los blogs de Canarias7

Archivos Junio 2009


Pues eso, que llegó el verano y a mí me cuesta...
Con este calor lo paso mal, es la realidad, y si consigo verme desde fuera -cosa que intento con todas mis fuerzas por aquello de aprender, de madurar-, soy consciente de que mis movimientos se ralentizan: me convierto en una perra que se mueve a cámara lenta y en blanco y negro.

Mi día comienza a las tres de la mañana -aprox-, que es cuando me activo. Me levanto, me estiro, bebo un poquito de agua, como otro poquito de pienso, de nuevo agua y a la piltra otro par de horitas: me vuelvo a desactivar. A las ocho y media -que es cuando comienza mi vida familiar- vuelvo a activarme, pero a esa hora ya el sopor se va apoderando de mí, y como si me hubiera comido seis o siete valerianas me voy cayendo por las esquinas, desparramando mis nueve tetas en cualquier pedazo de suelo fresco que encuentro. Así, más o menos, hasta las diez de la noche, que es cuando reaparece mi verdadero yo, y con él, las ganas de correr, de jugar; y diría, viendo las caras de Solo y Loquia, de molestar.
No, no me gusta mucho el verano, y aunque a los humanos se les nota más animados, sonrientes, dispuestos, a mí me pasa todo lo contrario, me cuesta salir de casa, me cuesta mover mi pequeño y atrofiado rabo, me cuesta respirar...

Vi por la tele lo del humano Michael Jackson, y luego busqué videos suyos por Internet, porque la verdad es que por mi edad no sabía muchas cosas de él. Después de un par de días de visionado he sentido una empatía especial por ese extraño humanoide, una cercanía casi física al verlo presentar los que iban a ser sus últimos conciertos: se movía a cámara lenta y en blanco y negro... le costaba respirar.



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Tete.jpg

En esta ciudad donde vivo los humanos se han vuelto locos. Llevan dos días gritando cosas como que bote que bote; no sé qué de bandera tricolor; y lo que más er tete, er tete a primera división...

Yo no entiendo lo que quieren decir. Las calles están más sucias que nunca y apenas puedo echar un sueñecito. Las pitas de los coches no dejan de chillar y los humanoides más pequeños corren de un lugar a otro como si les hubiera picado algo, algo extraño y rabioso.

A mí me gustaría saber qué es eso de Er Tete, pero nadie me lo explica. Solo anda por la casa como un zombie, con los tapones puestos y la mirada perdida. Loquia lee periódico tras periódico, escucha música y me atiende, pero de lo de Er Tete nada de nada.

Quizá mañana todo se calme un poco, quizá se pase este brote de demencia repentina y los humanos de mi ciudad vuelvan a ser como antes, sucios y gritones pero algo más tranquilos... Y quizá alguien me pueda explicar que es eso de Er Tete.

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crónicas marcianas.jpg
Regreso aturdida pero aquí estoy, todavía intentando asimilar tantas cosas que han pasado en estos quince días de reflexión fuera del blog que me he tomado.

Me cuesta, reconozco que en ocasiones sumo días en los que a mi cerebro de Bull dog le resulta casi imposible asimilar, filtrar tanto desorden, tanto caos. Me tumbo en el suelo caliente de la terraza con un aire suave moviendo mis orejas y pienso: ¿por qué es tan complicado para los humanos alcanzar la felicidad, esta felicidad? Un poco de sol, un poco de aire, comida, paseos, cosquillas y lametones, dormir...

Leo periódicos, veo la televisión: hombres que matan a mujeres, mujeres que matan a niños, bombas nucleares, héroes deportistas, aviones que se caen, muertos por hambre en un lado y muertos por gula en el otro. Elecciones: políticos desnudos y políticos vestidos que hablan mucho sin decir nada; atiendo a sus palabras, a sus discursos, pero no consigo saber qué es lo que quieren al margen de ganar.

Piso los periódicos y no miro la tele, un libro, sólo un libro y me voy a Marte, quizá allí marchen mejor las cosas. Crónicas Marcianas (Ray Bradbury) tirado por el suelo y yo que lo cojo con ilusión, con ganas de escapar de la tierra por unas horas. Paso páginas y la cosa no mejora, los humanos siguen haciendo de las suyas: conquistan y matan; buscan pero no encuentran la felicidad:

(...) los hombres de Marte comprendieron que si querían sobrevivir tenían que dejar de preguntarse de una vez por todas: ¿para qué vivir? La respuesta era la vida misma. La vida era la propagación de más vida, y vivir la mejor vida posible. Los marcianos comprendieron que se preguntaban ¿para qué vivir? en la culminación de algún período de guerra y desesperanza, cuando no había respuestas. Pero cuando la civilización se tranquiliza y se calla, y la guerra termina, la pregunta se convierte en insensata de un modo nuevo. La vida es buena entonces, y las discusiones son inútiles.
Crónicas Marcianas (Ray Bradbury; 1946).

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