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Archivos Diciembre 2008


Bueno, quizá alguno haya pensado que iba a encontrarse con un director de orquesta y violines y tal... pero no, nada más alejado de la realidad. Voy a colgar por aquí un vídeo con dos actuaciones en directo -unidas por la gracia de google-, de dos grupos de rock de los buenos, de los de antes. Vale, ya, que si soy una perra, que si además soy una perra joven, que cómo es posible que me guste The Doors y Led Zeppelin. ¡Por favor!, vamos a olvidarnos por unos días de las obviedades, de las nimiedades, del bla bla guau guau... gracias. Lo dicho, para fin de año, quizá para justo después de las uvas, pinchas este video magnífico y ¡voila!, 56 minutos de música de la buena, en directo, en blanco y negro, con músicos llenos de todo y aún así buenísimos.
Que lo disfruten humanos y mascotas...


Led Zeppelin and The Doors Danish TV 1969

video.google.com

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¡Me cagochwltiyerfhdrt...! ¿Habéis visto lo ridícula que me han puesto?

Estuve a las puertas de la muerte, vi la luz al final del túnel, y cuando por fin puedo regresar para contarlo, Loquia me pone de esta guisa para que les felicite las Navidades.
Ay Navidad, dulce Navidad. Pues será dulce para los demás, porque yo me estoy muriendo de hambre. Por lo visto me pegué un pasón de Ficus, a veces me sale la vena obsesiva compulsiva, y en consecuencia se me ha quedado el hígado hecho polvo; así están las cosas. Todo el mundo hartándose a turrones, polvorones, conejo en adobo, poniendo como excusa la navidad para olvidarse de las dietas sanas, y a mí Loquia me tiene comiendo como un pajarito porque así se lo dijo la veterinaria. No tuvieron suficiente con llenarme el cuerpo de agujas en la clínica, sino que ahora tengo que depurarme, eso dijo aquella chica: "la perrita debe depurarse. Ofelita tiene que portarse bien". Ya, pues yo me comería un saco de pienso y dos conejos en adobo sin respirar.
Bueno, al menos estoy en casita y puedo contarlo. Puedo volver a hacer lo que más me gusta, ¿escribir?, sí, eso también; y leer, y estresar a Flecha que ya se aburría sin mí, y frotarme contra las esterillas, y sacar a patadas del sillón a Sólo y a Loquia y... por cierto, oí de pasada que a Bush lo habían llamado perro en una rueda de prensa, y me siento indignada por ello. ¿Qué culpa tenemos los perros de las fechorías cometidas por este humanoide? No, definitivamente alguien capaz de hacer lo que ha hecho Bush durante su mandato, tiene que ser humano. La pena es que el zapatazo del periodista iraquí no impactara en su objetivo. Con un ojo morado, o con la nariz rota, me hubiera importado menos lo de llamarlo perro. ¿Recuerdan su ojo cuando supuestamente se cayó porque se atragantó con una galleta? Menudo chiste.
Bueno amigos, ya que no he podido librarme de estos malditos cuernos de Rudolph, cumpliré con el objetivo que Loquia me ha encomendado: Feliz Navidad Fun Fun Fun. Y muchas gracias por el apoyo y cariño mostrado a través de los comentarios mientras estuve malita.
Una última cosa. Les pido disculpas por la mala sintaxis del post escrito por Solo y Loquia. Ellos no tienen mi dominio del lenguaje, aunque sí buenas intenciones.
Lametones a todos.

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Escribimos hoy aquí en nombre de Ofelia, a cuatro manos. Ella no nos lo ha pedido, no directamente, no suele hacer ése tipo de cosas, pero esta mañana tras ir a visitarla, entendimos que debíamos escribir y explicar. Ofelia lleva unos días ingresada en un hospital veterinario, siguen haciéndole pruebas y quizá en breve sepamos lo que tiene. Sin entrar en cursiladas ni sentimentalismos baratos que tanto detesta Ofelia, lo cierto es que casi se muere. Un día normal, Ofelia pasa unas cuantas horas sola, ya saben, horas que aprovecha para leer y escribir, además de comerse los troncos de los ficus y la pecera de Flecha. Y un día normal y cualquiera de la semana pasada, al llegar por la tarde a casa, la encontramos fría, pálida, con apenas fuerzas para mirarnos. Se había deshidratado y había sufrido un colapso respiratorio. En urgencias del veterinario la reanimaron con suero. No vamos a dar muchos detalles, entendemos que de hacerlo, le corresponde a ella esa labor. Sólo decir que su problema ahora se centra en el hígado, las primeras analíticas indicaron un problema serio en el mismo, sigue vomitando (aunque cada vez menos), y los médicos no saben aún lo que puede haber causado el problema. Con toda probabilidad, mañana nos darán el resultado de una analítica específica del hígado, y ahí sabremos algo más.
Ofelia está bien de ánimo, aunque aburrida de estar metida en el hospital. Se esfuerza por quitar la vía de su pata izquierda, cosa que ya ha conseguido en una ocasión.

En breve seguro será ella la que contará algo más al respecto, hasta ese momento, acepten esta intromisión por nuestra parte. Solo y Loquia.

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Paro el robot.jpg "Esos ojos tan bonitos que tiene, nunca mienten". Esta frase es la respuesta de un anciano a la pregunta que le hace la terapeuta de la residencia donde vive, sobre qué es lo que más le gusta de Paro, su mascota robot.
Paro es una blanquísima cría de foca, suave al tacto y provista de múltiples sensores que le confiere la capacidad de parpadear, abrazar, moverse y hacerles la vida más agradable a muchos ancianos que debido a su Alzheimer y a su demencia senil, se encuentran un poco más aislados del mundo, sumidos en una depresión, conscientes muchos de ellos, de sus limitaciones físicas y psíquicas que los convierten en los nuevos "deshechos" de la sociedad.
El experto en robótica japonés Takanori Shibata, es el creador de Paro. Lo inventó cuando leyó que las mascotas eran capaces de ayudar a mejorar a ancianos y a enfermos, pensó en una solución para estas personas ya que suelen ser dependientes de otras e incapaces de cuidar a un animal de compañía.
Desde el año 1993 Paro ayuda a comunicarse a muchos ancianos japoneses en sus terapias contra la demencia senil, y pese a que en Europa eran reacios a emplear robots en las residencias de ancianos, una situada en Alemania ha comenzado a usar a Paro en sus terapias, obteniendo muy buenos resultados, mejorando visiblemente el nivel de estrés y depresión asociada a las enfermedades degenerativas que padecen los abuelos.
A mí, perrunamente me parece una excelente idea que este amigo foca se emplee con las personas que más lo necesitan, como pueden ser los abuelitos humanos. Yo evidentemente no soy una foca blanca, soy una perra, pero me considero tan cariñosa como Paro, así que hasta que nuestra amiga no se encuentre ayudando a todos los abuelos de las residencias, me ofrezco voluntaria para hacer un tour por las que necesiten una mascota simpática y que se deje acariciar las horas que hagan falta. Dicho queda.

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