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Archivos Marzo 2009

rimbaud1.jpg He oído todo tipo de explicaciones acerca de mi nombre. A menudo, en la calle, los seres humanos curiosos preguntan a Loquia o a Solo por él ( mi nombre), y cuando responden "Ofelia", además de risas he podido escuchar un sin fin de comentarios. Por ejemplo: Ah, sí, así se llama una amiga de mi cuñada; o, uy, eso es nombre de persona antigua ¿no?; o, sí, como la novia de Popeye (Olivia señora, esa era Olivia). Y algunos -no muchos, la verdad- han nombrado a la Ofelia de Shakespeare (sin duda personaje en el que se inspiró Rimbaud para escribir su poema).
Mi nombre es de origen Francés, Ophélie, y la idea de ponérmelo en versión española fue de Loquia. A ella le gusta mucho un poema de A. Rimbaud que lleva ese título, y que sin más, escribiré a continuación en español. En mi humilde opinión perruna, no tiene la musicalidad, el ritmo, que en francés, pero también creo importante que se entienda, por eso, por mayoría, lo pongo en español.


En la onda calma y negra donde duermen
las estrellas, la blanca
Ofelia flota como
un gran lirio, acostada
en sus velos larguísimos muy lentamente flota...

-Se escuchan en los bosques lejanos unos cuernos de caza.
Hace más de mil años que la apenada Ofelia
pasa, fantasma blanco, sobre el largo río negro.
Hace más de mil años que su dulce locura
murmura su romanza a la brisa nocturna.
Besa el viento sus senos y despliega en corola
sus gasas, grandes gasas blandamente mecidas
por las aguas; los sauces
escalofriantes lloran sobre sus hombros, los
cañaverales se reclinan sobre su soñadora frente.

Los ajados nenúfares suspiran
alrededor de ella; ella, a veces, despierta,
de un aliso que duerme,
algún nido del que un aleteo se escapa:

-Un canto misterioso de los astros de oro
cae.

!Oh, pálida Ofelia, bella como la nieve!
Sí, tu moristes, niña, por un río arrastrada.
_Y es que los vientos de las grandes montañas
de Noruega cayendo
te hablaron al oído de la ardua libertad;
érase que una ráfaga,
ondeando tu grandiosa cabellera
llevaba extraños ruídos a tu espíritu
soñador; que escuchaba
tu corazón el canto de la Naturaleza
en las quejas del árbol,
en los suspiros de las noches;
érase que la voz del mar enloquecido,
extertor desmedido, rompía en
tus infantiles senos demasiado humanos
y demasiado dulces;
y érase una mañana
de abril que un caballero
pálido, un pobreloco, se sentó enmudecido en tus rodillas.

Cielo, Amor, Libertad...¡Que sueños, pobre loca!
Tú te fundías en él como la nieve al fuego:
tus visiones enormes
estrangulaban tu palabra -y el
Infinito terrible turbó tu azul mirada.

Vienes todas las noches -eso dice el Poeta-
bajo los rayos de los astros a
buscar aquellas flores que cogiste;
y que ha visto en el agua, recostada en susu velos,
flotar a Ofelia, blanca, como un enorme lirio.

A. Rimbaud
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Bukowski y cerveza.jpg

Este es el último libro que he leído: Hollywood, de Charles Bukowski.

"Jon se puso a trabajar. Se hicieron copias del guión, se enviaron a productores, agentes, actores. Yo volví a jugar con la poesía. También planeé un nuevo sistema para el hipódromo. El hipódromo era importante para mí porque me permitía olvidar que, supuestamente, yo era un escritor. Escribir era extraño. Necesitaba escribir, era como una enfermedad, una droga, una fuerte compulsión, sin embargo no me gustaba verme a mí mismo como escritor. Tal vez había conocido a demasiados escritores. Empleaban más tiempo hablando mal unos de otros que en hacer su trabajo. Eran inquietos, cotillas, solteronas; se quejaban, apuñalaban por la espalda y estaban llenos de vanidad. ¿Esos eran nuestros creadores? ¿Siempre fue así? Posiblemente. Tal vez escribir fuese una forma de quejarse. Sólo que algunos se quejaban mejor que otros".

Charles Bukowski; Hollywood (1989)

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Imagen 002.jpg Este fin de semana pasado hemos visto en casa una película que me ha gustado mucho. Quizá porque en mi interior la genética se ha removido; quizá porque la historia en sí tiene todos los ingredientes necesarios para conmover; quizá porque Edith Piaf me parece un ser humano mujer diferente, excepcional, inconfundible, eterno... Lloré, sí, lloré, y aún tengo clavada esa voz, este Non, Je ne regrette rien...

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Ballenas muertas.jpg

Este domingo pasado -día uno de febrero de 2009- murieron en una playa en King Island, cerca de Tasmania, 150 Ballenas y media docena de Delfines. Las razones de esta muerte en masa aún no están claras, y como en otras ocasiones, quizá nunca se sepan. Leo y releo en los periódicos los posibles motivos y mi pequeño cerebro de bull dog no entiende nada. No se sabe porqué fueron hasta allí, y a diferencia de otras ocasiones, en donde sólo aparecieron Ballenas varadas, en esta despista a los técnicos y estudiosos encargados de hallar una solución, el hecho de que junto con las 150 Ballenas piloto hubieran hasta doce Delfines de nariz de botella. Esta es la razón por la que algunos apuntan como culpable al factor humano (curioso que digan "factor humano" cuando quieren decir que la culpa es del ser humano); por la utilización de sonares militares en la zona, ya que por lo visto estos sonares emiten el mismo sonido que las Orcas cuando salen a cazar. Luego también están las causas naturales, que aún no están descartadas, como: infecciones parasitarias que alteran los sentidos de orientación de los cetáceos; infecciones virales o bacterianas que afectan a la salud de toda una manada; las mareas extraordinarias; o los fuertes lazos de unión de una manada, que hacen que todos los miembros sigan a un solo individuo. Esta última razón siempre me ha llamado la atención, y es que en esto no se diferencian mucho del ser humano, ¿no creen? Es como si el guía espiritual de la secta de turno (que cada uno piense en la que quiera) dijese: hoy es el día, somos los elegidos, seguidme hasta el paraíso... y todos a morir.
No sé, no lo veo claro, tanto si fue elegido por las ballenas como si no (recuerden el factor X = humano), la imagen es muy triste. Aunque por supuesto nada comparable esta tristeza de sillón y periódico, a la tristeza que tuvieron que sentir los primeros humanos que llegaron a la playa, los que no se dedican a poner sonares militares, los que oyeron los gritos de dolor, angustia, y muerte, de Ballenas y Delfines.

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