo la pantalla no es lo que más me apetece en este momento.

También esquivo a Shakira, moviendo vientre y gorgoriteando en un salón del automóvil, porque cada vez se me parece más a Mariah Carey y me resulta más simplona y absurda. Y a Bono, prestando su imagen a Vanity Fair, porque me tiene ahíta desde que se dedica a estrechar la mano a impresentables como George W. Bush, a frivolizar sobre África y a acabar con el hambre a golpe de conciertos.

Gracias a Julián Muñoz, pidiendo segundo grado por causas humanitarias, me entra la risa floja, pero tengo que agradecer a Antonio Solera la primera sonrisa auténtica de la anochecida.

Ese héroe a una guitarra amarrado, que rescató a una joven nipona de las llamas, agarrándola al vuelo cuando se arrojaba desde una ventana, me parece la noticia más amable de lo que va de semana.

Me recuerda a una historia que oí hace tiempo en la tele: la odisea del Patera, un japonés que se vino a España a aprender precisamente flamenco y que se lanzó desde el barco que lo alejaba de Andalucía y nadó hasta la costa cuando se le expiró el visado de turista.

La conexión hispanojaponesa me fascina y los nipones, aparentemente circunspectos y formalísimos, pero capaces de agarrarse estas pasiones, me admiran.

Me reafirmo en que hay que visitar la tierra de Sinosuke Nohara, el Narayama, el manga y Hattori Hanzo ... y en que hay que leer a Víctor Ramírez.

La sombra de Víctor Ramírez es alargada

A veces, una página de periódico es como un océano en el que naufragas sin palabras suficientes. Otras veces, es como un balde del que se rebosan los morfemas. Las menos, tiene el tamaño justo para el verbo de una.

Ayer, después de la primera tertulia de Mario Vargas Llosa con los novelistas canarios, en la Casa Museo Pérez Galdós, mi página de Cultura menguó como Alicia en el País de las Maravillas tras empinar el codo.

Las tertulias literarias o cinéfilas tienen eso. O, más concretamente, las buenas tertulias literarias o cinéfilas tienen eso: te inspiran para leer, escribir y ver mucho más cine, te descubren nombres, te dan placer, raquitizan las páginas de periódico.

Ayer disfruté de la mesa y del ambiente. No coincidí con Juancho Armas Marcelo, cuando dijo:

Escribir me divierte tanto como el sexo cuando tenía 17 ó 18 años, cuando uno es un tipo sexual decente. Escribo, fumo un Cohiba y puede caer una bomba atómica.

Sin embargo, sí coincidí con él proclamando:

Estamos aquí para divertirnos y darnos placer los unos a los otros.

O con Juan Cruz, cuando citaba al propio Vargas Llosa:

Escribo porque soy desdichado, es una manera de combatir la desdicha.

Y también con Emilio González Déniz, que explicaba:

Cuando me siento feliz, no escribo. El amor se hace, no se escribe.

Se habló mucho de Víctor Ramírez, quizás porque no estaba presente.

Juancho Armas Marcelo comentó su adolescencia juntos, ambos en un grupo de aspirantes a escritores, y lo emparentó con Juan Rulfo, a pesar de que el canario niega consanguineidades con el mexicano. Rafael Franquelo lo mencionó por su fervor hacia Mario Vargas Llosa y pregonó que tenía razón al recomendar la lectura del peruano con tanta pasión. Hasta Juan Manuel García Ramos nombró a Ramírez, relacionando su obra Cada cual arrastra su sombra con Crónica de la nada hecha pedazos de Juan Cruz y con el ejemplo de un Llosa faltón con el lenguaje, al que se imitaba, al principio con timidez, desde la ultraperiferia.

Total, que lo que se me quedó como poso hasta esta tarde, en el fondo del alma, es una curiosidad más fuerte cada vez por leer a Víctor Ramírez, el ausente más presente de la tertulia ... Gabriel García Márquez incluido.

