He oído todo tipo de explicaciones acerca de mi nombre. A menudo, en la calle, los seres humanos curiosos preguntan a Loquia o a Solo por él ( mi nombre), y cuando responden "Ofelia", además de risas he podido escuchar un sin fin de comentarios. Por ejemplo: Ah, sí, así se llama una amiga de mi cuñada; o, uy, eso es nombre de persona antigua ¿no?; o, sí, como la novia de Popeye (Olivia señora, esa era Olivia). Y algunos -no muchos, la verdad- han nombrado a la Ofelia de Shakespeare (sin duda personaje en el que se inspiró Rimbaud para escribir su poema).
Mi nombre es de origen Francés, Ophélie, y la idea de ponérmelo en versión española fue de Loquia. A ella le gusta mucho un poema de A. Rimbaud que lleva ese título, y que sin más, escribiré a continuación en español. En mi humilde opinión perruna, no tiene la musicalidad, el ritmo, que en francés, pero también creo importante que se entienda, por eso, por mayoría, lo pongo en español.
En la onda calma y negra donde duermen
las estrellas, la blanca
Ofelia flota como
un gran lirio, acostada
en sus velos larguísimos muy lentamente flota...
-Se escuchan en los bosques lejanos unos cuernos de caza.
Hace más de mil años que la apenada Ofelia
pasa, fantasma blanco, sobre el largo río negro.
Hace más de mil años que su dulce locura
murmura su romanza a la brisa nocturna.
Besa el viento sus senos y despliega en corola
sus gasas, grandes gasas blandamente mecidas
por las aguas; los sauces
escalofriantes lloran sobre sus hombros, los
cañaverales se reclinan sobre su soñadora frente.
Los ajados nenúfares suspiran
alrededor de ella; ella, a veces, despierta,
de un aliso que duerme,
algún nido del que un aleteo se escapa:
-Un canto misterioso de los astros de oro
cae.
!Oh, pálida Ofelia, bella como la nieve!
Sí, tu moristes, niña, por un río arrastrada.
_Y es que los vientos de las grandes montañas
de Noruega cayendo
te hablaron al oído de la ardua libertad;
érase que una ráfaga,
ondeando tu grandiosa cabellera
llevaba extraños ruídos a tu espíritu
soñador; que escuchaba
tu corazón el canto de la Naturaleza
en las quejas del árbol,
en los suspiros de las noches;
érase que la voz del mar enloquecido,
extertor desmedido, rompía en
tus infantiles senos demasiado humanos
y demasiado dulces;
y érase una mañana
de abril que un caballero
pálido, un pobreloco, se sentó enmudecido en tus rodillas.
Cielo, Amor, Libertad...¡Que sueños, pobre loca!
Tú te fundías en él como la nieve al fuego:
tus visiones enormes
estrangulaban tu palabra -y el
Infinito terrible turbó tu azul mirada.
Vienes todas las noches -eso dice el Poeta-
bajo los rayos de los astros a
buscar aquellas flores que cogiste;
y que ha visto en el agua, recostada en susu velos,
flotar a Ofelia, blanca, como un enorme lirio.



