En mi experiencia profesional en la industria farmacéutica, tuve la suerte de poder disfrutar de una jefa, Cristina Ros, que la recuerdo con mucho cariño, entre otras cosas, por haberme enseñado mucho de lo yo sé ahora, y por ser mi compañera de trabajo durante esos años de la vida de uno, que marcan completamente el destino de uno -sobre todo, si uno conoce a su mujer trabajando en la misma compañía-
Por circunstancias de la vida, ahora nos hemos vuelto a encontrar, entre otras cosas porque ella sigue en la industria farmacéutica, y mi padre y yo tenemos el mismo nombre y apellido...y claro llamándote Ovidio, es más fácil unir puntos.
Para algunos mi nombre será feo, para otros, será extraño y para mi, simplemente es el que tengo, y lo llevo con orgullo. Es verdad, que tiene su parte incómoda de tener que deletrearlo muchas veces a lo largo del día, pero bajo mi punto de vista, tiene más ventajas que inconvenientes, porque si alguien habla de Ovidio, es más probable, que todo el mundo sepa de quien se está hablando, para bien o para mal, pero ya intentaré yo, con mi día a día, darle argumentos a la gente para que hable bien.
Y ya que hoy hablo de reencuentros, la semana pasada tuve tan bien otro gran reencuentro en la distancia, y es que después de 15 años sin haber visto, a "mi familia americana" volví a tener contacto con ellos...El cambio ha sido sorprendente en uno de "mis hermanos" americanos, que tranquilamente habrá subido unos cincuenta kilos de peso, lo que para mi ha sido, un ejemplo claro, de lo que la obesidad representa en Estados Unidos