6 de Marzo 2007

Veinticuatro horas

Recuerdo al estimado lector que ya sólo quedan tres días de la Semana del Libro Canario. Hasta El Corte Inglés ha dispuesto, creo que por primera vez en su historia, una de las mesas para novedades sólo con libros de los siete terruños canarios grandes y los dos más pequeños y habitados. Además, han trasladado a los autores isleños hasta la caja, conmutándoles el exilio en el pasillo donde se pegaban con la gastronomía -eclipsados por lo sobrenatural, el sexo y las novelas románticas- por algo bastante más digno. Usted puede adquirir algo escrito en este archipiélago macaronésico y subtropical con un 10 por ciento de descuento. Sólo hasta el jueves.

Recomendaría El verano de Juan El Chino o Mararía, cualquier cosa de Dolores Campos-Herrero o Alexis Ravelo, Cayucos de Pepe Naranjo, ... si existieran, hasta las anotaciones en servilletas de bar cutre y cargado de humo de Aitor Guezuraga. También recomendaría de oídas -porque no he tenido la fortuna de leerlos de momento- Nos dejaron el muerto (Víctor Ramírez) y Faycán.

Asimismo recuerdo al lector que hoy cumple 80 primaveras Gabriel García Márquez y que comienza el Foro Literario Vargas Llosa en Las Palmas de Gran Canaria.

Del primero, me quedo con El amor en los tiempos del cólera y del segundo, con Pantaleón y las visitadoras. E igual que algunos que se decantaron por The Kinks cuando sólo se podía elegir entre los Rolling Stones y los Beatles, estoy a punto de inclinarme por Antonio Skármeta, Ávaro Mutis, Alejo Carpentier, Luis Sepúlveda o Eduardo Galeano la próxima vez que me planteen ese tipo de dilemas con el colombiano y el peruano.

Finalmente y saliéndome de la cosa literaria, recomendaría el concierto de Pat Martino de esta noche, en el Auditorio Alfredo Kraus. No es Goran Bregovic, pero sí que es una entrañable persona, un músico excelente y un maestro que ayer se pasó en tres cuartos de hora de una clase magistral para satisfacer a sus alumnos canarios.

Sólo por haber sufrido amnesia y bordar su carrera musical dos veces, Martino se merece toda la admiración y una excelente audiencia.

Bodas, funerales y otras demencias

Esta noche, en el Auditorio de Tenerife, Goran Bregovic disloca caderas y colapsa marcapasos con su banda de gitanos balcánicos. Esta noche, seguiré en Gran Canaria, mientras fanfarrias cíngaras barren la isla de al lado, desde la refinería a Teno, pasando por las Cañadas, Costa Adeje y La Esperanza ¿Por qué yo? clamo al techo de mi habitación, casi al borde de las lágrimas y con una semilla de rencor brotándome en el pecho.

Y me tiene hablando sola el haberme enterado de que mi Goran canta sus canciones para bodas y funerales en Tenerife a última hora y vía correo electrónico.

Subo los decibelios porque el Auditorio de Tenerife no ha vendido todas las entradas y no hay fémures quebrados en la reventa. Y me ensordezco a mí misma porque no hay forma humana o divina de que pueda estar bajo la luna llena y el casco de conquistador gigante que es ese auditorio, al borde del puerto de Santa Cruz, con todos los vellos del cuerpo erizados y los pies escapándoseme del cuerpo rumbo a los metales de una charanga gitana.

A Viggo Mortensen, Sinaja Bui Simunovic y Mario Fernández me encomiendo, mordiéndome los nudillos de impotencia.

Maldita sea mi suerte: ojalá Sinaja me hubiera enseñado algunas nociones de croata para escupirle cuatro insultos, ojalá la pudiera abandonar en la rotonda de La Ballena en hora punta y ojalá pudiera luego ahogarla sin compasión en el Miljacka.


Mis filias

Para que no se diga que soy una persona negativa y llena de fobias, paso a enumerar mis filias, que son más numerosas que mis antipatías y, en general, casi más fuertes.

