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Novedades en la categoría zoo urbano

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El Club de los negocios raros se reúne de nuevo: agüita, Juana es el lema. Tuning art en estado puro, y un cuadro listo para el MoMA...
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Video lectura del relato La ciudad esta noche (Ensalada de canónigos), de JRamallo.

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Hace unos días padecí una fuerte alergia en la piel, soy una perra muy sensible, qué le vamos a hacer. El caso es que me llené de ronchas y me subió la temperatura, picaban mucho las condenadas y no podía dejar de rascarme. Cuando Loquia me vio se asustó mucho porque parecía un pimiento morrón. Eso le dijo a Solo gritando: "¡la perrita parece un pimiento morrón!". Así que Loquia decidió llevarme rápidamente al veterinario, ya sabéis lo que detesto a los susodichos, siempre con sus termómetros preparados para meter en el culo, y sus inyecciones que todo lo curan. Ese día estaba lloviendo y nosotros no tenemos coche, así que Loquia decidió arriesgarse e ir a la parada de taxis para ver si había suerte, al fin y al cabo, era una situación especial, de urgencia. Pues nada, con la lluvia mojándonos los amables taxistas ni nos miraron, bueno algo sí, lo justo para decirnos sistemáticamente NO. A pesar de ver a Loquia con la cara desencajada, a mí a punto del shock anafiláctico, y a estar todos allí sin dar ni golpe -será por la crisis-, ni uno solo quiso llevarnos. La decepción fue grande, y la verdad es que me sentí como un ser apestado por aquellos humanos. Creo que soy una perra educada y limpia; y creo que Loquia también lo es, en versión humana, claro, así que no entendí la negativa. Loquia levantaba las manos y decía cosas como: "y luego se quejan de la crisis, será posible".

Loquia decidió entonces llamar a un radio taxi, y la chica que cogió el teléfono le dijo que iba a preguntar si algún taxista estaría dispuesto a llevar a un perro. Perdonen por la expresión pero ¡Coño!, que soy una perra y pequeña, no un cocodrilo o un rinoceronte. ¿Cuántos humanos sucios y apestosos se sientan al día en los taxis?
Por desgracia esta historia se repite en el resto de transportes públicos, y también en restaurantes, playas, parques y hoteles, donde se niega la entrada por sistema a mascotas sin antes comprobar el grado de educación de las mismas. ¿Se puede tratar a todos los humanos de la misma manera? Pues a las mascotas tampoco. Pagar justo por pecador es algo normal en esta sociedad, pero creo que hay casos y casos. Creo que una sociedad moderna y avanzada es aquella que sabe distinguir estos casos, y promueve fórmulas de convivencia común. En Alemania, Francia, Inglaterra, o incluso Estados Unidos, las mascotas son admitidas en sitios que aquí todavía vemos como imposibles.

Por fortuna existen asociaciones como elrefugio.org, que realizan campañas de concienciación para que se admitan mascotas en lugares hasta ahora prohibidos. Espero que poco a poco se reconozca socialmente, el lugar que ya ocupamos dentro de las casas y en las familias. Para ello es necesario que los humanos nos vean como algo más que un ser con el que desahogar sus frustraciones, o con quien dejar al niño para que se entretenga. Son muchos ya los que nos eligen como compañeros de vida al margen de otros humanos. Y es lógico, nosotros no traficamos con los sentimientos, amamos y dejamos que nos amen, sólo eso.


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Zoo



Besugos y pardelas calle arriba,
Y un cerdo que baja
Enfrenta las miradas.

Perros y gatos de andar por casa
Crean pantomima de zoofilia,
¿Arte digno de teatro griego,
O de circo romano?

Focas monje resueltas en urogallas
Tibias y lozanas parlanchinas
Expertas en mudar plumas
Y amueblar mediocridades.

Simios lampiños
Sudorosos seductores,
Hérculos grandiosos
Indomables bravucones.

Ratonas de tacones finos
Y uñas de porcelana
Como pavas en conserva
Buscan comensales....

Puerca tentación calle abajo,
Pues miel joven se antoja
Bocado de cualquier boca,
Y cría de ningún respeto.

