Virusina
Estornudo y toso, carraspeo y moqueo. Maldito lunes helado de Carnaval, malditas corrientes de aire por Las Canteras y maldita Santa Catalina, repleta con informáticos con rizos travestidos de mujer, cabareteras de dos metros, Tino Armas aferrado a su cámara y chiringays abarrotados. Ayer hasta me crucé con el Solanero, agarrado a una Barbie y gritando "¡Jennifer!" que se volvía loco. Mientras, David Civera o algún otro impresentable del top Cuarenta Insoportables berreaba un estribillo machacón y decenas de mascaritas lo coreaban ovinamente.
Me gustaban los Carnavales cuando la gente intentaba ser original y todos tenían que ver con todos. Ahora tienen un desangelamiento que deprime.
Por no hablar de que se están transformando en macrobotellón y de que vadear ese parque sin romperse un cuerno al pisar una botella de ron mediada se convierte en una odisea.
Parezco una viejita masticando críticas y hablando de que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero los Carnavales actuales me dan ganas de encerrarme en casa y no salir hasta que mueran, mientras imagino con placer un posible accidente en grupo de triunfitos y su desaparición del universo musical inmediata e irreversible.
En fin, que queda menos, que me duele la garganta y que planeo una sentada con Ley y Orden mientras me dopo en el sofá y la noche congela todo lo que queda más allá de mi puerta.