Mis pasiones son el mar, las películas de vampiros, el chocolate, los idiomas (tienen efecto afrodisíaco, como en Wanda), Burt Lancaster, la comida exótica, viajar a todas horas y a todas partes (pero especialmente a París), leer a Javier Reverte y planear más viajes, Australia, el cielo africano, Mulder y Scully, escuchar a Emir Kusturica y la No Smoking Band y pensar de nuevo en viajes, Victor Noir, releer Romeo y Julieta, los canales de Estocolmo, Gerald Durrell, la fotografía en blanco y negro, Natacha Atlas, el AC/DC de Bon Scott, bucear con los ojos abiertos en agua aturquesada y cargada de sal, los Simpson, midsommar, Vladimir Nabokov, la lluvia en la cumbre y la nieve de noviembre en Siberia, Carlos Taibo, Marcus Miller, el amarula y los licores dulces, Viggo Mortensen en todas sus formas, el tacto de la arena cuando siesteas en la playa, lord Byron, los documentales del mar (especialmente con tiburones), Figo, fantasear despierta, el Gran Wyoming, el realismo mágico latinoamericano, el Boss, George Orwell, Agios Nektarios, Gabriel García Márquez, dibujar, Robert L. Stevenson, beber vino mientras escucho a Billie Holliday, crear cosas, el fika y el kamaki, mis amigos, El Chorrillo de Tejeda, el futuro, las mandarinas, Grecia, los besos en el cuello, Kurt Kobain, Maruja Torres, Mozambique, viajes sobre todo, la Viena de Schiele y Klimt, las flores de almendro y del limonero, los azahares, los fados, Kavafis, Zebda, Söder, Kurt Elling, el muy literario Dublín, la familia Mumin, el rock puro y duro, Goran Bregovic y miles de cosas más que no caben aquí.


5 de Marzo 2007

Maripositas blancas

Hoy hace un día precioso: luminoso y tibio, con un cielo azul radiante y nubes de algodón de azúcar flotando sobre mi cabeza. Sólo falta un ligero toque de calima para darle un pizco de sensualidad al ambiente. Es el día perfecto para cantar a todo volumen con The Knack un cachito de My Sharona, mientras intento evitar a las mariposas blancas que cruzan el asfalto, aleteando erráticas y felices.

Si no trabajara, me agenciaría una sillita junto al Quiosco Modernista de San Telmo, unas cholas que dejaran dorarse mis dedos blancos, un pantalón pirata bien fino y una tropical fresquita. En honor a Gabriel García Márquez, me llevaría alguno de sus libros para las largas pausas en que dejara de mirar con curiosidad bobalicona a mis compañeros de terraza.

En días como éste, imagino que vuelvo a trepar al lomo de una tabla de windsurf en Salinas o que me cuelo en un neopreno, ayudada por Pepe El Submarinista, y danzo con un pulpo desorientado en una cueva. Podría hasta cometer alguna locura, como lanzarme en parapente a pesar de mi pánico a las alturas, o pensar algo absurdo, como que la banderaza de Soria se ve linda como un eclipse lunar mientras ondea sobre la Fuente Luminosa.

Supongo que la Loba Jolie tuvo un día así de tonto la semana pasada, cuando solicitó formalmente adoptar a otro niño, esta vez en Vietnam.

Y no sé qué me asombra del caso, echando un balde de agua helada a esta euforia solajerienta. Esa mujer, empeñada en coleccionar volumen labial, niños, tatuajes y "obstáculos" en su vida, llevaba ya tiempo sin ser titular y mi dicha no podía ser eterna.

Ahora que estamos en momento de manifestaciones a granel, con y sin causa y a toda hora, creo que me llevaría a ese escenario ideal en San Telmo mi pancartita, con un lema consensuado con la sección de Cultura, para colgarlo de mi festiva sombrilla. Pediría que los Jolie-Pitt se decidieran por la colonización del espacio y la subsiguiente adopción de planeta en planeta y que, por favor, no volvieran a ponerse ante una cámara ni en broma.

