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In memoriam

Acaba de morir Anna Nicole Smith, celebridad televisiva, ex-playmate, rubia, viuda de multimillonario decrépito, litigante por una fortuna escarbada de los campos de petróleo de Texas, madre de un hijo fallecido por culpa de un cóctel de drogas, madre de una niña de meses cuya filiación no está clara, amiga de los estupefacientes y con un matrimonio no legal pendiente con su abogado. Tenía sólo 39 años.

Anna Nicole era un icono de la cultura de principios de siglo en Estados Unidos, con su propio reality show en televisión y sus parodias en MadTV, que la presentaban como una especie de ballena rubia, cargada de pastillas hasta sus revocadas cejas y obsesionada con el sexo.

Sin embargo, también era prácticamente una desconocida aquí, igual que otras muchas rubias explosivas que forman parte del universo paralelo There's tomate here en el país del rock and roll y la libertad a golpe de bala.

Debo reconocer que, aunque pareciera una Barbie descerebrada, la mujer me caía bien. Y me caía bien desde que leí que había conocido a un magnate del Oro Negro en su club de striptease, que él tenía 89 años y ella apenas había superado los 20, que se enamoró perdidamente de él y que se las arregló para raptarlo rumbo a la vicaría.

Supongo que la familia en pleno de J. Howard Marshall, el millonario que sobrevivió 14 meses a su boda con Anna Nicole, estaría a punto de apoplejía tras conocer a su nuevo miembro, en el momento en que probablemente se frotaban las manos a la espera del deceso del patriarca y el reparto de la herencia. Y más fulminante sería la apoplejía cuando la bembuda, maquilladísima y superneumática stripper decidió batallar por la fortuna de su difunto marido.

Después llegaron su programa televisivo, sus problemas con las drogas, su obesidad, el escarnio público, sus problemas legales, el nacimiento de una hija cuya paternidad no quiso revelar, la muerte de su hijo en la habitación del hospital de Bahamas donde ella acababa de dar a luz y ahora su muerte por probable sobredosis.

La vida de Anna Nicole fue tumultuosa y sus últimos meses, no muy felices. Perseguida por la justicia y los paparazzi, criticada por casarse tres días después de la muerte de su hijo y con dos hombres disputándose el apellido de su hija, intuyo que cualquiera más fuerte que ella se habría dado a la politoxicomanía para olvidar.

Ahora queda un payaso menos del que reírse en las pistas imaginarias del circo mediático de Hollywood y una niña de meses, desamparada, a la espera de una fortuna y con dos posibles padres intentando echarle la zarpa al dinero.

Pobre Anna Nicole. Que descanse en paz.

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Comentarios

  • El cadáver de Anna Nicole ya lo quisiera yo para mí (excepto los quintales de silicona), pero no su vida. Siempre desde fuera y por lo que una se imagina, me parece que llevó una vida bastante vacía y solitaria.

    En fin, una pena.