Archivos Noviembre 2008
Eva temblaba, sentía sus costillas moverse entre mis manos como finas cañas de bambú, de bambú viejo, desgastado.
En la habitación hacía frío, pero un frío extraño, un frío que la piel no percibía pero que se clavaba en los recuerdos, en la memoria, en el corazón. Por las paredes, colgados con chinchetas de colores, posters de anatomía: músculos, huesos, aparato digestivo, el ojo y su funcionamiento... un armario con las puertas de cristal y jeringuillas, y gasas, y botes de muchos tamaños con líquidos de muchos colores: para dormir, para morir, para marcharse de una jodida vez.
La mesa era de metal, un metal limpio, brillante, obsceno. Eva no podía ver, no podía oler, no podía oír. Todas sus sensaciones venían por el tacto, mi tacto, mis manos en sus viejas costillas, en su fina musculatura. Giraba la cabeza y sus ojos blancos, ciegos, me decían que sí, que lo sabía, pero que aún le quedaba un mínimo de fuerza para resistirse, para irse de este mundo con la cabeza alta, como siempre la tuvo. Así que el chico de la bata verde y cara de sueño sacó un pequeño bozal de correas marrones y sujetó su boca, sus cuatro dientes, y Eva no pudo morder a nadie antes de morirse.
Un líquido rosa y otro azul entraron por su imperceptible vena. Eva resopló dos veces y su cabeza cayó de lado. La asistente, una chica morena que también iba de verde, la dejó suavemente sobre el metal obsceno, y sus opacos ojos soltaron dos lágrimas que corrieron por la reseca piel. Adiós vieja, adiós preciosa y estropeada vieja. Hasta aquí llegaste, no te quejarás, diecisiete años de mala leche, de mal carácter vieja. Te vas vieja, yo elijo que te marches para que no duelas más, para que no te duela más. Nos vemos Eva, compañera. Te quiero, te quiero mucho.
Bueno, recuperándome aún de la ONG traicionera que se la jugó a la concejala doña Esther, y a la expectativa por ver qué le pasa al presidente de los humanos canarios en la salud, en la nariz; me detengo en dos imágenes perrunas.
Gus, el perro más feo del mundo, ha muerto de cáncer. Su dueña manifestó que espera que surja algo bueno de su fealdad. Así se hace, señora dueña de Gus, tocando las narices hasta el final. Y la verdad es que Gus muy guapo no era, pero no es necesario hacer leña del árbol caído, digo yo.
La otra imagen es la de Machu Pichu, el perrito cachorro peruano elegido para regalar a Obama y su familia. Pues sí, Machu, te vas a corretear por la casa blanca, como ya lo hizo el perro de Bush, y el propio Bush, que ha decir verdad, no sé exactamente cuál de los dos correteó más por la casa... blanca.
Y Obama, tan guapo, tan mulato sin broncear, deportista, familiar... ay, si no fuera humano, me regalaba yo misma, ni Machu ni Pichu, Ofelia: Yes I Can!
No he podido resistirme a poner esta noticia que ha salido este martes en la revista digital San Borondon. Al final de la noticia está "el video", que desde mi punto de vista perruno, no tiene desperdicio. Tengo entendido que la señora que no sabe lo que es una ong, cobra unos 4000€... y el resto, por ahí y bastante más. También me llama la atención que mientras el alcalde está dando sus explicaciones, su compañero que está al lado, juega y habla por el móvil. No sé, seré yo, pero me parecen unos humanos sinvergüenzas, patéticos e impresentables.
Pinchen el enlace, no tiene desperdicio.
... perruno.