Invitaría a varias rondas de cerveza fría en mi mesa metálica, reluciente como un gong de plata, y hasta las maripositas blancas flotarían en formación cerrada, érraticas y felices, desde Bravo Murillo hasta Hanoi.


Hacia el mundo de Cruise y Spielberg

Escuché esta mañana en la CNN Plus que un grupo de "neurocientíficos" logra anticiparse a las decisiones de sujetos bajo estudio y que se planea aplicar estos avances de la ciencia a la criminología. Inmediatamente me acordé de Minority Report.

Una, a pesar de sentir pasión por internet y reconocer que no se imagina ahora apeada de la autopista digital, sin un triste correo electrónico que guardar en la bandeja "importante" ni la ansiedad agridulce de un blog que mantener, tiene su punto tecnofóbico.

Reconozco que noticias como ésta me trasmutan, por un momento, en un clon de Santiago Gil, suspirando por sobres con cartas de amor arrugadas y por una barca meciéndose en la soledad ondulada de la bahía del Confital, con tanzas amarradas a los dedos de los pies y con un libro abierto sobre la curva blanda de la tripa.

Eso de que sepan lo que vas a hacer antes de que lo perpetres, de que te lean la mente, me produce un cierto horror, una cierta desazón. Con lo que me gusta a mí lo imprevisible, el misterio de un cerebro oculto (o no) por una mata de pelo y llenito de trampas, meandros y recovecos. Por no hablar de mis propias neuronas, atravesaditas como ellas solas y propensas al déjà vu.

A veces, la tecnología le mata a una todo el romanticismo en las venas. O en el hipotálamo, ese rincón contaminado con rastrojos de canciones de Kiko Veneno, frases de El amor en los tiempos del cólera, riffs de la guitarra de Angus Young, caricias más o menos expertas y siestas en la veranda de El Corral, arrullada por las ramas de los naranjeros, rascando suavemente las paredes de piedra.

1 de Marzo 2007

Día sin móvil

Me voy a la cama rememorando el momento más glorioso del día de ayer, cuando me paré a la orilla de la rotonda de Belén María entre un camión militar y una de las tanquetillas escarlatas de esos aguerridos bomberos en lucha. En el reproductor de CDs sonaba Danko Jones y la situación me recordaba a algún sueño erótico casi inconfesable.

Cambié un momento a la radio, porque se acercaba una hora en punto, en M80 se paraban los éxitos de los 70, 80 y 90 y se podían oír las noticias.

Allí anunciaron la iniciativa a la que hoy deberíamos todos adherirnos sin dudas: el día sin móvil. Veinticuatro horas para mostrar nuestro rechazo a la subida de un 25 % en el establecimiento de llamada de las tres compañías principales de telefonía móvil del país, anunciada a partir de hoy, cuando entra en vigor la Ley de Mejora de Protección de los Consumidores y se prohíbe el redondeo al alza.

Personalmente, pienso dejar el teléfono móvil en casa y limitarme al fijo. Además, barrunto otras iniciativas que puedan salvarnos de abusos, incordios y, en general, que nos tomen por el pito de un sereno.

Ahora mismo, por ejemplo, propondría un día sin televisión, porque escucho de fondo a Pedrojota Ramírez e Ignacio Villa , despotricando en sus 59 segundos cargados de mala leche, conspiraciones y ecos venenosos de la Guerra Civil. Y porque esta tarde pude ver fragmentos del nuevo programa de Jordi González (Telecinco) en La Sexta y todavía no salgo de mi horror ante la combinación de la total desfachatez con el polígrafo y las pruebas de ADN.

[Y aquí hago un inciso para explicar que personalmente opino que con 24 horas sin Telecinco y Antena 3, ya ganaríamos un terreno tamaño Groenlandia]

Puestos a sugerir, ya me lanzaría y propondría 24 horas sin coche, 24 horas sin David Bisbal, 24 horas sin inauguraciones preelectorales, 24 horas sin comidas rápidas y 24 horas sin hipoteca ... sólo para empezar.