Puerca sensación querida por todos
En Grotesco Universo animalario,
Raciones de razones
En pienso ansiolítico engullidas,
Escaparate hipocresiáco
De gigantesco matadero.>

Ofelia

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Adoro el silencio. Disfruto el silencio.

El momento del día que más me gusta, es su noche. De madrugada, paseando por la terraza donde tengo ubicado mi confortable loft, soy feliz. Me tumbo en el suelo panza arriba y miro al cielo. Algunos días puedo ver estrellas, y otros, incluso, la luna. Cuando hay luna llena la felicidad llega a grados de utopía, sólo rota por la música estridente de algún coche en la calle, o, lo que es peor, por el camión de la basura y sus basureros gritones. Juro por mis antepasados franchutes, que un día, con ayuda de Solo, grabaré en video el comportamiento de estos pérfidos humanos, explicando así el porqué de mi creciente odio hacia ellos. Video que por supuesto colgaré en este mi querido blog.

Durante las horas diurnas me resulta casi imposible encontrar ese silencio necesario. Mis finos y curiosos oídos no paran de registrar información, y más de un susto me he llevado paseando por la ciudad. Pitas de coches, máquinas que arrastran piedras en obras, humanos que no hablan, NO, no hablan, sólo gritan; y música alta en cualquier esquina... Hay días que preferiría no pasear, no salir de casa. Hay días en que el silencio no aparece y yo me quedo temblando en un rincón, inmovilizada por el ruido que lo ocupa todo, lo destruye todo.

Sin duda prefiero las noches y la luna para disfrutar a solas del silencio.



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Por las calles de esta ciudad hoy se han oído trompetas y timbales. Humanos vestidos con trajes de colores brillantes bailaban y algunos reían. Fuegos artificiales pequeños, quizá petardos, explotaban por los rincones... yo he sentido miedo.

Pero ha sido un miedo extraño. He oído que mañana habrá más de lo mismo, y pasado mañana también. Mientras imagino el estruendo de los próximos petardos, de los repiques de tambor, de los gritos de alegría encorsetada, siento que el miedo extraño agarra mi tripa y eriza mi pelo. Este miedo me da dolor de cabeza e insomnio. Este miedo, en fin, hipoteca mi alegría por tiempo indefinido, que es mucho más que a cuarenta años.

La ciudad donde vivo no se parece mucho a Roma, pero pan y circo hoy no han faltado. Quizá sea ahí donde radique el origen de mi miedo: pienso que el pan se podría acabar, y el circo, en lugar de llenarse con comparsas, lo hiciera entonces con leones hambrientos...

Me duele la cabeza y tengo sueño. No quiero pensar más en el futuro porque el miedo extraño se adueña de mí, así que me iré a dormir. Al fin y al cabo, como otras veces ya he escrito, yo no soy más que una perra, una perra desparasitada y miedica que no debería estar pensando en el futuro.

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Hacía calor y nos fuimos de paseo. Solo cogió la cámara y Loquia mi agua.

En la nueva plaza había mucha gente. Desde que la inauguraron con fuegos artificiales y música siempre hay mucha gente. Paseando, sentados en los bancos, sentados en el borde del lago -así lo han llamado los humanos políticos y los humanos arquitectos-, esperando que un chorro de agua que sale desde el centro del lago se ponga en marcha... y luego algunos aplauden y otros no. Y algunos dicen pues vaya, y otros pues está bien, y otros pues me gusta y no...

Y mientras yo me entretenía con unos chicles y algún caramelo derretido pegado al suelo, Solo dijo: lo voy a grabar. Y se puso a mover la cámara. Todos los humanos comenzaban a murmurar y a reír bajito, y un hombre salió desde el centro del lago vestido y mojado y diciendo cosas como si estuviera enfadado, muy enfadado...

Tres humanos con trajes azules, guantes y pistola, hablaron con él un ratito pequeño y luego se fue, se marchó dejando huellas de agua en el suelo.

Nosotros regresamos a casa, el chorro seguía sin salir...


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