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Archivos Noviembre 2009

Me acarician y nos besamos. Son humanos pero me gustan. Ibrahim, Paolo, Peter, Miguel... de noche duermen donde pueden y por la mañana se tumban en el suelo de la plaza para jugar un rato conmigo. Los humanoides pasan y nos miran pero no se acercan. Mis amigos beben y sonríen y a veces cantan y siempre me quieren. Yo también mucho a ellos.
Es extraño porque no parecen humanos. Los huelo. Suciedad, vino, cerveza, me gusta porque son como yo. Nos reconocemos. Somos animales orgullosos.
Los niños se marchan cogidos de la mano de sus grandes. Sus grandes caminan rápido con la mano en la cartera y el bolso. Todos huyen y miran desde lejos, pero a mí los que no me gustan son ellos, los humanoides que huelen a flores y gominas, los limpios por fuera porque ya sé algo, ya sé que por dentro no huelen tan bien.


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Me acarician y nos besamos. Ibrahim, Paolo, Peter, Miguel... humanos que han querido dejar de serlo. Animales que no quieren fingir, como yo, que viven sin más, sin pedir nada a cambio.

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Ensalada de canónigos.png

11/04/2012

Un fantasma, eso es lo que parecía, un esqueleto, un moribundo.
Cuando me hablaron de él nunca imaginé que lo encontraría en esa situación.
Sí, es cierto, me habían advertido que no pasaba por su mejor momento, que se encontraba muy delicado de salud física y quizás mental, pero algunos le seguían recordando como el mejor.
Cuando lo vi sentado en aquella cama, con una vieja y roída bata abierta, mostrando sus salientes costillas, el pecho hundido encima, la piel blanca, reseca, las rodillas dos bolas deformes y prominentes destacando en el conjunto que formaban sus escuálidas piernas, los calcetines blancos rotos por los dedos, sueltos, sin tener carne y apenas una tibia finísima donde poder sujetarse. Su rostro enjuto y amarillo, barbudo... a punto estuve de darme la vuelta y salir de aquel oscuro y fétido cuarto, pensando que sin duda me había equivocado de lugar, de persona. Pero no, no me había equivocado, aquella cosa era Basil, el vidente. (...)

Solo

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Tengo las orejas grandes. Sí, lo sé. Aunque si lo pienso bien no sé si la cuestión es que tengo las orejas grandes o la cabeza pequeña.
Tengo las orejas grandes y un espejo pequeño que uso poco. ¿Para qué sirve un espejo? Lo agarro con los dientes y lo dejo caer en el suelo de la terraza. El sol manda un reflejo y ahí está mi cabeza pequeña en un cuerpo pequeño con unas orejas... ¿Para qué sirve un espejo?
Los humanoides se miran y se miran en espejos de todos los tamaños. ¿Qué esperan ver? Los pliegues de mi cara cada día que pasa son más pliegues. Mi cara menos cara. ¿Acaso no pasa lo mismo con los humanos?
Tengo las orejas grandes, lo sé pero, qué puedo hacer al respecto. Me gusta cuando Loquia me las rasca, me las acaricia. Me gusta cuando Solo me tira de ellas. Sí, me gusta, soy una perra cañera.
Paseo y veo humanas que parecen pájaros. Piernas flacas. Brazos flacos. Tetas gordas.
Paseo y veo humanos que parecen gorilas. Piernas gordas. Brazos gordos. Tetas gordas... ¿cómo tendrán el cerebro? Deforme.
Tengo las orejas grandes y un espejo pequeño. ¿Por qué da mala suerte romper un espejo?


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