Bonito día
Hoy hace el día perfecto. Entre 26 y 27 grados y un cielo que parece sobreexpuesto en su celeste desvaído, algo polvoriento. Un sol reluciente invita a la playa o la terraza, arrancando reflejos festivos al mar, y hay borrones de nube repartidos por el éter. Hace tiempo de verano, de embutirse en el neopreno y subirse a la tabla en Salinas. O de llamar a Pepe El Submarinista y sumergirse el El Cabrón, con los ojos como platos dentro de la máscara ante tanta vida.
Este tiempo me pone de buen humor y eso se nota en el reproductor de CDs del coche, donde gritan The Killers mientras atravesamos la Avenida y una sonrisa me baila bajo las gafas de sol que tiñen el mundo de violeta.
Me dan ganas de enfilar a Ojos de Garza a comer pescadito junto a la marea que lame las casas o hacia Agüimes, a pasear entre las casas de colores y escuchar jazz en la tartería que se esquina en la plaza del Rosario. O al Chorrillo de Tejeda, a ovillarme bajo el cardón de la Finca El Corral con un libro y una limonada bien azucarada al alcance de los dedos.
Incluso la perspectiva de asomarme al balcón de la redacción, con vistas a los containers del Puerto de la Luz y los perfiles borrosos de la isla, se vuelve casi poética. Porque existe la posibilidad de ver cómo se incendia el cielo de rosa y naranja sobre los lomos de las montañas mientras me enveneno lentamente con el café de máquina.
Feliz al desempolvar mis cholas de verano, me acomodo en mi silla y espero que el sol muera sobre mi pantalla una tarde más.


